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WUMERO 967 ABC. MARTES 28 DE ENERO DE 1908. OCHO PAGINAS. EDICIÓN i. Desaparece en cinco minutos con la Memfcraniíia del S r. M. Caldeiro, inofensiva, minutado, no ataca el corazón. -La Ilemicranüna, es notabilísima, no sólo en los casos de jaquecas rebeldes, sino en las cefalalgias de eliolog u determinada, en las neuralgias ú frigori (producidas por el frió) intercostales, anémicas 7 sifilítica- en las PAGINA 5 gastralgias, los reumatismos articulares, la ciática, ia disfagia, do los tuberculosos, listnemorreas, los retortijones uterinos, la zona, etcétera, etc. Es recomendada por toda la clase médica 3 pesetas caja; una dosis, 50 céntimos; de venta en tocias las farmacias; por mayor, Doctor SIl Caldeiro. Puerta del Sol, 9, y Arenal, 15, Madrid. Ü I) 1 a l u m n o s de 1. ay 1 rilVíi 2. a enseñanza, nc hay como el tPensionado del Carmena. Es uno do los mejores de esta corte por bus condiciones higiénicas y económicas. 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Fuencarral 29 ñh DOS DE MAYO EN MADRID %l as once de ayer mañana, y bajo la presi denda del alcalde, se celebró en el salón de sesiones del Ayuntamiento una reunión preparatoria, á la que asistieron diputados por Madrid, concejales y otras personalidades, citadas por el conde de Peñalver para ocuparse ¡de la conmemoración del centenario del 2 de Mayo de 1808 en Madrid. Al acto concurrieron los Sres. Garay, conde de Agrela, Gutiérrez, Moróte, De Blas, Suárez laclan, Cortinas, Patas, Diez Vicario, Moya ÍD. Miguel) Aguilera ÍD. Alberto) Gómez VaIlejo, Maltrana, Betegon, Mélida, Moreno Carbonero, Saralegtri, Puga, Romero y duque de lacera. El alcalde saludó á los reunidos y explicó en iweves palabras el objeto de la reunión. Luego propuso que se nombrara una Comi jlón ejecutiva que formule un plan, de lo que, á su juicio, pueda hacerse para conmemorar dignamente el Centenario, y que en nueva reunión, que se celebre lo antes posible, dé cuenta de los trabajos que haya realizado. El Sr. Moróte propuso que la Comisión se componga sólo de cinco individuos y que de ella forme parte el Sr. Betegón, como presidente que es del Centro de Hijos de Madrid. El Sr. Aguilera dio las gracias por haber sido invitado á la reunión y dijo que se le considerase como representante del Círculo de Bellas Artes y del Centro Instructivo del Obrero. Por fin se acordó dar amplio voto de con- a varios idiomas, acaba de publicar un libro, mezquita perdida entre risueños cementerios fianza al alcalde para que designe la Comisión digno de figurar en la biblioteca de todo afi- y jardines abandonados en las afueras de Eyoub, barrip extremo de Constantinopla, dony asimismo nombrar tesorero de ella al señor cionado á la buena literatura. Muniesa, Se titula Oriente, y es un libro de impresio- de no vive ningún europeo, donde subsiste la nes de viaje donde aparecen, con la brillantez santa mezquita cerrada é inabordable á todo de siempre, las eminentes cualidades de su au- infiel durante siglos, donde es molesto á cierEXPOSICIÓN tor; su temperamento de artista, su sutileza de tas horas transitar por las tortuosas callejuelas, pues las viejas fanáticas, encapuchadas de EN BRUSELAS observador, su espíritu culto y penetrante, su negro, escupen con entusiasmo religioso á los estilo cálido, arrebatador y vigoroso. R n el mes de Abril de 1910 se abrirá en BruTendrá esta nueva obra de Blasco Ibáñez el pies del cristiano y le siguen con un barboteo selas (Bélgica) una Exposición Universal éxito que merece, y por él le felicitamos, hon- senil de palabras incomprensibles, en las que é Internacional, bajo el patronato del rey de rándonos con reproducir el siguiente fragmen- sólo se adivina la- psüahm perro seguida de misBélgica y la presidencia de honor del príncipe to de uno de sus capítulos, cogido al azar, teriosas maldiciones. Alberto, de dicho país. para recreo de nuestros lectores: el titulado En el coro de la mezquita de Bakarié no La Exposición durará seis meses por lo cLos derviches danzantes hay otro europeo que yo. Me siento como menos. avergonzado por las cien miradas de curiosiComprenderá los siguientes grupos, entre dad desdeñosa que adivino tras las espasas ceotros: Es miércoles, y la respetable cotradía de los losías y por el gesto impasible de los músicos Bellas Artes, Educación y Enseñanza, Me- derviches danzantes va a celebrar la fiesta en sentados junto á mí, que parecen no haberse cánica, Electricidad, Ingeniería, Transportes, Bakarié, que es su templo más importante en enterado de mi presencia. Ocupo una silla muAgricultura, Horticultura, Arboricultora, Bos- Constantinopla. Los viernes dan otra represen- grienta, algo coja y con el asiento de paja próques, Caza, Pesca, Alimentos, Minas, Metalur- tación en pleno barrio de Pera, en una mezqui- ximo á desfondarse, único mueble europeo que gia, Decoración y Mobiliario, Hilados, Tejidos, ta perdida entre edificios europeos, rodeada de el sacristán, tras larga rebusca, ha podido enIndustrias químicas, Higiene, Economía so cafés y tiendas modernas, interrumpida ínu- contrar en la mezquita. Los músicos se sientan cial, Comercio, Colonización, Ejército y Arma- chas veces la solemnidad del rito por el pitar en el suelo, con las piernas cruzadas sobre esda, Deportes, Congresos y Conferencias. de los tranvías y los gritos de los vendedores teras de fresca y amarilla limpieza, y todos Habrá numerosas atracciones; se organizará de periódicos. Es una fiesta para los extranje- ellos visten el traje de los derviches danzantes; una lotería. ros de paso, algo semejante á las diversiones largas túnicas de pesado paño rojo, verde, Un Jurado internacional adjudicará los pre- pintorescas que organiza la agencia Cook para blanco ó azul, y sobre ellas un manto negro. mios. que los viajeros se enteren de las costumbres Sus caras barbudas, bronceadas, feroces, de tradicionales de un Dais, á tanto por ejecu- cejas hirsutas y ojos con manchas de color de tabaco, parecen empequeñecerse, abrumadas tante. En Bakarié la fiesta religiosa no tiene otro bajo la enormidad del respetable gorro que sirTJlasco Ibáfiez, el ilustre novelista, autor de público que los devotos, y asiste á ella el cheik, ve de distintivo á la cofradía: un cono trunca 0 tantas obras admirables que después de sacerdote jefe de los derviches danzantes. Ba- do de fieltro gris, sin alas y sin otro saliente popularizadas en España han (sido traducidas karié sólo atrae á las gentes del país. Es una que un ligero reborde circular. Algo así como ORIENTE BIBLIOTECA DE A B e 32 LA SEÑORITA DE LOS CIEN MILLONEi 29 cribir, pero sí contar; comprendía q e su mayor defecto era su falta de instrucción, y quiso qu su hijo Andrés la tuviera para poder abrirse camino en la ciudad donde se encuentran mejores dotes y se prospera más rápidamente que en el campo. Así, por lo menos, lo creía el buen hombre, que, como tantos otros, sentía cierto desprecio hacia el oficio que le daba de comer. Y Andrés fue á París de nuevo para estudiar la carrera de abogado, que muy luego abandonó para empezar la de Medicina, con disgusto de su padre, á quien seducía más la primera. Las peticiones de dinero menudeaoan, y á tal punto llegaron, que el padre, desconfiando, procuró enterarse de la vida que hacía su hijo en París. Andrés lo había abandonado todo, estudios, trabajos, el cargo de secretario del diputado de su pueblo, y estaba convertido en un vago de profesión, en tin perdido que no salía de cervecerías, tabernas y lugares aún peores, Su padre sufrió tal disgusto que cayó en cama. La primera determinaciór 4 ue tomó fue negarle todo auxilio metálico á Andrés, el cual, para vengarse contrajo deudas sobre la herencia primero, y sobre la firma de su padre lúe go, falsificándola. Para evitar que Andrés mera fl arar a. la cárcel, el pobre anciano vendió cnanto tenía, y la miseria precipitó el fin de su vida. Un día le encontraron ahorcado en su alcoba... Delrue entonces, cayó mucho más bajo todavía y llevó una vida de mise rabie, mezclándose con la canalla más indigna de la capital, aunque sin tomar parte directa en sus hazañas; pero prestando vergonzosos servicios apaches y ladrones, que le proporcionaban de vez en cuando recursos. Pasó algún tiempo. ¿Por qué milagro, por qué cambio de fortuna volvemos encontrar á Delrae bien vestido, instalado en uno de los más aristocráticos palacios del faubourg Saint Germain, secretario particular del supremo arbitro de la elegancia, después de haberlo sido de estafadores y picaros? Hallábase sin hogar y sin un céntimo, casi sin ropa con que cubrirse, buscando unas monedas de cobre en menesteres de holgazán, dedicado á abril las portezuelas de los carruajes en las inmediaciones de fondas y teatros, cuando de un coche que él abría salió un hombre que le miró atentamente y le dijo: ¡Calla! ¿Es sf ed, Sr. Delrue? ¿Pero cómo está usted en esa situación? ¡Parece mentira! ¡Un muchacho tan listo y que escribe tan bien! Delrue sintió que se ponía colorado hasta las orejas, hasta la raíz de los cabellos. El terror le hizo sudar. Había reconocido al hombre que le interpelaba. ...Que escribe tan bien! ¡Qué amenazadora ironía! Una vez, cuando acababa de dejar de ser estudiante, cometió la más grave de las faltas que le remordían: falsificó una papeleta del Monte de Piedad, cojxespondiente á una sortija, por la que le habían dado cinco francos, y añadiendo dos ceros a las cifras se presentó en una casa de préstamos á empeñar 5 a papeleta. El prestamista examinó el documento atentamente. Era- an hombre que conocía su profesión y todas las profesiones. Se guardó la papeleta en el bolsillo, y düo: tenfa familia, ni amigos, ni dinero. Lloraba la ilusión perdida, el fia de su ensueño. El amor era una mentira infame y deshonrosa. Comprendía que lo que había amado no era á Delrue, sino al amor, Y se extrañaba de no experimentar por aquel hombre más que desprecio, horror nervioso, como el que produce el contacto de un reptil. En su corazón nacía un odio inmenso. ¿Contra quién? No se daba cuenta Aquella mañana era la de un domingo. Un brusco cambio de viento habla dulcificado la temperatura después de la escantosa helada de la noche anterior, tan trágica para Enrique. Luisa se despertó en la habitacioncita que había alquilado en la calle de los Mártires, cerca de la. de las Abadesas. Llevaba allí cinco días de sufrimiento continuo. Al siguiente de su separación de Andrés, después de haber pasado toda la noche vagando á la ventura, empeñó en el Monte de Piedad algunas modestas alhajas, que eran suyas en plena propiedad, que no le habían sido regaladas por su ex amante, y sólo se reservó la cadenita con cruz de oro, recuerdo de su abuela. Pagada con el dinero que obtuvo una quincena adelantada del alquiler de su cuarto, le quedaban siete francos y algunas monedas de cobre, y con ellas vivió. La vida implacable parecía apostrofarla: ¿Qué va á ser de ti? ¿Dónde irásr Arrojada de casa de tus padres, pararás en el arroyo... A pesar de todas estas amargas reflexiones, ella sentía una esperanza. ¡Nc, no estaba sola en el mundo; la quedaba su abuelita! En seguida sintió un deseo febril de ir á verla. Todos los domingos, sin excepción, el comandante Rieux iba al cement- -ío de Montmartre á rezar ante la tumba de la que fue su amada esposa, de ¿a madre de Luisa. Esta le había acompañado muchas veces á la piadosa visita y sabía que su padre pasaba la mañana en el camposanto y no regresaba á casa hasta el mediodía. Por esta razón tenía la seguridad de encontrar sola á su abuelita, que era 1 que se había propuesto. Después de hablar con la cariñosa anciana, era seguro que al volver su padre la perdonaría. No tardó veinte minutos en encontrarse en la calle Sulió, por la de Ravigotan, para llegar á lo alto de la de Lepic, y como si estuviera segura de que sus desdichas habían terminado, iba contenta, sonriente. Una vendedora de flores pregonaba ramitos de violetas. Luisa empleó la ¿escasas monedas de cobre que constituían todo su capital en comprar uno para su abuelita. Llegó por fin cerca déla casa, y se detuvo, petrificada de horror. A la puerta había un grupo enlutado y un coche fúnebre. ¿Quién habría muerto en la vecindad? No tardó en saberlo. Por la puerta salió el féretro ea Hombros de cuatre hombres, y detrás un militar, de uniforme, ton una gasa en el brazo derecho. Aquel militar era el comandante Rieux, ¡su padre! ¡El cadáver era el de la abuelita! Luisa se quedó inmóvil. El fúnebre cortejo emprendió la marcha; al llegar junto á ella, el comandante la miró con fijeza, y á la muda súplica de