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NUMERO 885 A B C. MIÉRCOLES 6 DE NOVIEMBRE E 1907. OCHO PAGINAS. EDICIÓN El señor cura se estaba revistiendo con los ornamentos sagrados, cuando la enamorada BARA pa eja se presentó en la sacristía. POR- ¿El señor cura? -preguntó el joven. QOY CJAÍa COA Contestó afirmativamente el sacerdote, y enLEZ ELC 1 ERRE torces, cogiéndose los novios de la, 3 manos, prc guntó él á eila rápidanente: Perverso- ¿Me quieres por esposo? sír 81,1o- -0,20 El buen cura, asustado, lo veía y mi lo creía. b 2,9 u- 0,80- ¡Yo no he oído nada! -gritaba, á la vez que 8i,4 u -0,o U 84 escapaba de la estancia corriendo por los pasillos. Í 01,lo ¡lJl, 2o Repitiéronse los novios la pregunta y la respuesta; confirmó de nuevo el cura su nega 100,20 tiva, y así recorrieron varias dependencias del- -1 99,23+ 0,25 templo. Al fin, al ruido y á las voces acudieron el sacristán, los monaguillos y algunos sacerdotes 453 más, apaciguando á los jóvenes y avisando a l a Comisaría correspondiente. 112,25 i 4- 0,25 3 os fracasados esposos, que estaban inconsoiOd- 1,50 lables, y los testigos que previamente llevaban, fueron conducidos al Juzgado de guardia. 101 1 75 28,39 0,03 PAGINA 5 IO1 COTIZACIÓN- ES DE 3 PASAR EL MEL 3 TON GONZÁ- Interior, al contado, Serio F- -en líete íes sanes id Interior, ñn corriente id Interior, hn nroximo 1 Amortiza oís, Soné 3- -o í alicientes serios. -C i petas Obligaciones del i e r o Ayuntamiento do 3 jdua. Resultas. -Expt opiaciones do! míerioi- -Cédulas del ensañóle ObligacionasaelaDipataciOii Madrid. B weo do líspaña Banco Iiiooteca. no Banco Hi oano- Amsiicano Banoo Eso. üo do Oiedito Arrendataria do tabacos Socied. G- r. ü. ¿cacarera. Pie erontes. -Ordinarias. Cédula? del Banco Hipotecan o C Á J Í B I Ü S Francos ¿ibras DE BÁRCELO A Interior, ñn do mes próximo Amortiz ble Banco Hispano- Colonia 1 Acciones. J ortos, próximo. N- -Alicante oros. rao Orenseaj pióximo. 81,50 72,75 84,13 87,60- -0,12- -0,50- -0,25- -0,70 DE PARÍS Interior. ILxterior Beata francesa Huso nuevo. Turco A- gon j n o 4 por 100, 1896. Biasil, í por 100, Ibo 9. Nortes Zara jc as 5. Andaluces. Cióchto Liónos Banco Nacional de Móuco. lletropoiitano liiotmto Hioruson. 91,25 92,10 91,52 80,20 269 368 1.140 942 A i2 í 760 585 ád 3 60 107+ 0.17+ 0,05- 0,1? -0,1 a -7 +7 +13 tjfl el Juzgado. Con el correspondiente atestado de la Comisaría y custodiados por los agentes de Orden público, llegaron los citados ióvenes al Juzga do de guardia. BIJSr. Cores, no obstante lo preocupado que se hallaba con el asunto de la estafa de los 53.000 duros, escuchó las lamentaciones de los enamorados, y supo por boca de ellos, que los padres de ella no se oponían al matrimonio, pero que la madre y el tutor de él, pensaban de un modo diaineiralm. en. te opuesto. Corno en el asunto no había hecho punible que reclamase la intervención de la autoridad judicial, el Sr. Cores ordenó que fuesen puestos, en libertad, El asunto, pues, terminará en boda, porque después del pequeño escándalo á que ha dado ocasión este conato de matrimonio, no queda otra solución. ¡Así sea! EXPOSICIÓN INTERNACIONAL DE HIGIENE i A SOLUCIÓN MINA- +3+ 5 Goldfeldi. ÚLTIMOS DATOS É IMPRESIONES ADRID El mercado presonta hoy muy ma I aspecto, siendo paramente local ol movimiento de baja, ya qna las plazjfa oxtraajeris reaccionan en alza. Té jaeia qG 3 varíe Id actitna la Kspaña o a la cuestión de Marru coa y que nos veamos obligados L intervenir en África con mas onargía t uo a -sta ahora. ASES El mercado 90 repono y los fondos de Esiado están mas firmjs, Forróos r riles españoles, flojos. GRAN LICOR QUINA- MOMO SOLUCIÓN A LOS PASATIEMPOS DEL NUMERO DE AYER M P I a impetuosidad amorosa de dos; jóvenes dio ocasión ayer mañana á tin incidente cómico, que, comenzando en una iglesia, terminó en el Ju gado de guardia, y seguramente tendrá cerno epílogo bendición con todas sus consecuencias. n la sacristía. Ayer, en las prime- ras horas de la mañana se presentaron en la sacristía de la iglesia de Santa Cruz una lindísima joven, elegantemente vestida, acompañada de un apuesto galán. Con la amorosa pareiíi iban dos amigos, que, como se verá, teman asignado u atante papel en esta comedia. 1 E Calles de Madrid: ABADA, I ÚCAE, ALCÁNTARA, A L vjo hemos de extendernos mucho para elo giar un producto que, como éste, goza de MUDENA, HITA, ATOCHA, CASTRO, CID, EMPECINADO, E S CORIAL, HUMILLADERO, PADILLA, QUIÑONFS, TRIBULETE, tanta popularidad y fama. Todo el que se preocupa algo de su salud, TRUJILLOS, VISTILLAS, ZURITA ZORITA) sabe que el Quina- Momo es no sólo una exqui- Al jeroglífico: VELAMEN. sita bebida, sino ei mejor iónico digestivo, ligeramente excitante, que puede tomaise á dosis de una copita después de las comidas. Formado á base de vegetales de reconocidas viitudes medicinales, y elaborado con toda escrupulosidad, empleando exclusivamente alFáÜK im JX JPuftcauY- i arís (beine) cohol etílico, ó sea puro de vino y azúcar de Casa, de venta exclusiva en España primera calidad, el notabie licor Quma- Momo Pase de la Castellana, uúm. 6 triplicado constituye una de las bebidas más estomacales Oesada y las Compañías Je luz eléctrica. y agradables que se conocen. Ayer mañana visitó al ministro de FoPor su delicada preparación y sus extraordi- mento una comisión de re presentantes de las narias cualidades, tanto de buen gusto como Compañías de luz eléctrica algunos de los cua El último tomo do esta colección do obras de autores tónico digestivas, el Quina- Momo se halla al ni- les son diputados á Cortes para protestar de ve. de las más acreditadas marcas extranjeras, la disposición dictada por el Sr. González Be- célebies contiene ilustraciones de Picólo, un sugestivo número de Aiticjíislasles Ilustradas y la magnícon las cuales compite ventajosamente; no es sada en el asunto de los contadores. s Elijas l a ¿n a expues de extrañar la predilección de qae goza. Según nos dicen, la discusión que se promo- fica, obra de P. Feval t ase mezclan sle idiliosu amoroquisita narración en que los 3,1 Jurado del actual Certamen, reconociendo vió con tal motivo entre ei ministro y sus visi- sos con las emociones trágicas. No hay lector que no las extraordinarias cualidades del gran licor tantes fue animadísima; pero sin resultado se rinda a la seducción irresistible de esa obra. SLa QL ina- Momo, le ha otorgado medalla de oro, práctico alguno, pues el Sr. González Besada Río? ela víe Ajioar prepara glandes reformas para, distinción honrosísima, por la que felicitamos no cedió un solo punto er la cuestión ni dio que ai ca m s í t ó- e s a s se le pueda c o m p a r a r ninánuestro estimado amigo D. Agustín Oí 1 a, esperanzas de que se modifique la citada Real guna colección de novelas. Quien remita SO c é n í i laaos y las señas á la Adminibfcraeión, Valencia, 28, afortunado autor del Quma- Momo. orden en ningún sentido. Madrid, recibirá novela y catálogo. I s representantes de las Compañías expusieron las razraes que, en su opinión, les asisten para protestar de la disposicio i ministerial; pero el Sr. González Besada limitóí- e á contestar que podían hacer uso de los derechas que las leyes conceden, recurriendo en forma contra la Real orden que consideran lesiva, pero sin pretender en el terreno particular una modificación que é! el ministro, está decidido á no realizar. En vista de la enérgica actitud del Sr. González Besada, y convencidos de que no conseguirían sus propósitos, uno de los diputados que en el despacho había, anunció en el acto una interpelación en el Congreso, y todos se retiraron malhumorados por el mal éxito de sus gestiones. Por cierto que al salir al pasillo, oímos, ó se nos figuró oír, que alguno de los del grupo decía, entre despechado y amenazador: Si el ministro no accede obstinándose en mantener tai disposición, el público lo pagará porque subiremos el precio de la luz. Es decir, que el público ha de ser siempre el que sufra las consecuencias, pues cuando un ministro enérgico y justo encuentra abusivo el proceder de una Compañía y dicta, como ahora ocarre, una disposición que fav rece al abonado, surgen inmediatamente, no uno sino muchos consejeros, accionistas, directores ó representantes que, al amparo de la investidura del diputado, intentan destruir cuanto supone beneficio para el público, echando por tierra la labor del ministro. El eterno No me toque usted á la marina reaparece potente y vigoroso cuando se trata de dictar una disposición que afecta en lo más mínimo á los dividendos de esas Compañías que cuentan entre sus consejeros con defensores poderosos dispuestos á preocuparse únicamente del derecho del más fuerte, sin tener para nada en cuenta las quejas y protestas de los débiles, aunque, como ahora ocurre, éstos estén en mayoría. Y hay que ir decididamente contra tal proceder y tal costumbre; hay que demostrai, cuando la ocasión llega, que el derecho y la fuerza de una disposición basada estrictamente en la justicia, no pueden quedar á merced de la infidencia ó la amenaza de un diputado, y hay que demostrar, sobre todo, que cuando con razón se acude á un Gobierno denunciando derechos abusivos y como tal intolerables, este Gobierno sabe defender lo equitativo sin que le atemoricen las consecuencias. Esto es lo que según parece está resuelto á hacer el Sr. González Besada, y por ello ha de merecer unánimes elogios. Esté seguro de ello. PLEITO DE ACTUALIDAD DE EJSliá 3 IJu i mm LA NOVELA DE AHORA BIBLIOTECA D E A E C 176 LA CASA DEL CRIMEN -Esperar. Enrique se aparte) del coche y fue á colocarse al pie de uno de los tilos qut daban sombra á la cruz. Su mirada no se apartaba del camino, donde veíanse ya venir aldeanos de los pueblos vecinos que se dirigían al mercado Un poco antes de las ocho hizo un brusco movimiento y redobló su aten ción. Acababa de ver á alguna distancia una mujer, cuyo rostro desaparecía bajo el tapido velo negro y el talle bajo un pañuelo grande Ea mujer andaba apresuradamente, y de inmuto en minuto volvía el rostro atrás para mirar con visible inquietud. Cuanto más avanzaba, mayor era el parecido que Enrique encontraba entre la desconocida y la señora de Ferny... En el momento en que se acercaba á ios tilo 1; el joven adelantó algunos pasos, y sus conjeturas se transformaron en realidad. -Soy yo- -dijo. -Venid pronto. Al ruido de esta voz entreabriéronse los pliegues del pañuelo, y la gentil Gzbby asomó el hocico. Margarita se apoyó en el brazo de Enrique, murmurando: -Apresurémonos... Me faltan las fuerzas... Siento que me voy á caer. ¡Valor! -contestó Enrique; -el coche está allí... En dos minutos llegaremos hasta él. Condujo á Margarita, la sostuvo en sus brazos, la colocó en el cocle, sublp él después, corrió las cortinas de cuero que debían ocultarles á toda is miradas y dijo á Pedro: ¡Ahora, muchacho, á la Casa Nueva... y pronto! Pedro descargó un latigazo sobre el caballo, que partió á galope Todo se había consumado. ¿Estás ahora mejor? -preguntó acercando su rostro a 1 Targauta- -estás mejor? Ivajo- ven no contestó. Enrique, inquieto, levantó el velo que ocultaba el rostro u 1 adorada Ü a pobre joven se había desmayado. L No nabía sido, ciertamente muy dichosa Margarita en la casa que abandonaba, 3, sin eniDargo, salió con el corazón oprimido para no volver iamás á cnt. ar en e i a. Decíase cite, anee todo, su narido la amaba con profunda ternura; que ella e a la uiay r a egúa de sa vida, el supremo bien de su veje y que al verse boio, vendido y aoanci nado, sufriría de un nodo cruel. Ante esta idea, Margarita no p vlo contener las lagrimas. Pero peitenecía á otro y no tería derecho país, duda ni para mirar atrás. Todo caii. o poseía la joven procedía de su marido: quería, al dejar la casa, x E ¿cerró en una Ceja ia- alhd. as que le regalara ei señor de r- J i sv a. p 61 Ce o 1 Tat iüjonio, 3- pa o en la caja una. caita e crita en 1 i 2 r Co lo i í, i CAO t r La. at) o p? -o por iOt -i) JCo. 1 de v) í, oestiss miradas ro confundían y tne nacían bajai -niuiu cJta eoCí, que 6 í qui ¿á ana exoiación. Huyo? e co v esa- 1 ce ion tve pjejo, Ue. i el con ón de pena y aíli Ao rae maldigáis... Ames, poi el conttano, per- -Cierto; pero necesito presenciar la carga de mis equipajes. -Pues bien; si es vuestro deseo, partamos. -Señora- -dijo Enrique á Margarita ofreciéndole su mano, -no os airé adiós. Adiós es una palabra tiiste: es una palabra que separa, y yo confío en que no nos separamos para siempre. Os airé, pues, hasta la visla. -Hasta la vista, Enrique- -balbució la joven, dejando caer su temblorosa mano en la que le ofrecían. ¡Rayos y centellas! -exclamó el señor de Ferny. -No es la mano lo que hay que dar. Cualquiera que os viese creería que os conocéis apenas. ¡Abrá zale, Margarita, abrázale! Y como Ms rganta vacilara, el comandante la arrojó en brazos de Enrique, diciendo: -jSi presenciaran esta escena los autores de las cartas anónimas, mella manan marico complaciente! ¡Qué brutos y qué infames son! Sin ellos, sin su? groseras calumnias, Enrique no partiría. A su pesar, Enrique estrechó contra su pecho á Margarita, contrariado, lleno de dolor. El carmín de la vergüenza aparecía en su rostro en aquel momento en que, 5. presencia de aquel marido lleno de una leal confianza, apoyaba sus labios sn la frente de aquella mujer que al día siguiente iba á abandonar, para seguirle, el hogar de su venerable esposo. Margarita experimentaba á la vez, y con mayor violencia todavía, idénticas sensaciones; sólo que, en vez de afluir la sangre á su rostro, se concentraba en el corazón. En vez de ponerse encarnada, palideció. -Y para Cnhby, vuestra amiga Gibby- -dijo el comandante, ¿no tendréis una caricia? -Una caricia y un recuerdo- -contestó Enrique, que pasó su mano diferentes veces por la afilada cabeza de la galguifa. Gtbly, sorprendida en su sueño, gimió en vez de manifestar su alegría, como de ordinario, por saltos y piruetas. -Si creyera en los presagios- -dijo el joven, -sería cosa de temblar Luego añadió en altavoz: -Querido comandante, cuando gustéis. Salieron los dos hombres de la casa y se dirigieron hacia las oficinas de las Mensajerías L, affite y Caillard, situadas, según hemos dicho, en el ángulo formado por la calle del Águila Negra y la calle Mayor. En el momento en que iban á llegar á la Administración oyóse á lo lejos ruido de cáscateles y de latigazos, que anunciaban que se acercaba la diligencia. -Exactos c orno en la parada- -murmuró el señor de Ferny. Procedióse á la carga del equipaje de Enrique. Cuatro caballos de refresco substituyeron á los caballos que habían condu cido la diligencia desde el último descanso. El conductor exclamó: ¡Señores viajeros, al coche! Enrique SUDÍÓ al cupé, donde, por cierto, se encontró solo El comandante estrechó por última vez su mano con efusión, y la pesada máquina se paso en movimiento.