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lIMERO A B C L U N E S (6 D E MARZO D E 1908. OCHO PAGINAS. EDICIÓN i. PAGINA Madrid. El alcalde, señor conde de Peñalver (x) y la comisión de concejales y socios del Centro de Hijos de Madrid, en el acto de descubrir la lápida colocada en la casa donde nació el insigne literato D. Juan Eugenio liarízenbusch. F O DE NUEOTK) ENVIADO ESPECIAL por todas partes... En literacura, en política, hasta en los asuntos internacionales los sucesos se embrollan, apasionan á las gentes y parece como si mal dormidas cóleras quisieran estallar de- pronto... El día de noy ha sido día de emociones. Primero las diferencias surgidas entre los señores cómicos del teatro Francés- -porque á éstos hay que llamarlos seño: es cómicos -y los autores de El Foyer, Mr. Mirbeau y Mr. Nathanson, han sido la comidilla y el tema obligado de las conversaciones entre todos aquellos que siguen con atención los asuntos artísticos, es decir, entre todo París. El Foyer estaba en ensayos y ya habíase fijado la fecha para el estreno cuando de repente los señores cómicos: repararon en que la obra encerraba alusiones y sátiras de una crueldad espantosa y de una claridad meridiana. llamaron la atención del administrador, Mr. Julio Claretie, y éste, que es una especie de figura decorativa que no hace más que lo que la troupe molieresca le ordena, aceptó la responsabilidad de suspender los ensayos para pedir á los autores de la obra que la dulcificaran un tanto. Pero ¡á buena parte ha ido! ¡Imponerse á Mirbeau un cómico! Y el autor de Eljardín de los suplicios pega puñetazos en la mesa, se tira de los pelos y jura y perjura que la obra se representará como está escrita ó no se representará. Claro que el autor está en su derecho y hasta si me apñran un poco casi me s. treveré á decir qué los señores cómicos también... El único que resulta un cimbel en todo este asunto es ese pobre Sr. Claretie que decididamente está sufriendo una serie de golpes este año, mortales de necesidad. Porque él fue el que solicitó la obra de Mirbeau después del espléndido éxito de yer, él quien le aceptó, él quien dispuso que comenzaran los ensa 5- os, y doblegándose ahora ante la voluntad de los cómicos tiene que confesar que su autoridad en la casa es nula ó que no se enteró déla obra cuando la leyó, si la leyó alguna vez. Esto iiltitno es lo más probable. Proi yablemente dentro de unas horas, de unos días ó de unas semanas, todo se habrá arreglado, porque es lo que sucede con los escándalos de bastidores de la Comedia francesa: mucho ruido, y después nada. Yo no me explico cómo no se devoran unos á otros Les ajfaires sont les affaires, él quien leyó El Fo- A B C EN PARÍS D JA DE EMOCIONES Disgustos y perturba ciones en. la- casa de- Moliére, orque; jamás- se vioJ conjunto de gentes más desavenidas, y quizá por lo mismo cómicos y danzantes se enfadan por la mañana, hacen las paces por la tarde á- vuelven- á regañaf por latíoche... -Los trágicos odian á los galanes, las artistas jóvenes zahieren á las viejas, se disputan los papeles con encarnizamiento; se hacen la guerra áitt- -cti rtel p Q aniquilarse éstos á aquéllos y aquéllas á éstas, y casi á diario se da el caso de que dos artistas, cinco minutos antes de salir á escena, se estén insultando, momentos después se arrojen uno en brazos del otro, amantes en presencia del público, y más tarde entren cada cual en su camerino, dirigiéndose miradas asesinas y piropeándose con las más floridas frases del arroyo. Es deliciosa la Comedia francesa, manantial inagotable para un observador, lugar de acción único para el novelista parisiense que quisiera escribir- una obra sensacional. En el pleito actual que todo el mundo comenta es muy difícil averiguar quién tiene razón, aunque casi se podría asegurar que los únicos que están en lo firme son los autores... Pero, en fin, de todos modos, este escándalo no perjudica á la obra, y antes la favorece, porque así la hacen el reclamo, y ya se estrene en la Comedia ó en otro teatro, él día de la primera representación será un acontecimiento... Estas cosas aquí se traducen en dinero... i -a segunda emoción del día ha sido el par- -x de sonoras bofetadas que se han propinado Mr. Berteaux, el antiguo ministro de la Guerra, y Mr. Mandel, el. jefe del Gabinete de Clemenceau. Ambos contendientes se ve que no son cómicos ni literatos, y por consiguiente, no saben ajustarse á las reglas académicas... Son políticos y amvistas, y á juzgar por lo octirrido esta tarde en la Cámara, antes han debido ser mozos de cuerda. Mr. Mandel comienza su carrera, es ambicioso como buen político y como buen francés, y sabe que un poquito de ruido no le perjudica y le favorece. Mr. Berteaux es un agente de Bolsa que posee muchísimos millones, y gracias á éstos llegó á ministro de la Guerra, que es el ministerio más indicado para ponerle en manos de un agente de Bolsa... El ex ministro y agente sabe que el dinero sirve para conseguir todo, y tiene su cartera siempre abierta cuando algún diputado ó senador se encuentra apurado porque los cinco á siete le cuestan mucho ó porque la Dame de pique le ha jugado una mala pasada... En cambio de este dinero que monsieur Berteaux ha repartido, le han dado recibos y documentos que el agente de Bolsa conserva cuidadosamente, y son tantos los documentos, tantos los recibos, que en la Cámara se sabe que Mr. Berteaux no tendría más que echar mano de la famosa colección para que el edificio tPtnb ar i hasta en sus cimientos. l Madrid. Llegada del principe japonés Kuni. En la estación del Norte. De izquierda á derecha: el ministro del Japón en Madrid, el infante D. Fernando, el secretario de la Legación japonesa, el capitán Camón, ayudante á las órdenes del Príncipe. Delante del Infante el príncipe Kuni (x) y á su izauierda el caballerizo de la Real Casa Sr. Pérez Seoane. FOT. AÍBA.