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NUMERO 1.003 A B C. M A R T E S 3 D E MARZO D 1908 OCHO PAGINAS. EDICIÓN a PAGINA 3 MADRID. EL SEGUNDO DÍA DE CARNAVAL. CONCURSO DE ESTUDIANTINAS Y COMPARSAS j Tuna Universitaria primer premio; 2, Comparsa La nueva riojana primer premio; 3, Estudiantina infantil de Zaragoza, segundo premio: 4, Comparsa El Pilar de Zaragoza, segundo premio. UNA JORNADA REAL III DE FELIPE IV Por los años de 1619, al regresar A ANDALUCÍA de Portugal el rey D. Felipe IV, tenía el propósito de visitar la región andaluza; mas frústreselo una grave enfermedad que le sobrevino en Casarr libios. Cumplió este deseo antes de la primavera de 1624. Los que experimentamos cuan cómoda y rápidamente se viaja ahora, apenas podemos darnos cuenta de cómo y con qué molestias y lentitud se viajaba antaño, ni de los amargos percances que solía ofrecer por regalo, hasta á los reyes mismos, una caminata como la de Madrid al Bosque de Doña Atia, aun con descanso de semana y media en Sevilla. Hoy ese viaje cuesta á nuestros reyes la insignificante contrariedad de dormir fuera de sus palacios una noche, mientras el tren, resbalando velocísimo por la doble hilada de rieles, devora el medio millón de metros que separa á la coronada villa de la alegre ciudad de la Giralda. Doscientos ochenta y cuatro años atrás, acabaditos de cumplirse, costó ese mismo viaje á Felipe IV y á su numeroso séquito... lo que van á saber mis lectores, ó á recordarlo si lo sabían. Salió el- Rey de Madrid el día S de Febrero de 1624, con. malísimo temporal de vientos y lluvias, que raras veces remitió en los catorce días que duró el viaje hasta Córdoba. Formaban parte de la comitiva, el, Conde de Olivares, ¡el Nuncio, el, cardenal Zapata, el Patriarca de las Indias, el Duque del Infantado, los condes de Alcaudete, Barajas, la Puebla, Santisteban y Portalegre. el Almirante de Castilla, los mar- v queses del Carpió, Orani y Belmonte, el confe- sor del Monarca, los predicadores Paravicinoy y Pedrosa, y muchos personajes más, y muchísima servidumbre, áltay baja, así del Rey como de los grandes, y entre ella, tres barberos de cámara, un carpintero, dos músicos, tres médicos, dos sangradores, tres cirujanos y un algebrista, este último para concertar los huesos que se desconcertalen en vuelcos de coches y en descabalgos fortuitos; y á fe que algunas ocasiones se le ofrecieron para usar su oíicio y facultad. Y en cuanto á la bucólica, S. M. llevaba consigo lo de costumbre en tales viajes: el pana dero deboca, el oblier, cuatro de la panetería, dos frutieres, -el bizcochero, el confitero, dos del guardamangier, dos ujieres de viandas, el comprador, el potagier, el. busier, dos cocineros, cuatro ayudantes, cinco mozos, seis galopines, el pastelero y el aguador. Acompañaban y cus odiaban al Rey y á su comitiva tres escuadras de las guardas de archeros, tudescos y españoles, y además un alcalde de corte, alguaciles, monteros y ballesteros. D. Francisco de Quevedo era también de la partida, y á su inimitable pluma debemos una donosísima relación de, las primeras jornadas de aquel viaje: la festiva carta que en 17 de Febrero escribió desde Añil újar á su amigo el Marqués de Velada. El Rey y su comitiva caminaron el jueves 8 de Febrero hasta Aranjuez (7 leguas) donde anocheció, con tan gran agua- -dice una relación del viaje, la de D. Jacinto de Herrera y Sotomayor- -que mucha de la gente, no pudo legar, y para recogerla y- proseguir sin, desor. den, S. M. se hubo de detener allí el viernes siguiente, que gastó en montear, por no dejarle aada al ocio Quévedo fue de los rezagados; él nos lo dice: Volcóse el coche del Almirante; íbamos en él seis; descalabróse D. Enrique Epríquez; yo salí por el zaquizamí del coche, asiéndome uno de las quijadas; y otro me decía: D. Francisco, déme la mano y yo le decía: D. Fulano, déme el pie. Salí de juicio, y del coche. Hallé al cochero hecho santiguador de caminos, diciendo no le había sucedido tal en su vida. Yo le dije: Vuesamerced lo ha volcado tan bien, que parece que lo ha hecho muchas veces. El sábado 10, después de almorzar en Aranr juez el Rey, con nieve, granizo y aire fue á dormir á Tembleque, (8 leguas) en donde lo recibieron con una suiza (festivo alarde soldadesco) que esto, cohetes, luminarias y dancas fue lo general de todos los lugares por donde pasó. Corrieron toros en la plaza, tan bravos, que el postrero mereció ser trofeo de su escopeta. Y el domingo 11, después de comer en Tembleque, fue á dormir á Madridejos (4 leguas) y de allí el lunes 12 á comer á ViUaharta (1 legua) y á dormir á la Membrilla- (5 leguas) donde el sueño- -habla Quevedo- -se midió por azumbres, y, hubo montería de jarros, donde los gaznates corrieron zorras El martes 13, á pesar de ser 13 y martes no hizo mal día; pero después dé haber comi- do. el Rey en Alcubillas (5 leguas) fue trabajosa la noche, porque, yendo desde allí á los dominios quevédiles, á la Torre de Juan Abad (3 leguas) el trecho desde Cqzar á la Torre (1 legua) estaba tan lleno de pantanos que sé sembró de coches, azémilas y carros, que tardaron hasta la mañana en acabar de salir de entre los barros y gran nieve que les sobrevino. Quevedo indica bien á las claras, entre veras y burlas, su pobreza y, la del lugar: ...partimos para mi To. rre de Juan Abad, donde para poder S. M. dormir derribó la casa que le repartieron; tal era, que fue. de más provecho derribada. Aquí el Caballero de la Tenaza se recató de todos claró que para no verse precisado á tirar la casa por la ventana. Desde la Torre, el día 14, miércoles, fue el Rey á comer á las ventas- de los Santos (5 leguas) y ái dormirá Santisteban del. Puerto (3 leguas) 1, donde el Conde- -dice Quevedo- -tuvo al Rey muchas lamparillas, y por un cordel unos kiries de cohetes, que venía uno y respondía otro, y luego otro; y luego salió un toro á, chamuscarse. Hubo chirimía de acarreo, caballeros de Ubeda y Baeza, mucho linaje arredrado al tapiz, abundante refaición, prénsente numeroso por todo el estado, tiendas con pan, queso y vino. Vasallo sonoro, llamando, exhortaba á los pasajeros; doliéndose, á los señores: Por amor de Dios (decía) tomen re fresco del Conde de Santisteban. l, a gente acudía con facilidad; desataban el pellejo, ifo tenían vaso, y, por no beber en el sombrero, dejaban el vino, y con él el queso y pan; porque pan y vino y queso, son chilindrón legí. timo. El jueves 15, luego que comió el Rey en Santisteban, fue á dormir á Linares: siete leguas que fueron nueve, porque tuvo que rodear dos, á causa dé no estar vádeable el río. Fue la tarde de mucho aire y cerró muy obscura la noche, en una cuesta donde no valían hachas. Atascáronse muchos coches, carros, y acémilas. Con más pormenor lo decía festivamente Quevedo: Del condado pasamos, á Linares; jornada para el cielo y camino de salvación, estrecho y lleno de trabajos y miserias... íbamos en el coche juntos D. Enrique y yo, y Ma- teo Montero y D. Gaspar de Tebes, -con diez muías; y en anocheciendo, en una cuesta que tienen los de Linares para cazar acémilas y coches, nos quedamos atollados. No hubo locura que Febrero no ejecutase en nosotros... Estaba la cuesta toda llena de hogueras y hachones de paja, que parecía que habían puesto fuego á los olivares del lugar. Oíanse lamentos de harrieros en pena, azotes y gritos de cocheros; maldiciones de caminantes. Los dea pie sacaban la pierna de donde la metieron, sin media ni zapato, y hubo alguno que dijo: ¿Quién descalza allá abajo? Desta suerte nos estuvimos cuatro horas hablando de memoria, hasta que el Almirante envió gente que nos ledimiese del cautiverio en qme estábamos... El viernes 16, día de furiosa ventolera, fue el Rey á comei á cuatro leguas de Linares, en la Cabalgata de Los siete niños de Edja tercer premio de comparsas. roía A, jte