Patrocinado Por:

Volver

Resultados de la búsqueda

Resultados para
NUMERO i.oo5 A B C. VIERNES 6 DE MARZO DE 1908. OCHO PAGINAS. EDICIÓN 1 tación 450 hombres; los batallones de Cazadores, 300, y algunos de Canarias, sólo 75 hombres, viéndose obligados á cubrir destinos, escribientes y asistentes, como si fueran batallones numerosos que en pie de guerra han de tener 1.000 plazas. En Caballería, 24 regimientos con 290 caballos de tropa y 39 de oficial, y en Artillería 11 regimientos con 340 caballos de tropa, 30 de silla de oficial, 52 de silla de tropa y 200 caballos de tiro, algo más reforzado el segundo, tres de montaña, el ligero, el de sitio y ios grapos de montaña y mixtos de varias Comandancias, con poca fuerza y ganado. Ni menos están suficientemente dotados los ingenieros, las fuerzas de Administración militar y de Sanidad. Sacrificios grandes impusieron las guerras al Ejército, y no fue el menor el de la amortización que, para reducir las cargas de justicia, se ha llevado á cabo. ¿Cómo no, si desde 1877 se han hecho en el generalato 256 amortizaciones, y 7.000 entre jefes y oficiales desde la última campaña colonial? Ello aconseja que, al persistir en ese camino, la amortización se vaya haciendo lentamente y sin daño, para que no se descarguen los perjuicios sobre una sola generación. Propone y reclama de las Cortes y de los gobernantes el general Ochando, que se reduzca á términos de equidad la desproporción que, con daño para los militares, se advierte entre las pensiones del Montepío y las que el Tesoto otorga á los empleados civiles, para que en lo sucesivo no se repita el caso de que mientras á la familia de un teniente general sólo se la reconoce de derechos pasivos la décima parte del sueldo que aquél disfrutó, la de un funcionario civil perciba la cuarta parte. Estima indispensable aumentar ios años de servicio de los reclutas en la reserva activa, siguiendo el ejemplo- de los países en que el Ejército está más perfectamente organizado, mucho más si hemos de tener reservas con instrucción militar completa; considera que, por esto mismo, se debe ir sin vacilación, pasando por la instrucción obligatoria al servicio militar obligatorio, fines á los cuales puede cooperar muy provechosamente el ministerio de Instrucción pública y Bellas Artes, fomentando la gimnasia en las escuelas é iniciando á los niños en lo más rudimentario y principal de los ejercicios militares. Cuanto al material, el general Ochando pasa revista á, todos los servicios, y lamenta que, por extremar las economías, no estén suficientemente dotados, cuando, en orden á toda previsión, precisa, si España quiere que su Ejército responda cumplidamente á la misión de defensa que le está confiada, llenar los almacenes de efectos, de equipos y material de Artillería los parques, yv buscar caballos; tanto como doblar ó triplicar los efectivos y aumentar las reservas con hombres adiestrados por la instrucción satisfactoriamente. La guerra ruso- japonesa nos ha demostrado últimamente cuántas municiones se necesitan y cuánto hay que gastar en la ofensiva y en la defensiva. Por eso, no estaría demás que á las divisiones y brigadas de Caballería se las dotase de ametralladoras y los regimientos de la misma arma tuviesen á su disposición material de telegrafía ligera de carnpaña, material para destrucciones ligeras con explosivos y todas las herramientas menudas que sirven para operaciones. El general Ochando estima que con el au- PAGINA 6 i La Srta. Angeles García Blanco, notabilísima aíumna del Conservatorio eme debutó anteanoche en el teatro Real. FOT. KAULAK. Cartel de las fiestas de Sevilla, pintado por el notable artista de aquella capital D. Diego López. F O T R. PAVÓN. EL PROBLEMA EJ 1 presupuesto en curso, el desenvolvimiento de las reformas de Guerra, la formación de una brigada de previsión, que habrá de acudir adonde las necesidades militares la reclamen, y, sobre todo, las contingencias del porvenir, que á los pueblos que se preocupan de la defensa nacional aconsejan estar constantemente prevenidos, ofrecen ambiente á las luminosas ideas y provechosas iniciativas que recientementesometió á la consideración de la alta Cámara el ilustre genera! Ochando. La favorable acogida que han encontrado en la mejor orientada opinión militar son su más elocuente elogio. Porque todos los juicios sobre ellas formulados coinciden en que el general Ochando, hablando al Senado la voz de la verdad, ha estudiado á fondo y concentrado fielmente las necesidades y aspiraciones del Ejército. El general Ochando cree que ya es ñora de que se fije en definitiva la fuerza permanente de nuestro Ejército, tomando por base un contingente de 100.000 hombres para determinar con precisión, en que nada falte ni huelgue, el presupuesto de Guerra, que si hoy al sumar 157.533.398 pesetas parece demasiado para el Ejército que tenemos, no llenaría seguramente las atenciones del Ejército con que deberíamos contar, viviendo con nuestro tiempo y á tenor de nuestro papel internacional. Los regimientos de Infantería tienen de do- mentó de material de puentes y cuanto los in genieros crean imprescindible para su servicio; con- la protección y marcha progresiva de los establecimientos fabriles de Artillería; con la habilitación de campos de tiro; con la mejora del artillado de nuestras plazas de guerra y de nuestros puertos principales, y con bastante cartuchería de reserva, obtendría un Ejército de primera línea de 300.000 hombres los más apremiantes elementos que le son precisos; los institutos armados quedarían atendidos y estaría en buenas condiciones garantida la defensa de la integridad del país. Por los horizontes que amplía, por las llagas que descubre y el remedio que junto á ellas pone, por la certera orientación que marca, el examen concienzudo que el General Ochando ha hecho del presupuesto de Guerra y de las reformas que hay que acometer resueltamente, son en verdad programa completo de una brillante y útilísima campaña. ¡NTERESA Córdoba. Baile de Carnaval celebrado en los salones del Casino. FOT. MONTJU. A. A los señores fotógrafos de profesión y los aficionados que envíen á la Redacción de A 31 fotografías sobre algún asunto de interés y de palpitante actualidad, se les abonará DIEZ PESETAS por cada prneba que publiquemos. Al pie s cada fotografía se indicaría el a o m b n ¿e su autor. BIBLIOTECA DE A B C 90 LA SEÑORITA DE LOS CIEN MILLONES 91 Andrés sacó de su cartera una carta con el sobre abierto, con el sello de Correos y dirigida á su nombre al palacio de Kermoi. -Tengo otras menos recientes- -añadió- -y todas de la misma mano. ¡Claro que de la misma mano De, la suya, de su hábil mano de falsificador. Juana le había entregado en algunas ocasiones notas de servicio; él había podido tener en sus manos la carta de despedida de Juana y había obtenido una fotografía de ella, que utilizó para calcar palabras enteras. Además sustrajo del álbum de la marquesa el retrato de la muchacha y lo había hecho reproducir, poniendo luego en las copias sendas iy cariñosísimas dedicatorias. ¡Cómo no había de caer en un lazo tan cuidadosamente preparado el conde de Kermor! Enrique leyó la carta: Mi querido Andrés: Te escribo unas líneas sólo para manifestarte que no te guardo rencor por haberme obligado á despedirme á la francesa de casa de los Kermor, á pretexto de que engatusaría al condesito y de que éste ha de llegar á casarse siendo formal del todo. Estoy en casa de Mad. Victoria en la calle de San Lázaro; es un taller de modas y... un lugar de reuniones íntimas en que se gana lo que se quiere sin gran trabajo. ¿Conoces al Dr. Magnus? Me hace el amor y me ofrece el oro y el moro. Aprovecharé la ocasión, porque el Dr. Magnus es muy rico y estoy sedienta de lujo. Ven á verme y no te pesará. Pero tienes que preguntar por la princesa Juana ó por la Marquesa, que es mi sobrenombre. Enrique dejó caer la carta con un gesto de profunda tristeza y de repugnancia infinita; pero compadeciendo á la muchacha exclamó: ¡Pobrecilla! ¡Lo que ha hecho París de ella en menos de un año! Delrue recogió el papel del suelo y dijo negligentemente: -Puedes conservar esta prueba. Te facilitaré otra de otro género, porque, desgraciadamente, tengo donde elegir. ¿Para qué? No me hace falta; he reconocido su letra. Dime. ¿Has vuelto á verla? -Sí, he tenido esa curiosidad. Como la quise y del cariño queda siempre algo... -Es verdad, y eso me da miedo. -Yo no sabía que tú la quisieras también. -yo mismo lo ignoraba. No tienes por qué disculparte. -He perdido por ella algo de mi honra y todo mi peculio- -Basta, Delrue. No hablemos más de ella. -Es mi más ardiente deseo y por eso me callaba. Pero tú me exigiste que hablase... -Bueno. Todo ha terminado. Démonos la mano como buenos amigos y prométeme que continuarás en casa. -Lo haré para obedecerte. Aún te necesitamos para arreglar muchas cosas y para apresurar mi boda, esa boda que nos salvará á todos. ¡Cuánta razón tenías y qué mal hice enuno escacharte antes! -Esa manifestación, que estimo con toda mi alma, destruye el mal electo de cuanto me has dicho hasta ahora. Se estrecharon las manos en silencio. Entró la marquesa. Delrue salió, después de hacer una reverencia respetuosa- ¿De qué hablabais? -preguntó la marquesa á su hijo. -Te encuentro muy sombrío, muy serio. -Es que lo soy, mamá. Acabamos de hablar razonablemente. -No me fío mucho de la seriedad de los jóvenes. ¿Qué es ello? -Perdóname que te lo diga. -No hay por qué perdonar, puesto que estoy deseando saberlo. -Te lo voy á confesar sinceramente. Era cierto que estaba enamorado de una linda huérfana que hoy, por su propia voluntad, ha desaparecido, ha muerto para mi. -Es una voluntad muy respetable. -No lo discuto, lo consigno. Me dijiste hace poco que Juana no podía ni quería ser ni mi esposa ni mi amante. ¡Pobre niña! -No nos hemos enternecido Delrue ni yo. Ya te he dicho que hablábamos razonablemente, y la razón me obliga á abandonar, una quimera. Es cosa resuelta; sólo queda la realidad, que es la señorita de Bressieu. Un clavo saca otro clavo y siempre es mejor que el clavo sea lindo y de oro. -Tú no quieres á Sidonia- -Pero quiero quererla y hacerla la mujer más feliz del mundo, ya que sers ía más linda de las esposas. Creo que esto vale más que un amor repentino. -Me cuesta trabajo creerte. -Pues nada más cierto que lo que te digo. Mi corazón ha quedado vacio, flbre de todo amor, y quiero que lo ocupe para siempre Sidonia, la futura condesa de Kermor. Yo estaba enamoradísimo de Juana; Sidonia me era antipática; pues bien, ya no quiero á Juana y en cambio no tengo prevención de ningún género contra la señorita de Bressieu, que es la esposa que tú me has elegido. Me casaré con ella de buen grado, con alegría, con orgullo, y la querré y la mereceré. Te lo juro. ¿Me crees ahora? -Sí, te creo. Pero, dime. ¿Es Delrue quien ha ooraao ese milagru: -No, es la razón, la razón sana y pura. Yo estaba loco. ¡Ten cuidadol- ¿De qué? -De ti mismo. -Mi resolución está tomada. Voy á escribir al barón y á mi futura, voy á ponerme bueno en seguida, voy á apresurar la boda. Lo quiero, es necesario. La marquesa abrazó á su hijo, le miró á los ojos fijamente y repuso: -No. Espera un poco todavía. Aún estás enfermo; estás enfermo de aquí. Le puso la mano sobre el corazón al decir estas últimas palabras, y Enrique prorrumpió en sollozos.