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¡NUMfclKU 970 A B C VIERNES 3i DE ENERO Dt. 1908. OCHO PAGINAS. EDICIÓN i. PAGINA 3 Madrid. La comisión de agricultores que, en representación de dos mil sindicatos, ha entregado al Sr. Maura el mensaje de la Asamblea de Valladolid. estudiante irreprochablemente vestido tam- comentando ei gran suceso del día: la disbién cusión del imbroglio marroquí. Los nuevos directores de la Opera han Poco á paco reaccionan el público y la Fausto á hace algunas horas aplau- discusiones prosi- presentado un sonreír al la moderna, que á Prensa... Los queasústanse ahora de las conESPUES DEL veces ha hecho público; pero que, dían á Delcassé, guen, envenenadas, á secuencias que para Francia puede tener la DISCURSO propósito del discurso en general, ha gustado. Bien es primera antiguo de Delcassé; la Prensa, dividida, aplaude ó que ahora verdad que laentrar en impresión apoteosis hecha al al vino. ministro, y prosentimos al la Opera curan echar agua Mejor que una censura la actitud adoptada por el antiguo ministro, y el Gobierno medita largamente no puede ser más agradable... La sala, lim- política de aventuras íes esta tranquilidad antes de decidirse á seguir un camino ú otro, pia y reluciente, parece más grande; los de que el país disfruta con Pichón al frente sin ocultar su descontento por la inesperada frescos de Baudin, que ya nadie conocía, de la diplomacia, haciendo- todo lo que le intervención de Delcassé en el debate de la destácanse alegres, dando una nota de color mandan hacer, sin adoptar jamás una iniantes ignorada. Porque la Opera necesitaba ciativa inocente ni peligrosa. En esta reacCámara. I,o s chauvinistas- -y en el fondo de todo francés existe un chauvinista- -elogian á Delcassé y dejan salir á flor de labio el odio, él antiguo odio hacia Alemania. I, a frase del discurso: ¡Francia tiene que representar un papel importante en Marruecos! es repetida sin cesar por estos apreciables ciudadanos, que yo recuerdo haberlos visto alocados y más muertos que vivos en aquellos días de Abril de 1905, en que el pánico los hacía creer á cada momento que las hordas de huíanos pasaban por el Arco de la Estrella. El día entero le na empleado hoy París en esto: en discutir y comentar el célebre discurso, y cuando los ánimos parecían estar más excitados, ha comenzado á obscurecer y nos hemos acordado de que hoy se celebraba la función inaugural en la Gran Opera. Los chauvinistas, que ya estaban casi dispuestos á lanzar de nuevo el grito: ¡A Berlín! ¡A Berlín! han mirado el reloj, y se han ido á vestir de etiqueta para no faltar á la solemnidad teatral. A la Ooe f. ¡A 1 a Opera! ip s, sin duda, este demonio de Mefistófe les el que prepara las cosas. Porque miren ustedes que es casualidad ofrecernos en un día como el de hoy la resurrección de Fausio, el doctor alemán, en el primer escetiario lírico de París... Un Fausto completamente nuevo, rejuvenecido, originalísimo, con su maillot gris, su capa espléndida, su fieltro amplio y airoso... Un Fausto afeitado, como un pollo madrile- Madrid. Mesa presidencial deJ mnquete cejecraao ayer en obsequio ño de esos que imitan á los ingleses, porque OTS. ABC. del actor del teatro de ApoJo, Sr. Carreras (x) á su vez copian á los yanquis... Tampoco el diablo que nos da la Opera es este barrido que ía acaban de dar los nue- ción egoísta, el espíritu imparcial del exel Mefistófeles de antaño, sino que es, por vos directores. Hace tres ó cuatro meses lle- tranjero no puede observar más que una el contrario, un señor muy agradable, que gó á París el director de la Opera Imperial cosa: el convencimiento que el pueblo franno llama la atención por su traje ni por su de Viena, y cuando le preguntaron qué es cés tiene de su inferioridad, el temor de cara, y cuando se presenta en el laboratorio lo que más le había asombrado de la Opera que los desastres del 70 volvieran á repetirse. del viejo. doctor, en vez de penetrar en me- de París, respondió: dio de llamas relampagueantes y oliendo, á- -I a suciedad de la saia. Todos piensan como Delcassé, todos azufre, entra como un simple mortal, abrienSe imponía, pues, el barrido, y la prueba aplauden á Delcassé; pero veréis cómo todo la puerta y, probablemente, después de de ello es que sólo con la intervención de dos le abandonan y van á colocarse dóciles haber preguntado finamente á la portera si la escoba se ha hecho este milagro de que la al lado de Pichón, que se ha limitado á haestá el señor en casa... Opera parezca un teatro, nuevo. cer un discurso anodino y vulgar, lleno de lugares comunes y con tres ó cuatro afir ¿Y Margarita? Ya no es la joven lánguida, de blanco vestida... Es una burguesita p n los entreactos, y mientras las damas maciones encaminadas á tranquilizar á la alemana, que lleva la falda corta, un delan- murmuran, políticos y diletantis invaden Prensa alemana para que no continúe escritalito bordado y una cofia. Y Siebel es un. í buffet instalado por Paiíhard y continúan biendo artículos amenazadores. Después de DE NUESTRO ENVIADO ESPECIAL A B C É Ñ PARÍS la humillación de Algeciras y ei inútil sacrificio de Delcassé, Francia vuelve á sacrificar ahora al antiguo ministro humillándose ante los periódicos, inspirados en la Wilhemstrasse, y, recogiendo los aplausos que se la escaparon en un momento de entusiasmo sincero. El pobre Delcassé tiene los honores de Redentor, pues, como el Divino Maestro, ha sido negado dos veces... Es posible que mañana, al entrar en la Cámara Delcassé, sea recibido con una estrepitosa silba... Todo depende de que los periódicos alemanes lo exijan... Estos diputados, á 15.000 francos la pieza, más que legisladores parecen coristas contratados... Por eso en pleno buffet en la Opera, oí decir: -No puede haoer temores ae guerra... Tenemos un Gobierno completamente alemán... 7 WÍ argarita ha subido al cielo conducida por ángeles y serafines en medio de una mise en scene espléndida, y el público abandona la Opera, después de haberse agolpado un momento á la salida para ver pasar á Mr. Fallieres, que se retira al Elíseo rodeado de esta otra mise en scene oficial, que no por ser republicana, es menos aparatosa y brillante. Ya nadie se acuerda de Delcassé ni de lan discusiones políticas de la Cámara. -Iya soiret en la Opera ha calmado los espíritus más excitados, y la gente chic invade los restanrants á la moda para pasar un par de horas alegres oyendo valses y disparándose flores de mesa á mesa. En el café de París se na congregado Is más selecto... Ocupando una mesa está e cuñado del Kaiser, el príncipe de Pless, y la gente, al enterarse, le llena la mesa de bouqítets... Se bebe, se fuma, se canta... Fred Wrigh baila una danza inglesa... Alise Bouheur entona una canción, y cuando una rubia española abre el bordado pañolón ds Manila y comienza, á cantar la Danza paraguaya, los aplausos ensordecen y hasta el príncipe de Pless, arrastrando su pata coja se levanta para gritar: ¡Ole! Así es como termina esta jornada que as menzó recordando el famoso: ¡A Berlín! ¡A Berlín! que ha sido substituido, á la caída de la tarde, por las alegres invitaciones que decían: ¡A la Opera! ¡A la Opera! y que acaba ahora de madrugada entonando todo el mundo el estribillo de moda, estf estribillo pegajoso y monótono: ¡Paraguay, guay, guay, guay, guay... ¡Paraguay, guay, guay, guay, guay! JOSÉ JUAN CADENAS París Enero.