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r ü M E R O 91 c ABC. D O M I N G O 1 DE D I C J E M B R E UL 907 OCHO PAGINAS. ¿DJCiON i r AGlNA. La Duma. Primera sesión del Parlamento niéo, en la cual se verificó la elección de presidente. DP NUESTRO ENVIADO EbPEClAL FOr. TRAKPUt- A B C EN PARÍS H E M I S FRIVOLA La justicia francesa ni impresiona ni asusta, y es quizá por esta razón por la qué la criminalidad aumenta aquí que es un gusto. Criminales y malliechores de toda especie se han familiarizado con los señores jueces; abogados y magistrados tratan con tal cortesía á ladrones y estafadores, que no tiene nada de particular que las sagradas funciones del Tribunal s e a n tomadas á broma. Gallay, el amante de la Merelli, que ahora na vuelto á Francia, ha hecho una descripción de la vida del presidiario en La Guyana, que, francamente, leyéndola se le hace á uno A R T I S T A S D E L T E A T R O REAL la boca agua y dan ganas de cometer una barrabasada cualquiera, aunque no sea más que por ir á visitar las colonias penitenciarias. Debe ser encantador el trato que reciben allí los criminales, y se comprende que bajo régimen tan dulce, Gallay se haya sentido poeta y vuelva, ahora con un tomo de versos que no tienen nada que envidiar á tos de nuestros más celebrados modernistas. ¡Estafador y poeta! ¿Para qué quería más Gallay? Apenas llegado á París, ya ha recibido un centenar de amorosas misivas, pidiéndole turno para cuando quede libre, y el amante de la Merelli, que se deja querer comienza á disfrutar las ventajas de la bien ganada celebridad, porque estas anónimas adoradoras que le han salido acompañan sus caii; as de regalos costosos y simpáticos billetes azules, que ayudarán al infeliz poeta á pasarlo menos mal durante su cautiverio. Ya se sabe que nada como el dinero dulcifica los más severos reglamentos interiores de las prisiones. Camila Ikso. Luisa García Rubio. El porvenir no puede presentársele á Ga FOT, C; P, LO? ka, llay más risueño. Cuando dentro de un par de años haya cumplido la pena que los Tri- ¡Oh! Fué mia discusión muy interesante, jer que ganaba más dinero que Valentina, y bunales le impusieron, saldrá á la calle con que apasionó á todo París... Y recientemeh despidió á éste, poniéndola al fresco y hala csurtera bien repleta y se encontrará con te habréis leído los diálogos que sostenían ciéndola un bello dispurso. unaiTepuíación de literato hecha de pronto... madame Cien kilos y é. presidente del Tribu- -Pequeña mía- -debió decirla, -basta de y con un harén, donde no tendrá más que nal, verdaderos torneos en los que ambos in- locuras... Pide perdón á tu marido, ese poesc ger. Periódicos y revistas se disputarán terlocutores rivalizaban en ingenio y espríí... bre Sr. Coussierat, y vuélvete á casa con él, el honor de su firma; marquesas y cocoites se Este Mr. Bertulus, sobre todos sus com- que se alegrará mUcho de verte tan buena y pañeros, goza una reputación envidiable, y tan instruidita... le rifarán... Hubo las inevitables escenas de lágrimas, Y dan ganas de exclamar: ¡Quién fuera basta que se anuncie la vista de una causa presidida por él, para que la sala sé llene de insultos, reproches y desesperados llamacriminal! público elegante y frivolo. Porque Mr. Ber- mientos al pasado venturoso y feliz; pero p o r q u e si ustedes vieran con (ué cortesía, tulus, que no defrauda jamás á los especta- todo fué inútil, porque estos señores mar con qué delicadeza se trata aquí á los mal- tadores, es algo así como el Monnet- SuUy queses que viven á costa de las mujeres, las hechores. El régimen de severidad, de cruel- d e la Cour d Asisses. usan como la ropa, y el día que sacan el dad si se quiere, ese existe también; pero está No es extraño, pues, que habiéndose cristo de la dignidad son inflexibles. reservado solaiaente á los crimiaales vulga- anunciado que Mr. Bertulus las presidiría; Y Valentina, decidida á vengarse del pérres, á los que no cometen más que delitos estén tan concurrí las las sesiones de la vis fido, se puso de acuerdo con dos individuos, úxi importancia... A los Soleilland. á los tá que actualmente se celebra para iuzsar á y Una buena tarde citó al marqués ea la Ta- UUmo, á los Gallay, á éstos se los trata con la delicadeza más exquisita. Días, pasados llegó de Tolón la bella Lison, á fin de celebrar un careo con sa amante, y apenas se encontraron en presencia del juez, cayeron uno en brazos del otro, desarrollándose la más tierna escena que puede imaginarle, mieutras el severo magistrado fingía la rebusca de un papel, para dar así mayor tiempo. á la natiural expansión de UUmo, tantos días separado de su Lisette. Son muy corteses, muy espirituales los modernos magistrados franceses... Recordad si no aquel farnoso discreteo que sostuvieron el juez Bertulus y Esthéracy para dilucidar si en el juego de bacarrac era o no lícito pedir carta teniendo cinco tantos el paño... Valentina Coussierat, la vitriolera que le ha costado un ojo de la cara al marqués de Saint- Legier. Valentina abandonó á su marido por correr detrás del marqués; pero como el marqués no tenía dinero, la concedió magnánimamente permiso para que se las buscara como pudiera, y hombre práctico en esta clase de negocios, la enseñó el camino recto y seguro para llegar hasta el fondo de los bolsillos de los hombres. -Yo le quería tanto- -exclama Valentin a q u e hice to 3o lo que me ordenaba. Si me hubiera mandado arrojarme al Sena de cabeza, lo hubiese hecho. Estas pasiones ciegas son terribles. Pero el marqués encontró un día otra mu- verne Pousset, y ¿e convidó á un vaso vitriolo... El pobre marqués, de result? la convifiada tiene la cara como ntx s carillo y, además, ha perdido un ojo, Ya lo ha dicho el abogado de Saint- I gier esta tarde en la vista: A ¡Madres que tenéis, hijos... ¡Impe que semejanteg mujeres lleguen á er qtt ridasde vuestros retoños, cuando éstos t gan veinte años... Pero yo me figuro lo que podrá decir í nana el abogado de Valentina. j- v, ¡Padres que tenéis hijas... Enseñíiw el recursito del vitriolo para cuando 1 marqueses que las hagan el amor se canse de ellas... sesiones de esta Las lánguidamente, sinvista transcurriría embargo, siti f f ra porque el presidente, el celebrado 1 sieur Bertulus, se encarga. He ameni? Mr. Bertulus interroga finamente; éinéfl ta las contestaciones que se le daii cdn f ses d e delicadeza exquisita, y hombfé is P rimeiitado y conocedor de la vida, saí iá. ducciones que encantan yregoc aíííal ffii torio. No, Mr. Bertulus no defr 8 udajaaSHá fí su público. áW í H o y preguntaba á Valentina: S C u a n d o el señor marqués la r e t í S que s e dedicara usted á la vida g ántfli ¿4 -de la llevó? Valentina respondió: T -El primer lugar adonde me l l e v ó 4? Palais de Glace. C- f Y el saleroso magistrado se apre W! observar: ¡Oh, madame! ¡Para ser la primera i os aventurabais en un terreno ¿f escí dizo... Más tarde, cuando Valentina, angústi da, refería el tormento de los celO (SqÜela voiraban, Mr. Bertulus, poniendo los ojoS blanco, exclamó: ¡La mayor prueba de amor que UO amante puede damos es sentirse celosa... En España no toleraríamosun juezicofl Mr. Bertulus, ¿no es cierto? Y, Jvais coio prendiendo ahora por qué en Pai 5 s va el P blico elegante á la vista de una causa cei bre como se va á la primera representaeto de una obra sensacional, y por qué la J i cia aquí ni impresiona ni asusta á crimí les y malhechores? ni En el pais de la frivolidad es natu que hasta la severa Themis envaine el m doble, se recoja la túnica para lucir 1 P torrilla y nos resulte esto... Una Thefflisir vola... JOSÉ JUAN Parí Noviembre CADENAS.