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HUMERO 977 A B C VIERNES 7 DE FEBRERO DE 1908. OCHO PAGINAS. EDICIÓN PAGINA 6 como en los que han de venir, figuran los nombres de músicos españoles, quienes mereciendo ser conocidos en el extranjero, son desconocidos aún. Ayer, la orquesta sinfónica de Londres ejecutó, juntamente con Basch y Liszt, un arreglo de Schubert, por Bretón, y un fragmento del oratorio San Francisco, por Arregui. El Sr. Arregui, según me aseguran, es muy joven, lo cual no impide que los trozos de su oratorio (oración y descendimiento de los ángeles) que ayer hemos oído, estén escritos con una gran ciencia de orquestación, profundo conocimiento de la armonía y una gran intensidad melódica de suave y apacible misticismo, muy acomodada al carácter de aquel gran santo de la Umbría, que amaba como hermanos á todas las criaturas de Dios. Su éxito fue muy grande y la crítica lo corrobora hoy. El nombre de España, tan injustamente olvidado en muchas ocasiones, vibró ayer con un prolongado estremecimiento sonoro. Bien está que la música, que tan á menudo no hace otra cosa que entristecernos, sirva de vez en cuando para darnos fortaleza y una esperanzada alegría. RAMÓN PÉREZ DE AYALA Londres. Febrero. Cada composición en un sobre cerrado, en el cual se escribirá un lema. En otro pliego, también cerrado, sobre el cual figure igualmente el lema, el nombre del autor y las señas a su domicilio. de 4. El Jurado, en su día, después de examinar las poesías presentadas y de designar las que merezcan premio, procederá á abrir los sobres cuyos lemas sean iguales á los de las poesías premiadas, para proclamar el nombre de los autores. 5. a Los escritores que concurran al Certamen pueden optar á uno solo de los dos premios ó á los dos conjuntamente, según que envíen una ó dos poesías dedicadas á la Virgen del Pilar ó á la patria española. En momento oportuno publicaremos los nombres de las personas que han de constituir el Jurado y- la fecha y el programa del acto solemne en que serán entregados los premios. I as poesías no premiadas serán devueltas sin conocer el nombre de sus autores. Queda abierto el Concurso desde el día de hoy. TORCUATO LUCA DE TENA DE NUESTRO ENVIADO ESPECIAL DEL VIERNES. COSAS DE FEBRERO LOCO A B C EN LONDRES M Ú S I C A ESPAÑOLA Los ingleses no nan T sido nunca grandes músicos, lo cual no quiere decir que no lleguen á serlo el día de mañana. El hombre tiene en su voluntad el molde de todas las cosas y el germen de todas las empresas. Yo quiero equivale á yo soy aunque todas las fuerzas naturales se opongan á ello. La voluntad y el tiempo son omnipotentes. Y un inglés, antes que nada, es una voluntad revestida de músculos. En la gran historia de Inglaterra hay una oquedad: se trata de que en ella habite en lo futuro la ninfa Eco. En otras palabras, los ingleses quieren que la historia de la música inglesa corra á la par de la historia constitucional inglesa, la historia de la poesía inglesa, la historia de la filosofía inglesa, etc. etc. ¿Por qué no han de conseguirlo? Hemos descontado ya la inspiración, la divina lumbre descendida del habitáculo de los inmortales como factor esencial para crear belleza. El trabajo asiduo ha substituido al furor pimpleo y momentáneo de los vates antiguos. Hoy en día se acepta la música algebraica como lo más perfecto en este arte. Newton hubiera escrito sublimes sinfonías. ¿Quién quita que en un cierto plazo, próximo ó remoto, la física descubra el secreto que hace, por ejemplo, que tal combinacidn de ondas sonoras nos produzca una mayor secreción de las glándulas lacrimales y una menor elasticidad del pericardio? Llegado tal momento, acontecerá que de la misma suerte que el mancebo de botica- -nuestro insigne contemporáneo- -elabora cerato simple, sirviéndose de una clara fórmula establecida, nosotros tendremos á mano aquellas sencillas fórmulas mediante las cuales una sonata ó un tango sean productos de sencillísima fabricación. Este descubrimiento les está deparado á los ingleses. Pero por si no lo estuviera, descendamos varios escalones en la cuestión. Hace algún tiempo, todo músico de alguna Hombradía tenía un porvenir seguro y un presente de alta consideración social en Londres. Los ingleses son obtusos, incapacesde expe- SÍ que está goloso y vario... ¡Bien se porta el calendario... ¡Bonito mes de Febrero... ¡Cinco grados bajo cero, viento helado, escarcha, lluvia. y, á rato? la trenza rubia del sol nos calienta un poco... Cosas de Febrero loco! ¡Caramba con el ¿empero... El buen Sultán marroquí está llevando una vida que no es muy entretenida, bi es cierto lo que leí. Anda de aquí para allí siempre lleno de canguelo, y ó bien le toman el pelo Cosas de Febrero loco! ó le aclaman en el zoco... Nuestros bravos liberales se muestran intransigentes, y están fieros y valientes en las batallas actuales. Nos vienen con mañas tales los que jamás nada hicieron... Los que siempre humildes fueron hoy quieren hacer el coco... Cosas de Febrero loca! Lisboa. Interior de la capilla del palacio de las Necesidades, donde se celebrarán los funerales por el rey D. Carlos y el príncipe D. Luis Felipe. TO 7. BENOUEL. rimentar esa inefable emoción que la música sugiere; pero pagan, eso sí, pagan muy bien. Tal vez pensaban de esta suerte muchos de los músicos invasores, sin darse cuenta de que los ingleses pagan con su cuenta y razón. Ignoro si, como asegura G. B. Shaw, los ingleses oyen música por snobismo; lo que- sí aseguro es que el nivel de la educación colectiva musical es muy alto, que la música se escucha con recogimiento siempre, que cada día hay más concertistas ingleses notables, y que los estudios críticos que acerca de los conciertos publican los periódicos, están escritos por hombres de tanta competencia en el oficio, que para dar una idea al lector no se me ocurre otra cosa que compararla á la especializada doctrina de nuestros revisteros de toros. En una reunión de músicos y artistas, decía hace poco el maestro Arbós: Nosotros somos los últimos. En muy pacos años iiadie tocará en las orquestas de Londres, nadie dirigirá ni cantará en sus teatros que no sea inglés. Han aprendido de nosotros todo lo que sabíamos. He citado al maestro Arbós porque quiero dedicarle esta crónica. Arbós ocupa hoy en Londres una reputación tan acendrada como la de los primeros músicos del mundo. Su triunfo ha sido no menos rápido que completo, y ya en toda serie de conciertos que se organice, su batuta, dotada de una extraña sensibilidad imperiosa, es requerida juntamente cou la de los más afamados maestros. Ayer tarde, en el Bechstein Hall, se verificó, bajo la dirección de nuestro compatriota, el primero de seis conciertos que consecutivamente tendrán lugar, organizados por The Concert Club. Esta Sociedad está formada por el mundo aristocrático de Londres. Los embajadores de España, Francia, Italia y Rusia, en compañía de sus correspondientes consortes; lores y tedies 7, barones y baronesas, etc. etc. rindieron ayer tarde un caluroso homenaje de entusiasmo á nuestra patria en la persona de Arbós. Añadamos que, tanto en eLconcierto de ayer Don Miguel y don Librado, don Librado y don Miguel son autores que el laurel mil veces han conquistado. Pero, ha poco, han estrenado entrambos, aquí en Madrid, y ni Miguel dio en el quid ni don Librado tampoco... Cosas de Febrero loco! En este pueblo bendito de golfillos insolentes, de tabernas permanentes, de navaja y de garito, la educación es un mito, la enseñanza un embeleco; los chulos hablan del Greco; los nobles dicen: ¡Claroco... ¡Cosas de Febrero loco! Luis DE T A H A BIBLIOTECA D E A B f 50 LA SEÑORITA DE LOS CIEN MILLONES -Eso es inverosímil. ¿Qué podía hacer el conde en aquel barrio y á aquella hora? -Lo que hacía todos los días. ¡Si puede decirse que vivía allí! Bressieu escuchaba disimuladamente, pero con la mayor atención, las explicaciones de Delrue á Sidonia; el relato del suceso de que fue víctima Enrique. -En resumen- -dijo la hija del banquero, -no hay nada perdido irremediablemente. Esa muchacha cree que la ha salvado usted, y el conde cree que ha salvado á una cualquiera. -Eso es. He cubierto mi retirada lo mejor que he podido. El azar estaba en contra mía. -Hay que volver á empezar, y ahora hay que hacerlo bien. -No tenga usted cuidado. Esta vez será cosa segura y sin peligro. Delrue expuso sus razones y sus ideas, enorgullecido por la atención que ponía para oirías, sin fingimiento alguno, el banquero. A riesgo de ofender gravemente á Sidonia, exasperando hasta el frenesí el furor de sus celos, se atrevió á decir. -Sería pueril no reconocerlo. Kermor lucha entre la promesa que hizo á su padre, y su amor profundo, absoluto, hacia Juana; trata de romper su ma trimonio; ésta es su idea fija, después de la de volver á encontrar á Juana. Y si no la encuentra romperá definitivamente con todo, hasta con la vida. Sidonia, rígida, pálida, muda, miraba á Delrue con terrible fijeza. Parecía la imagen petrificada del crimen. Le preguntó: ¿Qué plan tiene usted? ¿Qué hay que hacer? A su vez interrogó el banquero: ¿Cómo va usted á arreglarlo? Los ojos del miserable Andrés brillaron de alegría por la certeza del éxito. -Es muy sencillo. Pienso que es necesario arrancar del ánimo del conde un amor indigno é imposible; que hay que probarle que Juana se burla de él y de todo el mundo; que su candor sólo es la máscara de la hipocresía; en una palabra, que el ídolo es impuro y despreciable, -Pero, al parecer, esa muchacha es perfectamente honrada. Así lo creo yo también, pero el conde tendrá la prueba de lo contrario, una prueba convincente, irrecusable, de las que saltan á la vista. Sufrirá mucho, pasará por una crisis espantosa... Juana Le Brenti vivirá, si se quiere que viva; pero habrá muerto para Enrique, porque él verá con sus propios ojos lo que no quiere creer. -El plan es bonito- -exclamó el banquero. -Realícelo usted y que sea con buen éxito. El éxito lo es todo en la vida. Delrue salió de aquella casa enorgullecido por el triunfo que tan próximo veía, lleno de las más halagüeñas esperanzas. -Es mny inteligente este- muchacho- -dijo el banquero a su hija. -Si consigue su piopósito habrá que reconocer que no se hace pagar demasiado c; Vil MUERTE DEL RIZOS Delrue regresaba maquinalmente al palacio de la calle de la Boétie, presa del delirio de su medio millón, sometido á la hipnotización de sus criminales proyectos, cuando súbitamente lanzó un juramento y se detuvo. -Iba á cometer una tontería regresando al palacio, donde tendría que permanecer al lado de Enrique para cuidarle Puesto que el marqués me ha enviado á la calle y estoy en ella, aprovecharé mi libertad. Diré que Bressieu no estaba en casa, si alguien me pregunta el motivo de mi tardanza. Ahora, antes de levantar el telón para el melodrama que preparo, necesito ponerme en guardia para conjurar dos riesgos: La marquesa va á buscar á Juana, y el Muralla y el Rizos van á querer tomarse el desquite para ganar el dinero prometido. Con un poco de suerte puedo evitarlo todo etí un par de horas. Tomó un coche y se hizo conducir á la calle de San Lázaro. Iba á casa de Collin- Megret á quien no había visto desde el dia de angus t i a y de terror en que éste le había enviado á ver al barón de Bressieu. Collin- Megret, que sabía que su ex empleado era persona grata al barón, 1 e recibió amablemente. ¡Cuánto me alegro de ver á usted! Creí que no volvería usted por esta casa. -Necesito de usted. Estoy enamorado. Adoro á una muenacna rubia, pobre, honrada, que trabaja maravillosamente, huérfana, sin parientes ni amibos, sola, completamente sola. -Apresúrese usted á casarse, porque si no, esa muchacha no tardará en encontrar un protector. Cásese usted y yo seré testigo. -Vamos con calma. Yo no me siento inclinado al matrimonio. Y además tengo un rival que no piensa más que en casarse. ¿Entonces va á haber duelo? También me ofrezco para testigo. -Ni duelo ni boda. Ambas cosas son muy peligrosas. -Ya voy comprendiendo; pero para no perder tiempo, le aconseio á usted que juegue á cartas vistas. -Necesito la ayuda de Mad. Collin- Megret, y ofrezco por esta ayuda 5.000 francos. ¿Conviene? -Se refiere usted á Mad. Victoria, mi vecina. Ya le he dicho á usted que no tiene nada que ver conmigo; por consiguiente, me ofrece usted 5.000 francos para ella... -Para ella, ¡claro! -Y otros 5.000 francos para mí si el negocio no vale más. -Aprieta usted demasiado. -El barón aflojará -Está usted equivocado, el barón me devolverá lo que usted sabe si queda satisfecho de mí. entei ¡y orno el papelito vale 10.000 francos,