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NUMERO 939 A B C M A R T E S 3i DE D I C I E M B R E D E 907. O C H O P A G I N A S E D I C I Ó N i. PAGINA 6 La escuadra norteamericana navegando con rumbo al Pacífico. Aqui la acción toma un colorido de luz y de sombras trágicas; es el agitarse de las contenidas pasiones y deseos terrenales no todavía extintos, es el fluctuar confuso de las esperanL TRÁNSITOS ANIMAD llu una fría y zas y de los indecibles sentimientos del coraEn r T? pppotii viosa tar- zón, es el vago temor del misterio, de lo Eterno, que invade al alma asediada por el enemigo. DE PEROSi d e d e l ú i ü m o ínterin ella clama al Señor que, la libre de la invierno, acompañando al maestro Perosi á su muerte eterna, mientras el coro, para disipar tranquila y modesta casa, tuve ya la revelación terroríficas visiones, entona la letanía de los inesperada del nuevo poema. Nos encontrába- Santos. mos junto á la mole Adriana, ante aquellos Una alegría purifica de maravillosos ángeles llorosos sobre el río Tí- aire. Elola de murmura con acentorepente el alma entrecorber, que sigue su monótono curso como la ima- tado: Rogad por mí. Las invocaciones á los gen eterna de la vida, cuando el abate comen- bienaventurados son de mucha fuerza sentizó á delinearme sucintamente la visión que mental, y ésta se acentúa al último grito: ¡Oh, había tenido y que íué origen de su obra. La santos y santas de Dios, interceded por mí! llama de sus ojos traslucía la sensación y sus Desde punto hasta la catástrofe que se breves y conmovedoras palabras invocaban precipita, esteescena se desarrolla entre las más la ávidas la expresión necesaria, la forma musi- serenas melodías. Sobremanera tierna es la cal. Yo escuchaba con mucho fervor y religio- plegaria del coro á la Virgen, que mientras so silencio el esbozo de la obra de arte que na- aletean á su alrededor los serafines, parece descía, presintiendo que debería ser necesaria- cender dulce y amorosa del Paraíso, con aquemente bella, cuando á su primera aparición lla túnica blanca con que se complacía en pinconmovía profundamente los corazones. Angélico. Cuando las últimas Me sentí herido por la férvida exaltación re- tarla el Beatocoro se apagan ligiosa del sujeto que debía después desarrollar- voces de este Protégenos del en las palabras del versículo: enemigo y recíse en la música del maestro, sin contrastes de- benos hora masiado duros, sencilla y grandiosamente. pálida en la Es el de la muerte sobreviene la morí. momento irre- YO con aquella misma suavidad de sentimientos cable en que se abren para elsolemne é puertas alma las que hizo exclamar á Dante: ¡Oh, muerte, y del infierno: tres solas notas levántanse lentas, cuan dulce eres para quien espera... Y en efecla orquesta; to; para Perosi y para todos los poetas cristia- como tres gemidos, de el motivo de la última favorece Ja melonos, desde Prudencio hasta el cardenal Neu desentonada yde la vida serena, rompiéndose día. mon, -que la exaltó en su Dreamof serontius, la para El ritmo crea el ritmo de la vida gloriosa siempre, muerte es una libertadora nimbada de luz, se- y eterna. Y según ese ritmo, que mana del esrena en su aspecto, que llega con esperada con- tado del alma en gracia, prorrumpe el último fianza para el hombre justo. El nuevo poema, ó mejor, la sacra represen- canto triunfal del coro, con el que se cierra tación, pues tal es propiamente en su íntima este poema tan profundamente sentido. estructura, se titula: Tiansttus animce, el Tran- El Tránsito del alma viene á coronar dignasito del alma. Personajes son el alma del ago- mente la obra ya vasta y compleja de un artisnizante y el beso de los amigos que le rodean ta que, en tiempos de crítica religiosa disolvenen la hora del adiós supremo. La breve y úni- te, afirmándose con singular vigor como el ca escena que la orquesta comenta delicada y exégeta místico y musical de los Evangelios; potentemente está llena de una verdadera y ha sabido hacer sentir á nuestras almas toda profunda piedad humana; por la virtud enal- la fresca belleza de aquellas páginas de eterna tecedora de la música, nuestros recuerdos más primavera. Y no se crea que la actividad artística del íntimos y caros vuelven á nuestro corazón, purificándolo de todo cuanto la olvidadiza y pe- maestro se haya limitado solamente á crear queña existencia cotidiana haya depuesto en este poema durante estos últimos tres años de él de menos noble, mientras el espectáculo sa- recogimiento sacro. Pero sí se ha consagrado cro de la agonía de esa alma cristiana logra particularmente á la música sinfónica con inpor sí mismo elevar nuestro pensamiento ha- decible estudio. Entre las composiciones para cia las purísimas esferas de la vida espiritual. grande y pequeña orquesta son más de 200 las El grande Emerson decía: Hay algunos sen- páginas de partitura que él ha sabido enriquetimientos que nuestra alma transforma en poe- cer con nuevas melodías. En esta capital han sido interpretados, junto sía, como también hay otros que hacen de nuestra misma alma una poesía. Y estos ca- al Transitus Anima, algunos tiempos de las tres balmente son los que Perosi prefiere, desdeño- States, orquestales dedicadas á Roma, á Floso de toda vulgaridad operística, y en los cua- rencia y á Venecia, como también aprovechanles transfunde la pura esencia de su entusias- do esta coyuntura se ha oído por primera vez el Pater Noster para coros y orquesta, compuesmo de artista y de cri tiano. Y ahora, hete aquí cómo se desenvuelve la to recientemente por el maestro sobre los vernueva representación sacra del Amor, la Espe- sos de Dante. Y mientras resuena aún el eco de los aplauranza y la Muerte, que el público de Roma ha sido el primero en juzgar entre aclamaciones y sos por las primeras audiciones con que se ha aplausos. El alma, en el momento de entrar en solemnizado la apertura de la elegante y artísagonía, levanta al Señor la dulce plegaria del tica sala de conciertos, construida á expensas perdón: Apiádate, ¡oh Dios! de mí según tu del Papa y del Skcro Colegio cerca del palacio gran misericordia. El coro la conforta, diciendo: del Vaticano, Perosi, á pesar del tiempo que le ¿Sal, alma cristiana, de este mundo... Y des- roban las lecciones cotidianas en la Scholes pués suplica al Sefior venga á librarla de sus Cantorum, no cesa de atender con vivo fervor angustias supremas. El alma reanuda, humil- á nuevos temas é inspiraciones que aletean en de, su oración mientras el coro vuelve á invo- su encendida fantasía. La Biblia, á la cual debe el grandioso oratocar sobre ella piedad y clemencia. DE NUESTRO CORRESPONSAL F O T ROL Y C A B C EN E rio de su Moisés, parece de nuevo subyugada, haciendo agigantar en su espíritu la figura de Job, del varón de dolores, el cual podía gloriarse de haber- sido el consolador de los afligidos, el padre de los pobres, el ojo del ciego. Será éste el héroe de su futuro poema La Samaritana, de quien una piadosa leyenda refiere ser la misma mujer que, convertida en Verónica, camino del Calvario enjugó la faz ensangrentada al Divino Redentor. L. MONTERO gusta de convertirse en témpano entumeciéndose en la quietud de la garita y ha preferido empaparse resignadamente, belicosamente, paseando su miarria con el fusil hombro: ¿Puede verse el castillo? -Ja! 1 ¿No hay Bürgermeister? -Ja! ¿Quiere usted indicarme la casa del caste? A tizad el orasero, echaa un lena más en la vetusta chimenea de piedra Y si es la vuestra, hidalga casa solariega de amarillos sillares, si flotan todavía á través de los siglos gratos aromas de maderas antiguas, si tenéis por severos guardianes los adustos retratos del D. Iñigo abad y D. Lope guerrero, si hay en lqs carcomidos estantes de vuestra biblioteca mugrientos pergaminos con remotas fazañas de corregidores y merinos, habrá también en vuestra hidalga casa solariega una inmensa cocina abandonada y polvorienta: sentaos de modo que la negra campana de la chimeaea os cobije y, mientras juegan entre los morrillos las revoltosas llamas de los leños roblizos, yo os contaré cpn amables decires patriarcales, lejanas leyendas tie encantamientos y de martirios, cuentos de amores, de favoritas y de escuderos, cuentos de hadas, de gnomos y de nereidas. Serán viejas historias de romanceros populares cantadas por los campesinos de mi hermosa tierra, aldeanas historias con robustos aromas de los pinos ancianos de la Selva Negra, cantos de la montaña, cantos del llano, que entonan los sckwarzwalder en este mi fecundo país de la Germania: he oído estos cantares y estas leyendas á los leñadores de la selva, los he soñado escuchando á los silfos y á las napeas de la sombría Schwarzwald, hanme sido contados por burlones enanos que habitan ruinas, y por bellas sirenas del lago Mammel. C L CASTILLO DE En la nemorosa planicie de Kuppenheim, LA F A V O R I T A inmediata Rasttat, en las frondosas márgenes del tranquilo Murgthal, se yergue el castillo de la Favorita, se empina por encima de los añosos árboles vigilando, despótico, los feudales terrenos del margraviato. Dos siglos hace: allí vivió el muy noble margrave Luis- fikiillermo de Badén, aquel famoso guerrero de proezas heroicas que murió combatiendo en Turquía; y allí vivió su esposa, la gentil Sibila, aquella complicada mujer de galantes recuerdos principescos. Es un día tristón; de frío, lluvia y niebla, una tarde nochiela con desapacibles crudezas del invierno en el Norte; el parque es un pantano, los árboles se adivinan esfuminados por la niebla, y las calumbrientas paredes del castillo rezuman con lloros invernales. Las sabias ordenanzas, siempre previsoras y siempre respetables, han tenido la prudente crueldad de colocar un centinela junto á la enorme cerradura mohosa; el pobre soldado, envuelto en el capote, embutido en el casco, no Favonte- Katt llin 1 Badén día de Weihnacfrtep IQO 1? Y henos aquí de plática con el bizarro castellano, íubio y jovial, sonriente ostentador de vinosos tintes brasilados: el soldado y el fusil del soldado, el alcaide y el manojo de llaves que porta el alcaide, nos invitan de nuevo á dedicar un respetuoso recuerdo á la plausible previsión de las juiciosas ordenanzas militares. Antes de conocer la peregrina historia de la noble Sibila, Markgrdfin von Badén- -una intri cada historia con amor y con celos, con placer y veneno, con arrepentimientos y penitencias, -antes de penetrar en los misticismos y voluptuosidades de la roja novela, quiero que deis conmigo y con el castellano de la Favorita, sn rápido vistazo por los pasillos, por los salones y por los calabozos del castillo. La sala de los espejos, la sala china, el cuarto de los artistas (salpicado de retratos curiosos: nos hemos detenido con cariño ante algunos españoles ilustres) el comedor de gala, las íntimas habitaciones de aquellos poderosos señores en la tierra, os irán diciendo, con reposo metódico, presentidos capítulos de la brava leyenda. Descolgando patinosos cuadros ocultos en la sombra, preciosas miniaturas prendidas sobre el oro mustio de viejos tapices, coquetones retratos de la bella Sibila luciendo prolija variedad de trajes, vigorosas pinturas que muestran al guerrero margrave como hombre gallardo de nariz aguileña y mirada de águila, reeleyendo en las caprichosas chucherías llegadas del Oriente, en las minúsculas imágenes que tallan en marfil piadosos himnos á la santa memoria de nuestro muy amado Señor Jesucristo, llevandp vuestra curiosa indiscreción hasta profanos límites, habréis conseguido rodearos de un tenue ambiente de la época, y habréis venido á entremezclar variadas impresiones que anotaréis sin orden: Que si refinada era Sibila en sus amores, grandes refinamientos guardaba para sus martirios; Que si duros son hoy los lechos alemanes, aun los lechos nupciales, pétreos debieron ser hace dos siglos; Que si es hoy peligroso marchar á la guerra dejando sin marido á una linda mujer de labios sensuales y soñadores ojos, no era menos arriesgado en aquellos gloriosos tiempos del margrave de Badén... Y desde la espaciosa cocina del castillo- -hoy convertida en rico Museo de porcelanas chinas con feroces dragantes, japoneses jarrones que lucen crisantemos, copas del más puro cristal de la Bohemia- -yo os iré traduciendo lentamente la sonata aldeana que, al amor de la lumbre, va diciendo el jovial castellano en su enrevesado dialecto de srermanos decires patriarcales: -Era allá por el año de mil setecientos y tantos... EIN SCHWARZWÁLDER -Ja!