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NUMERO. 993 DE NUESTRO ENVIADO ESPECIAL A B C. DOMINGO 23. DE FEBRERO DE 1908. OCHO PAGINAS. ED 3 CION i. PAGINA del Casino en Monte- Cario; pero aunque Ipn la plaza del Casino las palomas picotean do al triunfador, y nosotros salimos á dar fuera tres veces mayor el trayecto no se ha- las migas de brioche que los paseantes un paseo por los jardines espléndidos que ría pesado. El panorama, siempre espléndi- ías arrojan. Las parisienses se alegran á la rodean el Casino, tan limpios, tan cuidados, ABC EÑTLA do, siempre distinto, sorprende, con una im- vista del sol que aquí las acaricia suavemen- tan brillantes que no parece sino que todos presión nueva á cada revuelta del camino, y te y lucen sus elegancias supremas. Al pasar los días los cepillan hoja por hoja... las villas construidas á ambos lados arrojan de un extremo á otro de la plaza escuchaJOSÉ JUAN C A D E N A S E NIZA A MONTE- Salir de París en- por encima de las tapias que las rodean los mos una confusión de lenguas espantosa. Monaco. Febrero. ¡Reieuf K L vuelto en pieles brazos- de las palmeras y las mimosas de C AB 1 U- ¡Yes! un día de niebla hojas verdes y brillantes, recortadas como- ¡Ja mol... espesa en que á las doce de la mañana ha- el más fino encaje... Hay villas modestas, escondidas en la fal- -Sí, SÍ, signare... bía necesidad de encender los focos eléctria os cos, y despertar en el café Pomel, de Niza, da de la montaña, que ostentan delicados Príncipes y aventureros, aquí están mez- jv r n lia á conmemorar el Centenario de aquecómodamente sentado en la terraza é incli- nombres femeninos; hay villas recargadas, de clados de tal suerte que no sabréis muchas popular guerra, que fue acaso la más célebre y de todas las guerras españolas. Un sinado el panamá para evitar los rayos del sol mal gusto, ricas, pero antipáticas, con rótu- veces si os halláis en presencia de una testa glo ha pasado desde entonces; ¡larga, terrible, que quema, es un sueño, un encantador sue- los que parecen jeroglíficos; hay villas sun- en vísperas de coronarse ó de un croupier deprofunda cosa es un siglo... En este siglo que ño fantástico del que tememos despertar... tuosas, de pórfido y mármol, verdaderos pa- vida atormentada... ha pasado ¿qué tenemos de más, qué tenemos COTE D AZUR D UN SIGLO DESPUÉS M. onte- Cado. Vista panorámica de la población y su puerto. Es día de gran gala, pues se va á dispuSon las dos de la tarde, y los cafés de la lacios que os ciegan la vista cuando en sns plaza Massena están atestados de gente... jaspeadas fachadas el sol quiebra sus rayos... tar en el Tiro de Pichón el gran premio de Los hombres lucen sus sombreros de paja; Yo contemplo con envidia esas pequeñas 20.000 francos. La entrada cuesta la friolera las mujeres visten los trajes de dril á rayas construcciones, esas villinas que se esconden, de cien francos. Bien es verdad que monque tanto furor hicieron el verano anterior, avergonzadas de su pobreza, en la falda de sieur Blanc es un hombre encantador y acoy mientras burgueses y turistas toman plá- las montañas, buscando el abrigo de los al- ge á los periodistas con la mayor cortesía. cidamente su café, las orquestas al aire libre tos árboles que casi las ocultan á las mira- Mi tarjeta de redactor de A B C me ha abierjio descansan un momento en la tarea de in- das indiscretas... Las verjas de estas villinas to las puertas del Tiro de Pichón, del Beau terpretar valses y fantasías de óperas, y un están casi siempre cerradas, y no se luce en Soleil, del Sporting Club y del Palais de escuadrón de obreros levanta las tribunas ellas el portero de imponente librea que en Beaux Artes, así como también me da derepara presenciar el paso del cortejo del prín- los suntuosos palacios exhibe su levitón cho á una butaca en los espectáculos del cipe Carnaval. cumplido, su cuello almidonado, su gorra Gran Casino. ¿Es barato, verdad? Pues, sin No hay necesidad de moverse de esta es- con la cifra del orgulloso propietario. Yo embargo, ya veréis cómo- todo esto me va á pléndida terraza para saber lo que en el mun- amo estas villinas coquetonas, pequeñitas, y costar muy caro... do acontece. De media en medía hora el bu- me parecen los rincones donde se esconde Presenciando las tiradas están en primerean del New York Ilerald coloca en la fachadala felicidad; un solo árbol las defiende, un ra fila Susana Derval y Lyane de Pougy. del Casino Municipal grandes cartelones solo amor las alegra, un solo rayo de sol las A Susana Derval la había yo despedido hace con los telegramas recibidos de todos los inunda... pocos días en París, diciéndola al partir esa rincones del planeta, redictados en francés Quédense esos soberbios palacios, esas palabra que tanto desean los jugadores oír é inglés; los vendedores de periódicos os moles imponentes que coronan las altas cres- y que no es posible reproducir aquí... Es la ofrecen los diarios de París, y dentro de cada ejemplar os incluye un pequeño suplemento gratuito cuyo texto es enviado por teléfono dos veces todos los días... Toda la extensión de la costa, desde Niza á Monte- Cario parece una continuación de los grandes bulevares parisienses con sus hoteles suntuosos, sus automóviles que van y vienen, sus trenes lujosísimos, sus comercios elegantes... Y todo ello alumbrado por un sol abrasador, bajo un cielo eternamente azul y teniendo por espléndida decoración la inmensidad d. el mar... Los muchachos corren de mesa- en mesa dejándoos los paquetes de tarjetas postales... Es un sistema muy práctico el que emplean estos pequeños comerciantes para vender su mercancía, pues saben que la curiosidad os ha de impulsar á repasar el paquete para distraeros, y es posible que casi se os ocurra poner cuatro letras á un amigo ó dirigir un saludo á una persona querida... Todo está á la mano: el tintero y la pluma, el sello para franquear la postal, el buzón en el mismo café... ¿Quién se queda sin comprar un pade menos los españoles? Si hiciéramos una imaginaria compulsa de los efectos y de los esplritualismos poseídos entonces y ahora, ¿hacia dónde se inclinaría la balanza? ¿Hacia entonces ó hacia ahora? Veamos lo que teníamos al comienzo del siglo pasado. Teníamos el Imperio de las Indias, y nuestros Reyes se titulaban todavía Rey de las Españas, de las Indias, de Jerusalén, de las Islas y de Tierra Firme, etc. etc. Teníamos onzas de oro, doblones, centenes, etc. etc. Teníamos virreyes. Teníamos un pintor como Goya. Teníamos un hombre como Jovellanos. Teníamos, además, un pueblo formado de chisperos y de majas Y luego teníamos á Moratín, á Quintana, á Nicasio Gallego, junto con los toros, él sol y la guitarra. Teníamos, encima de todo esto, el recuerdo inmediato de la derrota d? Trafalgar. Veamos lo que tenemos ahora. Sobre gran parte de las cosas y de las ideas, el siglo ha pasado como la luz á través del cristal; muchas cosas é ideas permanecen inmutables. Hay toros, hay sol, hay guitarra; con la misma serenidad de nuestros abuelos fumamos nosotros el cigarro, viéndolo quemarse entre nuestros dedos, humear, desaparecer. Tenemos chulos y chulas, que substituyen á los chisperos y á las majas de antaño, Como antaño también, pesa sobre nuestra memoria el recuerdo inmediato de un gran fracaso militar. En cuanto á Quintana y Juan Nicasio Gallego, tenemos unos cuantos poetas que podrían gallear con ellos; unos y otros, los de entonces y los de ahora, cumplen honestamente su misión, aunque su misión no sea precisamente la conquista de la eternidad. Pero lo que no tenemos son las Indias... ¡No tenemos Indias, ni reinado de Jerusalén, ni virreyes! ¡Tampoco tenemos onzas de oro, doblones ni centenes! A Goya no lo podemos substituir; poniendo en un platillo, de la balanza la Maja desnuda, ó El fusilamiento de la Mon- cha, ó Los caprichos, y en el otro platillo todos los pintores contemporáneos juntos, saldríamos perdiendo. De seguro también que Moratín pesaría más que los comediantes modernos. Y Jovellanos levanta la frente dos dedos, ó dos dedos y medio, por encima de nuestro? hombres actuales. ¡Muchas y grandes cosas tenemos de menos, quete d e doure vites colorie es, al cabo de un siglo de vida! Largo siglo, terrible y profundo siglo ha sido el xix; en su vo Rodando de café en café va un comercianrágine, en su fiebre y en su atormentado delite, popularísimo en Niza, una especie de rio las cosas de España han bailado una danGaribaldi, sólo que algo más limpio... Adout, za revuelta, y en los giros y saltos de esa el simpático Adout, os ofrece todo su estaMonte- Carlo. Vista exterior del Casino. danza de locura se han perdido unas virtudes, blecimiento de relojes y gemelos, tuteándoos unos lienzos; se han disicon una confianza que al principio no deja tas de la montaña, para los que no pueden palabra que Cambronne hizo célebre y que se han desgarrado después de tanto trajinar y pado unas joyas, y de produciros cierto asombro. Adout va y vivir sin estar rodeados del asombro de las creen los jugadores que al escucharla los bullir, he ahí á nuestra nación que recapitula, viene de un lado para otro, charla con todos, gentes, para los que todo lo sacrifican al traerá suerte Susana me ha devuelto la se recoge en sí misma, se ve y se palpa, y no conoce á todos y tiene siempre una frase lujo y al paraitre... En sus magníficos salones cortesía al verme á las puertas del Casino concluye de asombrarse ni de espantarse. ¿Qué amable que dedica al que le compra, ó un no serán completamente dichosos, porque lanzándome la famosa palabrita que ya ve- ha sido de mí, en tanto tiempo de bullicio y de tormenta... I, as Américas, los galeones, las pechiste inocente que clava en el que se resis- hace falta una cantidad de alegría muy gran- remos si es verdad que da fortuna Lyane de Pougy está indignadísima con- luconas de fuerte oro, con la pomposa inscripte á adquirir cualquiera de las magníficas de para satisfacer sus ambiciones y deseos... todo occasions que guarda en sus enormes bolsi- ¿Qué efecto haría un solo árbol plantado en tra Colette Willy á causa de esa famosa ción que decía Ispaniarum et Indiayrex lleno aquello tan nobiliario, tan valiente la enorme extensión de sus parques? ¡Nece- conferencia que iban á dar aquí en Monte- de vanidad, ¿cómo se ha ido todo... tan llosApurado el café, el tranvía os invita á ir á sitan un bosque! ¿Cómo va alegrar un solo Cario acerca del amor... ¿Quién se ha arreNos quedan la vieja tierra, las montañas orí Monte- Cario, pues es la hora indicada para amor los esplendidos salones? ¡Hacen falta pentido? No se sabe, pero las dos se echan ginarias y el sol; nos quedan los chisperos y allí muchas mujeres, muchos trajes, muchas mutuamente la culpa... hacer la excursión... La multitud toma los las majas, y los hombres de armas tomar. Pero coches por asalto, ocupando primero los de- sedas, muchísimas joyas... ¿Qué haría un Hablando y murmurando de estos peque- estos hombres, ¿serían capaces de andar otra partamentos de segunda clase, y luego, cuan- pobre rayo de sol perdido en medio del pa- ños potins parisinos no hemos observado vez, como sus abuelos, de calle en plaza ó de do ya no queda otro remedio, resignándose lacio inmenso? Se moriría de frío... ¡Oh, no! bien los lances del tiro... De pronto surge monte en llano á la caza del enemigo? ¿Podría á penetrar en los de primera, un poco más Quédense los paitados para los grandes am- un clamoreo estruendoso y un aplauso for- vibrar ahora como entonces la tierra, esta viebiciosos... Yo amo más, mucho más estas midable saluda al triunfador. Es éste un ¡ja tierra nuestra, bajo el entusiasmo patriócómodos y bastante más caros. villmas insignificantes, escondidas en las fal- austríaco, el conde que se lleva el tico... podido perderdas de las montañas, que bordean el mar I objeto de arte y 26.564 francos... que irán á seSeguramente que sí. Habránpero la raíz ilel na hora y veinte minutos emplea ei tranlas islas y los virreinatos: desde Niza á Monte- Cario... En ellas está la j parar á la cagnotte con toda seguridad. vía en salvar la distancia que existe ser nacional no se lia perdido. Pasó aquella j Las mujeres se vuelven locas aplaudién- nube de la guerra de Cuba como. una furiosa entre la plaza Massena en Niza y la plaza felicidad... U