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NUMERO 88. A B C. MARTES 5 DE NOVIEMBRE p E 2907. OCHO PAGINAS. EDICSON 1. PAGINA 3 í í r r x Madrid. Corrida extraordinaria á beneficio de los perjudicados por la inundación de Málaga. Grupo de caballeros que tomaron parte en el torneo, acompañados de sus pajes, escuderos, etc. FOT. GOÑ cazador, esgrimidor, automovilista... y tonto da; es en esta escena en la que Gisela ve que de capirote; los esposos Oviedo- ¿qué idea ama también á Francisco y se lo dice; pero habrá dado á los autores de elegir este ape- no queriendo perder su libertad, se ofrece á llido? -el marido, un pobre señor; la mujer, ser su amante, no su mujer. EVENTAIL El estreno de la nueva Mad. Oviedo, una dama del tipo corriente El desafío, mientras, se arregla él solo, obra de Caillavet y De en París, sencilla, débil de carácter, amiga porque Jacobo se encuentra en el jardín, de Flers, los triunfadores de la temporada, ha de hacer toda clase de favores al sexo con- noche, -á la Oviedo que, siempre débil, le constituido un acontecimiento. El Gimnasio trario... Una mujer de esas á las que nadie concede cuanto la pide, y más tarde Marcos presentaba el aspecto que sólo puede ofre- se atreve á recibir más que en verano y en disfruta de la misma suerte, pues decididacer un teatro de París en noche de estreno el campo. Está también en el castillo Fran- mente Mad. Oviedo, mujer incandescente y sensacional. I os dos palcos proscenios ocu- cisco Trevoux, un hombre empeñado en fácil, no sabe decir que no. En fin, tiene que pábanlos el rey de Grecia- -que decidida- querer traicionar con palabras duras que no huir del académico Garin- Miclaux, un hommente se hace parisiense- -y el gran duque siente, los impulsos nobles y generosos de bre de setenta años, porque comprende que Alejo- -que ya debe haberse olvidado que es su corazón. tampoco podría rehusarle nada que la pidieruso; -en los restantes palcos y en butacas Francisco Trevoux adora locamente á Gi- ra. Y el académico está dispuesto á pedir... mezclábanse aristócratas y comediantes, mi- sela, pero esta coqueta, empeñada en con- Gisela, enamorada, sigue á Francisco al nistros y autores, actrices y demimondaines de servar su libertad, rompió el compromiso pabellón que éste habita, y cuando al amaalto coturno. matrimonial que con él tenía, la vis pera casi necer sale de allí, la celosa Mad. Oviedo, que El abanico fue un éxito enorme. En los de la ceremonia. El desengaño que enton- la ve, para vengarse de Jacobo, aprovecha la cuatro actos de que la obra consta, los au- ces sufrió Francisco le amargó la vida des- circunstancia de haberse encontrado el abatores han hecho 1 verdadero derroche de in- ilusionándole por completo, y al cabo de los nico de Germana, y corre á decir al marido genio, demostrando una vez más que son años, cuando vuelve á encontrar á la coque- de ésta que su mujer le engaña, que la ha los dos hombres de teatro más completos ta traidora en el castillo de los L, audeve visto salir de madrugada del pabellón de que en la actualidad acaparan los escena- comprende que, á su pesar, todavía la ado- Francisco y que ha dejado caer en el camino ra... Quiere huir de ella al enterarse de que su abanico... ¡El abanico es la prueba de la rios. No es original el asunto de L Eventail, llega... No puede... Y así comienza la acción infidelidad! pues todavía no hace dos años que vi en de L Eventail. Sólo entonces, y para salvar el honor de I isboa una opereta francesa, Los Dragones de Gisela, la coqueta adorable, llega en la Germana, Gisela se decide á decir la verdad: Villars, cuyo argnmento viene á ser el mis- mejor ocasión, pues Marcos des Armoises que Francisco es su amante, y con su declamo que ahora ha servido á De Flers y Cai- quiere dejar á su novia para correr á Amé- ración se obliga á casarse con él. I a coquellavet para construir esta comedia. Pero en rica á representar al Club francés de esgri- ta fue, al fin, vencida. Ella lo comprende, y las obras de estos afortunados autores el ma en no sé qué fiesta ó campeonato. Tere- antes de arrojarse enamorada en brazos de asunto es lo de menos; lo importante es el sa llora y maldice de los hombres sportsman; Francisco, rompe en pedazos su abanico en episodio, el chiste, la frase. Gisela se compadece de ella y contrae el prueba de sumisión al hombre amado... Y no es que el argumento carezca de im- compromiso de arrancar á Marcos la promeI malo es que por el primer correo lleportancia, pues yo estoy seguro que con el sa de no ir al campeonato. ¿Qué hará para ga otro abanico nuevo, que tenía ya encarmismo asunto que sirve de base á L Even- lograrlo? Pensando en los medios de que se gado... tail, un autor español haría tina obra dura- valdrá, la sorprende Germana Iyaudeve, que dera. I O que quizá no hiciese es una obra acaba de saber que su marido, Jacobo, la en- I tirante los entreactos se discutió con artan entretenida, tan ligera, tan alegre como gaña con Mad. Oviedo, la mujer débil de dor, con verdadero apasionamiento, hacarácter, á la que ya por lo visto no se pue- ciéndose juicios diversos, unos favorables, ésta que acabamos de ver en el Gimnasio. El abanico, símbolo de la coquetería feme- de invitar ni siquiera en verano... También otros adversos á la obra y á los autores. nil, es el arma que durante toda la comedia Gisela- se compadece de Germana y la- -Es- magistral- -decían unos. maneja Gisela Vandreuil, verdadera encar- promete obligar á Jacobo á romper con la- -Es una tontería- -decían otros. nación de la mujer coqueta. Cuando Gisela Oviedo. ¡Qué originalidad! -exclamaban en un llega al castillo de los esposos t audeve, se Para una coqueta como Gisela, la doble sitio... apodera de todos con su gracia, los domina misión de retener á Marcos y arrancar á Ja- -Son frases coleccionadas- -murmuraban con su encanto, y desde el viejo académico cobo de los brazos de la Oviedo, es tarea fá- en otro lugar; -chistes recogidos de todos Garin- Miclaux, al criado que la ve abanicar- cil. Coquetea con los dos, flirtea amorosa los almanaques. se, todos los huéspedes del castillo convie- ya con el uno, ya con el otro, y consigue sus- -Ese tipo de Garin- Miclaux es estúpinen en afirmar que es Gisela una mujer ado- fines. En tanto, podéis suponeros los sufri- do... Retrata á los autores. rable. mientos de Francisco Trevoux, el amante -Gisela es una creación... -Un verdaderosilencioso. carácter... I os autores hacen progresos... J os Laudeve son un matrimonio bien avePero Gisela no traspasa los límites del co- En fin, yo no he visto nunca en un estre nido, jóvenes, ricos y que se quieren. queteo, y Marcos y Jacobo, sintiéndose riva- no en París más pasión, -más discusiones, Tienen varios huéspedes, convidados á pa- les, se desafían. Para que impida este duelo, elogios más grandes, diatribas y censuras sar allí una temporada: el. susodicho acadé- Gisela acude á Franciscomás envenenadas. mico Garin- Miclaux; Teresa Guichardy, -Y es en esta escena, hermosa por lo ver- Por mi parte sólo un defecto encuentro á una jovencita empeñada en casarse con dadera, en la que Francisco deja que hable la obra de los autores y es su afición á las Marc des Armoises, que es el eterno pollo libremente su pasión. 1 tanto tiempo conteni- frases de efecto. Porque la manera de consDE NUESTRO ENVIADO ESPECIAL A B C EN PARÍS L truir estas frases- comienza á ser ya conocida: consiste en decir todo lo contrario de lo que es lógico... Por ejemplo: ¡Fulano es odioso... Yo le adoro! Ved, si no, algunas de las frases que he podido retener: -Cuando no decimos nada es cuando somos sinceros, porque cuando hablamos... -Ese hombre es agradabilísimo... Y sabe ser perfectamente inútil... En fin, le amo tanto, tanto... que estoy viendo que le dejaré de amar de un momento á otro... ¡Oh! la vida de familia es la ruina... Figuraos que hay que sostener una mujer, dos ó tres hijos, una querida... -Jamás oiréis á una mujer cuando Hable de una compañera de colegio, decir: Yo era de las grandes... Ella era de las pequeñas... -En esta cama durmió aquí Cora Pearl... Desde entonces no la ha usado nadie más que. el señor obispo cuando viene á pasar unos días... -En presencia del peligro un hombre debe ser valiente; una mujer... linda. ¡Es su valor! -Yo, querida mía, soy en amor como esas genes prácticas que no fuman, pero á quienes gusta aspirar el humo del tabaco que fuman los demás... -Tú eres una mujer, casada... ¡Tú no puedes tener la experiencia que tengo yo que soy soltera! -El día que nuestros maridos nos engañan, ¿sabes tú lo que debemos hacer las mujeres? ¡Ponernos más bonitas! -Después del automóvil ya no somos nosotros los que contemplamos los paisajes... son los paisajes los que nos contemplan á nosotros... TTerminó la representación ae L Eventail en medio de un éxito estruendoso. Pero esta obra que aquí alcanzará centenares de representaciones, quizá, en otro sitio no gustara tanto. ¿Por qué? ¡Qué sé yo! Haría falta la misma interpretación, el mismo entrain, los mismos trajes elegantes, el mismo público... Sí, sobre todo el mismo público... Estrenada esta obra en el Español- ó en la Comedia, por ejemplo, echaríamos de menos muchas cosas, y nos haría falta ver en las avaut- scenes al rey de Grecia y al gran duque Alejo... ¿Que no tiene esto nada que ver con el mérito de la obra? ¡Ay! ¡Eso parece... JOSÉ JUAN CADENAS. -París, Noviembre.