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1.012 VIERNES i3 un MARZO Di: 1908. OCHO PAGINAS. EDICIÓN 1 PAGINA 6 Barcelona. S. M el Rey y su acompañamiento dirigiéndose á pie desde el desembarcadero de la Paz al cuartel de Atarazanas. inquisidor; pero los tres han degenerado, y España se está diluyendo en el vacío, como un montón de formas incoloras é inconexas. El bandido, ya se ve, degenera en hombre pacato, prudente, sensato y progresista; el inquisidor degenera también, y de su inquebrantable y Ejublime fanatismo desciende á este otro modo de ser de ahora, tortuoso, melifluo y sonriente; en cuanto al torero, ¡oh la más original y pintoresca creación de la casta española! el torero ya no es sombra de lo que fue, y ahora se convierte en un burgués honesto que mata los toros limpiamente, que cobra puntualmente, que administra su fortuna con prudencia y que lee la Prensa política junto ¡á la chimenea, ni más ni menos que un acaudalado ganadero ó un sesudo comerciante. Cuando considera estos casos, ei ajima uora ante la fatalidad inexorable del tiempo; dura fatalidad, que tanto se ríe de los cálculos de los individuos como de las previsiones de los pueblos. Nada puede permanecer eternamente idéntico á sí mismo; todo está sujeto á la eterna ley de la mutabilidad, de la sucesión, de la derivación en formas y caracteres distintos, y el alma sentimental ó pensadora queda desconcertada ante esa ley inflexible, y no sabe adonde acudir ni qué derrotero tomar... Los toj eros degeneran en sensatos burgueses, y toda aquella fantasía polícroma de las corridas de toros, todo aquel romanticismo y aventura de los toreros, todo se convierte en una fiesta mecánica y en un arte metódico, sujeto á ordenadas fórmulas; los toreros matan fríamente á los toros, midiendo como á compás la distancia, el lugar y el momento, y la fiesta, de aventurera y extraña como era antes, deriva en ana función matemática, tan matemática como una pura combinación de números. Aquellos famosos inquisidores, los que abrasaban herejes y anatematizaban libros impíos, aquéllos son ühora prudentes hombres que se atienen á las circunstancias y labran su obra con suaves procedimientos; ya su arisca entereza ha desaparecido, y sólo queda una función eficaz, trascendente, pero sin el- tradicional carácter. Los bandidos... Ved ese Visillo: un aura romántica y siniestra le empujó al monte á proseguir la legítima leyenda del bandidaje andaluz; pero después que robó y mató por los campos, vedle cómo se acuerda de sus deudos, cómo organiza su fortuna, cómo se embarca en un buque y cómo vive en la Argentina, de hotel en fonda, lo mismo que un inmigrante deseoso de implantar fructíferas y honestas empresas. Ved a ese bandido preocupado con el alza de los cambios ó con la baja de los cereales; ¡y vuestra alma se llenará necesariamente de melancolía, considerando que todo se transforma, que el carácter se pierde, que las cosas más originales y de más antigua raíz degeneran miserablemente! De este modo, ¿qué deberá hacerse con las formas tradicionales que degeneran? ¿Qué actitmd habrá de tomar el alma sentimental ó pensadora cuando se encuentre con el conflicto del pasado que riñe con el porvenir... Yo creo que debería hacerse lo mismo que con los muertos queridos: llorarles tiernamente, y lue o enterrarlos. Pero los artistas no somos capaces de resignarnos con el papel de enterrador; queremos que viva lo antiguo, protestamos de la ley inexorable, gemimos y hasta caemos en verdaderas berrinchinas infantiles. ¡Que no se vaya lo viejo, que no se nos lleven el juguete... No tenemos alma de enterrador, sino de des enterrador. Pero aunque nos juntáramos todos los artistas del mundo, y aunque uniéramos todas nuestras voluntades, no lograríamos detener, ni siquiera en un ápice, la marcha de esta rodante bola del mundo... Y, en efecto, el mundo marcha, el mundo entierra á los poéticos bandidos, y el mundo se ríe de nosotros. ¡Oh ley de la vida, tú que ordenas morir á que trabajan por subdividir las cosas grandes, tal como es la patria, en partículas de nación, esos caerán arrollados. En suma, queridos lectores, que lo prudente es resignarse á la idea del cambio y de la muerte, llorar á los muertos y luego enterrarlos. Y después, agarrándose á una esquina cualquiera del mundo, como quien se agarra á la argolla de una bola fenomenal, ir dando vueltas al compás del mundo y procurar curarse del vértigo de la velocidad. Dar vueltas con el mundo, girar al compás del tiemoo y andar adelante, adelante... J. M. SALAVERR 1 A ria genealógica y heráldica de la Monarquía española, Casa Real y Grandes de España, merece toda clase de alabanzas, pues demostró poseer una ilustración grandísima y una constancia en el trabajo nada común en estos tiempos. Los libros que trataban de estas materias, Éi Blasón de España y el Salazar, entre otros, adolecían de crasísimos errores y eran bastante imperfectos. Precisaba algo más acabado, y tal fue la Historia genealógica. Ella le llevó á la Academia de la Historia y le consolidó una reputación de hombre culto en España y en el extranjero. Pero por la magnitud de la obra no podía evitarse algún que otro error, y á rectificarlos, á subsanar las pequeñas deficiencias, á llenar las lagunas, á completarla y acabarla viene el Anuario de la Nobleza que acaba de publicar. Se imponía, era necesario, y el señor Bethencourt ha hecho perfectamente sacándolo á la luz pública. Un estimado colega decía, á propósito de este libro: Hacía falta, además, hacer una especie de registro de la verdadera y buena nobleza de España: un libro donde las viejas familias encontrasen el honroso recuerdo que merecen, y del cual no se excluyese á la nobleza nueva, verdaderamente digna de tal nombre, y ese libro es el Anuario, en el que una vez más el doctísimo académico, combatiendo el verdadero barullo nobiliario en que, á su juicio, vivimos hace tiempo, reitera su declaración de que no es enemigo sistemático de las novedadas nobiliarias, antes al contrario, y que Salamanca, López, Martínez de Campos (el ilustre general de la Restauración) le parecen muy bien agregados á la primera jerarquía del Estado; pero que es absolutamente preciso que los títulos antiguos se hayan heredado, y que los títulos nuevos se hayan merecido, porque si no, aca bará por piefei irse la vuelta á los solos apelli dos, y el que se llame La Cerda ó Girón, Guz mán ó Aragón, Toledo ó Córdoba, Velasco ó Ponce, Osorio ó Manuel, Lasso ó Silva, Bnrí quez ó Carvajal, será más respetado que el marqués ó conde de H ó B, tras de cuya fla mante denominación no se adivinen más que unos cuantos millones, puestos solamente al servicio de sus poseedores. El Anuario es completísimo. Nada tiene que envidiar al universal Gotha. Es el Gotha es pañol. En primer lugar, de la familia Real española y del orden de sucesión á la Corona. Luego, de la Genealogía y estado actual de las familias de los grandes de España. La parte segunda trata de la enealogía y estado personal de las familias tituladas del Reino. La tercera, de la Genealogía y estado presente de la nobleza no titulada. Últimamente, trata del estado actual de las cuatro Ordenes militares. Como se ve, no puede pedirse trabajo más completo. Añádase que la obra va iYustraáa con magníficos retratos, como los de la familia Real, duquesa de Gandía, marquesa de Méritos, duques de Medinaceli y wllahermosa y otros que complementan tan acabada labor. La obra figurará r ¿a todas las casas aristocráticas por su utilidad. RUBRYK Madrid. El carruaje de SS. M M l o s Reyes en el momento de salir de Ja estación del Mediodía, al regreso de Barcelona del Monarca, ayer mañana. FOT. A B C los acontecimientos, á las poesías y á los hombres! ¡Oh tú, ley del destino, que conviertes á un torero en un burgués, y á un bandido en un honrado padre de familia! Nadie será perdonado: todos pagaremos nuestra alícuota contribución. Y el que se rebela, será atropellado, ridiculizado. Los artistas veremos que pasa el mundo sonriéndose de nosotros. Y los que se empeñan en detener la marcha del mundo, serán arrollados por la masa brutal del mundo. Aquellos que pretenden girar el orden de las cosas y volver á un régimen feudal, esos caerán arrollados, y allí será el gemir y el erujir de dientes, como dice la Escritura; y aquellos EL ANUARIO DE BETHENCOURT todavía los que ¡se dedican á investigaciones genealógicas de las casas que por su nobleza tanto esplendor han dado á la corte de España. La materia es algo árida y difícil el trabajo. Por eso el llevado á cabo por el ilustre académico de la Historia D. Francisco F. de Bethencourt al publicar su magnifica obra Histoson nosotros los aficionaN odos ámuchos entrede heráldica. Y menos los estudios