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M A R T E S 29 D E O C T U B R E D E 1907. O C H O P A G I N A S ED 1 C 3 QN i. a PAGINA Madrid. Después de la toma de posesión del nuevo alcalde. En eí antedespacho- presidencial del Ayuntamiento. t, el ministro de la Gobernación, Sr. La Cierva; 2, el alcalde saliente, Sr. Sánchez de Toca; 3 y el alcalde entrante, Sr. Conde de Penal ver, y los concejales que asistieron á la sesión. FOT. A B C no hubiera ocurrido, haciendo sus. críticas salga triunfante el Japón. ¿Qué harán entonces en Le Gaulois, y molestando al- público en los japoneses... Al valorar las ventajas d e su triunfo no han de tenerse en cuenta. únicacasi. todos los escenarios. las tierras conquistadas, el material Cuando le han ido á hablar del pleito de mente tierra arrebatado, la indemnización! de coOSAS DE TEATROS- ¿Por qué no se los autores y los críticos, se ha sonreído mar y y la consiguiente gloria; ha de contarse brada hace usted actriz? compasivamente y ha dicho: además, y sobre todo, el espíritu de plenitud dice que la preguntaban siempre autores y -Me parece bien, muy bien que los críti- que llenará la críticos á Ivette Guilbert. ¡Tan bien como cos que hacen obras malas no las estrenen; nacional y el población nipona, el entusiasmo sentimiento de expansión conrepresentaría usted comedias! pero creo que deben estrenarse las que son quistadora. ¿A qué nueva empresa se lanzarán La famosa chántense ha querido ver si erabuenas. Esto no reza conmigo, porque yo los japoneses vencedores? ¿Sobre qué otra naverdad y se ha hecho actriz en las mejores soy de los críticos que escriben obras bue- ción rival dirigirán sus tiros en el porvenir? ¿De qué manera querrán intervenir en los negocios, condiciones posibles: contratada en un tea- nas. no ya solamente de los mares Amarillo y Pacítro como Varietés, figurando en los carteles Dicho lo cual se ha quedado tan tran- fico, sino del mundo entero... con letras corno puños y estrenando además quilo. Existe aún otra terrible incógnita. Los chiuna obra escrita expresamente para ella, Pero en cambio, el público sabrá ahora nos comienzan á desentumecerse; la raza amaá fin de que nadie pueda hacer comparaque á los diversos títulos literarios que os- rilla, tan dúctil, perspicaz y fina de nervios, es ciones. tenta Duquesnel como novelista, como au- singularmente apta para plegarse á nuevas forBueno, pues así y todo, el debut de Ivette tor, como crítico y- como folletinista, hay mas de vida; posee la cualidad de asimilación ña sido un fracaso. No creáis quela han sil- que agregar el de- fresco. de tal modo, que ninguna de las industrias se cae bado, ni que, los espectadores han hecho Pero así hay que vivir en París, donde le resiste; imita maravillosamente cuanto uniuso, del bastón en el curso de la representa- basta que un osado salga diciendo á gritos en sus manos; tiene, una fuerte tenacidad, ción, como acostumbra á hacer el distingui- por las calles que tiene talento para que to- da á un secreto orgullo de raza que le hace considerarse como superior á las demás castas do público madrileño siempre que una cosa que pueblan el mundo. Más bien que en estado no le gusta. Aquí no se patea, no. se suba; dos le crean. de agotamiento, esta raza permanece en una pero no por eso se fracasa menos. Cin embargo, esta cuestión de los críticos- especie de colapso. Pero de su inmovilidad autores va á dar juego. Y la pobre Ivette fracasó en medio de una puede salir cuando menos se espere, y su desPor lo pronto ya corre por los teatros una pertar será rápido é impulsivo; véase el ejemtempestad de atronadores aplausos. ¿Cómo os explicaríais esto, vosotros los que para escena ocurrida días pasados entre un críti- plo del Japón. ¿Qué podrá, suceder luego? Los individuos asistir á un estreno cogéis antes el bastón co y un director. El crítico fue á anunciar la lectura de una de raza amarilla suman medio millar de millo- de mayor peso que tenéis en casa? El autor de L Amour en Banque, Luis Ar- obra que había acabado. El director le dijo: nes; las familias similares, como son los mon- -No hay necesidad de previa lectura. La goles siberianos, los indochinos y gran parte tus, quiso asegurar el éxito de la comedia y de los malayos, suman otro respetable golpe hábilmente colocó dos canciones en el se- obra es de usted y basta... ¡Queda aceptada! de millones; lanzad esas gentes á ia actividad, -No- -le dijo el crítico. -Quiero cumplir dadles consistencia de Estados independientes, 1 gundo acto para que Ivette, si por acaso no resultaba como actriz, alcanzara un triunfo la formalidad de la lectura. mezclad esa masa humana en los negocios brillantísimo como chántense. Y efectivamen- -Como usted guste- -respondió el direc- mundiales, esparcid su comercio, su industria, te, la actriz pereció; pero se salvó la divette, tor; -pero es un tiempo empleado inútil- sus costumbres, su moral, su filosofía sobre lo ancho de la tierra, y un nuevo período se hamente, porque la obra está aceptada. que de paso, salvó la obra. El crítico leyó, pues, la obra como desea- brá abierto entonces en la Historia, semejante La crítica ha estado unánime al juzgar á período de bárbaros ó Ivette Guilbert como actriz, no tributándo- ba, y, al terminar, el director, abriendo mu- al la irrupción la dominación de los en las ribeá de los mahometanos la elogios más que como cantante, y ahora cho la boca, le dijo: ras mediterráneas. Un nuevo curso en el camila célebre divette debiera decir á estos mis- -Pues lo siento mucho; pero ahora que no de la humanidad, acaso una desviación proconozco la obra... ¡no la acepto! mos señores: funda delsentido de la vida mundial, un camJOSÉ JUAN CADENAS. bio en la orientación del sentimiento... ¿Y para qué me decían ustedes que me No son los sentimientos os únicos que puehiciera actriz? París, Octubre. den variar, sino el mismo color del mundo civin lizado. Los individuos de la raza amarilla son Oor supuesto que buena está la crítica parien mayor número que los de la raza blanca; siense. Hace tres días, Félix Duquesnel. los elementos malayos, tártaros, negros y coel crítico de Le Gaidois, volvió á estrenar otra brizos suman: todavía mayor número; desconobra en el Vaudeville. Ya creo haber dicho L COLOR DE LA FU- Más que proba- tad las razas inferiores, como la neherlandesa, á ustedes que este año vamos á padecer á r n -u l r vrivMi o, ble, es inevitable australiana, piel roja, que tienden á desapareTURA HUMANIDAD u n ¿g u e r r a e n Duquesnel en casi todos los teatros de París. cer, y una vez mezcladas las diversas porciog Al día siguiente, Duquesnel no se atrevió nes humanas en este tráfago de los tiempos á hacerse la auto- crítica de su obra en Le íre el Japón y los Estados Unidos. Los dos modernos, préguntemónos: ¿Cuál será el coGaulois, y el director del periódico aprovechó pueblos son jóvenes, son soberbios y son am- lor triunfante en el mundo civilizado? ¿Vencerá pueblos viven alrededor del la ocasión para inspirar á otro redactor un biciosos; ambosen su necesaria expansión na- el color blanco, el color eternizado por el arte mar Pacífico, y artículo, poniendo de oro y azul á Duquesnel. cional se han de tropezar algún día; y ambos helénico? ¿O se formará un color distinto, mezcla de todos? ¿Seremos, pues, en el porvenir Esto en cualquier parte hubiera ocasiona- pueblos necesitan golpearse, puesto que las na- mestizos. do la dimisión cLel crítico autor; pero aquí, ciones valientes proceden del mismo modo que La familia blanca necesitará prepararse para en París, no se entienden las cosas del mis- los jaques, es decir que llega un momento en una lucha tremenda y decisiva; ya no se luchamo modo. Félix Duquesnel se lia guardado que exclaman: Uno de los dos está le sobra rá en el porvenir por meras provincias, sino el palmetazo, y continúa, como si tal cosa en el mundo por el predominio de la tierra; ni se X Supongamos que en esa lucha gigantesca DÉ NUESTRO ENVIADO ESPECIAL ABC E N PARÍS C YANQUIS Y JAPONESES E más que por conflictos de raza, de lenguas, de moral intrínseca y de color. Si la raza blanca nc se arma de una heroica crueldad y no arrolla á los demás grupos etnológicos, deberá resignarse á fundir su color en la universal mezcla del porvenir. Porque en adelante ya no serán posibles los aislamientos, merced á los medios rápidos y profusos de comunicación, al cosmopolitismo, al cambio de costumbres y de ideas, á la relajación del espíritu patriótico exclusivista y á la emigración. Los pueblos se visitan, se confunden, se dan y se toman mutuamente. Una simple montaña bastaba antes para que dos pueblos se desconociesen, se odiasen, hablaran de distinto- modo y pensaran contrariamente; mientras que ahora, ni el mucho inar, ni el desierto, ni las descomunales cordilleras impiden la conjunción de los pueblos. Pues si coa esta rapidez se confunden añora los hombres, ¡qué ocurrirá ai cabo de dos, de cinco siglos! Y entonces, cuando todas las razas se mezclen, cuando se fundan todo los colores, cuando los pueblos se sumen y renueven, como tierras aradas ó como pinturas de acuarela que se disuelven en agua, entonces, ¿cuál civilización vencerá, la blanca ó la amarilla? ¿Cuál será el color de la humanidad civilizada. ¿Cuál el sentido de la vida; de la moral, del valor, de ultratumba? ¿Cuál... En llegando á este punto, la imaginación no concibe sino un término decisivo del dilema; matar, exterminar á las otras razas, para que ia gloriosa raza blanca se salve. Pero este recurso hubiera sido hacedero en épocas más rudas y vigorosas, no ahora, en que la orientación de nuestro sentimiento busca los caminos de blandura, ahora que nos hemos hecho humanitarios y cobardes los hombres europeos. Sin embargo, nuestro humanitarismo tendrá que ceder algún día á la presión de la necesidad; nuestros sentimentalismos femeninos se trocarán en verdadero sentimiento varonil; -y el hombre de raza blanca, dando de mano á sus relucubraciones de filosofía sentimental, se verá obligado para defenderse á convertirse otra vez en hombre de pelea, como fueron los romanos. Aquel ejemplo de Roma debiéramos tenerlo siempre delante de los ojos mentales. Roma fue el cuerpo vigoroso encargado de defender á Europa contra la invasión de África y del Oriente: destruyó á Cartago é invadió el Asia hasta el Eufrates, y el mundo europeo pudo reposar. Pero vino después el sentimentalismo, la relajación de los impulsos de pelea; introdiíjose el espíritu demoledor y dibilitante del Asia, y Europa quedó á merced de los bárbaros. Los bárbaros fueron el elemento vigorizador: trajeron consigo un aliento de pelea, fueron como una. ola marcial que entraba á remover el cuerpo europeo. Dentro de poco tiempo, al mundo blanco le hará falta una ola semejante. ¿Dónde hallarla? En las selvas germanas ya no quedan bárbaros. Y ante el mundo amarillo que avanza, el mundo blanco no podrá oponer una honda pujanza invasora, destructora, fríamente justa y fríamente dura, como Roma. J. M