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A B C M I É R C O L E S 19 D E F E B R E R O D E s 9 o8. O C H O P A G I N A S E D I C I Ó N i. PAGINA 3 J í, í íx í tí Los Reyes en JVloratalla. Los dos teams de poJo que jugaron en la posesión del marqués de Viana. Los cuatro jinetes de la izquierda, entre los cuales figura M el Rey (x) ganaron el premio de S. M la Reina Victoria. jutas y barba de nieve, sigue su camino sin sentado en el banco del Gobierno. ¿Quién es? que nadie le interrumpa. En cambio, hay dos le preguntáis á un vecino. Es Johm Burns, el docenas de polizontes que os piden, uno por ministro os responde. Y os quedáis con la boca uno, vuestro pase, lo examinan con sosiego, lo abierta durante cinco minutos. miran al trasluz, etc. etc. Y ya estáis en la triPasemos por segunda vez á otro asunto. Vic 1 L HOMBRE DEL HON- Un día vais ca- buna. Y comenzáis á pasear la vista por el re- toria Ejnbankment es una frondosa avenida minando por las cinto y veis que el hombrecillo del hongo está que se extiende u n i r á n trecho á la margeu GO Y EL EJÉRCITO DE calles d e Londres, LA SALVACIÓN fin quesinde otro el dis- 1 traer la atención de los quehaceres habituales. JSTo hay sol, naturalmente. Londres con sol es algo tan absurdo como una morena con el pelo rubio. Pero hay una media luz difusa y multicolor que nos regala con tonalidades fantásticas y efectos bellísimos de claro obscuro. Los ómnibus automóviles, los ómnibus de tracción animal, los airosos y extravagantes coches de punto, los carruajes particulares, los camiones gigantescos, los gigantescos transeúntes masculinos y el masculino aire de los transeúntes femeninos, todas ellas son cosas que atrayendo hacia sí una partícula de nuestra curio sidad concluyen por hacer que nos ajenemos, que abandonemos la morada de nuestras cavilaciones y vivamos por un momento- en el mundo que nos rodea. De pronto, el desacorde estrépito de una murga mal avenida nos sacude los nervios. La murga avanza por el centro de la calle, á paso largo. Llevan los músicos, J por todo distintivo, una gorra galoneada En pos de ellos camina un gran golpe de gente, epicena la naturaleza de su composición, que canta, hasta desgañitarse, versículos religiosos y delirantes, arrojando al paso innúmeros pa- H peles impresos. Los hombres de esta procesión llevan gorras semejantes á las de los músicos; las mujeres, un sombrero de paja negra sujeto á la barba con cintas rojas, á lo miss Heliet, y un abrigo de paño azul obscuro, angosto y prieto como la funda de un paraguas. Es el célebre Ejército de la salvación, que pasa. Los fines de esta bélico- asociación consisten en salvar á los hombres del hambre, á las mujeres de la deshonra. Me parece muy bien; pero debo añadir, á guisa de comentario, que, dada la horripilante fealdad de las individuas que la componen, los trabajos del salvamento, por lo que respecta al sexo débil, deben de ser sumamente fáciles. Ahora pasemos á otro asunto. Un día habéis conseguido una entrada del Parlamento; os dirigís á las Cámaras inglesas, después de haberos acicalado con todo esmero, Por casualidad, al propio tiempo que vosotros, penetra en el palacio de las leyes un hombrecillo insignificante y de vulgar indumentaria. Ha venido á pie, como habéis tenido ocasión de observar; no condace en su cráneo la refulgente y un poco ominosa prolongación del sombrero de copa, sino un hongo prosaico y verdoso, de alas que se os antojan un tanto flácidas; no embute su torso en una de esas levitas estrechas á lo rey Eduardo, ni siquiera en un morning- coat peludo, con esterillas de seda al borde, sino que lleva una cazadora holgada y con coderas; no tiene sus pies guardados en la cortesana prisión de unos botines agudos y torturadores, sino en dos apreciables tumbas de filisteo Pues bien; este ¿oaibrecillo desaliñaSS. JVIM. ante la tienda de campaña instalada para que la Reina do, de prominentes, negras y aborrascadas celas, ojos fulgurantes y profundos, mejillas en- doña Victoria (x) presenciara la partida de polo. FOTS. 00 a. DE NUESTRO ENVIADO ESPECIAL A B C EN LONDRES derecha del Támesis; ríoVabajo, á ¿artir del palacio de las Cortes. És el mejor sitio de Londres para coger pulgas y para suicidarse. Vais paseando á lo largo de la avenida y vais á ceder á la tentación de sentaros en uno de los cómodos bancos que por dondequiera se ofrecen al viandante; bajo el ramaje denso, frente por frente de un bello panorama; pero un amigo os detiene tomándoos el brazo: No se siente usted. Se llenaría- de pulgas... Estos bancos son el lecho momentáneo de una legión de vagabundos famélicos, quienes, á la noche, van á refugiarse á Victoria Ernbankment- Se arrojan sobre los asientos con ánimo vde dormir, pero de que entornan los ojos se acercan á ellos dos policemen implacables que les invitan á seguir paseando. Y así, de banco en banco, van recorriendo una buena parte de los de la avenida. Los vagabundos, á la postre, se acogen á los grandes arcos de los puentes que pasan sobre el Embaukment. Pero este asilo está ya materialte repleto, y se originan entre advenedizos y posesores tempranos grandes luchas por el trozo de pared en que dormir, apoyándose, bajo techado. Y entonces aparecen varias linternas que están substentadas sobre el vientre de sendos policemen. Estas criaturas, del vientre luminoso no tienen entrañas. A poco de penetrar los policemen bajo el puente, wna sombría y azarosa bandada de seres miserables huye, á ras de tierra, por la orilla del río. Y como algunos de ellos están decididamente hambrientos y positivamente desesperados, acontece que determinan suicidarse, dejando en el mundo por todo recuerdo unas cuantas pmlgas sedientas de sangre bien alimentada. En estos momentos se suele presentar la Providencia en forma de agente del Ejército de salvación. Estos agentes recogen á los que vagan por las calles, los conducen á ciertos asilos nocturnos, les dan á la mañana siguiente un desayuno, y no paran aquí, sino que les buscan colocación. El hombre del sombrero hongo tuvo el buen humor de mezclarse una noche á la turba de hambrientos y desharrapados trotacalles. Los agentes de la salvación le recogieron, le prestaron hogar y almuerzo, y el buen señor adquirió la certidumbre de que esta caritativa milicia, por cada pobre que sostiene, alimenta aun centenarde vagos ó pillos. Asilo manifestó en el Congreso, atacando sin piedad á todas esas instituciones que, con piadoso propósito y por emplear medios inadecuados, en vez de amenguar la miseria humana, á la larga la acrecientan cultivando la inmoralidad y la vagancia. El Ejército ha protestado con todos sus arrestos marciales. Yo ni quito ni pongo razón. Me limito á hacer constar que el hombre del sombrero hongo y la milicia de la salvación se han declarado la guerra. RAMÓN PÉREZ DE AYALA Landres. Febrero 1908. Hunyadi János El purgante universal, acción r á p i d a segara y saave De venta en todas las Farmacias de España.