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NUMERO 884 A B C MARTES 5 DE NOVIEMBRE DE 1907. OCHO PAGINAS. EDICIÓN i. y convincentes, sobrios á ser posible, en algo que ya fuera difícil en adelante trastornar radicalmente, impidiendo su natural v orogresiYa evolución. He de confesar, sin embargo, que para que los diputados que se sienten técnicos no saquen el debate de quicio, falta una autoridad técnica indiscutible encargada de aplicar á los conceptos políticos y financieros aprobados por el Parlamento la estrategia orgánica que no está al alcance de éste. lisa autoridad es en otros países el Consejo de la Defensa Nacional, PAGINA 6 los asuntos de política militar, abandonando los grandes líneas diplomáticas y financieras, los debates han sido aburridos para los profanos- -99 centésimas del público normal- -y es T a á empezar de un día á otro la discusión candalosamente insuficientes para los técni parlamentaria de los proyectos de reorga- cos, que ellos por cualquier motivo prestaban nización naval presentados por el general Fe- atención; de suerte, que lejos de estimular la rrándiz y retocados por la Comisión del Con- opinión, de suyo aletargada y dormilona en greso. No nos hagamos la ilusión de que el tales materias, bastaban tales debates para jusasunto ya á interesar á la opinión pública; pero tificar su desvío, origen de la poca ó ninguna el desvío puede ser mayor ó menor según los autoridad con que del Parlamento han salido oradores emboquen la discusión, y aunque na hace muchos años todos los cambios de postudie me los ha pedido, ahí van gratis et amore algunos consejos. SERMÓN PERDIDO. PROBABLEMENTE SOCIEDAD ANÓNIMA DEL CHMEFLUO j ecomiendo á los se ñores diputados del bro y del contra aque- lla máxima germánica, que nos ha traducido Tácito: De minoribus principes, discernunt, de mapribus omnes; la cual, como hay mucho padre de la patria joven, y el latín anda hace años muy descuidado en nuestras humanidades, me permito traducir antes de comentarla. La traducción es: deliberen sobre las cosas menores los principales, soQHELLEY Conmobre las mayores todos, tivo de ypara el caso debemos las fiestas que para entender por cosas meconmemorar el aninoreslas que tienen reversario del gran poelación con el aspecto ta inglés se acaban da militar ó técnico del celebrar en su honor, proyecto que va á ser la Prensa italiana y discutido, y por cosas la británica han pumayores las que corresblicado algunos detaponden al político y lles interesantísimos financiero; y así tamde su vida, que hasta bién ahora los princiahora permanecían pales son los técnicos inéditos y militares, que ni es SI agua, dice un tán en el Congreso de cronista que le trato diputados ni en él tiesu nen representación; y EDIFICIO PARA LOS ESPECTÁCULOS DE ESTA SOCIEDAD, QUE SE CONSTRUYE EN MADRID, EN LOS SOLARES DE MEDJNACEL 1 íntimamente, era En elemento favorito. todos son los señores na nueva Sociedad acaba de constituirse en va en un barco, animado de los mismos movi- Palacio de la infancia, dispuesto con arreglo á ella pasó Shelley sus diputados represenMadrid, cuyo objeto es ofrecer al público mientos de un buque de verdad, viendo los las mas severas prescripciones de la moral, de mejores días; embartantes de la nación, la higiene y de la pedagogía. Y habrá también cado leía y componía autorizados por ésta un espectáculo culto y agradable: Instruir de- panoramas que ante sus ojos se suceden. La Sociedad presentará, además, otros espec- un skating cubierto, dispuesto con elementos de sus más inspirados para votar como quie- leitando tal es el fin que se propone la Socieversos, desdeñando ran en cuanto cojan dad del Cinefluo, como dijo el ilustre generaltáculos no menos interesantes; como la Hélice supremo gusto; un restaurant modelo; un teatro muchas veces los prunaval, que será un deporte originalísimo, y el elegante, con mesas para el consumo. por delante; pero de Marvá, al conocer sus propósitos. Nuestro grabado rjuede dar una idea de la j Tomivoly el Paravol, que procurarán las emo- La Sociedad del Cinefluo está haciendo su dentes consejos que le ningún modo iluminaciones del ascenso y descenso en una altura de emisión de acciones, de 50 pesetas, en casa de daban viejos lobos de dos por el espíritu san- naturaleza del espectáculo. El Cinefluo es la úllos banqueros Sres. Hijos de Pastor Ojero y mar para que saltase to de las instituciones tima palabra del cinematógrafo; mejor dicho, 15 á 20 metros. á tierra parlamentarias para es una novísima aplicación. Desde que entra en Junto á estos recreos, la Sociedad se propo- Compañía, Zorrilla, 23, y es de esperar que to- r r u n t a b acuando ban vientos el edificio, construido ad hoc, hasta que el es- ne ofrecer otro dedicado á los niños, para cuyo dos los que se preocupen algo por la regeneaprender en un santiamén cosas muy com- pectáeulo termina, el público no deja de recibir esparcimiento moral y educación física no exis- ración de costumbres de e te país acudan á tempestuosos. Muchas veces coplejas, y para ellos, en las emociones de un viaje á bordo; puesto que te un lugar adecuado en Madrid. Tal será el suscribirlas, ayudando á empresa tan meritoria. rrió el riesgo de ahosu inmensa mayoría, garse; pero nunca sontan nuevas como los zapatos para un tagalo, i ra militar para tierra ó para agua, coa que han que aquí murió sin haberle llegado apenas el reía con más ganas que cuando los marineros, procurado salir del paso los ministros que por agua de socorro, por lo cual es de suponer que curtidos en el peligro, le conjuraban para que no se embarcase. El los oía como quien oye o es osa anacrónica la regla lermánica; su fama, merecida ó no, se creían obligados á reposa en el Limbo de los niños. llover. La misma perspectiva del peligro, por JENARO ALAS. obedeciéndola se ha dado por base el su- regenerarnos en estos ramos. serio que éste fuese, le aguijaba como el más fragio universal al Reichstag, legislatura impeagudo acicate; y eso que él decía que la barca, rial, mientras que emanan del sufragio rescomo hembra, no podía serle fiel nunca. tringido los poderes de los seudos Landtage, ó I ástima grande sería que el provecto de Relegislaturas de los Estados particulares; tam- forma naval del general Ferrándiz, de ex- C O N V E R S I Ó N D E LeMatin recoge en Shelley era alto y ágil, pero no tenía gallarbién el referandum suizo es rama del mismo añe- celente corte en sus grandes líneas políticas, lugar preferente de día en su apostura. PIEDRAS EN JOYAS sus ediciones un jo tronco; y si bien se mira, hasta en nuestras estratégicas y financieras, sufriera en el ConEn Spezia hay, olvidado entre otros, un retierras latinas hay gran tendencia á que sean greso la acción enervadora de una discusión descubrimiento interesantísimo, que parece re- trato de mujer que Shelley pintó al óleo sobre preponderantes las Cámaras bajas respecto á desentonada, en vez de tomar mayor fuerza en sucitar los secretos de la antigua y desdeñada un cartón y cuya imagen reproduce la de aquelas altas. De todas suertes, no cabe duda de un debate de altura, en el que los primates po- alquimia. lla bella María que inspiró al poeta sus más que por haberse metido siempre nuestros Con- líticos, caudillos de las diversas mehallas parTrátase de la transustancíación de las pie- dulces cartos. gresos políticos á tratar de detalles técnicos en lamentarias, llegaran á convenir, convencidos dras. El milagro lo hace el radium. El secreto lo ha desentrañado el sabio profesor irances Mr Bordas, en su laboratorio del College de France, teniendo en cuenta las investigaciones de Curie sobre la coloración que el radium da al vidrio de los tubos que lo encierran. De las experiencias hechas ha resultado que poniendo en contacto con el radium y sometidas á su acción piedras duras, piedras finas, sin valor alguno, y dejándolas bajo tal influencia durante un mes, cambian de color, adquieren luminosa transparencia y se truecan en piedras preciosas y así las incoloras toman un tinte aiaaarillo como el topacio; ías azules se convierten en esmeraldas; las moradas pasan á ser azules como zafiros; las rojas quedan en uro adas. Con lo cual cae por tierra la teoría científica relativa á que cada piedra tiene su color propio, su óxido propio. Se explica la impresión que la noticia del descubrimiento de Bordas ha causado en Fran- cia. La ciencia, convertida en nuevo Moisés, saca de las piedras, no agua, sino loyas. U N MAPAMUNDI BIBLIOTECA D E A S C 174 LA CASA BEL CRIMEN 175 XXI 11 a c e sei íí -jjcuoaoa Enrique, -el cupé de un coche parecido á éste, -tal vez este mismo, venía desocupado y estaba á mi disposición, cora ahora. Si hubiese partido entonces, ¡qué diferencia en mi vida! ¿Hiee bien ó mal en quedarme? El tiempo lo dirá. En el momento en que el coche pasó por delante de ía casa del señor de Ferny, Enrique se acercó á la ventanilla. El comandante no podía haber llegado aún; la luz brillaba á través de las hojas de las persianas. -Allí está- -dijo Enrique. -Piensa en mi; dentro de algunas horas nos habremos reunido para no separarnos más. La diligencia, después de dejar atrás las últimas casa d la ciudad, entro en una pendiente rápida, que reco rrió con gran velo cidad. El joven se deje conducir así durante un cuarto de hora; después y bajando uno de los cristales de la ventanilla, llamó con todas sus fuerzas: ¡Conductor... 1 ¡eh! jconductqri La diligencia subía u n a pequeña cuesta. Los caballos iban al paso. El conductor preguntó refunfuñando: ¿Qué deseáis, caballero? -Que paréis el coche. ¿Para qué? -Para bajar. ¡Bajar... -exclamó el conductor, -y apenas si hemos empezado el viaje! He olvidado mi cartera en Vesoul. Podéis escribir desde Langrés y os la remitirán á París. -No. Contiene valores importantes, de los que no quiero desprenderme. -No creo, sin embargo, Que penséis en. ir á buscarla á Vesoul. -Pues estatb equivocado. -El caso es que no podemos esperaros. -Partid sin mí- -Os advierto que perdéis el valor de vuestro asiento. -Prefiero eso á perder mi cartera. -Como gustéis. Y vuestro equipaje, caballero, ¿qué se hace con éP- -Llevadle á las oficinas de vuestra Administración. Lo reclamaré cuando llegue, dentro de dos ó tres días El conductor consultó su registro para asegurarse de si estaba ó no pagado el asiento del viajero; después abrió la portezuela y Enrique se lanzó al camino. ¡Diantre! el olvido de vuestra cartera no es nada agradable, sobre todo si teníais prisa por llegar á París- -dijo el conductor colocándose de nuevo en su asiento. El postillón arreó los caballos y el coche se puso en marcha, aligerado del peso de uno de sus viajeros. Enrique encendió su cigarro, que había dejado apagar mientras hablaba con el conductor, y emprendió á paso lento el camino de Vesoul. Al entrar en la ciudad se levanto el cuello del gabán, de modo que apenas se le veía la cara. Precaución inútil, porque desde las doce de la noche no se encuentra en las calles de las ciudades de provincias á nadie. En casa del comandante no se veía luz ninguna. -Ella vela como yo- -dijo Enrique. -Creerá que esta noche no tiene fin, que es eterna. Recorrió la ciudad en toda su extensión y entró en una de las posadas des añadas con especialidad á los trajineros, que se encuentran al extremo de la gran calle Baja, cerca del puente del Hospital, en el camino de Besancon y, por consiguiente, en el sitio donde debía esperar Pedro en un carruaje desde pl amanecer. Enrique pidió un cuarto á un soñoliento criado, y echóse vestido sobre el echo. Así que un pálido resplandor anunció la salida de la aurora, Enrique abandonó la posada, después de haberse puesto una bufanda sobre el cuello, siempre levantado, de su abrigo. La bufanda le subía hasta los ojos, cubiertos por la visera de la gorra. Siguió por el camino de Besancon hasta llegar á la cruz de los tres tilos. Avanzó hasta el camino de Navenne, y desde los viñedos que dominaban el camino vio llegar á poco rato una tartana con cortinas de cuero, conducida por un hombre envuelto en una capa azul que le cubría la cara, tanto por lo menos como el abrigo y la bufanda á Enrique Varner. Este no reconoció, sino que adivinó á Pedro. A las siete y media abandonó su puesto; después de haber consultado el re loj, anduvo algunos pasos, y, deteniéndose al lado del criado, le dijo: -Sois un criado muy cabal, Pedro. Os echaré mucho de menos. ¡Cómo, señor, sois vos! -exclamó Pedro. ¡Sois vos! Si no hubierais hablado, no os hubiera conocido. -Mejor; eso es lo qu, e yo deseo. ¿Q é hay que hacer ahora?