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N U M E R O 92i ABC. L U N E S 16 DE DICIEMBRE D E 1907. OCHO PAGINAS. EDICIÓN 1. PAGINA 3 Madrid. El concurso aerostático de ayer. El capitán Kindelán (x) preparando la barquilla de su globo Jipaeto para la ascensión. CRÓNICAS RETROSPECTIVAS 1 AS MANIFESTACIONES Las costum bres se modifican para mejorar unas veces; para pervertirse otras. Lo primero más que lo segundo. Hay que reconocer que Madrid ha ido purificando sus aficiones al motín callejero. Antes, por menos ¿e nada, estábamos en la. calle gritando y corriendo... porque también se corría. Cuando ocurrió el incidente de las Carolinas hubo algo cómico que merece recordarse. La embajada de Alemania estaba en una casa de la calle del Amor de Dios. Ocupaba un piso primero; en uno de sus balcones ostentaba el escudo del Imperio al pie del asta para la bandera. En el piso segundo estaba establecido un colegio de niños y también colgaba, no escudo, pero sí un cartelón anunciando el establecimiento. Un numeroso grupo de manifestantes se dirigió, al parecer con las de Caín, á la Embajada. Bajó por la calle de las Huertas á la del Amor de Dios. Allí, delante del edificio, se vociferó de firme. Uno de los manifestantes más exaltados trepó por una reja, se encaramó al balcón del escudo y empezó á forcejear para arrancar el mástil. Hubo un momento solemne, de imponente silencio, de gran ansiedad, durante el cual los manifestantes miraban mudos el esfuerzo que hacía el atleta por arrancar el asta y el escudo. Y en aquel momento, precisamente, ocurrió lo cómico del caso, porque es ya sabido que de lo sublime á lo ridículo hay pocos centímetros. El maestro de escuela del piso segundo quiso enterarse de lo que ocurría en la calle. Acaso los gritos de la muchedumbre habían turbado su plácido sueño (eran poco más ó menos las once de la noche) Al abrir el balcón la falleba se resistió. El hombre, impaciente sin duda, dio un tirón, el cierre cedió produciendo un estrépito metálico... que á muchísimos manifestantes nos pareció, lo menos, el ruido producido por los sables de un escuadrón de huíanos al desenvainar para dar una cargaNo paramos de correr hasta el Prado. La tranquilidad moral renació pronto. Reluciéronse los grupos. Cayó, al fin, el escudo y arrastrado hasta la Puerta- del Sol, fue rociado con petróleo, que facilitó una taberna de la calle de Alcalá (de la casa núm. 3, que ya. n existe) y quemado en patriótico y regocijante auto de fe. Las tropas estaban en la calle, pero aunque no puede afirmarse que fraternizaban con el pueblo amotinado, como la causa era simpática, tampoco se extremó el rigor militar. Aquel suceso y el de los estudiantes el día de Santa Isabel de 1885 han sido los dos acontecimientos callejeros verdaderamente importantes de veinticinco años á esta parte. Los demás han sido de los que para disolverlos habrían sido más eficaces las mangas de riego que los caballos y los sables de la Guardia civil. Años dfspiK b, ci 93, ocurrió otro motín popular de carácter muy grave; éste en San Se- bastián. Costó bastantes vidas, N pudo disolvery se también con una dñieh á e íagua, de haber ocurrido de día. Me refiero á la manifestación contra Sagasta, que empezó con una silba y acabó por un fusilamiento en las calles de aquella hermosa capital. Nada hacía preyer lo que iba á ocurrir. Ságasta no era antipático á nadie. No era él quien había quitado al país vascongado sus fueros ni sus leyes especiales. Que Cánovas ó Romero hubiesen sido las víctimas en su día de las iras populares, hubiera tenido explicación; nunca, claro es, justificación. báau sido u Liónos. Guerrita había estado mar i nos, X vinosamente, como él saHa- y podíaiestarfo. I, a cías. lp jp jL corrida había resultado, pues, inmejorable. -jCiudadanoá! -exclamó para poker Demasiado buena, -porque como no hubo bronca el público salió de la plaza con la lencio. ¡Bravo! -le contestaron cien voces de nostalgia del escándalo, y decidido á armarle, le armó primero en el paseo, en el bulévar, otros tantos guasones, de los que nunca faltan pidiendo ala música que tocase el Guerntkako en estos jaleos. ¡Ciudadanos! -voivio a gritar el tribuno Arbola, haciéndole repetir después dos ó tres veces, y como los músicos se cansaran de so- y rosonó otro ¡bravo! que desconcertó al plar y no había cuarta repetición, los manifes- orador. Al tercer ¡ciudadanos! y al tercer ¡bravo! tantes determinaron ir á silbar á Sagasta y á apedrear el hotel donde se alojaba, ¡como si se acabó el discurso y se disolvió la manifestación sin necesidad de Policía. La risa lo había hecho todo. El procedimiento no era nuevo. Años antes le había empleado con éxito dichoso Eduardo de Palacio en la inauguración del café de Madrid, famoso también en los tiempos de que hablo. Se inauguró aquel establecimiento con un banquete. A la hora de los brindis se levantó un joven muy entonado, que comenzó con la obligada frase de: Señores ¡Muy bien! -gritó Palacio, con tono más solemne que el del orador de tanda, y se acabaron brindis y fiesta En cómico terminarían algunas de las pocas manifestaciones que aún se registran de vez en cuando por estos Madriles, si nuestros Argos no lo tomasen en serio ó si no se dejasen llevar tan fácilmente la mano al sable á las pri meras de cambio Da gloria ver en los patios de la. PrefectuK de París á aquellos guardias, que pasan muchas horas del día ejercitándose en pasos gimnásticos y en movimientos atléticos, aprendiendo lo que aquí llamaríamos el arte de dar morradas Por eso allí en los tumultos callejeros suele haber golpes, puñetazos, contusiones; pero efusión de sangre muy pocas veces. ÁNGEL MARÍA CASTELL El ilustre doctor alemán Herr Eduard Buchner, que ha obtenido el premio Nobel de Química este año. FOT. FRANKL. Pero Sagasta, que contemporizaba con todo, que no se metía con nadie, que hacía en San Sebastián, aun actuando de presidente del Consejo de ministros, una vida tan simple, tan burguesa, que por broma abrimos los periodistas una suscripción para regalarle un sombrero menos demodé que el que usaba, y el bueno de D. Práxedes aceptó la idea, pero anticipándose á comprar otro sombrero; Sagasta, repito, no dio nunca, pero menos en aquella ocasión, motivo para una tormenta, que luego el rigor de las autoridades extendió haciéndola más grave y desconsoladora. Ocurrió aquel día que se había celebrado la última corrida de la temporada. Los toros ha- D. Práxedes hubiese sido el director de la bande municipal! Pero si manifestaciones como éstas y como la de la Santa Isabel acabaron en tragedia, otras acabaron en saínete. También por el año 85 y con motivo ae aigunas medidas sanitarias adoptadas por el Gobierno para evitar que se propagara el cólera, hubo manifestaciones en Madrid. Aquello de la fumigación y de la observación en el Cerro de los Angeles no podía tolerarse. Un grupo de lo menos 400 personas se encaminó al Prado. Allí surgió un orador, el inevitable orador de todos los belenes, que se encaramó á un aguaducho, desde cuyo sitial intentó colocar- oncurso aerostático. Por separado damos noticia del Concurso de globos verificado ayer, y durante el cual obtuvimos la instantánea que reproducimos en primer término entre nuestros grabados de hov. p l proíesor Buchner. Proseguimos la publicación de retratos de las notabilidades universales agraciadas con los premios Nobel en este año, insertando el del eminente bacteriólogo alemán doctor Eduard Buchner, que ha obtenido el premio de Química. E- n nuestro número de anteayer publicamos ligeros datos biográficos de este sabio. l a ametralladora Fitzgerald. El telégrafo nos dio la noticia recientemente de la invención de una ametralladora ideada por el mayor inglés Fitzgerald. La ventaja principalísima de esta nueva arma estriba en que puede funcionar indefinidamente, sin que sus cañones se recalienten. NUESTROS GRABADOS