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NUMERO 996 A B C MIÉRCOLES 20 D E FEBRERO D E 1908. OCHO P A G I N A S EDICIÓN 1. PAGINA 6 Atadrid. La Srta. María Echarri en la conferencia que dio anteanoche en el Centro de Defensa Social. CONFERENCIA DE LA SRTA. ECHARR chado con profundo interés y premiado con desde la tribuna, en la campaña por las ideas felicitaciones unánimes y calurosas, entre las religiosas, la elevación de la mujer y el benecuales, de las más efusivas, cuéntase la del ficio de los desvalidos. ilustrado P. Calpena, cuyo voto de calidad Nos impide la falta de espacio, como quisiébien puede reputarse como una calificación ramos, consagrar un examen suficiente á su decisiva. labor última; pero sí diremos que la conferenYa la Srta. Echarri, en anteriores traba- cia, magistralmente escrita, tuyo el acierto de jos, y singularmente en su labor en la Semana su carácter práctico, descendiendo desde la Social, de Valencia, había demostrado que la doctrina, cuya exposición clara y galana arranflexibilidad y amplitud de su talento le permi- caba continuos aplausos y murmullos de aproten unir á sus lauros de escritora el aplauso bación, á la aplicación real en la vida, en las como conferenciante; ahora esta aptitud se- relaciones sociales, en el hecho. gunda queda definitivamente consagrada, y la Por ello, al hablar de la fundación y dessimpática figura de María Echarri será un ele- arrollo de instituciones, SHS frases convertíanmento obligado para toda propaganda eficaz, se, más que en comentario, en noticia y enseñanza y en conclusión precisa; y por ello su trabajo puede apreciarse como un esfuerzo plenamente efectivo que la acción colectiva de las Sociedades católicas y la acción individual de la señora cristiana deben recoger como ¡simiente ya sazonada para una provechosa obra. Muchos parabienes ha recibido por su brillantísimo éxito la Srta. Echarri; pero seguramente más júbilo que todas ellas habrá de producirle, y muy legítimamente, la certeza de que su verbo y su iniciativa serán propulsores eficaces de la acción social cristiana en el sentido educativo y desmejora que el pensamiento y la pluma de la notable escritora ha ido tr izando. 1 a distinguida colaboradora de A B C, María de Echarri, ha dado en el Centro de Defensa social una notable conferencia, que tuvo el doble mérito de envolver en forma bella y amena el desarrollo de sanos y profundos conceptos, atrayendo y cautivando durante más de una hora á una concurrencia selecta, en que destacaban nombres ilustres de la política, del foro, de las letras y de la oratoria sagrada. Trató la Srta. Echarri de la mujer en su triple aspecto de religiosa, educadora y protectora de la clase popular y su discurso fue escu- BIBLIOTECA DE A B C 73 LA SEÑORITA DE LOS CIEN MILLONES 79 Méjico, durante el Reinado de Napoleón III. Yo me eduqué en Lalieche, pero colgué los libros y me fui por el mundo en busca ¿e fortuna. Todavía no la he logrado. Bressieu sintió un impulso de cólera sorda y espantosa al contemplar á aquel miserable, instalado allí como en su propia casa. ¿Hasta dónde llega rían sus pretensiones? El degenerado descendiente de la epopeya napoleónica prosiguió, echando su abrigo sobre el respaldo de su asiento y presentándose más destrozado aún. ¡La fortuna! He recorrido el mundo persiguiéndola, y no la he alcanzado. Estaba escrito que yo no sería profeta más que en mi patria, á pesar de lo que dice el adagio, porque ahora soy tan rico como usted, aunque no lo parezco, señor barón... En el Cabo estuve á punto de lograr la suerte. Para ello traté, en primer término, de que me favorecieran las autoridades británicas- -yo sabia perfectamente el inglés, -y cambié mi nombre por el de Willian Turner, que era menos llamativo. Deposité mis papeles de familia, títulos y pergaminos, y mi peculio todo, que ya era considerable, pues había ganado mucho dinero en las minas de oro y de diamantes, en casa de mi patrón, Ismael Bronn, esposo de la bella Ester de quien, como tantos otros, estaba yo enamorado. Nos peleábamos por ella frecuentemente, y llegó á haber un muerto; yo lo maté en una espantosa borrachera que, sin embargo, no me impidió ir á su albergue y robarle su tesoro, cuyo escondite conocía. Era mi mejor compañero, y para cometer los delitos de que le hice víctima era preciso que yo estuviese borracho de alcohol ó del amor que en mí habían encendido los ojos de la bella Ester, porque yo no había robado hasta entonces. Sí, fue la propia mujer de Ismael quien me incitó á cometer el robo. Me hizo creer que nuestras relaciones iban á dar fruto y que debíamos huir juntos. I uego comprendí que su marido fue quien me denunció. Me cogieron y me condenaron no á muerte, sino á vida, á trabajos forzados á perpetuidad, después de haber recibido 25 latigazos con el cat of nine tines (el gato de nueve colas) que no me dejaron ni señal de piel en el cuerpo. Pasé seis meses en la enfermería, y, por fin, me enviaron á un penal... ¿Y se ha evadido usted? -No tenga usted esa esperanza; me han indultado. El barón rugió de rabia, y dijo: -Veremos, veremos. -Está visto, señor barón; mis papeles de licenciado están en regla. Sólo me faltan los otros y voy á hablar de ellos. Veinte años de presidio son muy largos, y los ingleses de las colonias no se exceden en las blanduras. Pude resistirlos, sin eníbargo, y volví al cabo. Mi antiguo patrón ya no estaba alli. Su muje r había, muerto apuñalada er ¡una riña espantosa, é Ismael Brbnn se había visto obligado á huir con su hija, una niñita. Había en el negocio mucha sangre, pero debía haber mucho 010 también, y entre este oro toda mi fortuna. tíl desconocido se puso en pie, y el barón comprendió que había llegado el instante decisivo. Su mortal enemigo iba á descubrir sus baienas y a dispa rar con bala rasa. -Sentí entonces la nostalgia de la patria. Si había da morirme de hambre, lo mismo me daba que fuera en un sitio que en otro; pero en Francia tenía más probabilidades de encontrar trabajo. No lo he encontrado. He tenido que acogerme á los asilos de noche. Y, sin embargo, era rico. Un periódico me lo hizo saber y lo leí ávidamente. ¡Oh, prodigio! El b arón de Bressieu era rico, banquero, casaba á su hija con el conde de Kermor... Se había acabado la pesadilla del presidio y del hambre; el sueño dorado de mi juventud era una realidad, porque no hay, no puede haber más que un barón de Bressieu en Francia. ¡Y el barón de Bressieu soy yo! Mi hija (para que no me falte ninguna felicidad, tengo también una hija; la bella Esther no me había engañado) se casa con otro noble. ¡Salude usted en mí al último descendiente del general barón de Bressieu, condecorado en Jena por S. M. el Emperador! El banquero, furioso, dispuesto á acometer á su interlocutor, repuso: ¡Usted es un impostor! ¡Desafío á usted á que identifique su personalidad! El otro, sin conmoverse, sonrió. -Fui alumno de La Fleche, y esto siempre deja huellas. Me han retratado con mis compañeros infinitas veces, y puedo encontrar alguno de aquellos retratos y muchos de mis condiscípulos. Además, me ha conocido mucha gente antes de que fuera á dar con mis huesos en presidio. Sí, puedo identificar mi persona; pero identificaré mejor la de usted, porque he conservado cuidadosamente el recibo de mis documentos y de mi dinero, y este recibo está firmado por Ismael Bronn. Y tengo cien testigos que han conocido y reconocerán á Ismael Bronn, á pesar del tiempo transcurrido Ismael Bronn es usted, tan cierto como yo soy el barón de Bressieu, que va á salir de aquí para presentar ante los Tribunales una demanda por captación y usurpación de estado civil. El banquero debía tener buenas ó malas razones para que no fuera entregado á la justicia el nombre de Ismael Bronn, porque inmediatamente se batió en retirada. -Acabemos. ¿Qué es lo que usted quiere? -Venderle á usted el nombre que me ha robado- ¿Por cuánto? Por la mitad de su fortuna. Me convierto en socio de usted y continuaré siendo un pariente pobre, un Bressieu sin recursos. No le molestaré á ustec mucho. ¡Está usted loco! -Usted es el que no es razonable. Puedo hacer que lo pierda usted todo, y me conformo con la mitad... Vamos, basta de palabras inútiles; ambos sabemos á qué atenernos; yo soy el presidiario de ayer; usted es el presidiario de ma ñaña. Tratemos de igual á igual. ¿Cuánto hay ahí deni Y señaló la enorme caja de caudales, cuya pesada puerta de acero estabs abierta enseñando los complicados bloques de sus cerraduras, verdadera maravilla mecánica de precisión.