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HUMERO 955 ABC JUEVES 16 DE ENERO DE 1008 OCHO PAGINAS. EDICIÓN i, PAGINA 6 vL V. r I? i í í í i í i í Vladrid. El banquete de ayer, celebrado en honor de los üares. Madariaga (1) y Heredia (2) por su reciente ascenso a generales de brigada, RETAZOS HIGIÉNICOS US preocupación constante de todas las personas obesas encontrar un medio infalible para adelgazar y, al efecto, consultan con todo el mundo; adquieren todos los específicos preconizados para tal fin en la cuarta plana de los periódicos, y hasta siguen el plan que preconiza tal cuál curandero ó comadre de vecindad. -Y sin embargo, nada hay más sencillo para lograr el adelgazamiento del cuerpo (cuando la obesidad obedece al aumento de grandes cantidades de tejido adiposo, grasa) que una regimentación higiénicamente dirigida en lo que atañe á las refaciones alimenticias y al ejercicio. Andando mucho y utilizando para la alimenP E G l MENTACIÓN PARA COMBATIR LA OBESIDAD tación substancias que contengan escasas can 4.0 Prohibidos el queso, la manteca, el aceitidades de principios grasos, se consigue en te, las salsas grasientasr los huevos, el chocobreve disminuir las grandes masas adiposas late, las sardinas, la anguila, la salchichería y que recubren l o s músculos de l o s sujetos los embutidos; es decir, toda substancia en gordos. cuya composición entre la grasa en gran canDeben, pues, los obesos que quieran adel- tidad. gazar seguir con escrupulosidad los siguientes 5. No se debe beber agua entre comidas. preceptos: 6, Toda persona obesa debe dar diariai. Desayuno: Una taza de té caliente con mente un paseo á pie, de hora y media, al aire libre, por parajes bien secos y soleados. rebanadas de pan tostado. 2.0 Comida: Sopa de arroz, ó arroz blanco. 7.0 No se debe dormir más de seis horas. Patatas cocidas con salsa de vinagre mezcla 8. Prohibida la siesta y el acostarse hasta das con zanahoria. 250 gramos de carne ma- tres 0 horas después de la cena. gra cocida ó frita, y ciruelas, higos secos ó ba 9. Al levantarse del lecho por las mañanas tatas de Málaga, como postre. El vino se toma- se debe ablucionar todo el cuerpo con una esrá en corta cantidad y mezclado con dos ter- ponja empapada en agua tibia, friccionándose ceras partes de agua mineral alcalina. seguidamente con toalla rusa. 3.0 Cena: Patatas fritas, cien gramos de ja 10. Es muy conveniente, antes de acostarmón cocido y un poco de lenguado ó pescadilla. se, hacer gimnasia de salón durante quince Vino con agua mineral alcalina, pasas de postre. minutos. Con estos sencillos preceptos, verdadero decálogo higiénico, se consigue con constancia el adelgazamiento de los obesos. D R CORRAL Y MA 1 RA. INTERESA A los señores fotógrafos de profesión y á los aficionados que envíen á la Redacción de A 31 C fotografías sobre algún asunto de interés y de palpitante actualidad, se les abonará DIEZ PESETAS por cada prueba que publiquemos. Al pie de cada fotografía se indicará el nombre de su autor. BIBLIOTECA DE A B C 6 LA SEÑORITA DE LOS CIEN MTLLOEES 7 vidriera que separaba las dos habitaciones, y ya allí, ante la cortina de gmpure, se- detuvo anhelante. Con una sola mirada abarcó el espectáculo que se le ofrecía, cuadro de encanto infinito, de tranquilidad imponderable; pero en el cual había una mancha, ó mejor dicho, una sombra. Alrededor de la mesa Luis XVI, bajo la luz sonrosaaa que se filtraba por una gran pantalla de seda, estaban tres mujeres; á la izquierda, una leía un periódico en voz alta. Escultural, de formas espléndidas como las de Diana cazadora, cabeza de regia hermosura y cabellos de oro, labios purpurinos, mirada imperiosa, frente marmórea, era la encarnación violenta de la belleza fatal que siembra pasiones ardientes é inspira los vértigos de admiración que matan, ¡Sidonia! -murmuró colérico Enrique. ¡Ella aquí! ¡Ese demonio tentador junto á esos dos ángeles de pureza y de infortunio; junto á mi madre y á Juana! Y como atraído por un imán invencible, dirigió sus miradas hacia otra de las figuras del grupo, que estaba sentada á la derecha de la mesa de mármol y oro. ¡Juanita! Era casi una niña; apenas tendría diecisiete años. Rubia adorable, sus cabellos, más finos que la seda, formaban como un nimbo á aquella cara que Rafael hubiera podido soñar para modelo de una de sus Madonas. Sus ojos eran azules, de un azul celeste; sus manos finas, delicadas, se ocupaban en trabajos de costura para los pobres, para otros más pobres que ella. Ante la alta chimenea estaba la otra mujer del grupo; podía tener unos cuarenta años; pero las penas y el llanto habían envejecido su rostro, en el que se advertía una expresión de augusta bondad. ¡Mi madre! -dijo Enrique. -Juana- -decía en aquel instante la marquesa de Kermor, -van á dar las ocho. Debe usted retirarse, porque ya es de noche. -No tengo miedo, señora marquesa. Y además, quisiera acaoar esta canastilla que hemos ofrecido para mañana á esa pobre madre... I, a marquesa de Kermor sonrió bondadosamente. lluego, volviéndose hacia Sidonia, la dijo: -Siga usted. No me canso de leer ú oir ese artículo, que ya me sé de memoria. Y Sidonia la Roja reanudó la lectura del periódico. En resumen, una hazaña magnífica, que abre el can: 10 á la civilizadón francesa en aquellas regiones misteriosas. El joven explorador se ha colocado entre los héroes más intrépidos de cuantos llevan á lejanas tierras el nombre francés. Creemos interpretar la opinión pública solicitando una recompensa para tanto valor y modestia tanta, y pedimos al Gobierno que conceda la cruz de la Legión de Honor á Enrique de Kermor. Sidonia dejó caer el periódico á sus pies. Entornáronse sus párpados y se abandonó á un ensueño lejano. Juana, la obrerita, había escuchado en suspenso; cuando continuó la labor, su mano temblaba. ¡Hijo mío! -dijo la marquesa. ¡Mi alegría, mi consuelo! ¿Dónde estás. -No tardará usted en verle- -dijo Sidonia volviendo en sí de su orgulloso ensueño. -Sí, ya está en camino; pasado mañana, mañana tal vez llegará á MarsellaNo terminó. Púsose en pié y tendió los brazos. La puerta acababa de abrirse y en ella apareció Enrique. ¡Madre, no llores más! ¡Aquí estoy! ¡Hijo mío! Un abrazo apasionado unió á aquellos dos seres, que no podían expresar con palabras la alegría de verse otra vez reunidos. Juana había palidecido. Un momento, sólo un momento se levantaron sus ojos tímidos y temerosos hacia el joven. Luego, lentamente, suavemente, sin ruido, retrocedió hacia un ángulo de la habitación y se ocultó detrás de un biombo. ¿Acaso no era una extraña allí, casi una intrusa? Entonces vio claro en su alma por primera vez; entonces comprendió lo que. no se hubiera atrevido á presentir. Tal vez supo por qué, desde hacía un año, suspiraba tan frecuentemente; por qué había sentido interés por todas las narraciones referentes al África, al Oubapghi en especial. Sí, entonces lo supo; bajó la cabeza, avergonzada, confusa, y rompió á llorar. -Le amo, le amo. ¡Qué locura! Yo, pobre huérfana, sin más capital que mis manos para trabajar, me atrevo á poner el pensamiento en el más rico, en el más noble señor de Bretaña, en un héroe de- Francia. ¡Qué locura! Al entrar Enrique, Sidonia, la hija del célebre banquero, la señorita. de los cien millones se levantó con un movimiento graciosamente espontáneo. Ella, también trataba de pasar inadvertida, como la pobre Juana; pero ¡qué diferencia de sentimientos entre una y otra! Fue tal vez la discreción lo que le impulsó á cerrar con cuidado, después de salir, la puerta vidriera. En el salón azul, sentado en un sillón, un hombre, impasible, leía un periódico. Sidonia llegó hasta él, y le dijo en voz baja: ¿Han hablado ustedes? -Sí- -repuso el hombre en el mismo tono y sin hacer ningún movimiento, como si continuara leyendo el periódico. -Sí, ya sabe lo de la ruina. ¿Sabe lo demás? ¿El vencimiento de hoy? -No me ha parecido prudente llegar tan lejos. ¿Y... lo que usted sabe? -Sí, le he dicho lo que convenía; pero hay un obstáculo enorme, insuperable. ¿Suorgullo? -interrogó ella con una mueca de desdén. -No, algo más grave. -Dígalo usted de una vez. -Una mujer. ¿Unaraujer? ¿Dice usted que una mujer? ¿Quién es? Necesito saber su nombre. -Juana Le Brenn. hij del banquero soltó la carcajada.