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NUM 11 KU 970 trata con frecuencia y no siempre con cabal conocimientodel asunto. EISr. Cossío, que en sus estudios y en sus métodos pedagógicos dio siempre especial importancia al conocimiento del arte, y en particular al de la pintura española, debió hacer este libro (que á toda costa debe ser traducido para el público cosmopolita que conoce los de dichos autores extranjeros, á quienes él rectifica de continuo con sólidos argumentos) para ser publicado en inglés, formando parte de la biblioteca artística, llamada Great Masíers in Painting. Pero su trabajo, propuesto como labor de vulgarización, adquirió luego proporciones no ya materiales, sino intrínsecas, excepcionales que demandaron una publicación especial y aislada. Se trata, pues, de una obra de larga preparación, nacida de la contemplación constante de las obras del Greco, de su examen y compulsa, de la apreciación de su técnica y significación, del examen de lo dicho y los hallazgos ó atisbos de lo no dicho acerca de ellas y de su autor, de las investigaciones necesarias para aclarar hechos, nombres y fechas; todos los medios, en suma, empleados con riguroso métodoysanácríticapara producir un trabajo completo, definitivo y muy necesario. Así lo muestra el precioso libro desde su primer capítulo, que, trata de lo que se o D FEBRERO DE 1908. OCHO PAGINAS. EDICIÓN PAGINA 6 por el hábito de la diaria contemplación de aquel medio Acertada por cierto es la crítica que hace de la de Justi, el cual representa ahora, decididamente, las ideas tradicionales acerca del Greco... fuente y autorizado corifeo del coro de los eternos escandalizados, que seguirá siendo innumerable de los que creen en la locura y en otras zarandajas del reco supuestas. El estudio de los cuadros, las repeticiones de un asunto y la evolución de cada uno N de éstos en ellas; el examen magistral que hace de cuatro obras capitales: el retablo de Santo Don i.i go el Antiguo, en el que el genio del Greco se nos muestra como otros delRenacimiento ejerciendo las tres artes, como arquitecto, escultor y pintor; el Espolio, el San Mauricio M tf- f- V tí 1 vv. f hM DfVJ Ht -r jn 4 A rf gaz; el análisis de los retratos y demás cuadros, los trabajos arquitectónicos (r e t a blos) esculturas y dila uj os, y el catálogo numeroso de todas las producciones de Domenico Thestocópulí satisface con creces cuanto del trabajo del Sr. Cossio podía espe rarse. Es, en definitiva, un libro que hace raya en nuestra literatura crítico- histórica, libro que llega oportunisimamente, cuando el arte moderno reconoce y aclama al Greco como su precursor, libro que hacía suma falta; no es indispenignora de la vida del sable tan sólo para Greco, su muerte y enSevilla. S. A. R. el príncipe de Asturias, con su aya la condesa de Jos Llanos y sus nodrizas, conocer á tan original terramiento; la edad, artista, sino para coFOT. BMlItEilA. paseando por las calles de la población. patria y nombre del v nocer el o r i g e n de pintor cretense; la nuestra genuína pinidentificación y feliz serie de sus autorretratos, aprendizaje en su patria, fue en Venecia dis- obstáculos al ingeniero Antonelli para hacer tura; no sólo es útil para apreciar de un modo y el no menos feliz hallazgo de su casa toleda- cípulo material de Tiziano pero más influido navegable el río Tajo, decaían la industria, el general el proceso de nuestro arte, sino para na, que hamotivado la adquisición y acertada de Tintoretto, cuya intensidad pasional, con- comercio, la nación toda. penetrar el espíritu de nuestra sociedad. restauración de la misma por el señor marqués trastes de luz y sombra é ilusión del ambiente Analiza la evolución del artista, cuya filiaQuien hoy intente, conocer la pintura espade la Vega Inclán. le cautivaron; después, el paso á Roma, la im- ción greco- itálica se modifica en el medio es- ñola, debe buscar el antecedente en este libro En los demás capítulos se sigue la rica pro- presión que le producen las obras de Miguel pañol hasta dar iugar al realista que, con ra- de El Greco y el desarrollo en el Velázquez del ducción del Greco, desde sus comienzos en Ita- Ángel, punto en el que nos hubiese gustado zón, puede ser señalado como precursor de Ve- Sr. Beruete; y si el primero debe ser traducido lia hasta sus últimas producciones españolas. insistiera y tratara más por extenso el Sr. Cos- lázquez en nuestra pintura. Las páginas que al á lenguas extrañas, el segundo pide una ediUna de las cosas más interesantes de este libro sio, y después la misteriosa aparición del artis- final dedica á este tema son de interés extre- ción castellana que popularice entre nosotros es lo que en él se, dice y prueba de las tradicio- ta en España y su vida en Toledo, cuyo am- mo por la alteza de criterio, la serenidad y el la provechosa doctrina atesorada en sus pánesjbizantinas del pintor, que se advierten en biente moral é histórico está pintado de mano conocimiento con que lo trata y señala la ver- ginas. la desmesurada longitud délas figuras, siendo maestra. dadera significación del Greco, cuyos ojos peVolviendo á El Greco, justo es un aplauso al muy exacto su parentesco con las de algunos Muy bien vista está la psicología del mo- netradores de algo más, y de algo más típico, editor por la elegante edición, clásicamente vasos griegos, como, en la factura, con los re- mento, aquella época que pasada en Italia la que quizá escapa á los ojos de los naturales, impresa en casa de Fortanet, y por las 145 pretratos pintados á la encáustica por griegos ale- juvenil alegría giorginesca era más agitada que nunca salieron de su tierra y que había ciosas láminas que nos dan casi entera y en jandrinos. y llena de preocupaciones y en España era de ser traducido con el intenso carácter, que toda su variedad la labor admirable del artista Establece con acierto cómo el joven candio- cuando Felipe II acentuaba su intolerancia re- en el mismo mundo descubría un espíritu como candiota. ta, posiblemente habiendo recibido un primer ligiosa, funcionaba la Inquisición, se ponían el suyo, de otra raza y pueblo, no embotado JOSB RAMÓN MEL 1 DA im Bt; Í if, KW. kémm de El Escorial y el En- tierro del Conde de Or- BIBLIOTECA DE A B C 46 LA SEÑORITA DE LOS CIEN MILLONES 47 quesa los hizo entrar, los atendió, y mientras ellos examinaban la herida, Andrés tuvo que repetir su relato para enterarles de lo ocurrido. -I a herida es de importancia- -dijo, al fin, el cirujano, -pero no muy grave. Lo malo es que los apaches no desinfectan su herramienta... Puede, por consiguiente, haber complicaciones, pero para eso estamos nosotros aquí. -Y nosotros respondemos de todo- -añadió el médico. -Permítame usted que la dirija algunas preguntas. El herido padece sobresaltos nerviosos, y sin embargo, la lesión es reciente. Esto es muy extraño. ¿Gozaba de buena salud física y moral antes del suceso? -Sí; creo que sí; aunque viene de un país de fiebres y ha sutrido emociones muy fuertes. -Eso debe ser, porque el caso es anormal. Luego preguntaron los doctores á Delrue, Uevánaoie á un lado. -Usted, que es su amigo, debe saberlo todo. Sea usted franco. ¿Acostumbra á beber? ¿No han cometido ustedes algún exceso anoche? -El conde es sobrio por temperamento, y anoche precisamente ni cenó siquiera. -No cabe duda. La fiebre era anterior al accidente. Hay que tener cuidado porque ya á ser mucho más intensa todavía. Terminada la cura, se retiró el cirujano, en tanto que su colega se instalaba para pasar la noche en el palacio, lo cual era poco tranquilizador. La marquesa dijo á Andrés: -Usted, Sr. Delrue, puede retirarse también. Si fuera necesario ya le llamaré. Y se quedó sola á la cabecera del herido. Este descansaba en el mismo estado de inconsciencia febril, interrumpido por pesadillas angustiosas y convulsivas. -Enrique, hijo mío. ¿Sufres mucho? Soy yo, tu madre. Contéstame. Lo oyó el herido? Tal vez lo oyera, pero no respondió. Sólo una lágrima brotando de sus ojos dio fe de su estado de ánimo. -Hijo mío, ¿qué te han hecho? No es sólo la herida de la espalda, no. También tu pobre corazón está herido. No pudiendo contenerlas, dio la madre rienda suelta á sus lágrimas. Con la firme voluntad de enterarse de lo ocurrido, por un esfuerzo de ima ginación, pudo ver claro en el misterio. El repentino regreso de Enrique; la petición, después de haber conversado con su padre brevemente, de la mano de Sidonía, á quien la marquesa no podía sospechar que amase su hijo, fueron hechos sobre los cuales concentró su atención. Recordó que Enrique, que en todas sus cartas desde África había expresado el ferviente deseo devolver al lado de su adorada madre; que en el primer momento de su llegada había estado tan efusivo, se había separado de ella bruscamente, como huyendo de las preguntas que pudiera hacerle y que seguramente él no hubiese podido contestar. De su súbito amor, de su próximo matrimonio, no había dicho una pala; bra, manteniéndose dentro de la más estricta corrección en sus deberes de prometido; esquivando las entrevistas que Sidonia le facilitaba con sus diarias visitas al palacio de la calle de Boetíe. Sólo había roto el silencio y manifestado emoción al saber la precipitada desaparición de Juana, y había preguntado sus señas, y había salido á investigar su paradero, y había regresado dando pruebas de desconsuelo al enterarse de la mudanza furtiva de la obrerita. ¿Cómo se la podría encontrar ahora? -había dicho aterrado. -Ella es libre, después de todo- -le había respondido su madre. -Pero además se ha dejado olvidados aquí sus ahorros, toda su fortuna, y es seguro que volverá á recogerlos ó nos dará noticias suyas. -No, no volverá, no la veremos más. Recordaba la marquesa todo esto; recordaba que Juana había vivido en el mubourg d ¿l Temple y que allí había sido herido Enrique, Todo estaba claro, claro hasta la evidencia. Contempló al herido, que continuaba presa de alucinaciones, quejándose uñas veces, amenazando otras á invisibles enemigos, que él veía perfectamente. La fiebre subía en intensidad por momentos. De pronto, Enrique se irguió, extendió los puños y rugió: ¡Bressieu! ¡ladrón, sesino! ¡Padre mío, no morirás! ¡Yo salvaré tu honra; yo lo salvaré todo... pero quítale ese arma... ¡se va á matar! ¡Sí, sí, me casaré con Sidonia... Tuvo un acceso de llanto y continuó en su delirio: ¡Qué horror! ¡Sidonia está devorando el corazón de Juana... No puedo impedirlo... ¡Mátala, Delrue! ¡Mátala, cobarde! ¡Yo lo mando! -Enrique, hijo mío, cálmate. Estoy yo aquí. I, a marquesa, aterrada, enloquecida, no pensaba siquiera en avisar al médico, no sabía qué hacer. VI AL DÍA SIGUIENTE No me escriba usted nunca había recomendado Bressieu á Delrue. Este no se atrevía ni á hablarle por teléfono temiendo la indiscreción de las telefonistas. Pero el caso era grave, la ansiada boda corría peligro. Delrue, temeroso de todo, sin atreverse á salir del palacio, vio el cielo abierto con la llegada del marqués. Se enteró de todo lo sucedido, y el marqués, después de lamentarlo á su modo, preguntó: ¿Ha avisado usted á Bressieu? -Todavía no. Esperaba las órdenes de usted. -Bien, pues vaya usted en seguida. No es cosa grave. Yo voy á ver á nñ ñijo entretanto. ¿Sería médium Bressieu? No era probable. Pero el caso es que aquella mañana se había levantado de malísimo humor, como si presintiera algún mal negocio Su primera diligencia, como de costumbre, fuá abrir y examinar su caja de caudales para ver si todo estaba en su sitio.