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NUMERO 884 A B C MARTES 5 DE NOV 1 EÍMBRE DE 1907. OCHO PAGINAS. EDICIÓN PAGINA 5 NOTAS MUNICIPALES alcalde. J unta yde tenientes ydeayer reunida en el AyunDesde las once media hasta después de la una media estuvo tamiento la Junta de tenientes de alcalde, bajo la presidencia del conde de Peñalver. ¿as principales cuestiones tratadas por los reunidos fueron las relacionadas con el servicio de tranvías y con los automóviles. Es un asunto antiguo el referente al servicia de tranvías. Están obligadas las Compañías á entretener y arreglar cuando sea necesario el pavimento de la entrevia, y con pretextos, que tienden en la mayor parte de los casos á no cumplir esta obligación, las entrevias están llenas de baches que son peligrosos. El alcalde encareció á los tenientes la necesidad imprescindible de nacer que se cumpla la citada disposición y que para ello y para que los automóviles se atengan á lo establecido en el reciente bando, procedan con mano de hierro. El teniente de alcalde del distrito de Chamberí, Sr. Mazzantini, había ordenado á las empresas del tranvía de Madrid y de los llamados cangrejos que recompusieran la en trevía. Pero ninguna de las dos atendía la orden aduciendo como razón ambas que era de la incumbencia de la contraria llevar á cabo la obra. El Sr. Mazzantini comunicó á las dos su decisión de imponerles una multa de 25 pesetas por cada día que transcurriera sin efectuar el arreglo. Y el resultado no se ha hecho esperar, puesto que aquéllas le han comunicado que enviaban el personal de obreros necesario tiara realizar el arreglo de referencia. El conde de Penal ver ha manifestado tamfiién al salir de la Junta que en ésta había reinado la cordialidad propia de buenos amigos y compañeros. Y que como entiende que en el Ayuntamienco no hay más que dos Junciones: la administrativa, que radica en los concejales con el alcalde á la cabeza, y la ejecutiva en el alcalde y en los tenientes de alcalde, según preceptúa la ley, ha dado más amplitud á las atribuciones de éstos y cree que en ellos están las verdaderas delegaciones de la autoridad del alcalde en los servicios municipales. Para darles á conocer sus propósitos respecco del exacto cumplimiento del servicio, el alcalde ha citado á los directores de las Compañías de tranvías de esta capital. p evista de bomberos. Vyer, á las nueve 3 media de la mañana, se efectuó en el paseo del Prado, delante del La estatua de la Paz. (Alegoría destinada al ftituiro palacio Botánico, la revista del Cuerpo de bomberos. DE ODER WAHRE JACOB de la Conferencia de La Haya) Asistió el alcalde y el concejal inspector del servicio, Sr. Cortinas, quien oyó las felicitaciones que le dirigió el conde de Peñalver por la Su palacio de la Castellana sigue en obras y seguridad y disciplina con que los bomberos sin alhajar. ejecutaron las maniobras dispuestas por los jefes. También en la misma fecha, según anunciaToda la sociedad aristocrática de Madrid mos, se podrán trasladar á su nueva residen- desfiló ayer tarde por el elegante hotel de los cia de la Cuesta de la Vega los infantes doña barones del Castillo de Chirel á felicitar al caballeroso dueño de la casa, que celebraba sus María Teresa y D. Fernando. días. Las simpatías de que goza quedaros plenamente demostradas, pues por los salones de La servidumbre de Palacio vistió ayer de meLOS JUECES aquella casa vimos al Madrid conocido dia gala, por ser el día del infante D. Carlos de Borbón. Hacían los honores los barones del Castillo MUNICIPAL S. A. se halla en Cannes rodeado de todos de Chirel, con la amabilidad que en ellos es los suyos, incluso los príncipes D. Jenaro, don i a Junta que ha de nombrar los jueces muni- proverbial, ayudándoles con el mismo agrado Reniero y D. Felipe, que han ido ya para la cipales antes del día 15 continúa reunién- sus hijas las señoras de H urtado de Amézaga, boda de su hermano á unirse á la familia dose todas las tardes en la Audiencia, Los nom- Muguiro y Cendra, que también era muy feliLos príncipes D. Carlos y doña Luisa de Or- bramientos de los jueces y fiscales de Madrid citada por ser su santo, y las lindas Amparo, Pilar y Dolores Frígola. leans, después de recibir la bendición nupcial, serán los últimos que haga. pasarán unos días en el castillo de Randan y La gente joven, que abundaba, dedicóse aleAhora están nombrando los de los pueblos. una temporada en Cannes. I os aspirantes á jueces son 120 para los 10 gremente al baile, y la seria, en animadas conNo vendrán á Madrid hasta Enero. versaciones, trataban de los asuntos de actualidistritos. dad, las fiestas en proyecto para este invierne y las temporadas del Real y Español. En el comedor sirvióse un delicado lunch. En el rápido de Francia llegó anoche á la corte la ilustre duquesa viuda de Bailen. En la iglesia de Nuestra Señora del Perpetuo Socorro se verificó ayer, á las once y media de la mañana, el enlace de la bella señorita doña María Carolina Candela y López Lerdo, con el ilustrado capitán de Infantería D. Alfonso del Corral y Tomé. Fueron padrinos el padre de la novia, D. Antonio Candela, y la madre del novio, doña Paz Tomé de Corral, y testigos, por parte de la contrayente, los Sres. D. Félix Rubio, D. Joaquín Ramonet y D. Ceferino Alfaro, y por parte del novio D. Marcelo y D. Tomás Corral y D. Telesforo Montejo. La novia lució un elegantísimo traje de crép de Chi? ie blanco con adornos de valiosos y artísticos encajes Duquesa, y el novio el honroso uniforme de su Arma. El templo estaba adornado con exquisito gusto y profusamente iluminado y en él hallaba vistoso y artístico marco la distinguida concurrencia que á la ceremonia asistió, entre la que descollaban bellas y elegantes damas. En el magnífico órgano de la iglesia se interpretaron, durante la ceremonia religiosa, escogidas piezas y cuando terminó aquélla los novios, parientes é invitados se trasladaron á la elegante morada de la familia de la desposada, donde se sirvió un delicado lunch. En el expreso de Barc elona marcharon á la ciudad condal los novios, á los que deseamos todo linaje de eternas venturas. La noble duquesa de Nájera fue también muy felicitada ayer con motivo de celebrar su santo. Otro de los Carlos que fue muy felicitado fue el hijo pplítico de los barones del Castillo de Chirel Sr. Hurtado de Amézaga. La marquesa viuda de Donadío se halla e Sevilla. Ha dado á luz un niño la bella señora de Espinosa de los Monteros, hija del presidente del Congreso, Sr. Dato. El conde de Andino se halla algo mejorado de su dolencia. Hoy se cumple el segundo aniversario de la muerte de la aristocrática y caritativa dama doña María del Carmen Aragón Azlor é Idiáquez, duquesa de Villahermosa. La distinguida consorte de nuestro estimado amigo D. José de la Horga, doña Matilde de Cervantes, ha sido agraciada con el título de marquesa de Salvatierra. Han regresado á Madrid los maiqueses dft Castrillo. En la capilla del Sagrado Corazón verificóst ayer mañana la boda de la bella señorita doña María Espinosa con el joven teniente de Infantería D. Emilio Díaz Moreu. Fueron padrinos doña María Moreu de Espinosa, madre de 3 a novia, y D. Emilio Díaz Moreu, padre del novio, y testigos, los señores García San Miguel (D. C) Palomo, Martes O Neale, García Herreros, Canalejas, general Santaló, Francos Rodríguez y el coronel de ingenieros Sr. Barnús. La concurrencia al acto iué numerosísima siendo obsequiada en el Ideal Room con un espléndido almuerzo. Los recién casados salieron anoche para el extranjero. Reaiban nuestra enhorabuena. DE SOCIEDAD DE PALACIO LA- -CASA DBL CRIMEN BIBLIOTECA DE A B C 176 -Cierto; pero necesito presenciar la carga de mis equipajes. -Pues bien; si es vuestro deseo, partamos. -Señora- -dijo Enrique á Margarita ofreciéndole su mano, -no os diré adiós. Adiós es una palabra triste: es una palabra que separa, y yo confío en que no nos separamos para siempre. Os diré, pues, hasta la vista. -Hasta la vista, Enrique- -balbució la joven, dejando caer su temblorosi mano en la que le ofrecían. ¡Rayos y centellas! -exclamó el señor de Ferny. -No es la mano lo qut hay que dar. Cualquiera que os viese creería que os conocéis apenas. ¡Abrázale, Margarita, abrázale Y como Margarita vacilara, el comandante la arrojó en brazos de Enrique, diciendo: ¡Si presenciaran esta escena los autores ele las cartas anónimas, me llamarían marido complaciente! ¡Qué brutos y qu é infames son! Sin ellos, sin sus groseras calumnias, Enrique no partiría. A su pesar, Enrique estrechó contra su pecho á Margarita, contrariado, llene de dolor. El carmín de la vergüenza aparecía en su rostro en aquel momento en que, á presencia de aque marido lleno de una leal confianza, apoyaba sus labios en la frente de aquella mujer que al día siguLente iba á abandonar, para seguirle, el hogar de su venerable esposo. Margarita experimentaba á la vez, y con mayor violencia todavía, idénticas sensaciones; sólo que, en vez de anuir la sangre á su rostro, se concentraba en el corazón. En vez de ponerse encarnada, palideció. -Y para Gibby, vuestra amiga Gibby- -dijo el comandante, ¿no tendréis una caricia? -Una caricia y un recuerdo- -contestó Enrique, que pasó su mano diferentes veces por la afilada cabera de la galguita. Gibby, sorprendida en su sueño, gimió en vez de manifestar su alegría, come de ordinario, por saltos y piruetas. -Si creyera en los presagios- -dijo el joven, -sería cosa de temblar. Luego añadió en alta voz: -Querido comandante, cuando gustéis. Salieron los dos hombres de la casa y se dirigieron hacia las oficinas de las Mensajerías Laffite y Caillard, situadas, segúa. hemos dicho, en el ángulo formado por la calle del Águila Negra y la calle Mayor. En el momento en que iban á llegar á la Administración oyóse á lo lejo! ruido de cascabeles y de latigazos, que anunciaban que se acercaba la diligencia. -Exactos como en la pare da- -murmuró el señor de Ferny. Procedióse á la carga del equipaje de Enrique. Cuatro caballos de refresco substituyeron á los caballos que habían condu cido la diligencia desde el ú timo descanso. El conductor esclamó: ¡Señores viajeros, al coche: Enrique subió al cupé, donde, por cieito, se cacontro solo. El cemandante estrechó por última vez su mano con efusión, y la pesada máquima se puso en movimiento. -Esperar. Enrique se apartó del coche y fue á colocarse al pie de uao de los tilos que daban sombra á la cruz. Su mirada no se apartaba del camino, donde veíanse ya venir aldeanos de los pueblos vecinos que se dirigían al mercado. Un poco antes de las ocho hizo un brusco movimiento y redobló su atención. Acababs. de ver á alguna distancia una mujer, cuyo rostro desaparecía bajo el tupido velo negro y el talle bajo un pañuelo grande. La mujer andaba apresuradamente, y de minuto en minuto volvía el rostro atrás para mirar con visible inquietud. Cuanto más avanzaba, mayor era el parecido que Enrique encontraba entre la desconocida y la señora de Ferny... En el momento en que se acercaba á los tilos, el joven se adelantó algunos pasos, y sus conjeturas se transformaron en realidad. -Soy yo- -dijo. -Venid pronto. Al ruido de esta voz entreabriéronse los pliegues del pañuelo, y la gentil Gibby asomó el hocico. Margarita e apoyó en el brazo de Enrique, murmurando: -Apresurémonos... Me faltan las fuerzas... Siento que me voy á caer. ¡Valor! -contestó Enrique; -el coche está allí... En dos minutos llegaremos hasta él. Condujo á Margarita, la sostuvo en sus brazos, la colocó en el coche, subió él después, corrió las cortinas de cuero que debían ocultarles á todas las miradas, y dijo á Pedro: ¡Ahora, muchacho, á la Casa Nueva... y pronto! Pedro descargó un latigazo sobre el caballo, que partió á galope. Todo se ha bía consumado. ¿Estás ahora mejor? -preguntó acercando su rostro al de Margarita; ¿estás mejor? La joven no contestó. Enrique, inquieto, levantó el velo que ocultaba el rostro de su adorada. La pobre joven se había desmayado. No había sido, ciertamente, muy dichosa Margarita en la casa que abandonaba, y, sin embargo, salió con el corazón oprimido para no volver jamás á entrar en ella. Decíase que, ante todo, su marido la amaba con profunda ternura; que ella era la mayor alegría de su vida, el supremo bien de su vejez, y que al erse solo, vendido y abandonado, sufriría de un modo cruel. Ante esta idea, Margarita no pudo contener las lágrimas. Pero pertenecía á otro y no tenía derecho para dudar ni para mirar atrás. Todo cuanto poseía la joven procedía de su marido: q lería, al dejar la casa, no llevarse nada. Encerró en una caja las alhajas que le egalara el señor de Ferny con ocisión de su matrimonio, y pus en la caja una carta escrita er los siguientes términos: No era digna de vos; vuestras miradas me confundían y me hacían bajar a cabeza; uno á mi primera falta ésta, que será quizá una expiación. Huyo para no volver jamás. N merezco vuestra compasión; me alejo, lleno el corazón de pena y afli gida por los lemordimientos. No me maldigáis... Antes, por el contrario, per-