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J 1.01 J A. B C J U E V E S 12 D F M A R Z O Üh. 1908. O C H O P A G I N A S E D I C I Ó N 3. EL REY EN BARCELONA La tribuna regia en la inauguración de las obras de reforma interior de la ciudad. Bajo el dosel, de derecha á izquierda, sentados: S. M e! Rey, el presiderite del Consejo de ministros y el cardenal Casañas. FOT. G O M. TRIBUNA LIBRE DESDE BUENOS AIRES 4 FEBRERO I 9 0 S asi siempre que leo las cartas que desde Ma drid, Salamanca ú otros puntos dirigen á los más importantes periódicos argentinos sus corresponsales en España, me sucede lo mismo: el rubor me sube á la cara, el papel se me cae de las manos y el pensamiento se me pierde en un laberinto de amargas reflexiones. ¿Qué propósito perseguirán estos distinguidos compatriotas míos, me pregunto, en su labor demoledora del prestigio, del crédito y del honor de España? ¿Cómo se explica que inteligencias tan claras, que ingenios tan fáciles, que espíritus tan cultivados, que españoles, en íin, amantes de la tierra en que nacieron, como lo serán, sin duda, los publicistas á que aludo, empleen sus brillantes plumas en pintar para la exportación cuadros cada vez más negros, más tétricos, más desconsoladores de la vida española? ¡Qué amargo desconsuelo y qué profunda pena infiltran en el ánimo esos escritos que, autorizados con firmas valiosas en nuestro mundo intelectual, vienen á éste voceando penurias y tristezas, errores y desgracias, desengaños y aflicciones de la patria! Leyéndolos experimento algo de lo que sentiría de seguro si hermanos míos, más fuertes y poderosos que yo, ultrajasen á mi madre, ¡y en público para mayor escarnio! infiriéndola golpes y heridas que no pudiese contener ni curar. ¿Es que en las tierras de España no hay más que abrojos, lodo y piedras que recoger? ¿No brota ni por acaso una flor que deshojar á los pies de la vieja madre cuyo nombre llevamos? No van contra ella las piedras, el lodo y los abrojos que recogemos y lanzamos- -se me dirá; -van contra los políticos torpes, contra los generales vencidos, contra los literatos afrancesados, contra los industriales rutinarios, contra los comerciantes perezosos, contra los ricos estériles, contra el pueblo apático... Pero entonces, ¿qué es España? ¿Qué hay en ella loable y bueno? ¿Su cielo, sus campos, sus playas, sus montes? Bah; todo eso no es España; el hogar es la familia, el hogar no son las paredes, ni los adornos, ni el moblaje. No, compatriotas ilustres, no hacéis obra buena, no hacéis obra patriótica, á mi juicio; i o digo como lo siento, con el corazón en la mano, ó si queréis, con el alma en los puntos de la pluma. Esas cartas que mandáis, caudalosos ríos de letras de molde que fertilizan el campo de la intelectualidad sudamericana; esas cartas que no dejan reputación sana, ni prestigio entero, ni resquicio siquiera por donde pueda entrar en España la ilusión de un futuro más grande, causan efectos desastrosos en estas Repúblicas t I donde nuestro crédito y buen nombre tienea que luchar con el influjo avasallador de la insinuante Francia, con la tenacidad irreductible de la colonizadora Italia y, lo que es mucho peor, con los brutales manotones de las gentes del Norte, empeñadas en arrojarnos de los mercados, de las librerías, de las escuelas, de los talleres y hasta del corazón de nuestros hermanos. Y lo conseguirán, sí; lo conseguirán con el valioso concurso de vuestra labor insensata, y así se consumará la desdicha á que alude Valera en la Carta- Dedicatoria de sus Cartas Americanas cuando dice que por dicha las influencias rivales de la de España en estos pueblos no han logrado borrar ni desfigurar el sa castizo y las condiciones esenciales de su origen. Si nosotros mismos, es decir, si vosotros los encargados de traer á estas tierras las palpitaciones del alma española lo hacéis en términos de tan negro pesimismo; ¿cómo pretender que no se nos mire aquí con lástima casi desprecia tiva, y cómo aspirar á que se nos tome en cuenta para nada? ¡Cuan otro es el espíritu que informa las correspondencias de vuestros colegas de los demás países! Arsene Honssaye, Max Nordau, de Amicis, Prebost, Coppée, Paul y Víctor Marguerite, Nappi, Engel, franceses, italianos y alemanes, eligen temas amenos de arte, literatura, ciencias, industrias, costumbres, modas, etcétera, etc. y esquivando hábilmente los abrojos, buscan flores que deshojar á los pies de la madre querida cuyo nombre llevan. Muy pocas veces nos hablan de política, y cuando lo hacen, porque la gran importancia de un asunto lo requiere, se limitan á narrar los hechos con altura, sin miras personales ni propósitos partidistas, cuidándose muy mucho de arrojar sobre la familia nacional el lodo de las pasiones. Es que ellos tienen por lema la frase vulgar, pero filosófica, de que la ropa sucia se lava en casa ¿Y está, en efecto, tan sucia nuestra ropa? No tanto, señores pesimistas, no tanto. Desde el 29 de Diciembre de 1874 hasta la fecha, ¡cuánto camino recorrido, cuánta consideración ganada en el concepto extranjero, á pesar del zarpazo inevitable que nos aturdió un momento! Desde fuera, ¡cuan otra se ve a ¿a España de hoy de aquella España, mitad en manos del carlismo y la otra mitad entregada á la más feroz anarquía! No nos destrocemos con ja pluma en la paz, como antaño nos destrozábamos con la espada en la guerra. Pesimismos, desalientos, luchas intestinas de obra ó de palabra nunca fueron panacea para el dolor de los pueblos. ¡La salud de la patria está en la fe, en la unión, en el trabajo de sus hijos! El derribo inaugural. Momento de abrirse la puerta de la casa del marques deMonistrol, después del piquetazo dado en el muro por S. M. el Rey (x) FOT. BU. LEU RODUDELO