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N U M E R O 984 ABC. V I E R N E S 14 DE FEBRERO DE 9 o8. OCHO P A U I N A S EDICIÓN i. PAGINA 3 TÁNGER. TRASLADO DE LOS RESTOS DEL SR. LLAVER 1 A prenda! al decir de algunos especialistas. ¿Que qué tiene que ver esto? Precisamente todo lo contrario. I, a sportwman, la hembra gimnasta fue quien invento la susodicha amplificación de la hoja de parra bíblica, con el fin, que á nadie se le oculta, de entregarse á toda suerte de ejercicios violentos y fantásticos eia la impedimenta del pudor. Merced á este ingenioso y es sto expediente, las damas inglesas llevan un siglo de gimnasia á todo ruedo. ¿Qué debía acontecer. Lo que aconteció, Una de las preminencias masculinas fue siempre la fortaleza. Hoy hay mujeres tan forzudas y aún nías que los hombres. En la parte alta del Támesis, entre frondosas arboledas y casitas rústicas de pintoresca elegancia, que cubren las márgenes del río, s ve é. diario un espectáculo curioso; damas lindísimas y de frágil apariencia bogan con singular maestría, en tanto los hombres, tumbados en el fondo de la barca, dormitan ó leen. Físicamente, la mujer inglesa nada tiene que envidiar al hombre 111 por qué temerle. Moralmente. Inventad la imprenta y habréis inventado la democracia aseguraba Carlyje. En general, la inglesa lee masque el inglés, porque tiene más tiempo á su disposición. Una mujer que lee, y. que lee mueho ¡es J 5 eor que una bomba de reversión. En cuanto tratan de revertiría, el estallido es formidable. Una revista seria, The Natwn, estampa estas líneas: La culpa del movimiento sufragista la tenemos los hombres, por haber admitido, aunque á regañadientes, la especie de que las mujeres tienen alma. El alma, lo mismo que el voto, supone una voluntad. El alma de las muieres Conducción del féretro desde la iglesia al puerto. DE NUESTRO ENVIADO ESPECIA ABC EN BRAVI A. S ¿Creías que la desgarradu hembra de armas tomar, la criatura imperiosa, tozuda, brava, elocuente é insultante; en suma, la mujer de rompe y rasga, es un tipo exclusivamente español? ¿Pensasteis que sólo las G- qjgonias son las que se ocecan? Si tal creíais, si tal pensasteis, os habéis equivocado. Las que se ocecan, hasta llegar á un punto rayano en el delirium tremens, ó si queréis en el furor leonino, son las sufragistas. Todos sabéis quienes son estas señoras. Ramiro de Maeztu ha escrito abundante y doctamente acerca de éste ya, vertiginoso. movimiento mujeril. Laí? sufragistas, si hemos de hacer caso á los dibujantes cómicos y á los fabricantes de juguetes, son vina especie de esqueletos revestidos de apergaminada piel pajiza, con ua sombrerete mugriento sobre el pelo áspero, unas gafas sobre la nariz y en una mano un cartel que dice: Votos para las mujeres Pero, dicho sea en honor de la verdad, hay sufragistas en las cuales el esqueleto se disimula admirablemente y no tiene otro fin que el de manEmbarque de los restos mortales del ministro de España en una lancha tener erguida y airosa una cantidad de tejidos orgánicos que se reparten en discretas curvas encargado de traerlos á la Península. y armonioso conjunto. Sí; hay sufragistas muy guapas, y son las más temibles. La agitación feminista tiene, pues, bastantes moa así como quiera á que nuestra cara mitad nuestro cariño como don de gracia, he aquí la puntos flacos por donde entrarla, sirviéndose pierda el carácter decorativo, sentimental é mujer que hoy por hoy amamos, y que apenas del arma de la ironía; pero, de otra parte, eu- íntimo que hoy tiene. Aún conservamos de l; t podemos imaginar que andando el tiempo deje ierra en sí algo de inquietante y profundo que mujer un concepto algo oriental. La mujer de existir. ¿Es esto justo? ¿Obedece á una obreclama la honrada atención de quienes hasta griega, la que, según el hermoso verso de Bau- cecación del egoísmo? La cosa merece penihora han manejado (al menos aparentemente) ville, en lá silenciosa reclusión del- hogar, hi- sarse. la cosa pública. Y así- -dice Emerson, en La laba pensativamente la lana blanca la huEntretanto, hablemos de las sufragistas, y onducta de la vida- -fácilmente imaginamos milde y sumisa compañera que el cristianismo no por última vez. Es perfectamente lógico aquellas circunstancias en que la mujer perore, dignificó; la mujer, ornamento de la casa, ma- que el movimiento feminista haya adquirido ote, arguya ante los Tribunales, legisle y guíe dre cierta deuna descendencia legítima, dulce en. Inglaterra un carácter bélico y revolucionaun coche, como la cosa más natural del mun- apoyo de nuestras pesadumbres, fuego manso rio. ¿Un dato que confirme esta aseveración? do, á condición de que ello sobrevenga gra y perdurable de nuestra voluntad; el ser hu- La mujer inglesa, en el año de gracia de 1804, dualmente. milde que acepta las repulsas de nuestro mal inventó el pantalón femenino y lo impuso- al Por lo pronto, los hombres no nos resigna- humor como cosa debida, y los homenajes de mundo entero; ¡esa antiestética é incómoda de vapor que loscondujo al buque FOTS, BENSUSM Y KIT eS igual que su cuerpo, algo maternal y fecun do. Nuestras más nobles ideas, nuestros más sutiles sentimientos, nuestras más heroicas acciones, nacen casi siempre al calor saludable de un alma femenina. Pero esta divina virtud tutelar ¿no se extinguirá el día que las muieref asuman una función social hombruna? Las sufragistas han entrado en el período de la? hostilidades extremas, de la guerra sin cuartel. En las calles, en las reuniones públicas, en los Juzgados y Audiencias de todas par tes, y á todas horas, promueven escándalos y alborotos inenarrables. Inútil es que los representantes de la autoridad (estos policemen gi- TEATRO REAL. LOS ÚLTIMOS DEBUTS Maestro Lamothe de Grignon. El tenor Lunardi El tenor Sobinoff El barítono Polese.