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HUMERO ABC. J U E V E S 9 D E E N E R O D E 1908. O C H O P A G I N A S E D I C I Ó N 1. a PAGJwA 3 M a d r i d E l ministro d e N e g o c i o s Extranjeros d e Francia. M r P i c h ó n (1) con su esposa (2) el embajador M r Revoil y sus ayudantes civil y militar S r e s Salazar y marqués d e C o r p a visitando la Real Armería ayer mañana. FOT. G Ñ I Berthollet y almorzaba frugalmente, sin humildemente sus instrucciones, sin que de todos los días, de todas las horas, de todos hablar con nadie, abstraída- por entero en sus cartas merecieran contestación. Y en 1 los minutos, es arrancarle la vida. ¡Oh! Qué sus pensamientos. Después leía- los periódi- tanto, otras mujeres, más dichosas que ella, placer tan grande asesinar al tirano y morir mismo con él, á manos El barrio de los cos, escribía algunas cartas ó hacía unos alcanzaban, el honor de ser elegidas, para, allísu guardia... Y acariciandode los cosacos OS RUSOS EN PARÍS esta idea, sus cuantos apuntes en su libro de notas y se morir como Tatiana Iyeontieff, ó como esa de Gobelinos es el otra pobre princesita de dieciocho años que ojos soñadores languidecen; su rostro tórnalugar elegido en París ppr los emigrados marchaba. No se la conoció el más insignificante- acaba de- ser ahorcada en- San Petersburgo. se resplandeciente y gustan el samovar á pe: rusós iue lian ido á esconder allí su miseria ¡Y ella no lo podía conseguir! Sus solici- queños sorbos, como si fuera néctar deliciócoqueteo y eso qué era joven y linda; pero y sus odios. Bl bulevar de Port- Royal paso, fabricado. por dioses... rece unácálle de Moscou ó de San Peters- parecía poner especial empeño en disfrazar taciones entonces fueron más apremiantes; sus encantos femeninos como si se aver- reclamaba, exigía un puesto de peligro, un Viendo á estas gentes tan resueltas, tan burgq. encargo en cuyo cumplimiento pudiera ha- decididas, sentiríais un estremecimiento y Todos los días llegan nuevos contingen- gonzara de ellos. Y así transcurría su vida... ¿Qué esperaba? cer el sacrificio de su vida inútil... El silen- temblaríais por ese pobre Monarca, al que lg. á; de eiaigrados, que aumentan la población rusa, del barrio, y la Policía tiene que ¿El perdón para volver al seno de su familia cio del Comité la hizo sospechar que quizá acecha la muerte constantemente, que no vivir cem cíen ojos para seguir las huellas en el corazón de su patria? ¿El aconteci- no se la consideraba digna de tal honor, puede disfrutar de una hora de tranquilidad, de los- recién venidos, vigilarlos y descubrir miento venturoso que, cambiando la faz de pensó que no tenían sus miembros confian- que tiene que vivir rodeado de una muralla las cosas en Rusia, señalara el comienzo de za en ella, y desesperada, loca, Rachel Lour- de pechos más grande y más, fuerte que la los golpes de mano que preparan. tieff, anoche, después de tomar el samovar qae se alza á las puertas de Pekín... una era feliz? Su aspecto es, dulce, simpático, atractivo... Se comprende perfectamente que el infeNo... Rachel se consumía de impaciencia tranquilamente con varios compatriotas ruCgsi todos parecen Cristos de mirada melanliz Soberano- abra con asombro los ojos á la ¿Ólica, largas guedejas y túnicas amplias... luz del nuevo día, y agradecido, dé gracias íven hacinados, repartiendo lo de uno enTEATRO REAL. LOS ÚLTIMOS DEBUTS al cielo al despertar... Pero en seguida ha de tre cincuenta, hambrientos y resignados. prepararse para- librar la diaria batalla, más Ellas parecen pájaros escapados de la jaupeligrpsa que un combate en campo abierto la, y son mucho más resueltas, más decididonde únicamente las balas podrían alcandas, más enérgicas que sus compatriotaszarle... Porque en esta batalla que el Zar Todas estudian diversas facultades, no se sostiene á diario la muerte puede llegar hascuidan, poco ni mucho, de hacer resaltar sus ta él de infinitas maneras: en un vaso de personales encantos, y visten con sencillez. agua, en el plato que le sirven á la mesa, Una falda trotona, unos zapatones fuertes, en un perfume, en una flor. un ábriguito y un canotier de fieltro... Esta es J amás he sentido mayor compasión hacia toda la indumentaria de las jóvenes rusas ese desgraciado Monarca que ahora que me ique habitan el barrio de los Gobelinos, de he asomado á esas zahúrdas donde viven París. hacinados los revolucionarios rusos, medi, Por las noches se reúnen para tomar el tando planes espantosos y preparando atensamovar, y la enorme tetera brilla en el fogón tados sangrientos... portátil. En una habitación de tres metros Y al regresar del bulevar de Port- Royal, en cuadro suelen congregarse, mezclados después de contemplar á Rachel Lourtieff, 30 hombres y mujeres que suspiran por la pensaba en el Zar y me decía para mi capote: patrialejana, cantan, blasfeman, amenazan- ¡He aquí un Soberano que se gana bien y rezan- Son simpáticos é inofensivos... los millones que cobra! cuando no. fabrican bombas. DE NUESTRO ENVIADO ESPECIAL 1 A B C EN PARÍS JOSÉ JUAN C A D E N A S París. Enero. achel l,o urtieff vino hace algún tiempov á instalarse en una habitación del buEl. maestro Galiscíani. PLAUSIBLE INICIATIVA levar de Port- Royal; joven y hermosa, RaEl tenor Ibos. chel tuvo que escapar de Rusia, pues se P o n este mismo título hemos reproducido y hizo sospechosa á las autoridades del Zar aguardando otra cosa... Cuando abandonó sos, se encerró en su habitación del bulevar apoyado la iniciativa del notable escritor por sus ideas radicales. Su familia, que ocu- Moscou se ofreció por entero al Cómité te- de Port- Royal, y se levantó la tapa de los Sr. Cortón para que se conceda por el Estado una pensión á la viuda é hijos del infortunado pa en Moscou una posición excelente, en- rrorista, haciendo de antemano el sacrificio sesos. Sr. Martínez Illescas, muerto heviábala todos los meses una modesta pen- de su vida en holocausto á- las nuevas ideas. ¡Era un ángel esta pobre criatura que se comandanteen Coaino (Puerto Rico) durante roicamente sión, suficiente para sus gastos y estudios. Reclamaba una misión difícil, un puesto de mata por no poder matar... nuestra guerra con los Estados Unidos. Ella compartía estos recursos con sus peligro... Esta mujer, de aspecto dulce, de L, a viuda del capitán D. Frutos T, ópez, que compatriotas más desgraciados, que la res- melancólica mirada, quería matar y morir... mes si visitáis el barrio de los Gobelinos, al caer muerto el Sr. Illescas tomó el mando El puñal, el revólver, la bomba eran cosas petaban y querían. Rachel habíase puesto donde los rusos han trasladado su cuar- de la fuerza, á pesar de hallarse enfermo, y que en relaciones con el comité terrorista ruso, y indiferentes, para ellai. Sólo esperaba el avi- tei general, sólo encontraréis mujeres del también pagó con su vida aquel acto de valor, su habitación era un verdadero foco revo- so, ordenándola: Tal día, en tal sitio, hay tipo de Rachel, mu sencillas, muy dulces, nos dirige atenta carta suplicando nuestro lucionario donde se maduraban los más que- ejecutar á tales y cuales personas. Y inofensivas aparentemente, pero dispuestas concurso para que la pensión se haga extensiva á ella, pues sólo cuenta con una atrevidos y sangrientos proyectos. I a Poli- Rachel cumplimentaría el honroso encargo... á sacrificar sus ví as por lo que ellas creen líquida de 90 pesetas ál mes, y tiene viudedad cinco hiPero los meses transcurrían y la orden no que e. -el interés d a patria. cía parisiense lo sabía, y vigilaba. jos á que atender. Nos parece razonable y justa llegaba nunca... Todos los días escribía á los Hombres y mujeres no alimentan más que la solicitud, y unimos nuestro voto á los que Al volver de sus clases, Rachel se instalaba en una mesa deL restaurant de la rué miembros del Comité terrorista solicitando un odio común: el odio al ZarI Su aspiración se dignen apoyarla. R