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NUMERO 974 A B C MARTES 4 D FEBRERO DE i 9 c 8 OCHO PAGi ÑAS. EDICIÓN i PAGINA 3 ENTIERRO DEL CARDENAL- ARZOBISPO DE PARÍS MONS. RICHARD Paso de laJfúnebre- comiíiva- por eí puente del- Arzobispado. DE NUESTRO ENVIADO ESPECIAL AURÉS, El tribuno grandilocuente de cae... JJn el curso de la última discusión ha podido observarse que el gran orador vacila, no es tan dueño de su pala? bra como antes ni tan rápido en la réplica... Sus amigos le aplauden á cada momento, tratando de acicatear así el entusiasmo del más pcderoso orador de la Cámara; pero en vano... Jaurés, el colosal Jaurés, desfallece, y en lucha con sus ideas, queriendo ser consecuente, combate á Pichón, y luego, cuando Pichón habla, se deshace las manos, aplaudiéndole, sin perjuicio de reaccionardespués y combatir de nuevo las declaraciones del ministro. Y, sin embargo, este Sr. Pichón, tan dulce, tan inofensivo, tan contemporizador, en. contró una frase venenosa, cruel, mortal de necesidad. Todas esas ideas- -dijo desde la- tribuna- -que el Sr. Jaurés nos ha predicado, las había yo leído ya en 1 la Gacette de Voss. Y cuando el ministró terminó su discurso, Jaurés había olvidado la ofensa y aplaudía, aplaudía siempre con entusiasmo las declaraciones ministeriales... el granuja de su esposo! Este proceder será muy, cristiano, no cabeduda; pero es nuevo en el gran orador, y por Esas modernas. corrientes eso la Cámara entera ha estado contemplau- -traen indudables mejoras; do silenciosamente á Jaurés, á este Jaurés pero hay riesgos evidentes, ¡tan distinto del ya conocido, del temido por. y el que toquen las señoras t i p sus inconvenientes. todos. Sólo Clemenceau sonreía escuchánFOTS. ROÍ. Y C Mons. Amétte en la presidencia del duelo. dole, no se tomó la molestia durante todo Qué de encantos perderán el debate de interrumpirle una sola vez... cha política con más ardor, con más entu- el granáilocuente político no sabía dar casus bocas chiquirritínas, siasmo que antes, para olvidar. lor de vida á sus párrafos oratorios... pues, soplando con. afán, 1 Pero esta crisis pasará, y Jaurés, como tobuenos morros- Íes saldrán lT espués, en ios pasillos del palacio Bor- Un mal nunca viene solo, y ahora, detrás 1 á las pobres cometiñas. bón, corrillos de políticos profesiona- de lá hija, la madre decide también abando- dos los hombres que llevan á cuestas un les comentaban la extraña actitud de Jau- nar el hogar del político. Sin ruido, sin es- drama doloroso, sabrá al cabo encontrar en Por mucho que quiera hacer cándalo, sin grandes escenas, la esposa de su misma desgracia las fuerzas que hoy le rés, y sotto voce, unosá otros, pretendían exel arte por la mujer, plicar las causas... I OS mejor enterados com- Jaurés, convencida de que no puede arran- huyen, para continuar su obra trascendenel metal es cosa dura y muchas no han de poderpadecíanle deslizando medias palabras... I os car al tribuno de la lucha, y al ver que pue- tal. Confesad si no es más noble la figura tomarle l a embocadura; enemigos del insigne político francés atri- den en él más las ideas que los afectos, le del orador insigne, de pie, en medio de las buíanlo simplemente al agotamiento de sus deja... I a unión que el amor consagrara se ruinas de su hogar, hechos pedazos, todos Aunque quieran apretar, portentosas facultades, al cansancio produ- ha rotó al cabo de los años, de común sus amores y combatiendo siempre, solo tiene el metal ciertas notas acuerdo, y la triste esposa se va á llorar sus contra todos; que si le viéramos arrepentido cido por la labor cerebral excesiva... difíciles de arrancar, ¡Qué apuros van á pasar I a verdad es que Jaurés tiene- sobrados penas en cualquier ignorado rincón donde y contrito, llevando una existencia regalada y egoísts. allá en sus dominios señoriales bonbardinas y agotas! motivos para sentir dudas y vacilaciones, y pueda rezar por él. He aquí un hogar que se desmorona cuan- del Mediodía francés... pocos hombres en su. caso encontrarían Contra esas innovaciones José JUAN CADENAS fuerzas suficientes y sabrían sobreponer á! do todo en él parecía sonreir. IJ 1 gran triyo no he de alzar mi protesta; buno notiene ya el apoyo de la que fue su París. Enero. sus dolores íntimos el cumplimiento de sus pero en muchas ocasiones compañera amante en los largos é indecisos deberes políticos. le van á faltar pulmones Porque todo el mundo sabe ya el doloro- días de lucha; ya no escucha las risas con fOPLAS DEL MARTES. á una mujer en la orquesta. so golpe sufrido por el gran tribuno al ver que alegraba sus horas ociosas el ángel que DOS MUJERES EN LA ORQUESTA Y si escasa de vigor á su hija ingresar en el claustro, quizá para el cielo le envió, y solo, abandonado del cala orquesta se debilita, ¡Rarísima innovación riño de los suyos, quiere templarse nuevaimplorar con una vida de sacrificio el perpara darle más valor musical! jGran atracción! dón de las que su conciencia- religiosa lla- mente en la desgracia, buscando en ella ¡qué batuta necesita El feminismo se impone ma impiedades del autor de sus días. I a alientos que- le fortalezcan, removiendo las el maestro director! en la orquesta, y que perdonepobre niña vaciló mucho antes de adoptar cenizas de los entusiasmos muertos ya... si se ofende algún varón. José JACKSON VEYAN esta resolución; Jaurés trató de combatirla Yo por la masa orquestal primero, de disuadirla amorosamente des- Oor eso el gran orador, al subir á la trifoufemenina me declaro. pués, y, al fin, hubo de resignarse. Pero en na, vacila, y duda; por eso no encuenLo dice en El Liberal esta primera desgracia el- orador insigne co- tra la réplica á tiempo; por eso, aunque sus ytresillos. Los mejores el Bachiller Canta ciar D l L i L r i I v C o e Madrid. Priado. 1 S. J bró nuevos ánimos y encenagóse en la lu- amigos para acicatearle, aplaudían rabiosos, y no me parece mal, y Alcalá, S, Café Colonial. J A B C EN PARÍS Hay músicas seductoras con méritos verdaderos, y, entre tocar las señoras ó tocar los caballeros, yo estoy por las profesoras. Ya hay arpistas eminentes, hay violinistas muy bellas, y si sigue las corrientes habrá lindas violoncdlas y bombos sobresalientes. Podrán doscientas beldades, excluyendo al sexo feo, lucir sus habilidades; pero en lasflautasyo creo que habrá sus dificultades. Allí en la orquesta sentadas, al instrumento agarradas, ya las estoy viendo negras soplando el fagot las suegras, y las trompas las cuñadas. Cuántas habrá en la función con semblantes compungidos, tristes, tocando el viülón, mientras juegan los maridos al tute en cualquier chiscón. ¡Trabajar y- hacer el oso toda una noche completa, para que al buscar reposo,