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NUMERO 72 A B C JUEVES 24 DE OCTUBRE DÉ 390.7. PAGINAS. EDICIÓN i. a PACUNA 6. h t i ft ¿a r V -i Sí- í ffg i ¿mm Las inundaciones en Italia. El lago de Gomo desbordado. F O T CROC MAPAMUNDI ARA ESCRIBIR Para escribir una novela es necesario conocer UNA N O V E L A á fondo el medio ambiente en el que ha de desarrollarse la acción. Así piensa Mr. Upton Sinclair, el célebre escritor inglés, autor de la- Jungk. Dígalo si no el siguiente telegrama de landres, publicado por los periódicos franceses: ¿a familia Vanderbilt acaba de saber que un mayor. domp, qu. e la. señora, de V. anderbilt- ha despedido días pasados, porque tomaba notas éu. u n. cuaderno todas las noches antes de retirarse á su cuarto, era Mr, Upton Sinclair el axAov eLaJungle. Bl. no, V; élÍsta, había adoptado ese disfraz con él Objeto de estudiar las costumbres de los multimillonarios y de reunir, datos paira. una novela que pronto publicará. C S T A D I S T I A D E S- En teoría, el hom- r o N s n i s n O H i brelucha contra el CONSOLADORA s u f r i r i iiento y con- tra la muerte; pero en la práctica aumentan cada día los factores de destrucción. Esto, muy cierto. en tódás partes, sobre todo desde que los automóviles recorren velozmente las: carreteras, lo- es especialmente en los Estados Unidos, donde las estadísticas enumeran los desastres, cada día mayores, ocasionados por los esfuerzos realizados por aquel pueblo para conseguir mayor velocidad, una producción más grande, más. negocios y más placeres. Los ferrocarriles de los Estados Unido. s causábanla muerte á 6.000 personas en 1895. Poco era. De manera que la cifra ha aumentado, siendo 9.000 los muertos en 1903 y- 10.000 en 1904. En 1905 son 12.000 las. víctinias; asíes quela cifra se ha duplicado en el espacio de diez años. Con los heridos ha s u c e d i d o lo mismo: 32.000 en 1895 y 85.000 en 1904. Después de esto es imposible negar que la humanidad progresa: E n resumen: 41.000 m u e r t o s y 250 00 heridos en el espacio de cinco años. ¡Nohabrácaüsado muchas más víctimas la guerra ruso- japo- nesá! Pero: hay más: los tranvías de Nueva York matan diariamente á una persona, ó sea causan diez veces más muertes al cabo- de un año que el rayo al cabo dé un siglo. ¡Y es que los americanos rio pueden hacer las cosas en pequeño! j y r i LLONAR 1 OS s Rockefeller. nias rico. era: Cresa? El NO Seott acaba de poséSeott libras. Uno de jellos era de pro, ei otro de plata y juntos valían un millón de dollars. Con esos dos regalos iban 360 pequeñas copas de oro puro, que pesaban una libra cada una; un collar, y el cinturón de la mujer de Creso. El poderoso rey de Iridia mandó además que entregaran á cada ciudadano de Delfos una cantidad equivalente á. 12 dollars: Todo esto, según Mr. Scott, representa unos 10 millones de dollars. Como Creso hizo un donativo igual á los sacerdotes. de. Didima que vivían; cerca de Mile- to r sus larguezas alcanzaron la: cifra de 20 millones de, dollars, y eomo el valor, del oro y de la plata era entonces, cuando menos, diez veces inferior al que tienen hoy ambos- métales, resulta que los. 20 millones de Ciréso i represen tarían hoy 200 millones. r Teniendo en cuenta que los donativos- y; las: fundaciones de Rockefeller no alcanzan la cifra de 150 millones de dollars, Mr. Scott afirma que, hasta ahora, Creso puede ser considerado como el campeón de la munificencia. rSEMASlÁDOS ES- mero de matrículas en las Facultades de Le- tras, de Medicina- y de Derecho. En 1890 había 2.700 estudiantes en la Facultadde Letras; ahora son 8.464. Los supernumerarios de los colegios del Estado aguardan á veces treinta y cinco años antesde conseguir una cátedra en propiedad, y el. ministro dé- Gultbs- de. Bayíera, ha publicadprecientemente una- circulaT, aconsejando áioS estudiantes que se abstengan, de seguir la, carrera de, Medicina y la. de, la Magistratura. ias, únicas. facu 3 ta 4 es- dsigrtas: rspnj: l, as jde Teología. lía. disininuídp. en. eliase, í numeró, de alumnos en. un 5 p: ppripp. La situación; creadapor- ése- aumen- tp- continuo déL: número; de estudiantes es. alarmante, pues su natural conseCujencia s; una gran, baja los aueldpsjy. -salarip -priflcipalmente. de en los de los Ingenieros- ciyiles, industriales, y de KUNCIONES TEA- L o s transatlánticos i T P- i p e A B n i) n modérnosi causan Vía XRALESABORDO. adm i; r aci; Qndécüahtps en ellos viajan; 1 no solamente; á causade süscolósales. diméñs onesy- dé la velocidad- de su marcha, SinotambiéH péfr; él; lujo ylás: comodidades que nciérran. AHí hay ascensores, barsy restaurarits, tien das, de flores, peluquerías; uoa 1 imprenta que imprime un periódico diario que contiene ntfticias transmitidaspórleítéiégrafó sin Hilos- AhPra los barcos. ingleses y aníericarips ten ¿dráti su tea- tr- o y todas 1 las noches habrá f f c don. ¡r probar lo contrario, fundando sus cálculos en la descripción que hace Herpdotp dé los presentes hechos por el rey de Lidia, al templo, de Delfos. Consistían esos presentes, en 113 barras de oro y plata (siete décimas partes de oro y tres de plata) colocadas en forma de pirámide, en cuatro placas de oro fino en forma de corona y sobré ellas vm. león de oro puro que pesaba 8 óolibras. Mr. Scott valúa en cuatro millones de: dollars ese presente, Creso ofreció también al templo de Delfos dos vasos sagrados que pesaban cada uno 800 En Alemania hay de- masiadps estjidian: TUPIAINTES tes. í, ás estadísticas más recientes, publicadas por el ministerio del Interior, lo demuestran. El número dé- alumnps délas escuelas superiores ha triplicado en el espacio de treinta años. Eran éstos 17.500, y son ahora 45.000. En 1877 sólo había 37 estudiantes por cada- IOOÍOOO habitantes; ahora hay 67. -En 1891 eran 4.200 los alumnos de las escuelas especiales técnicas; No hay que olvidar qué íett ésos tr nsátlátíen 1903 eran 13.269. Cada año aumenta el núr ticos viajan 2.000 óá. sooípersqiias. BIBIIOTECA D E A B C 146 de é lp a r a sostenerle. mejor... JJV C A S A D E L C R I M E N Wr. Después exclatiió: j ¡Por Dios vivo! Si me dicen alguna vez que un hombre se ha caído de lo alto de las montañas de la luna Sin estrellarse, diré que. nada tiene! de extraño... Enrique ha caído sobre esta nieve como sobre un colchón. Está vivo, y muy vivo. ¡Ya puede decir que se ha escapado de buena, ¡Una caída dé sesenta pies de altura! ¡Por todos los diablos, es preciso haberlo visto para creerlo! Aquellas palabras ¡está vivol llegaron hasta la inteligencia adormecida de Margarita y la volvieron al sentimiento de la realidad. ¿Vivo? -repitió. ¿Habéis dicho que está vivo? -Lo he dicho, y es verdad, ¿Estáis seguro? -Como te estoy viendo. -Péro... ¡ésos ojos cerrados. ¡esa palidez; -Sonel resultado del desfallecimientp producido porla conmoción; esto es todo. ¿Querías tú que, después de haberse caído desde allí arriba, estuviera Enrique en pie como si tal cosa? Las mujeres carecéis de meollo. Cuando el corazón late, nadie está muerto. Siento que el corazón de Enrique late; luego está vivo. ¡Dios os oiga; -En vez de estar ahí hecha una estatua, más valiera que me anudases. ¿A qué? -A levantar al pobre muchacho y recostarle contra esa roca. Así, al menos, podrá recobrar su sangre la circulación. -Estoy pronta á ello. -Cógele del brazo izquierdo con ambas manos... Así... así. ¡Perfectamente! Así está mucho mejor. En tanto cambiaban entre sí las precedentes palabras, el comandante y Margarita reclinaron sobre la roca el cuerpo del joven. -Ahora- -dijo el, Sr. dé Ferny- -quédate ahí y sostenle á ñn de que no se caiga hacia adelante ó de lado... Yo voy arriba. ¿Adonde vais? ¡Cáspita! Supongo que no tendrás la pretensión de que pasemos el resto del día sobre la nieve en espera de que Enrique recobre los sentidos... Antes de que se hiciera de noche, estaríamos helados los tres... ¿Que adonde voy... Pues en busca del criado para que nos ayude á llevar á Enrique á lo largo de ese sendero del demonio, y podamos meterlo en el coche. Nosotras dos no podríamos de ninguna manera conseguirlo. -Id, pues, y volved pronto. ¿Quieres mi abrigopara que no te quedes fría? -No, gracias... -Yo puedo pasarme sin él... ¡No hay nada como una ascensión semejante sobre la nieve para entrar en calor! -Bueno; dejadle, pues, ahí... Si tardáis en volver, me servirá para cubrir el oecho y la espalda del Sr. Varner... El comandante se quitó el abrigo y lo dejó junto á Margarita; luego emprendió la áspera subida, que para sus piernas de sexagenario era empresa cruel. Al cabo de un minuto desaparecía tras del ángulo del primer recodo que formaban las. revueltas del sendero. Margarita, sola al lado; de; Enrique, siempre desmayado, arrodillóse delante v ¿Es cierto? -se preguntaba. ¿Está vivo? A su vez, su mano trémula se posó en el pecho del joven y buscó el sitio del corazón, que halló en breve. Al contacto casi cari- ñoso de aquella mano, el corazón: dé Enrique pareció que latía más de prisa. Margarita, ya más tranquila, se hizo atrás y sintió que el rubor le abrasaba el rostro. Acordóse de que momentos antes había dicho con toda la efusión de su- alma: ¡Le amo, Dios mío... ¡Le amo! ¡Salvadle... Recordaba también aquel involuntario impulso de Su pasión, súbitamente revelada, y sus miradas se fijaron de nuevo en aquella florecilla que aún sostenía la mano de Enrique. Inclinóse para quitársela; los dedos del joven soltaron su presa. Margarita cogió la humilde flor, cubrióla con los únicos besos ardientes que sus labios habían dado, y la ocultó en el pecho. r- ¡Ah! -se decía; -si hubiera muerto, muere por mí. Pero vive; ¿me amará él también... En el momento en que la joven se hacía esta pregunta, los recuerdos délos últimos meses que acababan de transcurrir le respondieron en tropel COH to- dos sus acentos, cuyo sentido, comprendió por vez primera, pues los acentos aquéllos le cantaban un himno de amo r, y después de haberle revelado los misterios de su propio corazón, le revelaban los del corazón de Enrique. Margarita escuchaba con estupor mezclado de delectación y de miedo, con éxtasis mezclado de confusión y de espanto, aquellas Sublimes armonías d e la pasión, que hacían palpitar todas las fibras de su ser. Deslumbrada por aquella viva luz cuyo foco llevaba en lo interior de sí misma y que súbito aparecía á sus ojos, repetíase, ora con sobtehumana alegría, ora cpn abrumador, espauto: ¡Amo. ¡Amo... ¡y soy amada! En esta extraña é inverosímil situación, arrodillada en la nieve en el foi do de aquel abismo, junto al cuerpo inanimado de Enrique, cuando de un momento á otro iba á presentarse su maiid Margarita olvidase del mundo todo, el comandante inclusive, pensando sólo en la revelación embriagadora que acababa de surgir en su espíritu. Ya no se acordaba del pasaáo. Ni aun pensaba en el porvenir... ¿Qué va á suceder? ¿Olvidaré en una hora los principios de toda mi vida? ¿Lucharé con