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NUMERO 95i ABC LUNES i3 DE ENERO DE ÍC 8 OCHO PAGíNAS. EDICIÓN i A PAGINA 3 Roma. La Escuela de Policía científica. Local de Ja clases de- antropometría. OE NUESTRO ENVIADO ESPECIAL FOT. ABEN 1 ACAR. A B C EÑ PARÍS CONQUISTA París trate d ocultarlo, pero sigue las D E L ARROZ incidencias todas de la negociación yanqui- japonesa, disimulando mal el deseo de que las dos naciones se echen encima las respectivas escuadras. No és que los franceses abriguen; rencor contra; ninguno de loados países, púes. yanquis. -y japoneses disfrutan por igua. Ua simpatía de, Francia; pero, ¡sefía tan interesante esta A guerra... numeración, que escasamente le- permite alimentarse... L, competencia m estas condiciones nó puede sufrirla el yanqui, y ved en esto las causas de los disturbios de San Francisco, las persecuciones de que han sido objeto los japoneses en las escuelas y en los talleres. Inútilmente diplomáticos y hombres de Gobierno se esforzarán en querer demos- ¡I as negociaciones caminan lentamente, porque, el Japón; desdé luego; no quiere pelea, y los yanquis, imitando -á los padrinos del- diputado Zapato, se- crecen- más, cada vez que, creen ver achicado al, adversario. Pero, ¿estallará añoradla guerra? i Hay en la íntima condición nacional del Japón una causa perpetua de guerra universal, causa que el Kaiser fue el primero en sospechar cuando lanzó l a famosa frase del peligro amarillo Ayer fue contra Rusia y Corea, mañana llevarán sus armas contra China. ó los Estados Unidos, y todos los pretextos diplomáticos no lograrán disfrazar, el verdadero motivo de estas luchas, que el Japón tieñe que entablar forzosamente... Y el motivó no es otro que la conquista del arroz, que á los nipones falta en el archipiélago natal... En efecto, de los 382.000 kilómetros cuadrados de que el Japón 1 se compone, sólo 60.000 son cultivables, y de ellos ha de salir el sustento para una población de 49 millones: de consumidores, población que aumenta en 400.000 bocas todos, los años: Por muy sobrio que el japonés sea- -y lo es imicho- -no ha alcanzado todavía el sublime girado de perfección que se necesita para vivir del aire, como los camaleones. Hay que salir, pues, en pos de la conquista del arroz... I as islas Formosa están saturadas ya de amarillos; en la Corea se han instalado cerca de 500.000, y no podrá soportar muchos más; la Australia, Filipinas y Hawai les cierran las puertas, y California, no sólo no admite á los que inmigran, sino que expulsa á los que ya residían allí... Ésio- es querer condenar á una nación entera al hambre... burguesía y La los Estados las clases obreras son de Unidos los dos enemigos irreductibles con que los japoneses tropiezan, porque el japonés, sufrido y trabajador, es inteligente y modesto en sus exigencias- Infatigable para el trabajo, ni se queja ni protesta, aguantando valeroso las penalidades mayores; entregado por completo f í la labor, sin exigir más que la módica- re- j El trar qtif; ¿I- peligro ha desaparecido, porque ¡rosa influencia en todos los Estados que c da dfe que llegue un grupo de obreros ja- obligarán á los legisladores á votar las leponeses, áunávüla- americana la Policía ten- yes restrictivas cuyo anuncio tanta emoción drá que vigilar cuidadosa para evitar una ha producido en el mundo. l, a competencia entre obreros yanquis y japoneses es tan catásfejfe. El óBrero yanqui defiende- su nsh eef, las desigual que los americanos no quieren inUniones obreras han llegado á alcanzar un tentarla siquiera, y se comprende, porque grado de perfección en sus organizaciones mientras los unos necesitan la carne, los superior á las inglesas, y. ejercen tan pode- otros tienen bastante con un puñado de arroz. No existe para el yanqui más solución que la: de. oponer un dique infranqueable á la -inmígra. ción, amarilla y este; dique v será, no- lo- dudéis, la- ley, que, votacáni en breve los- legisladores del apitpíio- y á la que- ha prometido oponer su v to élj presid enteXRooseyéitj q úe va á arrostrar la 1 más Tábidsa impopulárídad a fin de demostrar que es siempre merecedo r dei premió Tobel... Porque el. ángel, de la Paz americano termina su mandato presidencial en un- momento grave. Es indudable que Roosevelt hará- esfuerzos inauditos para evitar que la guerra estalle, lo mismo que ha procurado impedir primero y retrasar todo el tiempo posible después, la salicta de esa escuadra que recorre en estos instantes el Pacífico pidiendo guerra. Pero, ¿lo conseguirá? Lo probable será. que la explosión- se retarde un poco, lo suficiente nada más para dar lugar á que la misión presidencial de Roosévélt expire, y entonces es posible que un nuevo, Mác- Kinley se- instale en la Casa Blancaempújado. pdr. la formidable avalancha dé un pueblp hambriento de gloria, borracho todavía por, el fácil triunfo guerrero que obtuvo sobre una pobre. naciórLágnorante y torpe y miserablemente gobernada Qero si escucháis á los bolsistas, á los hom brés de negocios, á toda la banda rapaz que se congrega por- las. tardes en el t (Jmplo de la Rué yivienne, en París, adquiriréis la certidumbre de que la guerra entre los Et tados Unidps y el Japón, no estallará porque no puede nrdebe estallar. ¿Por qué? Por la suprema razón del dinero... El dinero es el nervio de la guerra, repiten estos buenos señores, convencidos por lo sonoro de la frase, y los Estados- Unidos tienen oro, mucho oro, mientras los pobres japoneses están todavía esquilmados, y su deuda, que antes de la campaña de Rusia era de tres mil millones, es en la actualidad de siete mil millones y medio. Es posible que el dinero fuera el dios de las batallas en los buenos tiempos en que Montecuculli lo dijo, sin sospechar que luego le iban á imitar la frase los más grandes capitanes... Hoy me permito creer que no es sólo el dinero lo que da la victoria á un pueblo, ni su deuda, por grande que sea, podrá obligarle á sufrir e n silencio ana humillaFOT. C O E ción. Diecisiete mil millones importa la deuH C. sultán Muiey Hafidíx) que acaba de ser proclamado en Fez.