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NUMERO 976 ABC. JUEVES 6 DE FEBRERO DE 1908. OCHO PAGINAS. EDICIÓN i. No estuvo líena la plaza porque b, acía mucho frío, y hoy muchísimas personas reniegan de no haber ido. DELGADO. P G! NA 5 el fallo de la Audiencia de Sevilla, h a tenido absoluta confirmación. Ayer se hizo pública la sentencia, por la cual quedarán en libertad los tres condenados á Ot H T F l FGRAFC. muerte. DE NUESTRO SERVICIO PARTICULAR El delito de éstos h a prescripto, según el SuCARTAOENA, í 3 T Centre el cabo Espinoso y la Panadera se han premo acaba de declarar, aunque fundándose verificado, con resultado excelente, las en distintos motivos de los que alegó el ilustre pruebas de la artillería del crucero Cataluña. ex ministro Sr. Canalejas. La d e torre y combate con piezas de 24 cenEl joven abogado D. Juan tímetros, sistema iGuilién, hizo 12 disparos re- 1 Í N Í D E B U T V Antonio Gamazo, hijo del glamentarios, y, además, se dispararon los ca- inolvidable D. Germán, informó ayer por vez ñones de 14 centímetros y los dos bikers de primera, oponiéndose eu la Sala segunda del desembarco. admisión de un recurso interAsistió á la prueba la Comisión designada Supremo á la la sentencia recaída en u n delito por el ministro, compuesta del comandante ge- puesto contra neral del arsenal, Sr. Fiol; jefe de la Artillería de estafa. El nuevo letrado demostró que en el ejercidel apostadero, García de la Torre; jefe ingeniero, Díaz Aparicio, y jefe de los talleres de cio de su profesión h a de hacer honor al apellido que ostenta, uno de los más ilustres en el torpederos, González Vidal. El Sr. García de la Torrre fue felicitadísimo. foro español. El Sr. Gamazo fue muy felicitado por cuan El Cataluña ha entrado hoy en el dique seco tos escucharon su brillante informe. del arsenal para limpiar los fondos. Dentro d e pocos días saldrá nuevamente UN PASANTE ara efectuar las pruebas de velocidad. LA ARTILLERÍA DEL CATALUÑA TRIBUNALES R ACHA, D E. IM PRUDENC 1 AS b r a? d 0 p o r delitos A las vistas que estos días se vienen cele- OPLAS DEL JUEVES. MENUDENCIAS M chos hombres eminentes, lumbreras de la política, andan, en otros asuntos, atrasados de noticias. Sin ir más lejos, ahora ¡cuántos desvelos dedican á distinguir las tabernas de las casas de comidas! ¿A qué vendrá molestarse por materia tan sencilla? ¡Cualquier niño de seis años lo sabe y las clasifica! Si los anuncios no mienten, hoy jueves, en la Gaceta, se publica una Real orden prohibiendo las capeas. Supongo que Ruiz Jiménez, liberal de buena cepa, se levantará en las Cortes en seguida á defenderlas. La información eá gran cosa. Por ella los ciudadanos de cuanto pasa en el mundo, se enteran al poco rato. Y... no son los criminales los menos beneficiados de que las noticias corran con la rapidez del rayo. Porque por un perro chico que cuesta cualquier diario saben todo lo que piensan los que les siguen el rastro, dónde va á haber un registro, de quién so pecha el Juzgado, y hasta las novias que tienen alguaciles y escribanos. ¡Qué bien andaría el mundo si ocurriera lo contrario, y asesinos y ladrones dieran parecidos datos! éste se le ofrecía como tesoro subyugador, nc debió sugestionarle menos el espectáculo insólito de que en este país déla retórica altisonante y vanidosa un profesor modesto instruyen a sus discípulos por un medio tan útil come sencillo. Seguramente que ese extranjero, al volver s pasar la frontera, aunque se fuera sin saber castellano, llevaría otro concepto del que trajo déla intelectualidad española. Traigo á cuento todo esto, que habrá servídc n entusiasta grecófilo me refirió poco ha, de paso para desde luego y sin rodeos hacer contemplando juntos en la iglesia de San- apreciar al lector el sentido, el alcance y el tono to Tomé, de Toledo, el pasmoso Entierro del con que el Sr. Cossio ha escrito su obra El Conde de Orgaz, que no hace mucho llegó allá Greco, objeto de estas líneas, para señalar ante un extranjero, encargado de tomar informes y todo la importancia que debe darse á la aparidatos para corregir la próxima nueva edición ción de este libro sobre materia como es la del Baedeker de España, y que habiendo trope- historia de nuestra pintura, cuyo estudio, duzado casualmente con el Sr. Cossio y con sus rante los últimos años, parecía vinculado en alumnos, los cuales realizaban una excursión autores extranjeros (Stirling, Justí, Dick, Roescolar, presenció la que sin duda no esperaba binson, Bikelas, Lefort, -Lafond) ó nacionales, ni pudo imaginarse al pasar la frontera para que á veces publicaron su trabajo eu lengur visitar este país, cuyo atraso se hace más pa- extranjera, convencidos de que donde más im tente á los extraños que á nosotros. Ello fue portaba un exacto conocimiento de estas cosa que, reunidos los excursionistas en aquella era en el campo cosmopolita, donde de ellas s famosa capilla, los alumnos escuchaban, con silencio que sin hipérbole podemos llamar religioso, un capítulo que á modo de conferencia leía en pruebas de imprenta el Sr. Cossio de Enfermos del Ano é Intestino. Cónsul! su obra El Greco; el capítulo consagrado al En- por escnlo, pidiendo cuesUonarioalespecialista. il EL GRECO tierro del Conde de Orgaz, donde cou aguda crí- gacz de Moatoya. Recoletos, 19, Mntlriil. hi imprudencia, h a y que añadir la d un homicide dio que ayer comenzó á verse en la sección primera de la Audiencia. El hecho ocurrió el día i. de Agosto último en la Puerta del Sol, donde, al atravesar de acera, pereció aplastado entre las ruedas de un coche particular, ocupado por el Sr. Pasaron, un pobre anciano, llamado Faustino Hocina. El cocheio, Benito Pantoja, fue procesado, y ayer, como decimos, compareció ante el Tribunal popular. El fiscal entiende que el hecho constituye un delito de homicidio simple con infracción de reglamentos, y pide que se imponga al culpable la pena de tres meses y once días de arresto, condenándole además á q u e abone ó los herederos de Hocina la indemnización de 2.000 pesetas. El acusador privado, Sr. Martínez Tudela, sostiene que se trata de u n a imprudencia temeraria, por la cual debe castigarse á Benito Pantoja á un año y seis meses de prisión correccional, dejando la indemnización al arbitrio de la Sala. Los Sres. Bergia y. Vázquez, defensores respectivamente de Pantoja y del dueño del carruaje, piden que se declare inculpable al procesado. Ayer informó el fiscal y hoy hablarán el acuéador privado y las defensas, y probablemente habrá veredicto. UTTJ CONTENT 1 Menos el fiscal, se- ñor Moreno, y el letrado que ostentaba la representación de doña Carinen García, lesionada en el choque ocurrido en la calle de Bravo Munllo, todos los demás h a n debido quedar satisfechos y contentos del resultado obtenido en la vista de que dimos cuenta en días anteriores, porque, en efecto, el Jurado emitió ayer tarde un veredict o de inculpabilidad, como elocuentemente le habían pedido los Sres. Alexandre, üilvela, Díaz Vafero, etc. etc. Bien es verdad que no h a y refrán que huel gue, y dicen que muchos amenes al cielo llegan... Lorenzo Delgado y Anastasio Castillo fueron absueltos por la Sala. T Ibos, Sobiuoff, Anselmí, Utor, Éguilior, Casañas... Vamos á encontrar tenores hasta en la sopa de pasta. ¿Será señal evidente de que se redime España, que el buen pueblo se entusiasni- con las voces atipladas? Resuitó entretenidilla la corrida del domingo, puesto que de ella salieron tres lidiadores heridos. J JOTICIA CON- La noticia que en FIRMADA tro número anterior p t bhcainos referente al re curso inteipuesto por el Sr. Canalejas contra tica estudia la alta significación pictórica de este lienzo excepcional, su asunto, el valor histórico y poético de aquell escena que sin ser historia ni pretender en eñar nada histórico, no sólo sugiere una idea, sino que provoca un estado de ánimo en consonancia con lo que debieron ser entonces la raza y la esencia de la vida castellanas Luego, el feliz paralelo que establece entre este expresivo cuadro y el Quijote, pues que asi como este libro inmortal vino, de un lado á concluir con los artificiosos y desbarajustados libros! de caballería de igual modo el espiritual realismo del Entierro fue no sólo la precursora y más clara protesta contra las falsas y pomposas composiciones maneristas postmiguelangelescas- -verdadero libros de caballería de la pintura, -sino el dechado cristalino de ese perenne castizo naturalismo hondamente penetrado de idealidad, que toda sana inspiración ha perseguido siempre, del cual, la parte que Velázquez alcanzó, acaso le vino principalmente del tesoro del Greco Después, el interesante análisis que hace de la raza, cual lo manifiestan aquellos semblantes pálidos de tez morena, con lig- erísima y fría transparencia carminosa; cuerpos descarnados; ademanes recogidos; expresiones sobrias; dignos continentes; ojos negros, punzantes, adonde asoma un espíritu agresivo, propenso á dispararse con violencia la tristeza de la pintura española, reflejo de la característica de la raza, que la diferencia de las pinturas italiana, flamenca, holandesa y francesa, que son alegres, y que SP advierte hasta, en nuestros cuadros modernos; el misticismo que se advierte en la honda intensidad contemplativa de los personajes. Y en fin, los caracteres intrínsecos del cuadro, su composición, sus contrastes, el modo de tratar el asunto, sus elementos, el valor sintético de este lienzo que compendia todo lo que el Greco es y representa eu sus diversas aspectos y en nuestra pintura, como enlace cou el pasado y avance al porvenir su fecha (1 S 78I y los personajes retratados. El oyente ocasional extranjero no sabía castellano, y aunque por esta causa pudo excusarse de asistir á una lectura larga, á la que nadie le obligaba, allí clavado permaneció h sta el fin, adivinando acaso lo que no entendía, penetrando sin duda lo que allí pasaba y acaso tan admirado de ello como del cuadro, pues si -CATARROS RESFRÍALOS ANTIGUOS DESCUIDADOS Si con el pretexto de procuraros un remedí para estaa enfermedades, que tan tenaces sor algunas veces y que pueden degenerar en tisis, c quisieren vender tal ó cual producto en substitución del verdadero Alquitrán Gayo lescouflaÉ d e l Ofrecimiento: e s i n t e r e s a d o pues para lograr la curación de la bronquitis, ca tarros, resfriados antiguos mal cuidados, y, á mayor abundamiento, del asma y de la tisis, es absolutamente preciso seguir el tratamiento dol Verdadero Alquitrán Guyot. lixigkllo, por lo tanto, en las farmacias, y para evitar toda confusión reparad en si la etiqueta lleva, además de la palabra Guyot en letras grandes, la firma también Guyot oblicuamente y en tres colores: violeta, verde y rojo; y al propio tiempo las señas del Laboratorio: Oaae L. FUERE, 19, rué JaCob, París. De venta en toda. las farmacias. Advertencia. -Si os quisieren vender tal ó caas producto en lugar del Alquitrán Guyot, des on l i a d d e l a oferta: e s i n t e r e s a d a Lo mejor en tales casos es exigir terininauteinente el Verdadero Alquitrán Gnyot, cuya etiqueta, si es el legítimo, deberá llevar, además del nombre Guyotf en letras grandes, la íirma también de Guyotoblicuamenlo y en tres colores: violeta, verde y rojo, ó igualmente Jas sefias del Laboratorio: Casa L. l? rere, 19, rué Jacob, París. Este tratamiento viene á costar diess c é n t i m o a 5 d í a y... cura. Procio del frasco para el publico en toda Espafii, pesetas 2,50. Depósito general, Baacans y Salinas, Claris, 111, Barcelona. Eu todas las farmacias y droguerías P. S. -Aquellas personas que no consiguieres? acostumbrarse al sabor del agua de alquitrán podrán reemplazar su uso mediante las Capsulas Guyot al Alquitrán do Noruega de PINO MARÍTIMO PURO, tomando de dos á tres cápsulas á cada comida. De este modo obtendrán los mismos saladables efectos y una curación del misino modo cierta. Tomadas INMEDIATAMENTE. ANTES OE LAS COMIDAS, ó en el curso de éstas, dichas cápsulas se dig eren perfectamente con los alimentos, PRODUCEN BIENESTAR EN EL ES TOMAGO y embalsaman la economía. Las verdaderas cápsulas GnyoU son blancai. y sobro ca la una de ellas va impresa en negro ki firma Guyot. BIBLIOTECA DE A B C 48 LA SEÑORITA DE 1.O S CIEN MILLONES 45 En apariencia, al menos, el orden era perfecto; pero para su escrutadora mirada no pasaron inadvertidos ciertos indicios de que alguien había andado allí. Sólo su hija tenía llaves de la caía y la palabra del secreto de la ce rradura. -Para el caso de que ocurriera algún accidente hay que salvar todo esto todo es tuyo. Entre aquel todo se encontraba la papeleta del Monte de Piedad falsificada por Delrue. Llamó por teléfono á Sidonia. -No te apures- -contestó ella. -Ahora mismo voy. Y en efecto, pocos minutos después se üreseutaba Sidonia en el gabinete del banquero. ¿Te has asustado? No había por qué. He sido yo quien ha estado aquí. ¿Yá qué viniste? -A coutemplar tu retrato. ¿Y qué has cogido de la caja? ¿Para qué me lo preguntas si lo sabes? ¿El papelito de Delrue? Sidonia inclinó la cabeza afirmativamente. ¿Y para qué lo quieres? -Para unirlo con un alfiler á un cheque de 500.000 francos que vas adarme- ¿Cómo? ¿Qué dices? Jamás! -Entonces yo cometeré otra falsificación como Delrue y para Delrue. ¡Para Delrue! ¿Estás loca? El documento falsificado y una fortuna. Yonc debo nada á Delrue ¿y tú quieres pagaile dos veces? ¿Con qué fin? -Con el de darle ánimos para suprimir definitivamente un obstáculo que se opone á mi boda con Kermor. ¡Pero si no hay obstáculo ninguno! -Eso es ahora. Cuando me comprometí; cuando di mi palabra á Delrue, sí lo había. ¡Tu palabra! ¡Delrue! Eso no tiene importancia alguna. La palabra se da y se recoge fácilmente... ¡En fin, si no hay remedio... Sólo te aconsejo que fotografíes bien el papelito y el recibo unido á él. -Ya lo he hecho. -Menos mal. Pero de todos modos 500.000 francos me parece más qut demasiado. ¿No me has dicho que este año perdías treinta millones; que mi boda era nuestra salvación... -Te lo he dicho y además es cierto. -Pues resuéh ete de una vez. Se trata de una cosa terrible, irremediable de un crimen. E medio millón es el creció de una vida, y esa vida vale cien mirones, Pién- -10 bien. Hubo una pausa. Luego Bressieu se sentó á su mesa de despacho. -Tratemos de arreglar el negocio lo mejor posible. Óyeme. Tú puedes de volver su documento á Delrue; eso no importa, puesto que conservamos la reproducción fotográfica, y además cumpliremos tu palabra entregándole tw eheque al Dsrtador, que haré vo y cuyo importe cargaremos en la cuenta d d -Es usted un hombre extraordinario, Bres ieu. Lo pensaré. Estrecháronse las manos y hablaron de otra cosa. El negocio estaba necho. Enrique de Kermor continuaba su odisea africana, sediento de gloría y de fortuna, de amor puro é ideal. Otra expedición le hubiera asegurado, después déla honra, el provecho; pero Bressieu ardía eu impaciencia; el patrimonio de Sidonia se imponía y hibía que dar el goipe definitivo á la leyenda de los cien millones, mientras quedaba quien creyera en ella. Había llegado el momento psicológico, y Bressieu llamó á Enrique valiéndose de Delrue, vendido definitivamente á sus planes DESPUÉS DEL DRAMA Enrique de Kermor, que acababa de salvar de la muerte á su padre y á Juana Le Brenn, estaba en el lecho, agitado por la fiebre. Delrue le había llevado á su casa, y sin avisar á nadie le había acostado, dando orden de que avisaran inmediatamente al médico de la familia y á un cirujano célebre. El marqués no estaba en el palacio. Jamás se le encontrraba en casa cuando tenía dinero, y Bressieu había sabido hacer bien las cosas; todas sus deudas personales estaban pagadas. Delrue tenía miedo deque el arma que había herido á Enrique estuviese envenenada. No se atrevía á avisar á U marquesa, y, en realidad, no fue uecesano, porque inopinadamente se presentó ella en la alcoba de uhijo, como llevada por ua misterioso presentimiento. ¿Qué pasa, Sr. Delrue? El no la había oído entrar, y se sobresaltó. -Ruego á usted que me diga la verdad. ¿Qué sucede? Andrés balbució algunas vagas explicaciones. Enrique había querido reali zar una excursión por los barrios apartados; había tenido curiosidad de en trar en un baile popular; había intervenido en una riña de apaches, para ie fender á una mujerzuela que con ellos estaba, y le habían herido. Él, Delrue, puso fin á la escena disparando su revólver y poniendo en fuga á aquella gentuza. ¿Dónde ha sido esoí- -En la calli del Depósito, detrás del cuartel del Chateau d Eau. ¿En el barrio del faubourg del Temple? -Sí, señora marquesa. ¡Qué extraño! Yo me anteraré. Delrue se echó á temblar. Si la marquesa investigaba por A faubourg áel Temple y encontraba á JuaHa, no dejaría ésta de decir que había sido ella la víctima salvada de os afi ts; que la había salvado él mismo. ¡Y todo se habría perdido! J n aquel momento llegaron, uno tras otro, el médico y el cirujano. La mar-