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NUMERO 886 A B C JUEVES 7 DE NOVIEMBRE DE 1907. OCHO PAGINAS. EDICIÓN 1. PAGINA 6 cia, más eficaz que nuestras declamaciones para la venta de los cuadros se dirigió á la Acade- los ofreciese en venta al Estado, y que esas allevantar esa protesta, y es la forma material mia de Bellas Artes de San Fernando para que tada la Academia, no dejaría de dar al efecto con que, según se ha dicho, fueron arrancadas si ésta pensaba adquirirlos le hiciera preposi- su dictamen favorable, nue yo ¿poyaría, siendo de Toledo muchas joyas artísticas. Si esa ven- ciones éste el único apoyo que p lía prestar. ta era legal, ¿por qué sacar lo comprado de no Bscribí, añadió, á los dos secretarios ae Después de esta contestación mía, que no Pocas veces se ha manifestado por modo más- che y en automóvil? ¿Quién era el despojado la Academia... el Sr. Serrano Fatigati y el se- debo dudar le sería comuuicada al señor conde terminante y vivo un movimiento de opinión que no debía enterarse? La- nación, sin duda ñor Mélida... y ninguno de los dos me contestó. de Guendulain, es extraño diga éste no habercomo el ahora suscitado por la venta de dos alguna. Consideré, pues, que la Academia no quería ni la recibido; más extraño aún que él, en su calicuadros del Greco, pertenecientes á la capilla No nos incumbe la cuestión legal. En las Cá- apreciaba los cuadros, y entonces obré con in- dad de académico correspondiente, no se diride San José de Toledo. La protesta ha sido ge- maras personas ilustres y de competencia y dependencia. giese directamente á la Academia (en la que, neral. En la Pre sa, en las Cámaras, donde an- autoridad en la materia han demostrado que Esto ha dicho en el Senado el señor conde de dicho sea de paso, yo no ejerzo cargo de setes no parecía quererse prestar seria atención esos cuadros no podían ser vendidos, porque Guendulain, y en contestación debo decir que, cretario) si algo tenía que manifestar, y que á estas cosas; en las Academias y Centros de- no son de la propiedad particular del patrono. en efecto, hará pronto un año se presentó en en conclusión, ya que tan cierto estaba de ser fensores de los interés, ss artístico- histórico na- 1,0 ha dicho con soberana elocuencia el señor mi casa el señor cura de San José, de Toledo, propietario absoluto de esos lienzos, no propucionales, se han levansiera la adquisición al tado voces de indig obierno, nunca á la nación y clamores por Academia, que no que sea dictada una compra cuadros, y culey que ponga al amyo criterio, ya maniparo de los poderes festado en repetidas públicos nuestro tesoocasiones. habíade ser ro artístico. siempre el impedir salieran de España las Esa opinión, que hoy obras de arte. por dicha existe y se revela tan de súbito, La necesidad de una ha tardado en formarley que ponga término se. Antes éramos unos á este estado de cosas, pocos, que podíamos protegiendo la conserpasar por extraviados vación del tesoro arutopistas, los que letístico nacional, se ha vantábamos hasta el e v i d e n c i a d o de tal cielo nuestras voces, suerte, la piden y recada vez que un nueclaman con tales arguvo despojo mermaba mentos cuantas persoel valor de ese tesoro nas se han dolido del hecho indicado, que la en el que está todo lo ley habrá de ser dictaque fuimos, la gloria da. Pero es el caso que nacional, y los que diesa ley ya existe, inrigíamos nuestros clacumplida, como mumores al Gobierno chas. La dictó primep a r a q u e cumpliera remente Carlos IV, por su sagrada misión de resolución de 24 de conservarlo. -Pero al Marzo de 1802, confifin, y sin duda porque riendo á la Academia nuestras voces han de la Historia la alta hallado eco en el painspección de las antitriotismo, que aunque güedades, y mandanlentamente, despierta, do á ios descubridores la nación se ha ido de ellas y á las autorip e r c a t a n d o de que dades eclesiásticas que mientras ella dormilas custodian, dieran taba ó se afanaba en conocimiento de ellas salir d e l hoy apreá la Corporación para miante le quitaban lo prevenir toda pérdida suyo, que representa y así poder ejercitar el el ayer dorado y mederecho de t a n t e o morable; que todo eso Dictó otra disposición que le quitaban y le más explícita la Reina quitan es sagrado porgobernadora en 28 de que pertenece á la His Abril de 183 prohitoria; y al lado de esbiendo la salida de la tos sentimientos legípenínsula de pinturas, timos y por sugestión libros y manuscritos de ellos- mismos, en virtud del enlace exis- Una escena del segundo acto de La incógnita de Vital Aza, estrenada anoche en el teatro de la Comedia. antiguos, y la confirmó y aplicó con todo rigor tente, y no tan sutil Juanita (Srta. Oria) Rosa (Srta. Pérez de Vargas) F O en 20 de Agosto de como parece, entre lo 1838, con motivo de ideal y lo real, ha despertado la idea de que la conservación de esos obispo de Madrid- Alcalá, afirmando que son portador de una carta del señor conde de Guen- una colección de pinturas que quería sacar del restos y testimonios de pasadas edades no la de la Iglesia y en ella inalienables; lo ha dicho dulain, en la que refiriéndose á los títulos de reino una embajadora de Inglaterra. Aún exisimpone tan sólo el sentimiento patrio, la piedad el Sr. Azcárate, después de conocer las cláusu- propiedad (que su comisionado traía para en- ten disposiciones posteriores en idéntico senfilial, pues que hijos del ayer somos, la religión las de fundación de la dicha capilla, de las que señármelos) rogaba que, enterado de ellos, no tido. de ía Historia; la aconseja el patriotismo utili- no se deduce fueran los cuadros de propiedad nos opusiéramos en la Academia á sus fines y ¿Se hará una ley más que quedará incumtario y práctico, pues que si conservamos ese privada; lo ha dicho el Sr. Tormo, demostran- le ayudásemos á realizarlos. plida? tesoro, á conocerlo vendrán de fuera, con lo do que pertenecen al culto. José, No entraremos hoy á cual, y como sucede en otros países, de los ex- Contra esas afirmaciones ha levantado su deMi contestación al señor cura de San á ver delicado de la cuestión, ventilar el punto más Toledo, fue bien explícita: me que es el de la propietraños será la admiración y nr. estro el prove- voz, en propia defensa, el patrono vendedor de aquellos documentos que trataba negué de mostrar- dad particular, respetable; pero que la cho. Estas y otras muchas consideraciones ha- los cuadros, señor conde de Guendulain, el me, pues que no creyendo yo en lo tocante á ley no podrá nisiempre confundir con el comerdeberá cíamoslas antes unos pocos, hoy son del domi- cual, tratando de hacer historia de sus propósi- bienes de las iglesias en otro propietario que cio de antigüedades, que es lo que pide limitanio público é inspiran el movimiento de la opino habían de ciones. Y las minas explouna nión, indignada por la dicha causa y del cual tos, ha dicho y sincosa que no puede dejar sin la nación, díjele, pues, que convencerme de lo tadas por si se atiende á que antigüedades son yo no entraba para los mercaderes de rectificación protesta el autor de estas lí- contrario; nos congratulamos. derecho, pero si tan neas. Deseoso el señor conde de Guendulain de Ha habido un hecho, por su muda elocuen- justificar sus actos, dice que antes de formalizar nada en la cuestión de creía el patrono, que las iglesias, parece que la ley prohibitiva más dueño de esos cuadros se eficaz no ha de hacerse en las Cámaras ni di- 1 OS GRECOS PERDIDOS Y L O QUE PUEDE PERDERSE. B 1 BLIOTECA DE A B C 178 LA CASA DEL CRIMEN 179 -En la silla de posta. -Ve en su busca. Cuando vuelvas en su compañía saldré por la escalera interior. Algunos minutos después de este corto diálogo, Margarita, rendida de fatiga, entraba en la habitación cedida á Enrique Varner XX 11 permanecer en París era imposible. f Enrique no consideraba probable que el Sr. de Fersy diese parte á la Policía para que fuera detenido el raptor de su mujer y su mujer misma; sin embargo, esta hipótesis no era del todo admisible, y además era preciso prevenirse contra todo. Si se habían hecho pesquisas, éstas debían empezar por París. Estableciéndose, por el contrario, en lod alrededores de la gran ciudad, y eligiendo uno de los sitios donde es grande la afluencia de parisienses y donde, no obstante, es fácil vivir en un completo aislamiento, evitando presentarse en público, desaparecía toda eventualidad peligrosa Enrique tomó en seguida su resolución. Amaba tanto á Margarita, que la soledad en su compañía no le asustaba. Años antes había permanecido en Maisons- Laffitte un día, y conservaba un grato recuerdo del parque y de la colonia. Una mañana se dirigió á la estación de la calle de Amsterdam y tomó un Dillete para la estación de Maisons. En. la Introducción de este libro hemos oído referir al guarda Dommgo los detalles de su primera entrevista con Enrique y la manera como se llevó á efecto el arrendamiento del chalet de las Lilas. Hemos asistido con él á la instalación de Enrique y Margarita. Es inútil volver sobre hechos conocidos ya de nuestros lectores. Cuando los dos amantes tomaron posesión de su encantador retiro, vivieron en él apartados de todo género de relaciones, y á nadie, excepción hecha de la criada proporcionada por Domingo, y Domingo mismo. le fue abierta la verja del chalet de las Juilas. Enrique sabía por experiencia que un secreto sólo puede serlo cuando es conocido únicamente de aquéllos á quienes interesa de un modo inmediato y directo: así es que á nadie había dado parte de su instalación en Maisons. Sus amigos, y tenía muchos en París, ignoraban todos, absolutamente todos, que vivía allí. Siempre que por casualidad hablaban de él, decían que debía haber emprendido na largo viaje. Nadie, á decir verdad, concedía gran importancia a l a desaparición del joven, y esta se explica. Los amigos en París son indiferentes que prodigas por doquier iguales afectos, y, por otra parte, muy ocupados en el torbellino que los arrastra para acordarse áe estas auseiacias. Los parientes hubieran mostrado mayor interés, taero Enrique no tenía familia. Y ya es ocasión de decir algo respecto del nacimiento de Enrique y de su educación. Veintisiete ó veintiocho años antes de la época en que nuestro héroe, procedente de Plombiéres, llegaba en una diligencia á Vesoul, había en el teatro de Los Panoramas, en París, una cómica conocida en los carteles con el nombre de Florina. Esta actriz, dama joven, era muy bonita y gozaba de excelente reputación. Su nombre de Florina era un seudónimo de teatro: su verdadero nombre era el de Rosa Varner. Era grande el asombro de todos al ver que Florina rechazaba las grandes proposiciones que se le hacían, y que aumentaban en razón del desdén con que eran acogidas. El asombro tuvo su límite. J Llegó un día en que Florina tropezó, lo mismo que sus compañeras de teatro de Los Panoramas; sólo que no había perdido nada por esperar. Su primer amante, ó al menos el que, con razón ó sin ella, fue considerado como tal, era un hombre de notable belleza y dueño de una inmensa fortuna: un inglés, un gran señor, lord Enrique Fitz- Herald. Prendado y celoso de la actriz, lord Enrique Fitz- Herald exigió á Florina que abandonase el teatro. Respetó ella, no sin pesar, la voluntad de su amante, el cual, para, demostrar su sumisión y recompensar la gloria que le sacrificaba, la rodeó de toda suerte de consideraciones y de un lujo inusitado. Florina, ó mejor dicho, Rosa Varner, quedó encinta y dio á luz un niño que recibió el nombre de Enrique. La paternidad aumentó el amor del joven lord; pensó en reconocer ásu hijo; aún más, en legitimarle, contrayendo matrimonio con la madre y hacierfdo de la dama joven del teatro Los Panoramas la mujer de un par de Inglaterra. Deseoso de realizar su proyecto sin indisponerse con los individuos de su familia, hizo un viaje á Inglaterra con objeto de prepararlos para el matrimonio que había resuelto, y que todos aquellos ilustres personajes no podrían menos de considerar como un enlace imperdonable. Proponíase citar tantos ejemplos de uniones semejantes entre los miembros de la alta aristocracia de los tres reinos, que no dudaba conseguir que participaran de su opinión en el asunto y que transigieran con el matrimonio. Pero lord Enrique no debía volver París, ni ver á Rosina ni á su hijo. Sorprendido por una de esas terribles enfermedades que se apoderan de un ¿ombre lleno de salud y vigoroso y que le matan én algunos días, á pesar de los esfuerzos de la naturaleza y los recursos de la ciencia, Enrique comprendió que iba á morir, y no tuvo sino el tiempo necesario para dictar un testamento en regla, por el cual legaba un millón á Rosina y quinientos mil francos al niño que acababa de nacer. Una de las cláusulas del testamento estipulaba que hasta la mayor eáad del niño la madre no podía tocar mi al capital ni á los intereses de esta última suma. El rest de la fortuna inmensa del joven lord iba á parar á sus herederos atúrales. Al tener Rosina noticia de la muer, te de Enrique, lloró; gero cerno supo- i. la