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NUMERO 890 A B C LUNES ii DE NOVIEMBRE DE 1907 OCHO PAGINAS. EDICIÓN PAGINA 6 DESDE POMA El telégrafo os a n u n c i ó días atrás la salida del ministro de Francia, inonsieur Regnaul, para Rabat, á fin de celebrar un coloquio definitivo con el sultán Abd- elAziz. Hoy toda la cuestión marroquí, decíame un jefe de Negociado en el ministerio del Exterior, se reduce á estos- simplicísimos términos: O el sultán Abd- el- Apiz induce á Francia á retirarse de la ocupación de Uxda y Casablanca, y logrará mantener su Imperio y restituir la paz á su país, ó no lo alcanza, y en este caso, Marruecos, tierra donde el más siervo de los esclavos quiere la independencia de su país, repudiará al débil y afeminado sultán Abd- elAziz y se volverá á su hermano Muley Haf id, como á su salvador. Así nacerá por producción espontánea la guerra civil, y la cuestión se complicará para resolverse quién sabe cuándo í y cómo, mayormente cuando Francia y Espa- ña habrían fracasado en su difícil cometido, aceptado en Algeciras, de organizar la Policía y restablecer el orden en el Imperio rifeño. Por 1 esto, mientras Regnaul se dirigía á Rabat, el sultán Abd- el- Aziz encontraba su fuerza de musulmán y formulaba su desiderátum para que el ministro francés no le sorprendiera impreparado y sin saber á punto fijo lo que quiere. Este desiderátum se resume así: que Francia l, es libre ele la ocupación, que se vaya, y los marroquíes pagarán la indemnización de lo daños y de los gastos de la expedición seini- IIALIA EN MARRUECOS guerrera; A este fin, añadíame mí diplomático interlocutor, el sultán Abd- el- Aziz contraerá un empréstito de 10 millones y pagará en contante. á Francia el rescate de la ocupación. Con que la guerra civil- -y tal vez no solamente ésta- -en Marruecos dependerá del hecho de que Francia rnantega ó no su ocupación... En otros tiempos se podría apostar que Francia hubiera aplicado los métodos seguidos en Argelia con Abdel- Kader el Santo, y en Túnez con un bey corrompido y tonto; pero hoy aquel sistema parece algo anticuado y nada práctico. Por lo menos, todo induce á creer que los inuisumanes, puestos á pesar suyo, al contacto de la civilización europea, acaben por seguir y perfeccionarse en sus métodos, siquiera no presten fe ni simpatía á los progresos de aquella civilización. El Sr. Renault ha ido á ofrecer al Sultán nú- mero uno el patrocinio de Francia; pero los subditos marroquíes no confían gran cosa en él, y luego que ven en Muley Hafid á su único salvador... Y no se necesita más para pronosticar poco éxito á la. misión del ministro francés. Y entretanto, ¿qué ha hecho Italia en esta eno, josa cuestión de Marruecos, que tiene preocupadas á las Potencias? -SI protocolo de Algeciras dio á Francia 3 7 España el espinoso mandato de la Policía, é Italia ha respetado tanto el acuerdo estipulado en Andalucía, que se ha abstenido hasta de enviar una nave á Marruecos para tutelar las vidas y haciendas de sus subditos allí residentes. La protección era asunto de los franceses y los españoles, delegados á este fin por las Potencias de Europa y con pleno consentimiento; conque allá se las entendieran ellos. Italia, pues, se ha desinteresado; lo mismo iia hecho Inglaterra y aun Alemania, al menos oficialmente. De esta manera, la diplomacia europea ha parodiado lo de la fábula de la zarpa del gato para sacar del fuego la castaña tostada. O Francia y España logran renovar y mantener el orden cumpliendo así el mandato que se les confiara en Algeciras, ó no llegan á tanto, y entonces Europa volverá á tener derecho de intervención en el asunto. Que si. en tan y vanos excrarricos. Si las arcas públicas están exhautas, Abd- el- Aziz puede empeñar parte de sus joyas y se encontrará luego dinero... Abd- el- Aziz posee más de cien millones en alhajas de su exclusiva propiedad, á más de otros stok de brillantes, piedras preciosas y oro, herencia de su padre y abuelos. El lleva mandados cerca de 20 millones á París, pidiendo un empréstito de 10 millones con garantía, y en París ó en otro punto el negocio 1 se concluirá. Las bellas odaliscas no se verán, por este sa, crificio, privadas de sus adornos. Quedan todavía los suficientes para coronar sus cabellos, para calentar sus senos juveniles y para ceñir sus pechos y piernas. Ni tampoco por esto el Sultán renunciará al collar de perlas que tiene ¡entre los dedos para desgranar sus lentejuelas 1 como las devotas el rosario; collar que le fue vendido por un joyero italiano en 125.000 liras. Las seis mancebas que le eircundan mientras come para alejar de su sagrado semblante, con largos abanicos de plumas de avestruz, la mo! lestia de las moscas y mosquitos, no deberán dejar sus resplandecientes diademas; y las dan ¡zadoras no verán enroobrecerse las cadenas de i rubíes y esmeraldas que levantan en lánguidos movimientos, al compás de una música rebla n, decida entre aterciopeladas y sed sas alfom, bras. Hay todavía agua bajo los puentes y te 1 soros en las arcas del Sultán. Y luego, cuando ocurra, se podrá echar mano de las innumerables y colosales riquezas de los potentad s de- Marruecos, de aquellos que hace siglos lo saquean para enriquecerse inverosímilmente. Pero ¿se podrá hacer esto? Mejor, ¿se querrá? Todo esto por lo. que atañe á la cuestión material del dinero sonante y contante. Mas cabe ia duda de que Francia se contente con esta miseria, si verdaderamente, como se supone en algunos círculos diplomáticos, acaricia ella el proyecto de expansión. Obstinándose Francia en este empeño, hoy por hoy sería, difícil prever á cuales riesgos podría ella exponerse. Por esto, termina el ilustre agente consular, la prudente y severa política de la abstención bien calculada que Italia está siguiendo, no será nunca bastante alabada, como la más á propósito para no comprometer nada y la menos audaz y peligrosa. L. MONTERO Incencbo formidable 1 QU 1 QUE (CHILE) I O N n violento incendio ha destruido casi sor completo siete barrios de esta poblacíós. Han quedado sin hogar más de 2.000 personas. París. La Exposición anual de crisantemos. Instalación que ha obtenido OT. ROÍ, y c el premio de honor. a ABC Publicará mañana su interesante extraordinario de modas LA MUJ ER Y LA CASA, dedicado á Jas señoras. CINCO CÉNTIMOS EN TODA ESPAÑA cambio, con buen ó mal éxito, por premio ó castigo, uno de los dos países polizontes intentara aprovecharse de su posición para hacer definitiva y extensible una ocupación territorial, entonces los Estados hasta aquí neutrales, se presentarán á dar el alto é impedir que lospolizontes se extralimiten en las instrucciones recibidas. Por ahora, contitíúa mi autorizado confidente, es grato notar que Italia con Inglaterra y Alemania observa con sincera escrupulosidad el tratado da Algeciras. Mas esta actitud de Italia y de las otras Potencias puede que desagrade á Marrecos, el cual quisiera una positi- va acción de hostilidad contra la ocupación francesa de Casablanca y de Uxda. Pero esto no puede ser, y el ministro de Estado, Tittoni, procede de perfecto acuerdo con los Gabinetes de Berlín y de Londres. Política honesta, sincera, previsora, prudente, ¿qué puede más desearse? Y como mot de la fin, un agente consular italiano, recién venido de Tánger, me narraba anoche que Abd- el- Aziz trata de procurarse dinero para rescatar las regiones ocupadas por las armas francesas. Marruecos, se dice, no tiene oro... será así respecto al país; pero no con relación al Sul- BIBLIOTECA DE A B C 186 LA CASA DEL CRIMEN 187 La canción había concluido, y la comida, empezada hacía algunas horas, también Abandonaron todos el emparrado y se internaron por las calles del jardín, donde no hemos de seguirles. Enrique, pensativo y presa de una extraña emoción, emorendió de nuevo el camino hacia el chalet. Al día siguiente, Enrique salía en uno de los primeros trenes á París. El portero del teatro de Variedades, seducido por el brillo irresistible de ana moneda de oro, diio al ioven sin dificultad alguna dónde tenía su domicilio la señora Enrique se presento en él á las dos de la tarde y hacía que entregaran á la- actriz su tarjeta. La puerta de Pamela se cerraba sólo á los acreedores, jua comediante hacía del escenario mera antesala de su tocador, y era preciso que estuviese el templo abierto sin cesar á los fieles que iban á presentar sus votos y sus ofrendas á la divinidad del templo. Enrique fue recibido. Ocultó á Pamela que la había visto por primera vez en Maisons- Laffitte lá tarde del día anterior, é improvisó una historieta muy, verosímil, con el fin de convencerla de que hacía mucho tiempo que pertenecía al número de sus adoradores. La comedianta escuchó con agrado la novela, y al acabar de contarla Enrique, respondió sonriendo: -Muy bien, caballero, adoradme: no hay en ello inconveniente. -Ya os adoro; pero ¿y vos? ¿Cómo yo? ¿Me amaréis también? -Lo ignoro; pero ¿por qué no? Creo que todo depende d e vos. Haceos amar. Para hacerse amar de Pamela existía un método senéillísimo. y que siempre daba resultado: el que Júpiter, rey de los dioses y de los hombres, empleó con la joven Danae: el de transformarse en lluvia de oro. Puso en practica el procedimiento olímpicodel marido de. Juno y no tuvo, que arrepentirse. Cuatro días después tenía la alegría y el orgullo de- compartir con media docena de rivales los favores de la Srta. Pamela. ¡Incomprensible corazón humano! Enrique, poseedor del más adorable y más amante de todos los ángeles, le olvidaba por una mujer cuyo amor ó cuyas caricias eran del que quería pagarlos. Trastornado por la espléndida y provocativa belleza de Pamela, no- vio desde entonces sino con suprema indiferencia los encantos puros de Margarita. ¡Así es el mundo! Dominad por su nueva pasión, pasaba la mayor parte del tiempo en París. Domingo refirió, al principio de esta narración, el triste aislamiento de la joven. Sin embargo, por la noche Enrique regresaba al chalet de las Lilas; pero para volver al día siguiente por la mañana a l a gran ciudad, donde permanecía durante el día entero. En esta, época fue cuando Margarita escribió diariamente los tristes pensamientos que le asediaban y los más insignificantes pormenores de su vida solitaria. Lloraba incesantemente. Cuando llegaba la noche y se acercaba la hora en que acostumbraba á regresar Enrique, se enjugaba los ojos y bañaba en agua helada su rostro para borrar toda huella de llanto. Tenía el valor sublime de acoger á su amante con la sonrisa en los labios y de no preguntarle jamás nada, para evitarle el rubor dé una mentira. Durante las largas horas de triste abatimiento, decía con frecuencia á í u galguita: -Gibby, sólo me quedas tú. ¿Me serás siempre fiel? ¿No te apartarás nunca de mí? Otras veces, inclinando la cabeza, murmuraba co n sombría resignación: ¡Es justo, después de todo! No tengo derecho aquejarme: la pena del Talión es legítima. He engañado y se me engaña. He abandonado y se me abandona. He destrozado un corazón que me amaba, y mi amante destroza el mío. ¡Dios -lo quiere! ¡Empieza la expiación. ¡Dónde concluirá! Un día Margarita tuvo una especie de acceso de delirio. Rápidamente, y con mano temblorosa por la fiebre, escribió en una hoja de papel algunas líneas. Dobló la hoja, la metió en un sobre y escribió en éste: Señor comandante conde de Ferny, -en Vesoul. Y salió, después de haberse cubierto el rastro, como de costumbre, con un tupido velo, con objeto ¿e dejar ella misma la carta en el Correo XXV o etrocedamos algunos me ses y abandonemos á Margarita, para reunimos al comandante en el momento de entrar en su casa, al día siguiente de la s u p u e s t a partida de Enrique Varner. ¡Margarita! -exclamó desde el principio de la escalera, -he hecho una gran pesca. ¡Una anguila y tres pértigas! Si el pobre EnrieLueestuviese aún aquí, vería que he aprovechado bien sus lecciones. ¡Ven y verás!