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NUMERO 977 DE. NUESTRO ENVIADO ESPECIAL A B C VIERNES 7 DE FEBRERO DE 1908. OCHO PAGINAS. EDICIÓN De todos modos, la responsabilidad de la- en el orden de la riqueza, en el orden del lujo tragedia de lyisboa cae entera sobre la con- y hasta en el orden de los valores sociales, que ha hecho bien la humanidad en seguir paso á ciencia del desatentado ministro. paso los accidentes de ese; suceso. Los pobres, los que no fjarís, lo repito, llora la trágica muerte del na, ni aun probabilidadesposeemos una fortude tenerla, nosotros Monarca desventurado y no quiere estamos de pésame ante el fracaso de los dia acordarse más que de sus excelentes cuali- mantés; toda la resplandeciente visión de nuesdades. París llora la muerte del heredero de tros sueños se vino abajo como un copo de esla Corona, que todavía no hace un mes, al puma, y ya no tenemos diamantes... L o s ricos, tocar en Cherburgo el barco donde regresa- en cambio, los que poseen una fortuna y ven ba de un largo viaje, se escapó á Montmar- escondidos en sus cofres los puntitos de luz de tre y paseó sus asombrados ojos por los res- sus diamantes, esos se ban alegrado, y ha sido librasen de una. taurante de noche... Y París agradece esas como si sevivir sosegados, feroz amenaza; ahora pueden puesto que sus diaadmiraciones silenciosas... mantes están allí; nadie se los ha arrebatado; ningún diamante plebeyo puede sabir hasta JosÉJuwi CADENAS donde ellos están, depreciándolos, robándoles París. Febrero FAGINA 3 ria, el mundo se está democratizando; antes el inundo era como un privilegio jeara unos pocos; ahora casi es una propiedad común. Antes parecía que sólo unas pocas gentes merecían el derecho de vivir, y todo el resto de los hombres estaba al servicio de aquellos pocos felices individuos, mientras que ahora se va ensanchando el límite de los derechos más lejos y más extensamente cada vez. Las cosas útiles y las d, e adorno eran antes del dominio de un hombre, de varios h. ombres nada más; en los. pueblos bárbaros, como, por ejemplo, los normandos, solamente los principales guerreros podían darse el placer de emborracharse con el vino que robaban en sus correrías; las buenas espadas sólo podían esgrimirlas los hombres fuertes; la púrpura era privilegio dje los más altos, de- los más influyentes... Hoy todo el mundo se emborracha cuando quiere, viste de púrpura, porque se fabrica barata, y esgrime un arma, tan poderosacomo un revólver, sin más gasto que 10 monedas de á peseta. Pero había o t r a s muchas; y muy ricas- cosas inaccesibles para el vulgo de los humanos. Aristocrático era el papel en la antigüedad; dominio de algunos pocos hombres era el arte de la escritura, y en cuanto á los libros, época hubo en la Edad Media en que los libros se custodiaban dentro de los conventos con celo extrema. do; se guardaban los libros como el mismo oro, y quien quería leerlos. necesitaba viajar con mil trabajos hasta el punto en donde se hallaban. Se heredaban entonces lo. s libros, se heredaba ei arte de escribir, se heredaba el- vestido, se heredaba del padre la capa, que luego pasaba á manos de los nietos... A B C EN A TRAGEDIA ¡El Rey ha muerto víctima de un accidente del DE LISBOA trabajo! gritaba ayer tarde en la Cámara el diputado socialista monsieur Merlier. Y á la misma hora, en el Ayuntamiento, un edil, socialista también, Mr. Fribourg, pretendía que se hiciera constar en el acta de la sesión que á él, á Mr. Fribourg, no le íiabía producido la menor emoción la tragev ñia de Lisboa. Pero París no piensa como estos dos señores socialistas, y París se emocionó profundamente al 1 eer el relato del aten; ado, porque el rey Carlos era un Moilarca muy parisienoe, que había sabido captarse aquilas simpatías de todo el roñado. Sus defectos, si 2o s tuvo, sus súbdiT. OS los padecerían... París no pudo apreciar nunca más que sus excelentes cualidades d u r a n t e las temporadas, más ó ráenos largas, que empleó- en sus vici ¿as... Y en visita todos somos buenos. A París le impresionó fuertemente la noticia de la catástrofe, porque, aunque se esperaba que algo trascendental ocurriera en el territorio portugués, nadie podía sospechar que corriesen el menor riesgo los miembros de la familia Real. Tolavía hace muy poco tiempo que un portugués me decía: -A D. Carlos le veremos viviendo en París dentro de algunos meses... Y al leer las noticias que de Portugal llegaban todos lo días, los parisienses pensaban lo mismo: que el rey de Portugal acabaría viniendo á París á pasear poi los bulevares su maMadrid. Llegada del ex presidente del Consejo de ministros de Portugal. El Sr. Juan Franco jestad sin corona. al salir del vagón en la Oero el cronista debe registrar sinceramente las impresiones que en París ha recogido. La primera, unánime, emocionada, fue la condenación del atentado. La segunda, irritada, y no menos unánime, de indignación contra el primer acto del joven Rey declarando que quería conservar en el Gobierno á Franco y demás ministros. I, a tercera, de regocijo, al saber la caída del dictador... Sin embargo, hasta para caer ha sido Franco inoportuno; pues se ha visto claramente que pretendía continuar gobernando, y al poner en labios del joven Monarca la declaración de confianza que contiene. la primera proclama lanzada al pueblo portugués, ha hecho Franco más daño al nuevo reinado que las más irritadas campañas re: volucionarias. ¿Por qué, si estaba resuelto á continuar gobernando, ha caído Franco al fin? Iva fuerza de Franco no estaba en Portugal, sino en Londres, y, sin embargo, si hemos de dar crédito á lo que en París se murmura, la dimisión de Franco fue desde Londres aconsejada por telégrafo. Y es que sin duda en Londres, como en París, la determinat ción del Rey dé conservar á- su primer mi nistro produjo la misma indignación. Quizá sea injusta la impopularidad de Franco; es posible que fuera el salvador, el regenerador de su patria; pero si gobernar es prever, no cabe duda que no sabe gobernar, pues como escribe la Prensa alemana con maravillosa concisión: No supo defender á su Rey, no acertó á prever lo que ocurrir podía á pesar de haberle sido avisado. Sabía que el 31 de Enero iba á estallar una revolución, y el i. de Febrero expone á toda la familia Real por las calles de Lisboa, sin rodearla de las precauciones qne la más elemental prudencia aconseja... La prueba más evidente del desequilibrio mental de ese político funesto es que sin comprender la tremenda responsabilidad que ha contraído, todavía se obstinaba en continuar gobernando, y cegado por la soberbia, no vaciló en comprometer el porvenir de la dinastía queriendo asociarla á sus torpezas y poniendo en los labios del nuevo Rey la declaración de confianza que contenía la primera proclama. ¿Tendremos que concluir dando la razón al Dr. I éitao, qué en un folleto célebre, publicado el año anterior, trataba de demostrar que Franco era un caso de locura epiléptica? -porque se anunciaba que- un señor llamado Lemoine había fabricado diamantes de artificio tan bellos como los naturales, cierta parte de la humanidad ha venido lamentándose con doloridas suposiciones, y aún no están todos tranquilos, temiendo que la fantasía de Lemoine sea ün hecho real cualquiera de estos días Lisboa. El coche del regicidio. En balas que atravesaron la portezuela y el farol y uno de los cristales. La gente ha fantaseado de gentil manera en torno á los diamantes artificiales; unos, porque deseaban que el presunto invento resultase verdad; otros, porque temían la certidumbre del invento; la mitad del mundo civilizado ha vivido medio mes en continua zozobra. Realmente, la invención era de las culminantes, de las representativas, de las revolucionarias; el fabricar diamantes como se fabrican cuentas de vidrio, equivalía á un cambio tan. radical Aquello pasó 3 a. Hoy no se hereda la capa, sino la aptitud para adquirirla, para comprarla con nuestro propio dinero; ciertamente que hemos ganado algo. Hoy se han democratizado la cien, cía, el arte, las cosáj todas; el papel es prc? piedad dekvulgo, los libros descienden hasta el último tugurio del mendigo; las joyas andan al alcance de las pequeñas fortunas; el arte no es privilegio de una clase sacerdoestación de Jas Delicias. i tal, como en Egipto, sino patrimonio de la valor, confundiéndolos en el montón de las co- multitud; el viajar, el adornarse, el vestirse, el sas anónimas. Los diamantes, hoy todavía, son vivir cómodamente, el calentarse yf alumbrar diamantes. Valen inuch o dinero, sólo pueden se, todo eso es hoy completamente democrático. usarlos unas pocas personas; los diamantes, ea La luz 1 eléctrica alumbra Hoy con iguáP illo la fin, son todavía aristocráticos. sonrisa del hombre feliz, como la pesadumbre ¿Pero lo serán siempre... Dicen. los sabios del desgraciado Todas estas maravillas son que no. Calculan los sabios que la fabricación obra de la industria. La industria, por conside diamantes no es más que cuestión de tiem- guiente, viene á ser como el primero y más efipo; día ha de venir en que de un horno vulga- caz propagandista de la igualdad. rísimo, y mediante sencillas manipulaciones, Contra esto es contra lo que se rebelan ciersaldrán diamantes tan perfectos como los que tos individuos. No quieren que todo sea de toahora se arrancan de las minas. Cuando llegue dos; odian la igualdad por amor á la aristocracia; piensan que sin aristocracia no puede existir un concepto sublime del mundo, y que el mundo, para que progrese y se perfeccione, necesita de un fuerte sentido aristocrático. Piensan que la igualdad es el estancamiento, la muerte. Temen al día en que no haya diamantes únicos, en que todos los diamantes sean propiedad de todos. Horrible equivocación. No se trata de que perezca el mundo por la universalización de la vulgaridad; se trata únicamente de qué el mayor- número posible de hombres adquiera la mayor, suma posible de medios de felicidad. Se trata de univeisalizar la felicidad, y para ello es preciso entregar en manos de la multitud los medios hábiles; dando al vulgo el arte, la ciencia, la industria, el pensamiento, le habremos dado las principales armas defensivas contra el infortunio. Le quitaremos á la multitud la pesadumbre de su frío, de su hambre, de su envidia, de su ignorancia, y la habremos acercado á la felicidad. Cuando el vulgo lo posea todo, hasta los diamantes, no habremos j matado la aristocracia, sino que habremos democratizado la felicidad, ó sean los medios para adquirirla. Se equivocan los que tiemblan ante la posible universalización de la vulgaridad. Ah, no. Siempre existirá una aristocracia; siempre habrá un diamante más luciente que los de, más, una capa más elegante que las otras, una idea ó una emoción más potente que las generales. Esa será la aristocracia de siempre, Va. eterna. Pero junto á tal aristocracia todos los hombres poseerán un diamante, una capa, un libro. ¡Bendígase á los que lo procuran! J. M. a SALAVERR 1 A la fotografía se ven las huellas de 1 F O T BENOLIEL ese día, un, diamante lo comprará cualquier hombre, hasta el último hortera, por un precio insignificante; todo el inundo poseará diamantes; la más infeliz muchacha prenderá su pañolito de seda con un dije de diamantes. En ese famoso día el diamante se habrá democratizado; una aristocracia habrá de menos, había una almena de menos en el castillo feudal de los privilegiados... Cada día más aprisa, cac ¡a vez coa más fu- Para facilitar la confección de nuestras ediciones de provincias y dar mayor cabida al servicio telegráfico, publicaremos algunos, dtds los anuncios en las páginas 4 y 5, sitt que eia modificación aliete en nada el orden- del texto, como fácilmente pueden comprobar nuestros lectores.