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983 w 1 V ftflf RW A B C JUEVES J 3 DE FEBRERO DE J 9 O8. OCHO PAGINAS. EDICIÓN 1. PAGINA 6 del Alcázar, actual residencia de SS. M M de la misión sueca que, presidida por el barón Bolden de Unión (y) ha venido á España para, notificar á D. Alfonso XI 11 el advenimiento del rey Gustavo V al trono de Suecia FOT. BARRER Como ayer dijimos, se espera que el alcalde de figurar en la nueva Junta directiva de la Asociación Matritense de Caridad, para efec- adopte rápidamente medidas que tiendan á tuar inmediatamente la recogida de mendigos. evitar los abusos que á diario cometen las emBl alcalde tiene ya reunido el dinero, dis- presas de los tranvías. pnesto el local para la clasificación de los mendigos y arbitrados cuantos medios necesita LA BASE DE LA VIDA para efectuar la recogida. I a alimentación es la base de la vida, y pobre del que no puede alimentarse por carecer E 1 cochero del alcalde. El cochero del alcalde, Francisco Verde, de recursos ó no permitírselo la enfermedad. Porque á veces, como todo el mundo sabe, rido á consecuencia del choque de su éarruacon un tranvía cangrejo, continúa en grave no es lo más grave la misma dolencia en sí, sino la larga convalecencia que consume al pa: ado. Los médicos temen que se le presente la pul- ciente y á veces le cuesta la vida. I médicos mismos reconocen la importanmía traumática. cia de ella, y una vez que han podido salvar al enfermo, dominada y vencida la enfermedad, dedican mayores esfuerzos, si cabe, á contrarrestar los efectos de la convalecencia, administrando tónicos y reconstituyentes que permitan recobrar completamente la salud perdida. Ocurre á veces que no todos los estómagos pueden asimilarse los medicamentos, y menos resisten la alimentación por muy suave qne ésta sea, caldos, leche y vinos ferruginosos, en cuyo caso el enfermo se desespera y el médico aguza su ingenio para poder salvar á su cliente. Para ello se echa mano de toda clase de preparados de carne, que dan buenos resultados cuando la preparación está hecha á conciencia y con arreglo á principios científicos. Esa es la mayor dificultad para el enfermo: la elección acertada de una buena preparación alimenticia qne reúna excelentes condiciones. El médico recomendará seguramente la Gelatina de carne y de gallina preparada cuidadosamente por el de Barcelona, Sr. Martignole, que es el alimento más poderoso para las personas delicadas. Úsese por los enfermos, y tenemos la evidencia de que han de agradecernos la recomendación que hacemos, llevados de un pensamiento altruista que nadie debe poner en duda. BIBLIOTECA DE A B C 62 LA SEÑORITA DE LOS CIEN MILLONES 63 se le ha ofrecido para ir á avisar al taller, pero ella no ha querido; dijo que iba á buscar trabajo en otra parte. ¡Qué bien! ¿eh? ¡Ya lo creo! Mañana es nuestra. ¡Qué enfermedad más oportuna ¿Quieres que te diga cómo se llama esa enfermedad? ¡Tú qué sabes! -Se llama... un ataque nocturno. Verás. Delrue, que tiene buenos amú gos echó contra Juana á los apaches; pero el explorador de África acudió á socorrerla. Y a ií tienes por qué está en cama y por qué no quiere volver á salir de noche, y por qué necesita Delrue de nuestros buenos oíicios. ¿Pero de dónde sacas todo eso? -Lo he sabido al leer los periódicos mientras te esperaba. Míralo aquí y aquí, y dime si no está todo claro como la luz del día. -Hay que lograr qUv. aflojen la mosca todos... todos. -Naturalmente; peí o antes debemos estar seguros de lo que hacemos. -Se me ocurre una idea. Tomé el número del coche donde iba ayer Delrue. Cuando subió al salir de casa, le oí que decía al cochero que le llevara á a plaza del Chateati- d Eau. -Sí, me acuerdo. Qué vendría á hacer por aquí? Rondar á la rubita, probablemente. -Vamos á saberlo. El coche tenía faroles encarnados; ¿dónde es el punto de los faroles encarnados? -En la plaza de la Bastilla. Vamos allá y por allá almorzaremos. Era aquel día el mismo del entierro de la abuela de Luisa, de la desdichada mujer que pocas horas después caía desmayada en el barro, entre el bullicio de la fiesta... Como no estaba el coche en el punto, indagaron la cochera en que encerraba y allá fueron. Tampoco estaba; pero dejaron encargo eficaz de que fuera á buscarles con su coche á un restaurant próximo, donde se proponían almorzar. Así fue, y cuando recibieron aviso de que el carruaje les esperaba á la puerta, estaban dando fin del verdadero banquete con que festejaban el negocio que les había caído entre manos y del cual se las prometían muy felices. Subió primero ella, y al sentarse á su vez Collin- Megret, ordenó al cochero que los llevara á pasear hacia Montmartre. -Somos antiguos conocidos- -le dijo- ¿vendad? -El caso es que como ve uno tanta gente, no es fácil recordar... -Sí, hombre. El cicerone elegante. Todo París conoce mi casa. -Aguarde usted... sí, ayer mañana llevé allí á un parroquiano. ¿Es amigo de usted acaso? -Sí y no. Puedes decir lo que quieras. ¡Valiente tipo! ¡Qué carrerita me hizo dar! Debe de ser de la Policía. Puede que lo sea. El caso es que perdió el bastón aquel día, un precioso Dastón con puño de oro. -Pues yo no lo be encontrado. -Estuvo en casa á saber si se lo había dejado olvidado allí, y como se iba de viaje ayer mismo, me dio el número de tu coche y me encargó que te viese, por si se le había quedado el bastón en tu carruaje... -En mi coche no. -Y si no estaba en tu coche, que fuera á todos los sitios adonde le llevaste para buscarlo. ¡Bonito viaje! A la calle de San Mauro, á la taberna de los mozos de cuerda, eso menos mal; pero luego estuvimos en el hotel de Embajadores... No les aconsejo á ustedes que vayan allí; podrían asesinarles... ¡Si me acuerdo de la escena... El hombre del bastón la vio perfectamente. -Creo que tiene razón el cochero- -dijo Collin- Megret á su mujer; -no es cosa de exponernos á un disgusto por complacer á ese señor. Y añadió en voz baja: -Ya enviaré á alguno de mis empleados, y si los maltratan, peor para ellos. I,o principal es que el negocio está segu ro y que tenemos cogido á Delrue. -Vamonos á Montmartre- -añadió levantando la voz de nuevo. -Entraremos por el buleva r Rochechouart y saldremos por el de Clichy. El paseo fue bueno y productivo. Por aquellos lugares, que ardían en tiestas, tenía Collin- Megret no pocos clientes, de cuyas casas recogió el importe de las comisiones convenidas. En tanto que él se dedicaba á tarea tan grata su mujer le esperaba en el coche. Una de las veces, mirando haeia un tío vivo, vio al alemán, al contratista de Viena que utilizaba los servicios del Cicerone elegante, al mismo que había acompañado Delrue los últimos días de su estancia á las órdenes de Collin- Megret Aquel era otro de los buenos negocios de su marido. En ello pensaba Mad. Victoria cuando vio caer al suelo á Luisa Rieux. Salía Collin- Megret del Mouhn Rouge y buscó en vano con la mirada su co- che. Como no tenía la conciencia muy tranquila, se asustó, y más aún al advertir que á alguna distancia había un grupo, una aglomeración de gente, y en el centro el coche. Se acercó con precaución, dispuesto á huir si había pengro. ¡Oh asombro! Mad. Victoria atendía solícitamente á una muchacha desmayada y la conducía al carruaje, manifestando un interés vivísimo hacia la desgraciada y una compasión que no sentía. ¡Pobrecilla, pobrecilla! -iba diciendo. Al llegar Collin- Megret le hizo subir al coche, entró ella también y dio sus señas al cochero, que salió á escape. ¿Pero estás loca, Victoria? ¿Qué has hecho? -Es una desgraciada. Yo la adopto, yo la salvaré. ¿Te sientes compasiva? -Por la cuenta que me tiene. X UN DRAMA EN U N A CONCIENCIA El comandante Rieisx, el padre de Luisa, acababa de pasar dos noches espantosas, después de dos meses de terrible agonía, de una agonía de todos los instantes, pues durante los dos meses se había visto obligado á mentir á