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NUMERO 911 A B C. LUNES 2 D DICIEMBRE DE ¡aoy OCHO PAGINAS. BDJCION j PAGINA 3 t Madrid. Escena final, de Iatzarzuela, El señorito estrenada con felicísimo éxito en eJ teatro Cómico. gos han entrado, siempre por tierra y la han rededores de Roma, mientras su flota, victovencido á pesar de tener en su pro el. dominio riosa, conquista el dominio absoluto del Adriáde Iq s mares. Así, en 1848, los italianos eran tico, destruye Pola y esparce el terror sobre la dueños del Adriático; pero, ello no impidió la costa de Dalmacia... ¿Y después de todo esto? Así como no podría Para- Italia, más ocupación de Nóvaraj y en 1859, con Solferino, 1 ÍAR 1 NA que p a r a cual- la. guerra se decide y terniinasin quelas flotas restar fuerzas al Ejército ni hacerse prestar de 1. m u n d o es 1 c. a i úóiajsiné qua franco- italianas concurran poco nj mucho. Más otra Potencia aquellos famosos cuerpos de Areapleo. -de- sus fuerzas mili- tá 1- aiín. Coatodala. jheg mpnía n el mar, ííapo- mada pará efectuar los no menos famosos desPtrech -índisólubilidad entre Ejér- léotr s d eae- ai primer pimor. e los- batallo- embarques sobre las espaldas del enemigo, forá, íá cual, para- que pueda ejercí- Sité la guerra, es menester que existarse ta también en ía páz Así empezaba anoche M bizarro ge né ral la prímera le sus conferencias en el Círculo Militar, sobre la prevalecencia. de las fuérzate terrestres en caso de guerra Ejército y Marina. dijo, esencialmente constituidos para la guerra, pueden ser Utilizados en tiempo de paz; pero de esta función secundaria se abuáa sobremanera, ya ¡para reprimir las turbulentas huelgas que incesantemente agitan los principales centros fabriles de Italia, ya para defender y amparar en, el África Oriental, las empresas coloniales fyla expansión económica. Si el porvenir de la península itálica está en el mar y á través de los mares para, la conquista pacífica de su. industria y comercio, y, ha menester por tántb, de, una fuerte) Marina, su suerte, en caso de. guerra, habrá de decidirse casi exclusivamente en tierra. Si durante la paz, Italia- -y lo mismo, podría decirse de Es- paña -es Potencia eminentemente marítima, en tiempo d- e uer- r- a d ebe ser; ante todo, terrestre y continental, v sus destinos se hallarán íntimamente ligadoscon eí Ejército. Es está una- cuestión- por la que se han derramad o ríos de tinta, siempre divagando. Se habla de desembarques- éri el corazón dé la peníusulade loo.o óohombres en pocas horas como la cosa más sencilla- del nlütído; de la inmensidad de las costas, sin defen áa- y á mereed dél enemigo; del peligro de las ciudades, bombardeadas y del pánie o deTás poblaciones; de ferrocarriles interceptado de 1 brillantes operaciones; de baluartes alpintís, fle vadoséinacceV sibles; cos as todas que én unar guerra moderna no pueden ser. sino operaciones secundarías ó se timeníalíténios peligrosos. l a 9 grandes guerras! moaernas, añade el ilustre aaalitdr, -entre Potencias unidas por tie- rra se deciden en las grandes batallas terrestres, en las, cuales se encuentran defrente medio millón de hombres por cada parte, ó sea las fuerzas, reconcentradas de los dos ejércitos beligerantes. El mar puede ser inmenso cuanto se quiera, y las costas dilatadas hasta el infinito; pero. si. los dos países adversarios están unidossjquiera. seapar una sola lengua de tie- ffS dé pocos kilómetros, es lógico que por ella se verifique la invasión violenta del; territorio que lleve- las. de perder, y no mediante desembarques- más ó menos- fantásticos y vertigi- jFlabat. El embajaaor español Sr. LJabería, áe uniforme, conversando nosos; que si el invasor es más fuerte, no habrá flota ó dominio del mar en el mundo bas- con el sultán de Marruecos. Formando grupo con ellos, eí intérprete tante á contenerlo ni rechazarlo. El enemigo Sr. Comandari, vestido de frac. T- EMITIDAmp. R. DE entrará siempre por la parte de tierra. Xa historia de todas las penínsulas así lo- demuestra, hecha excepción sólo d- e. Corea, porque su más nes prusianos sobre el ühin. Francia, en zosamente tendría que asistir, rugiendo de coformidable enemigo es- un pueblo insular. Y 1870 71, y Turquía, en 1877- 78, son vencidas raje é impotencia, al desastroso desenvolvicuando una nación sale, yentedora en una de por tierra, á pesar de su enorme superioridad miento de la tragedia terrestre, sin poder ni 1 aun levantar un dedo para cambiar la suerte, aquellas grandes batallas decisivas, para el naval sotre el enemigo. éxito final de. la guerra. no podráumportarle Y así es de esperar acontezca siempre, en opi- hasta que firmada la paz, una orden del Gogran cosa que toda su Armada sea echada á nión- del ilustrado disertante. Supongamos que bierno le 1 (apusiese la retirada á uno de los pique, mientras, que la recíoroca no es absolu- el Ejército italiano, batido en los Alpes, se puertos de Cerdeña. Porque, en general, el poder marítimo penevaya retirando sucesivamente y siempre pertamente verdadera. Weintesiglos de historia, desde Aníbal hasta seguido por su adversario detrás del Poj en tra muy poco en las tierras, y Ib demuestran la hby, enseñan á Italia que sus mayores en emi- Bolonia, ó detrás de los Apeninos hasta los al- impotencia francesa sobre las costas de MaDE NUESTRO CORRESPONSAL ESPEC h EN ROMA rruecos, no obstante tanta exuberancia de cru- ceros y dominio naval, y la absoluta seguridad de los marroquíes á poco que se pongan fuera del alcance de los cañones. En una guerra á la vez terrestre y marítima, el dominio del mar podrá tener siempre una considerable influencia sobre la suerte de ella, é indudablemente como poderoso auxiliarle combate ha de ser siempre útilísimo, pero su influencia ó utilidad en los combates terrestres no pasará de secundaria y subordinada en todo caso. Jamás en ninguno la victoria naval podrá compensar la derrota por tierra. Atenuarla, tal vez; compensarla, nunca. Mientras la recíproca es verda dera. Y no hay para qué ponderar el famoso baluarte alpino y los nevados desfiladeros inaccesibles que nunca han cortado el paso á nadie. Háse visto ya para qué sirven si sus brechas no son obstruidas por numerosos soldados. Combinar, pues, ambos elementos y perseguir con igual ardor la victoria por mar y la victoria por tierra, está bien. Pero entre las dos, la que decidirá de la suerte de Italia en caáo de guerra, será siempre la segunda. Esta es el fin último y definitivo de la pelea, mientras la primera no es sino uno de los medios. Si mañana la península itálica se encontrara en guerra sobre los Alpes y sobre él mar á un mismo tiempo, habría que ver donde se dirigiría con preferencia la triste mirada de la nación. De ahí se sig ue, colígese de todo ello que lo más urgente es asegurar- por todos los medios posibles la eficiencia militar terrestre y subordinar proporci onalmente á ells la naval. Italia y España se l encuentran hoy en tales idénticas condiciones. Toca á los gobernantes resolver el problema de la defensa nacional conforme reclaman las circunstancins de la actual política extranjera, siempre recelosa á través de entrevistas soberanas, tratados y alianzas. L. MONTERO 1 I I a Cooperativa de la Prensa continúa reali zando importantes compras de los artícu los de primera necesidad en los centros pro ductores. Merced á esto mantiene con firmeza sus económicos precios, en tanto que los- demás establecimientos tienen que elevarlos. Como en los meses anteriores, la Cooperativa continúa vendiendo los garbanzos de exquisita cochura y gran tamaño al precio de 1,15, ¡os que se venden en plaza á 1,50; á 1,05 los de 1,20; á 0,98, los de 1,10, y á 0,90, los dé una peseta; la judía legítima del Barco, á 0,75; la lenteja limpia de Castilla, á 0,65, y la francesa, á 0,90; el arroz de la clase más superior que se conoce, á 0,70, y otras clases, á o,6o y 0,55 e? kilo. El aceite, que ha vuelto á elevarse de precio, conserva en la Cooperativa el establecido desde primeros de este mes, ó sea el de la clase más superior, que se vendía á 20 pesetas, á 18 la arroba. Se espera aceite nuevo de la clase corriente que podrá ser más barato. Los chocolates, que en este mes habían teni do un alza grande en los precios, se vuelven s vender como. anteriormente, ó sea: los de Ma tías I, ópez, L, a Colonial y I a España, cuyo COOPERATIVA DE LA PRENSA