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MADRID, MARTES ii DE FEBRERO DE 1908 NÚMERO SUELTC 5 CÉNTIMOS B i MHBBBMagArinwar. jwraafflMiac: raasi III II lili I III lili m H l l l l l W H I W I I CRÓNICA U N I V E R 1 A i ILUSTRADA. A Ñ O IV. N l Í M 981. tg if íf í 2 É P O C A Si íaKssEüas í- se missst S SfflifiSI I BIBSWIB! B tt %I M VRmMBHm feflHBRiWWft S iMnilfflni SIVMBSiSV I USMmffi I t 3 SSCÜi ¡l3 g í e Z SÍS! Lisboa. En la Legación de España. Grupo de concurrentes á Ja recepción y banquete celebrados en honor del infante D. Fernando (x) Ob NUESTRO ENVIADO ESPECIAL A B C EN INGLATERRA l í N O S CUADROS VIEJOS Sí nos cua dros viejos qtie conservan perenne juventud é inmarcesible frescura, tal que no se dijera otra cosa sino que las manos doctas y pensativas que los trazaran- -convertidas ya en polvo, de siglos- -acaban de abandonar el lienzo después de tocar la obra maestra con la última, definitiva, eterna pincelada. En cuanto os traduzca la portada de un librito azur que tengo en mi mesa, os daréis cuenta de lo que se trata. Dice así el folleto: Real Academia de Arte. -Exposición de obras por los viejos maestros y maestros muertos de la escuela inglesa, incluyendo una colección de acuarelas. -Exposición de invierno. -1908. En el título de este catálogo hay una pequeña impropiedad. lylámanse en inglés viejos maestros fold masters) á los primitivos, á, los prerrafaélicos en el orden del tiempo, y entre los cuadros que se exhiben en esta recién abierta Exposición (205 en total) no llegan á una docena los que están pintados antes de 1483. IvO que me induce á dedicar unas crónicas á estos cuadros y me lleva de pasada á insinuar cierta consideración importante, es el hecho de que todos ellos pertenecen á particulares, y estando, por ende, expuestos a l a públicaiantencióñ de un modo eventual, juzgo de interés para los amigos del arte apuntar en estas columnas el carácter y el dueño de alguna obra de un favorito pintor que no podemos admirar siempre que queremos. La consideración de que he hablado se puede formular en estas palabras: la emoción de lo bello no es en Inglaterra del dominio exclusivo de su poseedor. Los grandes parques y jardines, por ejemplo, de los grandes señores lio están cercados como en España por elevados y herméticos muros que cierren el paso y burlen la ansiedad de los ojos, sino que tienen en las lindes pequeñas paredes, como cuatro palmos de altura, y frecuentes portillosf ¡por londe entrar á los señoriales dominios, que á nadie están vedados. Las colecciones de objelos artísticos más ricas pertenecientes á partiGuiares están en Inglaterra. Lord que viaja por el mundo, lord arrebañador que arrampa con cuanto encuentre á su paso que valga la pena. Vuelve luego á la metrópoli cargado de riquer. zB de arte, las cuales apila, no con la pasión goísta del avaro, en u n misterio exclusivo de inncta sanctomm, no por orgullo individual, sino por orgiillo patriótico. Las colecciones de los magnates y proceres ingleses tarde ó temprano Ludhiana (India Inglesa) Espantoso choque de trenes ocurrido en la línea férrea del Noroeste. Posición en que quedaron las locomotoras. tTHB ILl- USTRATKD LONDON N B W 9 van á dar á la nación. He aquí un buen ejem pío que imitar. La galería Tate y la colección Wallace, dos Museos en que la abundancia y variedad de obras anda á la par con el acendrado valor de las mismas, son donaciones de subditos ingleses á sus conciudadanos. En la Exposición de invierno de la Real Academia, el arte español tiene escasa, pero típica y digna representación. Otro tanto se puede asegurar de l o s Museos permanentemente abiertos en Londres. La sala española de la Galería Nacional es la más pobre de todas en número; la más intensa también, la más característica como expresión plástica del espíritu de un pueblo. El retrato de un cardenal por el Greco; el de una dama con- mantilla negra, por Goya, y especialmente los de Felipe IV con ropilla de brocado, y del almirante Pulido Pareja, por Velázquez, son á la manera dé una condensación artística del vigor, austeridad, nobleza y orgullo pretéritos de nuestra raza. En la colección Wallace, llenando un sitio de honor, hay otra efigie pintada por Velázquez; es Una señora con un abanico- -título sajón del cuadro. -De ordinario, una señora con un abanico no tiene nada de particular. Pero esta señoia ética, exangüe, de trágica expresión enfermiza, la cmal, á pesar de su terrible dolencia, disfruta de una inmortalidad concedida por el divino don de Velázquez, esta señora es un prodigio. De sus ojos irradia tan potente luz interior, que los demás cuadros de la s á l a los de Rembrant, Franz Hals, Tiziano- -quedan sumidos en una penumbra discreta. Tres cuadros españoles hay en la presente. Exposición de la Real Academia, dos de Muri 11o y uno de Pantoja de la Cruz. El número 119 del catálogo es una Inmaculada muy semejante, si no idéntica, á una de las del Prado. Este cuadro pertenece á la Se ñora Sandars. Número 134: El labrador, por Murillo. Es un cuadro de una factura y colorido muy poco murillescos. Representa al Niño Jesús abrazado á una tosca cruz de leños. A sus pies hay tres cabezas de angelitos, una calavera y una serpiente. Por fondo, un firmamento anubarrado. Por todas partes domina una tonalidad de azul intenso que por algunas desgarraduras de las nubes da en añil. El vaho azulino que envuelve las figuras sugiere una fuerte emoción de poesía. Dueño de la pintura, R. T. N. Speir. Número 117: Retrato de la condesa Pallavicini, por Pantoja de la Cruz. Este es un buen espécimen de pintura castellana. Una figura entera de mujer, vestida de obscuro, con paños recamados de oro que de la cintura á los pies se expansionan en jactanciosa y majestuosa curva. El rostro encendido por tibia sangre en circulación. El entrecejo se frunce levemente, no podemos decir si por mimo ó por