Patrocinado Por:

Volver

Resultados de la búsqueda

Resultados para
N U M E R O 897 A B C. L U N E S 18 D E N O V I E M B R E D E 1907. OCHO PAGINAS. EDICIÓN i. PAGINA 3 EL CRIMEN DE LA CALLE DEL CALVARIO Carmen Alonso Marchante (víctima) E L DÍA D E AYER Remedios Nadal Alonso (víctima) Retiróse el juez saliente á su domicilio, y dos horas más tarde se constitituyó de nuevo en la Casa de Canónigos, por corresponderle la instrucción de esta causa, que pertenece al distrito del Hospital. Después de tomar algunas declaraciones a algunas personas de la familia y á varios amigos de las víctima, y como la Policía no diera señales de vida, el Sr. Lujan hizo comparecer al comisario del Hospital, Sr. Morales, para que le diese cuenta de las gestiones practicadas para la captura del asesino. Bl comisario contestó que las pesquisas practicadas hasta entonces habían resultado infructuosas. DOS TESTIGOS PRESENCIALES A las cinco de la mañana y conducido por una pareja de guardias de Seguridad, llegó al Juzgado de guardia el niño Gregorio Moya, de ocho años, y vecino de la casa de la víctima. Fue necesario que el juez, Sr. Lujan, lograse desvanecer el miedo de que el niño se hallaba poseído, al encontrarse en un lugar para él totalmente desconocido. Ya más calmado, el juez le hizo sentar á su lado, y Gregorio dijo que hallándose á las siete de la tarde jugando con Pepito Nadal, hijo y hermano, respectivamente, de las víctimas, oyó gritos en la calle del Calvario. Corrieron ambos á enterarse de lo que ocurría, y vieron asombrados que su hermana Remedios yacía: tendida en el suelo sin movimiento alguno, y su madre acababa de caer, iando un grito angustioso. Pepe aéercóse á Carmen, y ésta entonces, aunque sólo le quedaba un soplo de vida, al reconocer á su hijo exclamó: jHij... Y no pudo decir más, porque la muerte no le permitió terminar aquella angustiosa exclamación. Cuando Tiburcio vio á Pepe le amenazó, y tanto éste como el declarante, huyeron despavoridos ante la fiera actitud del criminal. Pepe subió á su casa á buscar á su hermano mayor; pero éste no se hallaba en ella. LA HERMANA DE TIBURCIO Terminada la declaración del niño Gregorio Moya, compareció ante el juez Tomasa Zarzuela, una joven de veintiún años, hermana de Tiburcio y de profesión planchadora, con domicilio en la calle de Santa Ana, núm. 12. Largo y minucioso fue el interrogatorio á que se vio sometida Tomasa, y nada de lo que dijo ha llegado hasta nosotros. Comenzaba á alborear cuando Tomasa, acompañada por un guardia de Orden público, salía de la Casa de Canónigos. Nos acercamos á ella con la timidez propia del caso, y ella no tuvo inconveniente en contestar á algunas de nuestras preguntas, manteniéndose siempre en la reserva y discreción que las circunstancias le aconsejaban. Díjonos que su hermano había sido siempre un excelente muchacho, honrado, trabajador; que había vivido en compañía de su padre hasta hace tres meses, en una casa de la calle de Caravaca. Añadió que ella tenía la creencia de que su ñermano había tenido relaciones con la viuda de Nadal. Añrmó Tomasa que su hermano llegó á eétar verdaderamente enamorado de Carmen, á la que, en muchas ocasiones, propuso santificar con el matrimonio aquellos amores; pero que ella se opuso siempre á tales demandas, fundándose en que no quería dar ese disgusto á sus hijos. A juicio de Tomasa, Tiburcio estaba celoso de un individuo apellidado Roca, al que el despechado amante retó en varias ocasiones, sin que aquél acudiese al terreno á que se le llamaba. Como consecuencia de esto, Carmen y Tiburcio sostuvieron algunos altercados que terminaron en la Comisaría del distrito, primero, y en el Juzgado municipal, después, saliendo Tibureio condenado á la multa y costas consiguientes. Después, Tiburcio tuvo amores con una tal Luisa Albo, que vivía en la calle de la Arganzuela, núm. 33. Al llegar á la- plaza del Rey nos despedimos de Tomasa, que triste y llorosa continuó su camino por las solitarias calles de la corte, con dirección á su domicilio y siempre acompañada por el guardia. ALGO DE HISTORIA Merecen consignarse ciertos detalles que pintan el carácter del asesino de las infortunadas Carmen y Remedios. Seguidamente penetró en el despacho del juez una vecina de la casa, llamada Angeles Moya, que hallándose en la esquina de la calle del Calvario, en unión de su amiga Consuelo Serrano, declara h a b e r oído alguna? voces. Adelantóse algunos pasos para enterarse de lo que ocurría, y vio que un hombre levantó el brazo armado con un cuchillo de los llamados de monte, y descargó un terrible golpe en el pecho de una de las mujeres, la que se hallaba más próxima á la acera. La agredida llevóse ambas manos al sitio donde recibió el golpe, y cayó desplomada en tierra, lanzando un agudo grito. Después dirigióse á la otra mujer y, dándole un fuerte empellón, la hizo caer en el suelo, y entonces la descargó la cuchillada que la quite la vida, dejándole el arma clavada. Angeles dice que Tiburcio, una vez cometido el doble asesinato, echó á andar pasando bien cerca de ella que, creyendo que iba á agredirla y poseída de un terror invencible, se tapó la cara con las manos. Esta declaración concuerda con la que prestaron los niños Gregorio Moya y José Nadal. También dijo Ja declarante que oyó decir á Tiburcio al niño José, cuando le vio: ¡Si no te callas, te mato! Y dicho esto, desapareció. EL MORDISCO El criminal Tiburcio Zarzuela del Pozo (a) Hojalata Hallábanse una tarde conversando en la puerta de una tienda de ultramarinos de la calle de la Cava Baja el dueño del establecimiento, y un agente de Vigilancia del distrito de la Latina. De pronto sintieron voces de riña y. el ruido seco y contundente de una bofetada. Volviéronse ambos interlocutores y vieron que un hombre y una mujer, que eran Tiburcio y Carmen, áostenían un altercado. Tiburcio fue conducido á la Delegación, y el capitán, Sr. Araguas, ordenó que aquél fuese puesto á disposición del Juzgado municipal correspondiente. Cuando Tiburcio fue conducido á la Prevención, había en ella unos cuantos detenidos, y cuando el guardia encargado de conducirles al Juzgado les pasaba lista por los nombres que figuraban en los atestados, Tiburcio, que no iba incluido en ella, contestó por otro, colocándose en la ñla. Salieron, y apenas se vio en la calle, desapareció. Bl capitán Aragón encomendó la busca y captura del fugado al agente García, un o de los de su mayor confianza para servicios de cierta responsabilidad, y cuando el agente lanzóse á la ventura eu pos del fugitivo, le vio por la calle de las Tabernillas, en dirección á la de las Aguas, en la cual entró en un establecimiento de bebidas. Penetró el agente, y pidió que le sirviesen una copa de aguardiente. Viole Tíburcio, que estaba sentado junto al mostrador, y le dijo: -Me parece á mí que usted no viene á beber aguardiente. ¡Puede! -contestó García. -Usted viene por mí; pero creo va á ser muy difícil, porque como no sea en pedazos, no me lleva usted á la delega. ¡Tú lo has dicho! -le replicó García, y poniéndole el cañón de un revólver á dos dedos de la frente, le dijo: ¡Como te muevas, te abraso! Ante aquella argumentación, Tiburcio se entregó, siendo conducido á la Delegación. MAS DILIGENCIAS A las diez de la mañana de ayer constituyóse el Juzgado de guardia en la calle del Calvario, donde la noche antes se había cometido el crimen. En el suelo y frente á la casa. núm. 6, había grandes manchas de sangre y salpicaduras en la pared. Parece comprobado que Tiburcio acometió primero á Remedios y luego á Carmen, cuando ésta pretendió, aunque en. vano, auxiliar á su hija. De donde parece deducirse que el criminal iba resuelto á consumar el doble asesinato. POR LA TARDE A las doce hizo entrega de la guardia el señor. I uján. al juez de la Inclusa, Sr. Cubillo. En nuestro Húmero anterior, y ateniéndonos á las referencias de los primeros momentos, siempre confusas y contradictorias, dijimos qua Tiburcio había sufrido condena por haber arrancado la nariz á uno con quien riñó. Todo era exacto, salvo que la víctima de aquel terrible mordisco fue la que entonces era su amante, Luisa Albo, y de la cual hablamos anteriormente. Luisa Albo ha sido citada á comparecer ante el juez; pero no pudo presentarse por no hallarse en su domicilio cuando se la llevó la citación. Declarará hoy. LA POLICÍA Por el interés que este triste suceso ha despertado y por los enérgicos requerimientos del digno y activo juez instructor, la Policía se ha puesto en movimiento, recorriendo todos aquellos sitios de ordinario frecuentados por Tiburcio, y aquellos otros donde se reúne la gente maleante. Guardias vestidos de paisano recarrieron las Peñuelas, los Cuatro Caminos, la China, la Manigua y otros puntos. La batida terminó con el día y se repitió durante la noche. También fue visitado el Parador de Santa Casilda, en la Ronda de Toledo, que era muy frecuentado por Tiburcio. UN HOJALATA FALSO Parece que en el distrito de la Universidad hay un joven de oficio hojalatero, que es también conocido por el apodo de Hojalata. Como media, además, la circunstancia de que algunas de sus señas personales coinciden con las del asesino, se presentó espontánea.