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iNlimJtlRÜ 1.00 D ViEKNES 6 u MARZO UL. 1908. OCHO PAGINAS. PAGINA. 3 i i M tea s. Sevilla. SS. M M Ios- Reyes al salir anteayer de su visita á la Catedral. DE NUESTRO ENVIADO ESPECIAL el laconismo que hemos convenido en asignarte como especial característica, -nos ha referido la triste aventura de un triste Quijote andariego. Keir Hardie llega á Joanesburgo, desde Australia. Grandes muchedumbres de obreros de raza blanca le esperan con no disimulada ansiedad. Y aparece al fin Keir Hardie, y en el mismo momento se desata sobre él, sobre su tí Í K cabeza cana, sobre sus hombros un poco abatidos, sobre su cuerpo ataviado con vestiduras plebeyas, un diluvio de proyectiles infamantes, un derrumbamiento de sarcasmo bufo que amenaza anonadarle de vergüenza; tomates podridos, huevos podridos, inmundicias, agrios insultos, palabradas de cólera y desdén. Le imaginamos cubierto como por un manto irrisorio, con la púrpura corrupta de los tomates putrefactos, coronado con el oro sanguinolento y nauseabundo de los huevos en descomposición, hediendo, apestando y, tal vez, llorando bajo las chorretadas mal olientes con que, por, befa, han ungido su rostro. He aquí al hombre. Y luego, las piedras, en rauda y leve curva, afluyen á su cráneo. Quizá un coágulo fojo que cubre su mejilla proviene de la propia sangre. ¿Quién sabe si este hombre, soterrado en abyección moral y física, sobrevivirá media hora al frenesí lapidario de sus perseguidores? Pero en este mpmento acuden los policías, los cuales protegen al infeliz Keir Hardie y le conduí cen al hotel, en donde, á lo que suponemos, si bien de eáto nada dijo el telégrafo en su terrible laconismo, lo primero que haría sería tomar un baño, y es posible que un vaso de vino de Oporto que le confortase. Ahora bien; ¿por qué esta muchedumbre de obreros ha lapidado de un modo degradante á un simple viajero que llega á Joanesburgo desde Australia? ¿Qué espantoso delito ha come 1 i tido este viajero, delito que merezca el homenaje de unas toneladas de comestibles pútridos y contundentes? Trataremos de exponer á nuestros lectores el caso de un modo conciso. Keir Hardie es el leader, capitán, jefe ó conductor de la extrema izquierda del socialismo inglés, y es miembro del Parlamento. Desde los ocho á los veinticuatro años trabajó de minero en galerías subterráneas. En 1888 se presentó candidato por Mid Lanark, siendo derrotado, Pero en 1892 obtuvo un puesto por South West Hani. El día de la apertura del Parlamento presentóse, turbando la ostentación oficial, en plena procesión, á su modo, acompañado de muchos correligionarios y compañeros, todos los cuales iban en vagonetas, con utensilios de mine- ría, lámparas, picos, etc. etc. Aún más demócrata que John Burus, nunca va á la Cámara sin su gorra de piel, de forma tubular, al estilo minero, que mantiene irreverentemente cala- Madrid. Regreso de Jos Reyes. S S M M las Reinas doña Victoria y da hasta las orejas. Keir Hardie es un espíritu muy cultoy excelente orador, á pesar de sus doña María Cristina en su carruaje al salir de la estación del Mediodía. truculencias. Inútil es deeir que los demás di- j A B C EN 2 INGLATERRA L APÓSTOL LAPIDADO El telégrafo, E abandonando putados no le miran coa buenos ojos. En sus oraciones parlamentarias emplea castizo y admirable lenguaje jo que, en contraste con la idiosincrasia, de pronunciación, denuncia al autodidacta (self- taughf) al que todo lo que sabe se lo debe á sí mismo. La apendicitis, igual que la pálida y silenciosa muerte, lo mismo llama á los regios alcázares que á las buhardillas del pobre. Keir Hardie, como el rey Eduardo, recibió, en 1807, la visita de lady Apendicitis. Recobrado de ella, emprendió un- viaje apostólico á la India, de donde partió para Nueva Zelanda y Australia, las cuales dejó á su vez por Sur África. En Nueva Zelanda sufrió la rotura de algunas costillas á consecuencia de un. acci 3 ente automovilista. En el Sur de África, como hemos visto, ha estado á punto de experimentar el quebrantamiento de todo su armazón óseo. La causa de tal percance puede resumirse en pocas palabras. En la colonia del Cabo, como en la costa yanqui del Pacifico y en el Canadá, las clases obreras de raza blanca están en rudo conflicto con las de color, quienes trabajan por un jornal mucho más bajo, haciendo imposible de esta suerte toda competencia. Keir Hardie pretendía celebrar una reunión pública á fin de sostener que á los trabajadores amarillos se les debe dar los mismos jornales que á los blancos. Estos prepararon á Keir Hardie la recepción que hemos descrito. ¿Creéis que Keir Hardie, al defender esta noble causa, lo hacía caritativamente, por un movimiento de caridad y amor hacia la raza amarilla? No; nada de eso. El mismo, á guisa de disculpa, ha explicado su tesis: Pretendo que á los amarillos se les dé el mismo jornal que á los blancos, para que aquéllos no puedan despreciar la labor de éstos. ¡Ah! Keir Hardie, antes de abandonar la metropoli, dio su bendición á dos lugartenientes: Víctor Grayron, que aconsejaba á los asistentes á un mitin en Belfort el empleo de botellas rotas contra los, soldados, y Hyndman, quien sostiene que la cuestión social es una cuestión de explosivos baratos Os explicaréis ahora que los lectores ingleses hayan sonreído con alguna complacencia al saber que un diluvio de proyectiles infamantes, ha, caído sobre la cabeza cana, sobre los hombros abatidos, sobre las plebeyas vestiduras de- Keir Hardie. RAMÓN PÉREZ DE AYALA FRANCIA EN MARRUECOS VER DAD En 6 de Enero decíamos: h, n Marruecos no cabe otra política militar que la aconsejada por la experiencia de los siglos; la que siguen con tanto acierto Liautey en Argelia y Marina en Melilla; la neutralidad que, una vez, penetrado de lo que es el país, quería seguir Drade en Casablanca... De cualquier otro modo es levantar- en masa á todos los bereberes, es exponerse á los daños que vaticinó el duque de Alba. Por otra parte, Marruecos no es Argelia, ni mucho menos Túnez. A la prudentísima conducta de Liautey, no tardará, siguiendo así las cosas, en reemplazarla otra muy distinta, y vendrán los conflictos y I v Al pie de la letra ha sucedido lo que pronosticamos hace dos meses, y no podía menos de ser así. Lo que parece mentira es que hombres! del reconocido talento de Ciernenceau y tan eni tendidos como Picquart- -y mucho más después de haber oído á Drude- -no lo hubiesen comprendido. A nuestros lectores no les cabrá duda, por el argumento irrefutable de los hechos, y después de dirigir una rápida ojeada al sencillo croquis de las cabilas que- forman la Chauía, que acompaña á estas líneas. Ya con mayor claridad pudimos decir el 20 de Febrero: Settat es una sartén dominada por todas partes, y para sostenerse D Amade en un radio de 60 kilómetros, necesita cuando menos multiplicar por cinco la fuerza de que dis- los desastres, porque no es lo mismo conquistar en Marruecos que sostenerse en lo conquistado, sin buena base de operaciones.