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NUMERO 995 A B C M A R T E S 23 D E FEBRERO D E 1908. OCHO P A G I N A S EDICIÓN i. a PAGINA b en todo su valor el acto generoso del salva- á engrosar las huestes de vagabundos v gente maleante. mento, no exento de positivos peligros. En el extranjero se piensa en alta voz. No- Mujeres y niños son explotados en tal forma, velistas y dramaturgos suelen reproducir las que se impone una intervención de las almas instantáneas de la vida de las almas errantes, buenas. La Liga contra la trata de blancas y el y esto provoca pudibundas protestas de los Consejo superior de protección á la infancia son los murmuradores á que antes aludí. organismos llamados á ocuparse de tanto oproNo hay por qué espantarse de esa exhibición, bio, de vileza tanta. En la última sesión celepues el perfecto conocimiento de las lacras físi- brada por el Consejo, presidido por el ministro cas sirve para curarlas, y lo propio puede ocu- de la Gobernación, se acordó dirigirse al ministerio de Estado á fin de que por medio de rrir en la esfera moral Lo lamentable es el sistemático desden hacia nuestros cónsules se inicie una campaña sallo bueno. Si existen en lo patológico variados y vadora en favor de tantos compatriotas desfieros males, también en lo fisiológico se admi- graciados. No se desmayará en tal empresa. ran bellas perfecciones. Me es muy grato hablar de estos particulaPor estas causas casi todos los que recorren res. Existen en gran número españoles que se el extranjero suelen tetier el amargo dejo de los preocupan en difundir ideas redentoras. ¡Lásespectáculos y cuadros donde el lujo y el vicio tima grande que éstas no sean propagadas se exhiben de bracero, olvidando examinar la convenientemente desde las columnas de los vida íntima y familiar del país, tan rica en be- periódicos populares, á diario y con extensión, de igual modo que, extensamente y de hora en neficiosas enseñanzas. Pero ¿cómo pueden atisbar esa vida los que hora, se publican hechos criminales ó escandallegaron á la gran ciudad sin otro objeto que losos. gozar en la medida de sus recursos y energías, Recuerda lo que decía al principiar esta cardesarrollando una mareante actividad, estéril ta respecto á las conversaciones de la mayoría D. Emilio Ortuño. nombrado ayet en absoluto? Además, muchos de los que tras- de los viajeros y comprenderás el por qué casi D. Salvador Cañáis, nombrado ayet frontera creen de buena fe facilísimo nadie se vida y prosperidad del director de Correos y Telégrafos, j ponen laen las turbias aguas del liviano desor- prójimo interesa por lanos preocupamos por subsecretario de la Presidencia. obtener y cuan poco F 0- ORRON. F O T COMPAÑY. den, pingües ganancias. nuestra patria, á la cual nos interesa ver feliz. Parecerá incongruente lo que te escribo si Ejemplo al canto. Son parejas estas cartas de las que en A B C Un escritor español distinguido, el señor don recuerdas el objeto de estas cartas. Era, y es, dirigía á Pepe, respecto al amor y al matriIsidoro Lapuya, ha publicado una carta, desde mi propósito aconsejarte (y claro es que acon- monio. Las gentes pobres tienen también sus amoALMAS ERRANTES Necesito excusarme París, en la que refiere las tribulaciones, mise- sejar á las que se hallaren en tu caso) acerca ventajas de bien, describiendo- -por íni prolongado rias y vergüenzas de más de 50.000 españoles de lasse desarrollóproceder desde la muerte de res sanos y honrados. Es más, casi toda la motu vida que allá fueron atraídos como alondras ante el cómo derna plutocracia, con sus ramificaciones ríeosilencio. He tenido que dedicarme á cumplir deberes inexcusables, no diré penosos, pero sí vivo rebrillar de los grandes centros de la Re- tu pobre madre, cómo la orfandad fue remedia- arifetocráticas, procede de la llamada clase meda, de qué modo entraste en la esfera del tra- dia, que á su vez arraigó en la gente trabajado difíciles. Recorrí tierras extranjeras, bien dis- pública, imaginándose cosa fácil obtener gran- bajo, logrando hacerte independiente, y por ra, decente y activa. tintas por cierto, donde vi agitarse con inquie- des ganancias con poquísimo trabajo. Bien pronto se convencen de la positivahou- último, algo muy sencillo y muy práctico acerContribuir á que sea cada vez menor el núto é irregular movimiento muchas gantes, enca de tu casita, tre las cuales distinguí bien no pocas almas radez y laboriosidad del pueblo sano, é inca- milia, la manera de constituir de maneratu- fa- mero de las almas errantes, agitadas por inquietu hogarcillo modesto, que tas ansias de rápida fortuna; demostrar hasta errantes de que quisiera hablarte antes de con- paces muchos de estos desgraciados de dedi- prospere lenta, pero seguramente. carse á empleos dignos, van indefectiblemente donde sea posible las ventajas del vivir honestinuar mis cartas. to y ordenado es mi propósito. Hasta la hora Para recordar las biografías de esas almas, presente, la literatura moderna describe lo panada mejor que dejar la palabra á los compasional, reproduce la jerga maleante y así se ñeros de viaje, quienes por debilidad cerebral, tiene una idea falsa de la vida de los humildes S TI duda, revelan cuantos secretillos inconexos y menesterosos. Inspirándose en muchas desguardan en la memoria. Y así como en el inte- cripeiones brillantes, imaginan no pocas muje. ñor del maletín de mano se revuelven, con el res que en el dinero está la suma felicidad. Al vaivén del coche, todas las baratijas, útiles ó contemplar su propia belleza creen fácil el meinútiles, que constituyen nuestra impedimenta, dio de alcanzar grandes fortunas, cuando el seasomando por la valija entreabierta los guancreto de la dicha consiste en vigorizar el ceretes viejos y la ropa sucia, de igual modo exhibro y conservar puro el corazón. ben en el hervidero de palabras ciertas personas, á flor de labio, con inconsciente impudor, No lo olvides. toda ¡a vil morralla de ía murmuración, histoEL DR. FAUSTO. rias antiguas que parecían olvidadas, referentes á muertos y á vivos. Gustarnos, sin duda, aparecer como jueces y testigos de los acontecimientos mundanos, y es ciertamente curioso observar en esas escenas COMPRE USTED de la comedia humana con qué espontánea é inocente desvergüenza muchos, que debieran caTODOS LOS JUEVES llar, hablan, no por los codos, sino por todos los poros de su cuerpo. El frágil barro de que EL SEMANARIO ILUSTRADO estamos formados rezuma sin medida dejando un vaho pestilente y malsano, bien adobado de n perfumes vulgares y penetrantes que producen náuseas, á mí por lo menos. Descorazona al mismo tiempo confrontar las confidencias y las excomuniones de los improvisados censores con la amoralidad (como ahora INFORMACIONES FOTOGRÁFICAS se dice) no recatada siquiera de éstos. Cuando DE TODO EL MUNDO de ellos nos separamos parecénnos buenísimos, y al volverles á encontrar por el mundo nos IMPRESIÓN ESMERADÍSIMA usombra la hipócrita maldad de sus actos. SOBRE PAPEL ESTUCADO Hay, afortunadamente, almas firmes que sienten el bien y lo practican, que son indulNOVELA ENCUADERNABLE gentes y piadosas en el verdadero sentido de CON ARTÍSTICAS ILUSTRACIONES la palabra, pues la piedad cristiana estriba en conceder á ios caídos el mismo auxilio que neEL NÚMERO, Í 5 CÉNTÍMOS cesitan los expuestos á caer. En esta categoría entramos todos. La mayor parte de las gentes San Sebastián, festejos de la llegada del Carnaval celebrados anteayer. EN TODA ESPAÑA cree que se ktinde quien trata de sacar á flote á un náufrago, y son bien pocos los que estiman FOT. PREDERIC La carroza de Ja bella Easo CARTAS A FLORA BIBLIOTECA DE A B C 14 LA SEÑORITA DE LOS CIEN MILLONES 75 La rubita escapó milagrosamente; gracias a que está en casa de Mad. Vic tona, donde nada tiene que temer. Delrue miró aterrorizado al cicerone. Sus palabras le indicaban que la nue va maniobra había tenido feliz éxito y que su secreto era conocido. -Usted quiere sacar de mentira, verdad- -dijo. ¿Quién ha contado esas josas? ¿La rubita tal vez? Pues hay que convenir en que tiene imaginación. -No ha sido la rubita. Yo acostumbro á informarme por mí mismo, sobre odo cuando el asunto vale la pena, y debo confesar que no es cosa fácil seguirle á usted la pista. ¿Qué pista? -Vanas. La del hotel de Embajadores, por ejemplo. Delrue comprendió que se sabían todas sus gestiones y quedó aterrado. Si Juana había leído los periódicos, sabría que su verdadero salvador era ívnriqiie, y tal vez hubiera hablado. -Bueno. ¿A usted qué le impoita todo eso? Acaso me mezclo yo en sus asuntos? -Algunas veces. -Eso ya pasó. Ahora somos amigos y aliados. -A condición de que cada uno tenga sus ganancias- -Está bien. De modo que... cinco y cinco son diez. -No; diez y diez, son Teinte. ¡Cómo! ¿No habíamos convenido ya el precio, que era exorbitante. 1- -Las condiciones de la víspera no son siempre las del día siguiente. Y ionio ahora conozco bien el negocio... -lie ha dado usted su palabra. -Pues si la he dado, no la tengo; guárdesela usted y yo rne guardaré á la rubita, de quien estoy locamente enamorado. -Usted hace imposible el negocio. -Pues si es imposible, dejémosle. No me entusiasma el proyecto de substituir al Muralla y al Rizos. El riesgo es excesivo y el dinero insuficiente. -No hay derecho para proceder así. -Siempre hay derecho y deber de ganar más. Veinte mil francos ó no hay negocio. -Lo pensaré. ¿Y el papelito que está en ía eaja de caudales de ahí al laáo? -Eso no sirve. Yo buscaré por otra parte. -Yo también. Por la de Enrique de Kermor, por ejemplo. -Pues tenga usted mucho cuidado con el barón, porque se aríiesga usted mucho. La amenaza hizo efecto. Collin- Megret creyó que Delrue no tenía efectivamente más que veinte mil francos para realizar el negocio y quiso arreglarlo. -Bueno. Quedemos en quince mil y no hablemos más. Y conste que me re signo por complacer á usted, puesto que las ventajas todas están de rai oarte Luego, acercándose más, le dijo al oído: -Tengo que dar cinco mil francos al Dr. Magnus, y si no se los doy, no hay ñaua de lo dicho. ¡Ah! ¿Jas el quien... -El mismo. Pregúnteselo usted. El Dr. Magnus de Villepré salía en aquel momento, con el rostro más en carnado que cuando entró en el despacho; el barón, por su parte, estaba con gestionado, y con voz casi amenazadora se despidió de él. -Hasta la vista, Magnus. Está entendido; el lunes sin falta. Acababa de tener una entrevista extraordinaria con el ilustre doctor Mag üus de Villepré, una especie de Cagliostro moderno, médico del gran mundo y del demi- monde, jugador, vividor, á pesar de su posición, de sus años y de su ciencia; pues Magnus era un sabio y un operador excepcional, aunque podrido de vicios. Su habilidad de operador llegaba al extremo de hacer trampas y fullerías en el baccarat alguna vez que otra, y Bressieu, que era inteligente en banqueros, y si no tenía la listeza en las manos, la tenía en la vista, le había cogido y le había sumado á sus siervos. El Dr. Magnus había reconocido su falta por escrito, comprometiéndose á excluirse de una sociedad de la cual era indigno... y las cosas habían continuado como hasta entonces; pero el doctor había adquirido la obligación de visitar á Bressieu todos los lunes. El barón lo había utilizado para apoderarse del marqués de Kermor, que era poco prudente ó demasiado confiado en la elección de sus amistades. El Dr. Magnus jugó con el marqués de Kermor, y como era de suponer le ganó cantidades considerables, que llegaron á formar una deuda de honor Obrando siemprebajo las inspiraciones de Bressieu, exigió el pago, declarando que aquel dinero le hacía falta, pues él también se encontraba arruinado. Ya sabemos cómo y con qué dinero fue pagada aquella deuda de honor. Su importe, salido de la caja de Bressieu, debía volver á ella por el camino más corto, según había resuelto el hábil banquero; pero no fue así. Magnus cobró el cheque y no volvió á dar señales de vida al barón hasta el lunes siguiente. En aquel vencimiento de servidumbre le esperaba Bressieu, como último plazo y con un humor de todos los diablos. Hacía unos días que todo le salía mal. Aquella maldita boda como él decia, se convertía en su pesadilla, á la cual se uníau las preocupaciones que le proporcionaban sus minas de oro, de cuyas acciones muy en breve iba a ser él el único comprador. El director general del negocio minero le había presentado el informe de los ingenieros acerca de la Golden- Pkntyfull- Mine. En todo aqtiel territorio no había el menor vestigio de metal aurífero. -Si no lo hay lo pondremos. Lance usted más papel al mercado; duplique usted, triplique usted ios dividendos, ordenó aquel Napoleón del agio. Pero se sentía más cerca de Waterloo que de Austerlits cuando el célebre doctor entró. -No ha corrido usted mucho; pero, en fin, ha llegado usted, que es lo esencial. Supongo que viene usted á devolverme el dinerp del cheque de Kermor, que usted ha cobrado indebidamente. -Yo no he cobrado nada. -Habrá cobrado otro por usted. -Pues ya no hay nada.