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NUMERO 986 A B C DOMJNGÍO 16 DE FEBRERO DE 1908. OCHO PAGINAS. EDJCION 1. f PAGINA 3 í s K 4 t f 4 I í l J í J v i ti í í í í ñ í. i 4 MR Madrid. S. M la Reina doña María Cristina y S. A. la infanta doña María Teresa, al salir de la tómbola á beneficio del Asilo de huérfanos del Corazón de Jesús, inaugurada ayer tarde en el edificio de Bibliotecas y Museos. DE NUESTRO ENVIADO ESPECIAL A B C EN INGLATERRA 1 A MISOLOGIA Un querido amigo mío me escribía hace poco, durante mi- breve estancia en Oviedo: ¿Habéis vuelto de Albión misólogo, como Cambó? El Sr. Cambó, á lo qme parece, es misólogo. Allá veremos, cuando tenga la breva entre los labios, si el ejercicio de la. succión le impide expandirse en manifestaciones orales, ó, por el contrario, le acucia el órgano bucal. Y el señor Cambó se ha iniciado en la misología viviendo en Inglaterra. Me cuesta algún trabajo comprender esto. Cierto que es un axioma ordinariamente admitido el de que los ingleses no hablan nada ó hablan muy poco; pero esto, como la mayor parte de las cosas admitidas ordinariamente, es falso. Una carta de Heine que se exhibe en una de las vitrinas del Museo Británico, reza como sigue: Aquí estoy entre praderas, -entre árboles, entre rocas y entra ingleses, que es lo mismo que estar entre rocas. y árboles. Acaso el Sr. Cambó conociera esta frase, y. otras al mismo tenor, antes de venir á Inglaterra y. estableciera de antemano la pauta por que había de medir la vida sajona. Cuentan de Hipólito Taine que hablando con un pintor, su amigo; el cual se disponía á viajar por Italia, le preguntó: ¿Qué. opina usted de Italia? EL pintor respondió: Si no la conozco aún... Y, entonces Taine: ¿Y, va usted á viajar por un país sin haber formado antes opinión de él? Yo desembarqué en Londres con la firme convicción de que iba á vivir en un vasto monasterio de cartujos. Nada rnás lejos de la realidad. Los ingleses, por apariencia automática que tengan, son hombres al fin y al cabo, y padecen, como padece toda la raza humana, de 0 sa desagradable (supuración pulmonar y laríngea que se llama don de la palabra. Y siendo, como es, algo trabajosa en ellos la emisión del discurso, se afanan en domeñar y adiestrar el rebelde órgano, y, de consiguiente, cuando se tropiezan con un individuo que en lugar de intermitente manantial de sonidos RAMÓN PÉREZ DE AYA LA disfruta de una alfaguara, le colocan en el rango de los semidioses. Todo discurso, aun el Londres, Febrero 1908, más común, tiene algo de canto y de divino dice Carlyle. Se acusa á la política española de ser gárrula y lenguaraz en demasía. ¿Por qué? Yo digo que el gremio de los- políticos forma la cofradía M ubimos de ir á visitar una pobre enferma del Silencio. Y el 1 silencio, pese á los elogios a que se hallaba en el hospital de la Princon que le han cantado algunos poetas, cuando cesa, y á fe que la. visita no pudo ser más intese trata de la cosa pública y se mantiene con resante. la contumacia de nuestros regidores, es cosa Y porque habrá muchos que no lo conozcan que mueve á cólera. y se figuren que un hospital es un lugar donAunque no hay estadísticas que especiíiquen de tan sólo se albergan la miseria, las enferel número exacto, me atrevo á asegurar que medades en toda su repugnante fealdad, y les desde que últimamente se cerró el Parlamento asusta y retrae la idea de que van á enconinglés líasta su reapertura, cada miembro del trarse con mucha suciedad y abandono, y á Gabinete ha pronunciado, cuando menos, 20 ontagiarse, poco menos, si penetran en sus discursos, dirigiéndose á la masa del país y j salas, que ellos imaginan negras, tristes, amar- explanando por lo menudo los propósitos de la política liberal, circunstancias que la abonan y razones que la mantienen. A su vez los unionistas hacen otro tanto con su ascua y con su sardina. En el sumario de las hojas diarias se puede ver siempre este epígrafe: Discursos pelítieos y á continuación seis ó siete subtítulos de otras tantas peroraciones. De esta manera el pueblo se familiariza con las teorías vainas de Gobierno que están en boga (con las teorías; ¡perdóneme el Sr. Cambó! y con los hechos (aunque no tanto) que parecen requerirlas; compara en su interior los argumentos con que se le ha brindado y adquiere: una cultura cívica que le permite intervenir de un modo eficiente en la dirección del Estado. Pero ¿me queréis decir si es posible que exista un solo español él cual conozca de un modo cierto qué fines persigue el grupo conservador, cuáles son sus ideas concisamente formuladas, adonde va y de dónde viene, qué reservas de razón tiene en su granero, etc. etc. Y lo mismo digo del grupo liberal. La política española es una función arcana, de iniciación, algo así como los misterios de Eleusís. ¿Misóloga la política inglesa? En ella el torrente de la palabra está manando sin cesar, y gracias á este perdurable fluir, el entusiasmó público y la conciencia nacional se vivifican y refrigeran de continuo. ¿Queréis hacernos misólogos? No; todo lo contrario. Mézclense los políticos al pueblo, suelten la tarabilla ó todo ruedo, hablen, habren y digan lo que- tan guardado tienen, á riesgo de arranciarse. Y si no tienen nada, ó no tienen otra cosa que un alma inane y una voluntadjconcupiscente, conozcamos por expe- riencia inmediata su vacuidad y arranquemos de sus hombros las públicas investiduras. Por sabido, el pueblo es el que debe pedir el quebrantamiento de la misología. El pueblo es el que debe. unirse en un solo clamor preguntando: ¿Por qué es caro el pan y la peseta barata? ¿Por qué andan los ferrocarriles despacio y los cargos públicos de prisa? ¿Por qué nos faltan maestros y nos sobran burócratas? ¿Por qué esta amada tierra, esta tierra buena y agradecida y rica, esta España que llenó el mundo con su espíritu es hoy un fantoche internacional? CRÓNICA DEL BIEN gadas por inces antes quejidos- quiero explicar te, aun para sobrellevar mejor los dolores y las aquí en esta breve crónica lo que es el hospi- penalidades, el aseo, la luz. y sobre todo el catal de la Princesa, que honra á la ciudad en 1 riño, la incesante solicitud de esas hermanas cual se halla esta blecido, y que no desmerece que realmente son hermanas de la humanidad, seguramente de 1 os mejores que puedan citar- y no de la humanidad que ríe, sino de la que se del extraniero, sobrepujando á muchos de llora; no de la humanidad que goza, sino de la ellos. que sube penosamente la calle de la Amargura. Pareció al principio que no íbamos á poder ¡Ah! que los que atacan tanto y con tanta baña realizar nuestro propósito; son las monjitas á las Ordenes religiosas, se den de cuando en muy firmes en el i ninplimiento de sus obliga- cuando una vuelta por estos lugares en que ciones; para gobernar no tenían precio; si di- tienen sus palacios, no de mármol y jaspe, y cen no, suele ser no, y ya nos disponíamos á sus tronos, no de oro, sino formados- de lágrisalir algo mohínas, cuando se abrió un resqui- mas de agradecimiento, esas religiosas que cio en la determinación de la hermana, y vol- llevan el título más hermoso, más dulce al coviendo de su acuerdo, porque podía ceder sin razón humano que todos los títulos del mundo: faltar á sus deberes, t os invitó á visitar el lo- Hermanas de la Caridad; y una vez que las cal, cuyas anchas pu ertas vidrieras dejaban hayan visto siempre pacientes, siempre atenpenetrar profusamente- la luz, que daba al Asi- tas, sin aparentar cansancio aunque la fatiga lo donde tanto desgraciado encontró refugio las rinda; rodeando al huerfanito del cariño de madre que le falta; cuidando males de quienes cierto aire de alegría y (bienestar. La primera impresión al cruzar aquellas ga- quizá no se lo agradecen, sino que las insultan; lerías fue muy buena; an es que nada entramos asistiendo al anciano en su última etapa por en la botica; la tienen á s u cargólas religiosas, el camino de la vida, sino es que descaradapues el ilustre Dr. Mariarú, conocedor más que mente pisotean la verdad, tendrán que recononadie de lo que valen, las llevó á este puesto, cer que no hay una religión la católica Aae milita bajo desempeñándole á gusto y satisfacción de que forme ese cuerpo hero las banderas de Cristo y que lleva por lema todos. Merece la pena el ver la botica, tan limpia, esta inscripción: ¡Caridad! tan arreglada; en ella las hermanas, afanosas y De sala en sala fuimos pasando, y en todas sonrientes, trabajaban en piteparar los- cientos partes pude admirar ese orden y ese aspecto y cientos de medicamentos, emplastos venda- peculiar al hospital de que hablo; en la última, jes, etc. que les piden por la mañana de todas de hombres por cierto, una religiosa, ¡una sola las salas, tanto de cirugía como de medicina. entre tanto hombre! rezaba en alta voz, y ellos, Sostuvimos con ellas una. breve conversa- algunos levantados, otros desde sus camas, ción; la principal, la jefa, reía de nuestras ob- contestaban... y este espectáculo me inspiró la servaciones; al decirla yo: ¿Cómo han podido reflexión de que el puebto es 1 susceptible de ustedes aprender todo esto, tiprno pueden re- llevar por buen camino, siempre que se le lleve istir un trabajo tan penoso? me miró, y sin con mano firme, pero dulce también, pues con dejar su sonrisa apacible que- reflejaba la tran- amor se consigue más que con la dureza; el quilidad y gozo de su alma, murmuró, seña- amor es la llave mágíca que abretodos los colando un cuadro que dominaba la reunión: razones; ante una frase de terniara, ante una mirada de interés y simpatía, no resiste nadie, Tenemos por modelo ai primer por fiero que sea su temperamento, por indoYa comprenderán mis lectores que el cuadro mable carácter que tenga. no era otro sino una imagen del Corazón de Terminó la visita, y hablando con la monja Jesús. que nos acompañaba, recayó la conversación Y seguimos nuestra visita, penetrando en en los tristes acontecimientos del hundimiento una de las salas de cirugía... ¡Qué paz se respi- del tercer Depósito. raba allí, aun en medio de aquellas desdichadas Aquella mañana trabajaron mucho las relique ocultaban entre las limpias sábanas de su giosas; se les entraron más de cien heridos cama- -con colchón de muelle y dos colchones por las puertas; eso sucedió á las diez; á las cada una- -sus heridas en la s que penetró el once, cuando llegó el Rey al hospital, ya estabisturí para cortar, para sajar, para arrancar el ban todos en sus camas instalados, mereciendo miembro enfermo, para curar la llaga que car- tal rasgo de diligencia, abnegación y buen orcomía la carne y amenazaba con la muerte den los elogios unánimes de cuantos fueron si no se la atajaba en su camino. testigos de él; le concedieron á la venerable Parecía una sala de un dormitorio de cole- superiora la Cruz de Beneficencia, tan justagio; grande, ventilada, caliente por la estufa mente- merecida, ¡y en verdad que debió ser que se veía en el centro, no dejaba nada que una escena conmovedora aquella que tuvo ludesear desde el punto de vista de la higiene; gar en la sala regia la noche en que fueron á allí ni el oído percibía quejas desgarradoras, Palacio las tres hermanas, la superiora y dos ni el olfato sufría, porque en aquella atmósfe- de sus religiosas... ¡Los asistentes al acto con ra saturada de aire y sol, no existen los mias- sus uniformes y trajes de gala, las luces ilumimas ni pestilencias que existen en otros hos- nando profusamente la estancia, y en el centro pitales, ni la vista se nublaba con tristeza, pues las monjas, con sus hábitos usados, con su molas enfermas, sentadas casi todas en las camas, desto mirar, con sus blancas tocas que para los más bien parecían convalecientes que recién enfermos semejan alas de ángel que los viene operadas. iy porque hace mucho, indudablemen- á socorrer... El Rey regaló la cruz á la supe-