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NUMERO 922 ABC. VIERNES ¡3 DE DICIEMBRE DE 1907. OCHO PAGINAS. EDICIÓN PAGINA 6 Solange d Ormoize es inocente. Los dos ¡ministros, sin embargo, quieren ahogar el escándalo y echar tierra al asunto. Como el Rey, enterado de lo que ocurre, ha manifestado su deseo de ver y hablar al abate Griffard, los dos ministros llaman á éste y le suplican que nada diga al Rey de lo que sabe. Niégase el abate á ocultar la verdad, y Louvois, furioso, le manda encerrar en la Bastilla. Griffard protesta en nombre de la inocencia, diciendo que, castigando á los culpables por altos que estén y haciendo resplandecer la inocencia de Solange, el Rey resultará mucho más grande y el Estado no padecerá poco ni mucho. ACTO QUINTO La cámara regia. Al abate, encerrado en la Bastilla, le ha facilitado La Reynie los medios de evadirse, y se presenta en la cámara regia, llevado por la Maintenon. El gran Rey, en presencia de las pruebas que el abate y La Reynie le muestran, llora al saber que la Montespan ha podido ser- cómplice de los envenenadores, y decidido, manda llamar á la Montespan y la coloca enfrente de Griffard para saber si ha sido ella ó no la que asistió á la Misa Negra en casa de la Voisin. La Montespan n i e g a El abate afirma... ¿Cómo encontrar una prueba decisiva? El abate la tiene... -La marquesa de Montespan- -dice- -sólo pretendía de la Voisin un filtro para reconquistar el cariño del Rey. Esto es cierto... Pero la Voision, en vez de ese filtro, la dio unos polvos que son un veneap mortal. La Montespan ignora esto... Pues bien; en esa botella donde hállase preparada la bebida para el Rey han sido echada los polvos... Si el Rey bebe y se envenena, Griffard habrá dicho la verdad... Si el Rey bebe y nada le ocurre, la Montespan será inocente. El Rey coge el vaso y se dispone á beber. Pero mucho antes de que acerque el brebaje á sus labios, la Montespan le grita: ¡No bebas! Es la confesión... Cuando el Rey y la Montespan quedan solos una hermosa escena tiene lugar entre ellos, una escena en la cual se dicen sus amores, sus desengaños, sus rencores, echándose en cara todo, como dos vulgares amantes que se pelean y se reconcilian para volverse á pelear después. El Rey atajará el escándalo, es verdad, pero la Montespan ha caído definitivamente en el regio favor. Y como el gran Rey quiere seguir siéndolo, hará justicia. Solange d Ormoize es proclamada inocente y se une con el elegido de su corazón, con Héctor Luis XIV y se sospecha que son los amigos de 1 Fouquier, el prefecto encerrado en la Bastilla, los que traman el crimen. Surgen durante este acto las intrigas que reinan en la corte y nos enteramos de que madame de Maintenon, que comienza á declinar en el favor del Rey, tiene entablada una lucha á muerte con la Montespan, favorita en pleno poder. Pero la Montespan ha visto aparecer en la corte á la señorita de Fontanges, ha descubierto que el Rey la contempla amoroso, teme que la nueva señorita se apodere del Rey pendón y no hace más que discurrir medios para confundir á la Maintenon y á la Fontanges. j a Fontanges tiene á su servicio á otra señorita, Solange d Ormoize, amante de un guapo mozo, Héctor de Tralage. Solange observa que Héctor suspira por la Fontanges y rabia de celos aparte. Cuando Griffard habla con La Reynie y se entera del complot organizado para atentar contra Luis XIV, se ofrece al inspector general como policía amateur para descubrir á los culpables. La Reynie acepta gozoso la ayuda de aquel Sherlok Holmes de siglo xvi y le ofrece la libertad si lleva á término feliz la empresa. Para facilitarle la tarea, le da salvo- conductos y pasaportes que le abren las puertas de Palacio. ACTO SEGUNDO El salón de la Voisin. En efecto, Carloni no había mentido. Por el salón de la envenenadora desfila lo mejor de París. Allí van las señoras que quieren saber el destino que el porvenir las reserva, los amantes despechados que buscan un filtro para reconquistar el amor perdido, y van también el joven que tiene prisa por heredar y la casada que quiere desembarazarse del marido, todos en busca de una droga mortal, pero discreta Y es curioso el detalle que observa Sardou. Todas las casadas que van á casa de la Voisin quieren matar á sus maridos... para casarse con sus amantes. Cambio, no de postura, sino de dolor... La primera persona que vemos llegar á casa de la Voisin es JSolange d Ormoize. Quiere un filtro para que Héctor, su amante, no la abandone, algo que le haga aborrecer á la de Fontanges. JMás tarde llega la doncella de la Montespan, que anuncia a l a Voisin la visita de su señora, y por fin, entra el abate Griffard. La escena de la Voisin y Griffard era el nudo, la dificultad insuperable de la obra. Ved cómo el dramatursro insigne ha hecho esta maravilla. VOISIN. ¡Un abate... ¡Ah, señor abate! Sentaos, yo os lo ruego, y decidme de qué se trata. Málaga. Monumento á D. Carlos Larios, que acaba de ser inaugurado GRIFFARD. -Se trata de una herencia. FOT. SOTO. en el Parque. VOISIN. ¿Y de quién heredo yo? VOISIN. ¡Bah! Yo me burlo de la Policía... todos... Sí... Yo soy rica, muy rica... Tú lo GRIFFARD. (Sonriente. Querida señora, lo Hay muchas personas interesadas en que no sabes... sabéis tan bien como yo... se me moleste... (Se sienta en el brazo del sillón de Griffard y poco VOISIN. ¡Oh, no! GRIFFARD. -Y además, que el diablo no te apoco le pasa un brazo por el cuello, concluyendo GKIFFARD. -Bromeáis, sin duda... Una adiabandonaría en semejante trance... por unir su rostro al del abate. vinadora que lee en el porvenir... VOISIN. -Pues mira, no creas que no cuento VOISIN. -Con lo que yo tengo y lo que nos VOISIN. -Sí, pero... produzca este negocio compramos una hermoGRIFFARD. (Tendiéndola la mano. Vamos, un poco con él... GRIFFARD. ¿Crees en el diablo? sa posesión en la provincia y nos vamos á vamos... Leed pronto quién soy yo, de dónde VOISIN. ¡Ya lo creo! plantar allí nuestras coles íú y yo, abate mío engo y qué negocio traigo... GRIFFARD. ¿Le viste alguna vez? de mi corazón... Porque tú me gustas... ¡Oh! Tú VOISIN. -Imposible... Desde el momento en VOISIN. -No, pero tampoco vemos á Dios y no tienes idea de lo que me gustas... Pero ¿qué que se trata de algo que me concierne, yo piercreemos en él... es lo que tienes, granuja, para gustarme tan úo todo mi poder... GRIFFARD. ¡Ah! ¿Tú crees también? to... Y viviremos como señores... Ya verás... GRIFFARD. ¡Ah, picarilla... ¿No te alegra esta vida, di, gatito mío... VOISIN. ¿En Dios? Naturalmente. ¿Y tú? VOISIN. (Sorprendida. ¿Qué decís? GRIFFARD. -Algunas veces... Pero ¿cómo te GRIFFARD. (Sonriente. ¡Oh! Dios mío... GRIFFARD. (Tirándole de la oreja cariñosamenVOISIN. -Sí, ¿verdad? te. Picarilla... Metidita en carnes y. apetito- las arreglas para estar en buenas relaciones con los dos? GRIFFARD. -Dame tiempo para pensar... sa... ¡Oh! Carloni no me engañó, no... VOISIN. ¡Toma! Dándole á cada uno lo VOISIN. -Nada. nada... Hoy cenas conVOISIN. ¡Carloni! suyo... Yo voy á misa los domingos y víspe- migo... GRIFFARD. -Sí, es de él la herencia... Luis XiV Griffard y La Reynie ras... Me confieso y me comulgo dos veces al GRIFFARD. (Dando unsalto. ¡Cenar! ¡Oh! No... VOISIN. ¡Ha muerto! año... Ayuno los viernes y toda la Cuaresma... VOISIN. ¿Por qué? GRIFFARD. -En mis brazos. representados por Mr. Desjardins, Coque ¿Qué más puede exigir Dios de mí? GRIFFARD. -Es que... tengo una invitación Voisisr. ¿En la cárcel? lin ainé y Mr. Laroche. GRIFFARD. ¡Que no hagas nada de lo que anterior... RIFFARD. -No, en pleno campo... Al intenél prohibe! VOISIN. -Bueno... Cena, y luego vienes aquí... tar evadirse conmigo. El abate Griffard irá á concluir sus días en VOISIN. ¡Ah! Si no hiciéramos más que lo GRIFFARD. ¡Oh, tendré que hacer toda la un sillón de la Biblioteca Real, su aspiración VOISIN. ¡Ah! De manera que erais... que él permite, nos aburriríamos mucho... noche... Mañana, mañana todo lo que quie- única, el sueño dorado de toda su vida, GRIPFARD. -Compañeros de grillete. ras... VOISIN. -Entonces yo heredo... Y la Voisin será quemada viva... VOISIN. -Bien... ¡Ah! ¡Qué encanto de homGRIFFARD. -El dinero enterrado... ¿Y tú? ¿Por qué estabas en la cárcel... bre! Me vas á volver loca... ¡Mira... ¡Te ado- í nfinitamente superior á Patrie y á Madame VOISIN. (Fingiendo no comprender. jEnteGRIFFARD. -Por... monedero falso... ro! (Le besa. rrado... VOISIN. -Eso da más pena que provecho. Sans- Gene, este Affaire des Poisons asombra GRIFFARD- (Limpiándose. ¡Puaf! GRIFFARD. -Sí; ahí abajo... En el jardín. GRIFFARD. -Por eso he renunciado, y ahora por la vida que se escapa de todas sus escenas. Detrás del banco... preparo un golpe de otro género. Sardou es el maravilloso hombre de teatro de Asociados ya Griffard y la Voisin, el abate siempre y subyuga al público como ningún VOJSIN. ¡Ahí ¿Tú sabes... VOISIN. ¿Cuál? asiste á la Misa Negra que se celebra sobre el otro autor. Podrá la crítica ahora, como en GRIFFARD. -Naturalmente... Yo heredo CONGRIFFARD. -Pues... ¿Meguardarás el secreto? cuerpo de la Montespan. en casa de la adivina- otras ocasiones, desmenuzar y destrozar la MIGO... VOISIN. ¡Oh! Naturalmente... VOISIN (Desconfiada) Pero entendámonos. GRIFFARD. (Bajando la voz. Es... ¡la muerte dora. La Montespan, que busca un filtro para obra, pero el público, el buen público que ama que el Rey no la abandone, se presta á servir las comedias claras, las situaciones diáfanas, qué es lo que hay enterrado? Yo no sé... del Rey! GRIFFARD. -Refrescaremos esa memoria. VOISIN. (Asombrada. ¿Cómo? ¡Tú también! de altar para la Misa Negra, á la que asiste en- las impresiones fuertes, en una palabra, ese T) os mil ducados en oro fino... GRIFFARD. -Pues aué... Te lo han pro- mascarada. La Voisin la entrega unos polvos público aquí y en todos los países aplaudirá mágicos, con los cuales asegura á la favorita con entusiasmo el nuevo drama de Sardou y VOISIN. -Y ¿qué me prueba que tú tienes de- puesto? recho á una parte? VOISIN. ¡Oh! ¡Y pagándolo ricamente! ¡Cien que su regio amante no la traicionará. Inútil es llenará muchas veces los teatros donde se reGRIFFARD. -A la mitad justamente... En pri- mil libras! No espero más que esto para reti- decir que los polvos no son otra cosa que el presente. veneno que ha de asesinar al Rey. mer lugar, buena pieza, si él te lo quisiera de- rarme de los negocios... Por otra parte, Sardou desprecia á la crítica. iar todo, nada me hubiera dicho... GRIFFARD. ¿Te lo han encargado á ti las Como Moliere tenía bastante con el juicio que VOISIN. ¿Te ha firmado algún papel? mismas personas? á su criada le merecían sus obras, Sardou se ACTO TERCERO GRIFFARD. ¡En medio de la carretera... ¿Es VOISIN. ¿Quién? La gruta de Thetis. Toda la corte atiste á conforma con la opinión de la Srta. Francine, que quieres que te recuerde de qué procede GRIFFARD. ¡Ohl Yo no hago jnisterios... esta fiesta maravillosa que el Rey há organi- su doncella, y las observaciones de la señorita este dinero? Los amigos de Mr. Fouquet. Solange d Ormoize Francine sbn mucho más respetadas por el VOISIN. -Sí, porque hace tanto tiempo... VOISIN. -A mí también... ¿Y esos canallas te zado. De pronto, la Srta. Mlle. de Fontanges. viejo dramaturgo que los reparos que puedan ofrece una taza de leche á GRIFFARD. -Fue su parte por el envenena- lo han propuesto? Esta la toma, y cae al suelo como herida por ponerle Catulle Mendes, Nozieres ó Duquesnel. miento del duque de Saboya... GRIFFARD. -Sí... Desprecia á los críticos y fundamenta su desun rayo. Todo el mundo sospecha un envene, VOISIN. ¡Te lo ha dicho! VOISIN. ¿Después de ofrecérmelo á mí? namiento, y la Srta. Solange queda prisionera. precio. Ahora mismo y rompiendo con una traGRIPFARD. ¡Todo! ¡Oh! No me ocultaba nad; GRIFFARD. -Quizá creen que tú tardas deComienza á circular el rumor de haber sido dicional costumbre, el crítico de Le Matin ha aquel pobre Carloni... Pero, observo que debes masiado... encerrada la Voisin, y Griffard, acercándose á adelantado veinticuatro horas el artículo danrealizar buenos negocios... Voisnsr. -La cosa es fácil, ¿verdad? En la la Montespan la dice que do cuenta del estreno de LAffaire des Poisons, ella la dama VOISIN. -Demasiado... Sí... mesa del Rey, los platos y los vinos se prue- mascarada que ha asistido es la Misa Negra. en- publicándole al día siguiente del ensayo geneá La GRIFFARD, ¡Qué lujo! La señora tiene aquí ban antes... Su cubierto está encerrado con un conmina para que salve á la Srta. Solange ral, en vez de esperar al otro día ÓP la prémiere, lacayos, carrozas, mesa puesta á cualquier candado cuya llave está en poder del oficial... puesto que es inocente, y la amenaza con des- que es lo convenido. hora... Me es necesario un cómplice... Sardou dice muy razonadamente que es imcubrirla si no lo hace. La Montespan contesta VOISIN. -No hay más remedio, pero todo GRIFFARD. -Yo le tengo... con altanería y luego secretamente da orden á posible salir del teatro, y en una hora, al coesto me da mucho que hacer... Piensa que to- VOISIN. ¿Quién? rrer de la pluma, escribir la crítica, buena ó sus dos los días de Dios tengo aquí consultas de GRIFFARD. ¡Claro! l e lo voy á decir para éste criados para que asesinen al abate cuando mala, de una obra. Además perjudica al éxito salga al terminar la fiesta. tres á siete, y algunas veces por la mañana que me quites el negocio... Griffard se huele la encerrona y busca un de la primera representación, porque el públitambién, sin contar las sesiones á domicilio. VOISIN. ¡Oh! no... Entre amigos... En lugar bien custodia- co va ya enterado de los efectos de la obra y de disputarnos el negocio, hagámosle juntos... ardid. La cuestión está en salir Entonces se le con la opinión formada aprion. Y fundándose GRIFFARD. ¿Para decir la buenaventura? do para evitar que le asesinen. GRIFFARD. ¿Qué pones tú? VOISIN. -El pasado y el porvenir, todo... ocurre robar un collar á una de las damas. Le en esto lleva á los Tribunales á Le Matin. VOISIN. ¿Yo? El veneno... GRIFFARD. -En fin, que eres bruja... Ya en otra ocasión, hace algunos años, llevó ven, le prenden y sale tan satisfecho en medio GRIFFARD. -Gracias... Alguna droga ae far- de cuatro soldados y pasando por delante de á los Tribunales al Gil Blas por el mismo asunVOISIN. -Bien lo puedes decir... Leo en los astros... Aparte de esto, vendo talismanes, ni- macia que es preciso tomar diez vece ¿para que los que estaban apostados para asesinarle. to, y los jueces, dando la razón al autor, contros, secretos para la toilette, un agua de mi in- haga efecto... denaron al periódico al pago de 500 francos, VOISIN. ¿Tienes tú cosa mejor? vención, La Argentina, y varios remedios condaños y perjuicios. Como Sardou no perseguía ACTO CUARTO GRIFFARD. ¡Yo! El mejor de todos, el único, tra algunas enfermedades... otra cosa que sentar un ejemplo saludable, se Despacho de La Reynie. El intendente de Po- limitó á tomar un franco, reembolsando el resel más seguro... GRIFFARD. ¿Que tú curas! licía hállase en conferencia con Louvois y Col to al crítico. VOISIN. ¿Cuál? VOISIN. -Sí... bert. La Voisin lo ha confesado todo y se sabe GRIFFARD. -El de los Borgia. GRIFFARD. -O que tú das. -Pero ahora, no- -exclama el viejo autor. -VOISIN. (Admirada. ¡Ah... (Acercándose á él. ya que la marquesa de Montespan frecuentaba Ahora me guardaré todo el dinero... VOISIN. Sonriendo. También ¡Oh! Pequeño mío... ¡Qué hermoso sería que nos la casa de la envenenadora y que, sabiéndolo Y tratándose de Sardou, esta amenaza nay ó sin saberlo, habíase hecho cómplice de los que creerla... asociásemos! GRIFFARD. ¿Y no tienes miedo? amigos de Fouquet, que trataban de enveneGRIPFARD. ¡Oh! VOISIN. ¿A qué? JOSÉ JUAN C A D E N A S VOISIN. -No sólo para este asunto... ¡Para nar al Rey. Los reunidos se convencen de que GRIFFARD. -A la Policía... París. Diciembre