Patrocinado Por:

Volver

Resultados de la búsqueda

Resultados para
Í I J M F R O 875 ABC. DOMINGO 27 D E O C T U B R E D E 1907. O C H O PAGINAS. EDICIÓN i. C- INA A C T R I C E S D E L T E A T R O D E LA C O M E D I A Concepción Oria. Julia Martínez. S i ahora n o prueba las denuncias que h a lanzado contra 2 L entourage del Kaiser, aquella condena d e seis meses serán tortas y pan pintado, comparada con la p e n a que los T r i bunales le i m p o n d r á n por difamador. Pero si las prueba... ¡Ah! Si las prueba van á tener q u e ver esos principescos personajes encerrados e n cualquier castillo. Y éste será el ejemplo m á s h e r m o s o que Alemania d é al m u n d o entero, p o r q u e sólo será fuerte el Imperio d o n d e reine la suprem a justicia... JOSÉ JUAN CADENAS. Mercedes Pérez de Vargas. prelados en los arzobispos y obispos del reino de Italia, porque con la concesión del regium exequátur á sus bulas, sanciona su promoción hecha directamente por el Papa. Pero un cardenal es libremente creado y proclamado en Consistorio dentro el recinto del Vaticano, donde oficialmente ningún agente del Gobierno italiano puede estar, y no se notifica nada de cuanto se hace ni al Rey ni á los consejeros de la Corona. La Santa Sede, para las razones de política y respeto, no puede en el presente estado de cosas pasar nota oficial al Gobierno italiano, de que un prelado de la península itálica haya sido elevado á los honores de la púrpura cardenalicia, como lo hace con otros Gobiernos Eloísa Parejo. París, Octubre. EL N U E V O A L C A L D E D E M A D R I D Magdalena Sánchez. 0 E NUESTRO ENVIADO ESPECIAL Mary Carbone. POT 6. PELLICOANI, AUDOUARD Y CASTILLO. A B C EN os ESCÁNDALOS ALEMANES PARÍS L o s escándalos de Berlín regocijan á la opinión france de tal s u e r t e q u e n o parece sino que así an á v e n g a r S e d á n E l director d é l a Ztikunft, e valiente M a x H a r d e n es h o y el ídolo d e arís y si quisiera venir á darse u n a vuelte ta p o r los bulevares, haría u n verdadero j e triunfal. Pero s e equivocan estos apasionados partidarios d e la revancha en s u s juicios y co pentarios á propósito d e los escándalos berlineses. L o que estos días ocurre en los T r i bunales alemanes revela q u e en aquel país i que peca sufre el castigo correspondien j p o r a l t o q u e esté el pecador. Y m e Parece q u e situación m á s alta q u e la del Príncipe D E u l e m b o u r g amigo y consejero Jel Kaiser, es difícil encontrarla en n i n g u n a 2 las Cortes europeas. A h o r a bien; el Kaiser n o se h a opuesto á üe públicamente se dilucidaran todas las enuncias hechas por M a x H a r d e n y en y z de t e n d e r s u m a n t o protector sobre los inculpados, s u s íntimos amigos, s u s compa leros de cacerías y francachelas; en l u g a r s defenderlos y prohibir q ie se les atacara, 6 h a desentendido d e hacerlo y h a dado Cuantas facilidades se le h a n pedido para fiue fuesen j u z g a d o s S i n o h a n pecado, s u ocencia resplandecerá y el favor imperial Volverá á ellos. Si son culpables, esperad el t i g o p o r q u e será v e r d a d e r a m e n t e ejem, ílsto ¿qué demuestra? Q u e en la AlemaJ ia del autócrata Kaiser ía igualdad a n t e la- y alcanza á g r a n d e s y pequeños. Vean es. apasionados revanchistas si los comenta Rosque hacen son bien distintos de la reay comparen lo q u e en Berlín ocurre 9 n lo q u e suele suceder en el país d e la liY h e llamado valiente á M a x H a r d e n y osotros n o podréis n u n c a figuraros todo el alor q u e se necesita p a r a hacer lo q u e él ce en Berlín. Atreverse á lanzar acusación Ontra ese m u n d o brillante que aplasta con 8 botas el I m p e r i o entero; descubrir los cios q u e corroen á u n a g r a n p a r t e d e die r zehntausend, los diez mil de arriba es? p r e s a d i g n a de perpetuarse en mármoles y bronces, y acreditará d e esforzado á ese e r n o- R o l a n d o d e Berlín. M a x H a r d e n- -é l lo h a contesado- -persil c o u s u s denuncias u n objeto político; o busca celebridad p o r medio del escánda p o r q u e n i la quiere n i la necesita. Literag. toinente, autor aplaudido, crítico famoso, j. director de la Zukunft, es h o m b r e q u e n o n e c e s i d a d d e buscar recursos para conxS triunfos literarios. N o le h a c e falta Ido para d a r s e á conocer, p u e s s u n o m b r e Popularísimo, y además n o es éste y a el ninej. escándalo q u e provoca. H a c e dos g h a l l á n d o m e y o en BerUn, sufrió s u se M a condena p o r el delito d e lesa majes 3- Creo q u e s e permitió entonces d u d a r f, lento musical del Emperador, q u e aca j a de escribir s u Himno á Egir, y p o r q u e viíf p á g i n a d e m ú s i c a le parecía g a r le encerraron seis meses en u n a fortal, eza. Excmo. Sr. Conde de Penal ver. FOT. K 4 ULAK. A B C EN ROMA I G L E S I A Y ESTADO D e s p u é s d e t o d o- -PM 1 TA 1 1 A cuanto se ha dicho CiN I I ALIA recientemente en la Prensa y en el Parlamento sobre los honores tributados miUtarmente á los cardenales, que para muchos parece como señal de próxima conciliación e n t r e el Vaticano y el Quirinal, quiso el articulista interviuvar anoche á un diputado conservador, muy versado en Derecho canónico, como nuestro Montero Ríos, el cual comenzó por decirme que en toda estas acaloradas discusiones ha quedado insoluble un punto esencial: ¿cómo puede tener el Gobierno italiano conocimiento oficial de la creación de los cardenales? No cabe duda que desde la ruptura de relaciones diplomáticas entre la Santa Sede y el Gobierno italiano no se notifica al Estado el nombramiento de ningún cardenal italiano. El Gobierno reconoce y quiere reconocer solamente el carácter de no católicos, por ejemplo, Prusia é Inglaterra; mas siquiera el Gobierno del Quirinal no llegue á conocimiento de estos actos sino por el órgano oficioso del Vaticano L Osservatore Romano, á tenor de lo acordado en la ley de garantías, debería conceder á cualquier cardenal subdito italiano los honores reservados á los príncipes de sangre Real, siempre que se presenten en público como altos dignatarios de la Iglesia romana. Y no valen los precedentes de que Crispí, en 1878, y Zanardelli, en 1903, como presidentes del Consejo de ministros, prohibieron á las autoridades civiles y militares que tomaran parte en cualquiera de las ceremonias fúnebres, cuando el fallecimiento de Pío IX y León XIII, fundándose en el hecho de que no había sido transmitida ninguna nota oficial ni al Rey ni al Gobierno italiano; la Prensa sensata, aparte de uno que otro periódico socialista, comentó con acerbas censuras aquella decisión; y hoy Giolitti, haciéndose eco de la opinión pública no ha tenido reparos en disponer que las autoridades civiles y militares n n d i e- ran homenaje de Príncipe al ex nuncio de París, recién nombrado cardenal arzobispo de Lucce, y que algunos cruceros de la Armada italiana solemnizaran el cuarto centenario de San Francisco de Paula, disparando salvas de artillería y recibiendo á bordo del almirante, con los acordes de la Marcha Real, la visita del cardenal de Reggio Calabria. Y todo esto- -repliqué yo- -no arguye una próxima conciliación del Vaticano con el Quirinal? -No puede negarse- -continuó mi interpelado- -que tanto Giolitti como la Santa Sede, han adoptado en estos últimos tiempos una misma táctica. De una parte, el Vaticano dice; Nosotros no pedimos nada, no queremos contraer ningún compromiso ni renunciamos á nada. No aceptamos el principio de separación en Italia, como no lo heáios admitido en Francia; todo lo demás, caso por caso, veremos si es oportuno quitar el non expedit y exhortar á los fieles que voten por los conservadores ó por los candidatos del Gobierno. Y de otra parte, Giolitti dice: Ni consagración del Estado á la Iglesia ni desviaciones de la política de respeto á toda idea de amplias libertades y de tolerancia absoluta de cultos; caso por caso, las cortesías á las alianzas locales y temporáneas con los católieos. De todo este habilidoso juego diplomático parece desprenderse que el Vaticano y el Quirinal andan de común acuerdo para llegar á una digna y definitiva conciliación tranquilamente y sin que el país se aperciba. El Gobierno de Giolitti no intenta propiamente una restauración católica, pero sí atraerse los numerosos grupos de la democracia cristiana para afianzar la monarquía entre las destemplanzas de los socialistas revolucionarios; ni la Iglesia tampoco puede pedir al Estado italiano una explícita entrega de programa y de bandera; al Vaticano le basta constituir un ambiente político en el cual pueda desarrollar libre y completamente toda su actividad. Y todo esto, de común acuerdo con el Quirinal, viene ya haciéndolo en la política exterior eon haber obtenido el protectorado de Italia sobre las Ordenes religiosas de Oriente, y en la política interior con las alianzas que acá y acullá se crea entre Municipios y Diputaciones, con la vigilancia del ministerio de la Guerra sobre el espíritu del Ejército, en todo lo que atañe á filiaciones masónicas, con la actitud respetuosa y tolerante que el Estado preste al desarrollo de las escuelas privadas religiosas y con el proyecto presentado en las Cámaras de confiar á los curas de aldea la enseñan za elemental. -Y ¿cree usted- -pregunté aún al ilustre dipu tado que priva tanto en el Vaticano- -cree usted que todo esto representa una tendencia pasajera, un fenómeno político del momento ó una verdadera y profunda crisis histórica? La política de Giolitti, muy oportunista, ha dado margen á este fenómeno histórico; pero las razones de esta nueva orientación que parece surgir entre Iglesia y Estado en Italia, son otras. La política de León X I I I estaba cimentada en una noble y rígida: intransigencia interior, y en una íntima cordialidad con las Potencias extranjeras adictas al Papado para ejercer presión contra Italia, en ventaja de la Iglesia. Mas este grandioso plan fracasó por la infidelidad é ingratitud de Francia, selladas con la venida de Loubet á Roma; así que el Vaticano, perdida toda esperanza de ayuda en el exterior, co mienza hoy una política de sabia penetración, autorizando candidaturas del partido católico en el Parlamento, y el Gobierno las patrocina y entra en tratos con ellas, porque teme que el proletariado, imbuido en las subversivas doctrinas del socialismo, al fin y á la postre dé al traste con el trono y el buen orden social. Ei Vaticano observa y sigue afirmando jue la