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NUMERO 1.004 A B C JUEVES 5 B MARZO DE ¡908- OCHO PAGINAS. EDICIÓN PAGINA 6 ar -4 t 7- í n i y i t, 3. Í. I f r V f tj i- i t -f Madrid. El último día de Carnestolendas en la Pradera del Canal. El entierro de la sardina. Tyn los últimos días ha realizado la Cooperativa de la Prensa importantes compras de artículos propios para las comidas de Cuaresma, entre ellos conservas de pescados de todas clases. En todos estos artículos encontrará el público las ventajas que en todos los demás del importante establecimiento. COOPERATIVA DE LA PRENSA El salmón se vende á r, io pesetas lata; el bonito, á 1,15; el Thon Mariné, á 0,90. Hay también calamares, besugo, mero, moluscos vario s y otros, de las más acreditadas marcas, á precios económicos, así como langosta al natural (á 2,65 lata) langostinos, sardinas de diferentes clases, en escabeche y en aceite; anchoas en salmuera y en aceite, esquises y aceitunas rellenas de anchoas. El surtido de bacalao es importantísimo. Se venden, como siempre, el langa especial, cuyo precio es de 2.2 K, á 1.70 en la Cooperativa; el E ícqcia Superior, de 2 pesetas, a 1,50, y el Islandia de primera, á 1,40. Además hay otra clase, llamada escociado superior, que se vende á 1,30. En conservas vegetales hay un completo y variado surtido. Tomate clase extra, á 0,30 pesetas el bote; guisantes de todas clases, desde o. óolalata grande; pimientos garantizados, á 0,60 lata; champignon, trufas, variantes, pepinillos, cebolletas, alcaparras; mostaza francesa, marca Louit, á 0.60 el bote. Asimismo hay frutas de diferen- tes clases, como melocotón al natural, y completo surtido en las de almíbar, á 0,95 pesetas lata, y mermeladas, en frasco de cristal, á 1,30. Entre otros artículos, hay que citar la harina corriente de primera, á 0,50 pesetas el kilo y la de hojaldres, á 0,65; té de Ceylán, paquete! 0,4.0, y el Hornimans, á 1,75 el bote. El servicio de huevos y patatas se hace cor. gran puntualidad y con verdadera economía siendo sus clases elegidas. En el suministro de carbones se ha Tiech ahora una importante rebaia en el cok inelf BIBLIOTECA DE A B C 86 ductivo: volveré á África; mis amigos y yo hemos preparado el terreno y sólo tenemos que ir y recoger la fortuna que nos espera. De este modo no seré sólo el marido de Sidonia, sino su igual. ¿Qué te parece? -Que tratas de evadirte del matrimonio antes de estar casado. ¡Linda prueba de amor á tu futura! El después no corrige el antes Enrique no podía contestar á su madre: Si no me caso, mi padre se mata rá Ella, como si Jeyese en sifpensamiento, repuso. -Todo acabará por arreglarse. El marqués está menos preocupado. Ha vuelto á ocuparse en la dirección de sus negocios y ha puesto algún orden en sus gastos. ¡Ah! Se me olvidaba. Mientras llega tu perdón, te anuncio una prórroga: tres meses de convalecencia y de reflexión en Biarritz; los médicos ío han ordenado y el barón de Bressieu lo sabe. Bl herido dejó escapar un grito de alegría. ¡Tres meses! En tres meses teniría tiempo de encontrar á Juana, y si era pura, si le quería, se atrevería á todo, removería cielo y tierra. -Delrue, mamá; necesito hablar con Delrue. XVIÍJ EL PLAN DE DELRUE Delrue era cada vez más el alma de aquella tenebrosa situación. El barón de Bressieu no veía más que por sus ojos, no contaba más que con él. Informado del aplazamiento de la boda de su hija por la oportuna intervención de los doctore 1? advertido del brusco cambio de vida del marqués y de la repentina oposición de la marquesa (Delrue tenía ia costumbre de escuchar detrás délas puertas, y se había enterado de esto) dijo al falsario á quien tería á sus órdeiic -El medio millón que usted persigue, corre peligro. De esos tres meses de convalecencia, sobran dos por lo menos, á mi juicio. -Eso mismo pienso yo. Pero no importa que lo hayan decidido; dentro de tres meses hará seis semanas que la señorita de Bressieu se haya convertido en condesa de Kermor. ¡Si fuera cierto! Por desgracia, Enrique no tiene tanta prisa como usted. -Dentro de pocos días tendrá más. Pero... -Pero ¿qué? Yo habré perdido mi colocación. Es absolutamente necesario. ¿Y eso qué importa si apresuramos los acontecimientos? -Poca cosa. No hay más sino que en espera del millón yo vivo de mi leído. Yo lo duplico y nc hay más que hablar. Puede usted hacer lo que crea c onveniente. Delrue estaba decidido á hacerlo cuando le llamó Enrique para saber á n é atenerse ¿No hay ninguna noveaad? -le preguntó. 87 Andrés fingió que no comprendía. -El barón de Bressieu acaba de salir de aquí, le he dado apticias tuyas, y él me las ha dado de Sidonia, no tan agradables como fuera de desear. -La boda se ha aplazado por disposición facultativa, de modo que dispone del tiempo necesario para restablecerse. -Eres demasiado cruel con tu futura y no correspondes al sentimiento que ella ha tenido al saber tu accidente. ¡Es una sensitiva! -Y tú un ingrato. ¿S o crees que ella siente lo que te sucede, y que no adiTT vina tu oculta aversión, ó por lo menos que no sufre por tu elocuente indiferencia? -Mira, mira. Debes dedicarte á tu carrera de abogado. Lograrías grandes Sxitos. -Tal vez; pero eso no quita para que tu futura deba de estar pasándolo bastante mal en su castillo de Bois- le- Roi, sola y abandonada. ¡Pobre mártir! ¿Por qué no vas tú á consolarla? Mira, yo no soy celoso; por lo contrario, si ella se enamorara de ti, me alegraría infinitamente. -Lo sé, y eso me apena cuando pienso en tu porvenir. -Dejemos el porvenir. Prefiero lo pasado. Y á propósito. Mientras estuve en cama, debías haberme substituido para indagar el paradero de Juana Le Brenn. ¿Tienes algo nuevo que decirme de ella? -Nada. No la he encontrado. Hay que renunciar á saber dónde se ha escondido, -Yo no renuncio. -Peor para ti. -Peor ó mejor, eso es cuenta mía. Tú hablas como un buen amigo, preocupándote con mis intereses. Mis intereses están de parte de la señorita de los cien millones es verdad, estás en lo cierto, y yo estoy equivocado. ¿Lo reconoces? -Lo reconozco. Pero, ¿y si á mí me agrada estar equivocado? -En ese caso nada tengo que decir. -Con la mejor fe del mundo, estás conduciéndote como mi mayor ene migo. ¿Por qué? -Porque tomas el partido de Sidonia contra ia señorita Le Brenn y me ocultas io que sabes de ésta é inventas mil fábulas para hacerme dudar de ella. ¡Ya la soltaste! ¿Es decir que crees que yo invento fábulas? -Pues si no son fábulas, dime qué son tus frases vagas, insidiosas, tar pronto rectificadas como ratificadas; dime qué son tus consejos, tus aparentes confidencias, más graves que una acusación franca y precisa- -Puedes decir que la calumnio. -Tal vez, para alejarme de ella, que es tu propósito. -Pues bien, lo confieso: ese es mi propósito. ¿Por qué? -Porque no es digna de ti, ni por su nacimiento ni por su posición. Eso es tocio LA SEÑORITA DE LOS CIEN MILLONES