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M A D R I D L J I N E S 2i DE O C T U B R E DE 1907 NÚMERO SUELTO, B CRÓNICA SAÍ ÜN VEr- I USTRAD A Ñ O III. N i l M 869. íf J 2. É P O C A %i ss! iir 5 C t N T I M O S mW) S) B M A D R I D AL DÍA las ta 1) efnas. No asó nada y Se cerrarondeseosas de que pasase algo, las gentes se quedaron con las ganas. L, o menos se figuraban que por darles gusto, sólo por eso se iba á echar á la calle el vecindario tranquilo y pacífico, dispuesto á hacer arder á Troya. Pero el género chico está dev -acreditado, y ese, que es de lo más chiquitito, lo está más. No hubo, pues, nada. No llovió mas que á ratos. No hubo tampoco folleto del alcalde. I as Exposiciones de Bellas Artes y de Higiene se vieron concurridísimas. Los devotos del copeo no las visitarían probablemente ¿para qué? Ya dijo el otro día un vocal de la Junta launicipal de Reformas Sociales qite las tabernas son centros de cultura. De las Exposiciones pensará de fijo lo contrario. La corrida de toros se suspendió, porque el jriiedo y las localidades estaban húmedas. Es verdad que cayendo el diluvio se celebran corridas; pero ahora el reúma está exacerbado. Los aficionados, como Calipso, no se pudieron consolar. La política guardó el precepto dominical. Los tnentíderos públicos estuvieron desiertos. De sucesos, hubo un suicidio, un infanticidio y la detención de un Hervé de guardarropía que en la plaza del Ángel se mostró procaz é irrespetuoso con el Ejército, ai desfilar una compañía de tropa. Por la noche, comentarios y nada más que comentarios, á la pacífica jornada, y á la una y media cierre de cafés, y á casita, que es tarde. p! LLUVIAS É iNlíNDAClONES EN L OBSERVATORIO ASTROiNOMICO P R E FA CI o I a persistencia del presente temporal de lluvias, que como mal irreparable ha venido á sumarse á la serie de calamidades y angustias que habitualmente y por desgracia nuestra padecemos, hízonos pensar en si podría resultar interesante para el público en estos momentos, consultar la opinión de las personas que por deberes profesionales tienen á su cargo eí estudio y la observación constante de los fenómenos meteorológicos. Acéptp mos la idea con agrado y aprovechando una ciara entre dos chaparrones, hacia el Retiro y salvando charco. v llenándonos de barro hu -la K vo Mlhu íuíní: í. DservaiOJÍo astronóJiíico tiene f? u asieíito. La amabilidad dei director deí mismo, el sa 6io hombre de ciencia D. Francisco Iñiguez, constituyó el premio que la suerte deparó á nuestra heroica empresa, y ahora lector, si eres aficionado á las cosas del cielo que tienen relación con la tierra, prepárate á escuchar lo que labios tan doctos y autorizados nos traustaiíieron: EMPORAL EN cEfectivamente, díjo- labradores designan con el nombre dv- aire solano Tan no hay nada fijo en esta materia, que puede decirse que la ciencia meteorológica POR TELíiFCNO marcha á obscuras, y ahora, al cabo de los DOMINGO, 2 0 1 2 N. años, se vuelve otra vez á buscar la explicación de ciertos hechos en las leyes astronómi- cj xplosiones de gas. cas, y con tal fin se estudian y se analizan las A consecuencia dei exceso de presión en manchas y las protuberancias del sol, como la fábrica del gas La Catalana, han ocurrido tratando de indagar en la influencia del astro gran número de explosiones en diversos conrey la derivación de infinitos fenómenos at- tadores establecidos en diferentes puntos de la ciudad. mosféricos. De resultas de dichas explosiones se han I O M A S GRAVE Lo más grave de todo, ocasionado destrozos de consideración é incen 1 TM TM TM j gadió el Sr. Iñiguez, dios, resultando bastantes heridos. La población está alarmadísima y en muchas Utt. U U U gg gjj q g vamos perdiendo tierra, es decir, la capa de tierra labo- casas no ha podido ser utilizado el gas. La explicación dada por la Compañía no ha rable que á causa de las inundaciones es arrastrada al mar, sin que ya pueda ser recuperada, satisfecho al público, creyéndose que el origen y esto sí que es doloroso, más que ios desastres de todo se debe al exceso de aire que se inyecta en los contadores con objeto de hacerlos codel momento, con ser muchos y muy graves. También ocurre que ai auegar los ríos, los rrer con mayor presión, lamentándose que la arroyos y los barrancos convertidos en torren- Empresa del gas pueda cometer impunemente tes, las tierras de labor y las vegas, arrastran tales abusos. en su cauce más cantidad de piedras y (Je fango que de agua y esto inutiliza también las c c i d e n t e de automóvil. Periodista moritierras para el cultivo, convirtiendo los terre- bundo. Los automóviles que habían sicio utilizados nos feraces en estériles páramos. séquito En lo que no me cansaré de insistir, conti- por el Manresa Real para recorrer el trayecto Suria, regresaron nuó diciendo, es que en esto influye la incuria desde Barcelona, áconduciendo á los al anochecer á de nuestros campesino; que no tienen amoral de esta capital y á otras personas. periodistas árbol y que lo mismo en esta materia, que en Uno de los vehículos patinó al pasar sobre el ganadería y que en agricultura han adelantatorrente de Catellar, yendo á chocar contra do poco desde la época de los romanos acá. La falta de arbolado produce, como dije an- un pretil del puente y derribando uno de los tes, la abundancia desordenada de aguas en guardarruedas de piedra. A consecuencia del encontronazo fué lanzaunas é p o c a y la sequía más espantosa en do otras, con la consiguierste carencia de pastos y D. fuera del coche el redactor deá La Publicidad, Francisco Aguirre, que fué caer al fondo desecación de las fuentes subterráneas que huyen de la superficie cuando los vegetales des- dei torrente. Otro d e los pasajeros pudo agarrarse fuerteaparecen. Sería conveniente inculcar en el ánimo de mente al pretil, evitando cor. esto su caída. Ál ser recogido Aguirre se le apreciaron gratodos la necesidad urgente de repoblar nuestros montes, y hasta no estaría de más resuci- vísimas heridas en la cabeza y cuerpo. Fué conducido al pueblo inmediato, admitar aquella legislación antigua que obligaba á los dueños de los predios, según la extensión nistrándosele acto seguido ios Sacramentos. Su estado es gravísimo. El médico que le de éstos, á plantar una determinada cantidad asiste ha prohibido que se le traslade á Barcede árboles todos los años. Y con esto da fin la provechosa entrevista lona, pues no responde de lo que pudiera con el competente y sabio director del Obser- ocurrir. vatorio. Provechosa desde luego, si es tenida en cuenta como se debe y utilizadas en la práctica las enseñanzas que de ella se deriu -en, A. R. T. DESASTRES N BARCELONA y dijo que agradecía el cariñoso recibimieulo que le había hecho Barcelona. p n marcha. TM A iíis ocho arrancó el tren, que se comnonía de 17 unidades. Las baterías de Montjuicli dispararon otra salva de 21 cañonazos. Acompañan al Rey sus ayudantes, el presidente del Consejo, el general Linares, el senador marqués de Alella, los diputados Sres. Bertrán y Musitu, Garriga, Massó, Ferrer y Vidal, Girona, Muntadas, Conde y Serra, el presidente de la Diputación provincial con el diputado Sr. Lluch, otras distinguidas personalidades y representantes de la Prensa. El capitán general y el gobernador civil van hasta el límite de la provincia. La vía férrea, hasta San Andrés de Palomar, estaba á uno y otro lado llena de gente, especialmente de mujeres, que aplaudían al pa. jo del tren. ü l viaje. En Moneada se cruzó el tren Real con uno de viajeros, que saludó al Monarca con entusiasmo. Se ha comentado la ausencia de las atitoridades en la estación de Sardañola; sólo aguardaba el paso del tren una pareja de mozos de escuadra. En vSabadelI estaba en la estación con Jas autoridades y los fabricantes numeros, SÍmo público, que dio ¡vivas! á sS. M. En Tarrasa, adonde llegó el tren á las nueve, estaba la estación llena de público, especialmente de señoras y obreros. Estaban también el Ayuntamiento en corporación con los maceros, el profesorado de la Escuela de Industrias y la Cámara de Comercio, La ovación al Rey fué ensordecedora. El alcalde le cumplimentó y D. Alfonso le contestó manifestándole cjue se complacía en saludar al alcalde del centro fabril más importante de Cataluña. El vSr. Maura también pronunció frases di saludo para la población. Luego fué presentada á S. M. una ancian- e obrera de noventa y seis años, á quien el R e j dio la mano. La pobre mujer lloraba emocio- nadísima. Los ¡vivas! y los aplausos se repitieron: haSv ta que el tren siguió su marcha. n Monistrol esperaban en el andén las autoridades, deseosas de saludar á D. AlfonsO: Como el Rey iba almorzando al pasar por esta estación, bajó al andén para recibirlos el señoi Maura. En San Vicente de Castellet, que es uno do lo: í! jli -ÍJI. JS ft ti i; -i- -n i EL VIAJE D E L RFY POR TEi- EFONO Y TELÉGRAFO CIERRE D E I. A 3 ¡r I r O í t i N A C f f T U S ir DE NUESTRO CORRESPONSAL BARCÉI. ONA, a o 5 M, P ocas veces lap pasiones políticas üe desbordan como en ha ocasión presente se han desbordado con motivo del cierre de las tabernas. Se da el caso peregrino de que, contra lo que quieren, opinan y pregonan las clases principal y dii ectamente interesadas en que se cumpla la ley y una disposición que la complementa, se sostenga que ese cumplimiento es arbitrario y antipopular. Esta es la triste verdad de los hechos. El Instituto de Reformas vSociales se pronuncia por el cierre de las tabernas. La Junta local de Reformas Sociales s e manifiesta resuelta y unánimemente partidaria del cierre. Las Asociaciones obreras, en representación colectiva y sin agruparse, esto es, oficial y particularmente, unidas y aisladas, claman contra la taberna y aplauden la medida que impone á eso establecimientos el precepto dominical y el cierre nocturno á una hora determinada. Un popular diario abre un plebiscito para que la opinión exprese si esas disposiciones son acertadas, y la opinión contesta con abrumadora mayoría que quiere el cierre, que la autoridad que lo ha dispuesto ha hecho bien. ¿Puede darse caso de una disposición dictada más de acuerdo con la voluntad de los elementos sociales á quienes afecta. Y, sin embargo, se discute, se combate. Se saca de quicio la cuestión para convertirla en materia política. El desconcierto He extremo que se quiere dar apariencias de conflicto popular á un asunto en el que precisamente las masas que pudieran originar aquél están de parte dei principio de autoridad y coaformes con el precepto de la ley. Con tanta parcialidad se procede, que se intenta dar aureola popular y democrática á un alcalde á quien se reputó hasta aquí como hombre de lo más ukrareaccionario, sólo porque á impulsos de un maquiavelismo político se pone un momento al lado de los taberneaos para crear dificultades á un ministro, La fiebre de la pasión puede tanto, que en un mismo campo combatiente se ve ensalzar á ese alcalde porque con un bando habilísimo ha sabido con apariencias de sumisión y respeto asestar un golpe mortal al ministro y se ve censurarle porque ha sucumbido á los mandatos superiores. La falta de serenidad confunde á los campeones de esa causa, popular entre 2.000 taberneros, un alcalde, unas cuantos concejales y tres ó cuatro mil bebedores de vino al copeo, pero impopular entre 70.000 obreros y 200 ó 300.000 vecinos de Madrid. Sobre ese ruido de unos pocos que ciíborotan y que, naturalmente, se hace más pei ceptible que la actitud callada de muchísimos que callan, resulta evidente, indiscatible, el éxito de un ministro que hace cumplir una ley vigente dando satisfacción al legítimo deseo de clases sociales que han manifestado de manera soleume y terminante su conformidad. Esta es la pura y única verdad, diga lo que quiera 3 desbarre lo que desb. irre la pasión EUROPA i1 it? lluvias. que, bobre nosotros descargan durante la presente estación Bo pueden ser más fuertes, ni sus efectos más desastrosos, pero nos cabo el consuelo, si es que consuelo pudiera existir en el hecho de que les pase á los demás lo mismo, de que estas aguas no son sólo generales eu! a PenínsuJa, sino que Europa entera se halia L; ajo su ya molesto influjo, y al paso que vamos diríase que ios mares se vuelcan sobre la líerra, tratando de anegarla. Son corrientes que vienen del Sur, unas veces coa dirección S, E. otras S. O. pero siempre cargadísimas de agua, como se acusa en los pluviómetros y demás aparatos que sirven para conocer la cantidad de lluvia; pero en realidad, el hecho no tiene nada de fenómeno raro ai nuevo; lo tínico malo es que las lluvias son torrenciales y en eso estriba lo funesto de sus caBsecueíicias. I AS í N I! N D A O O Ñ é? ¡Ah, las causas de i as inunda Y SUS CAUSAS ciones! íjs mucho más fácil, aunque más triste también, poderlas apreciar en sus efectos; sin embargo, España constituye país abonado para que en él se produzcan y hasta lleguen á repetirse, con caracteres, si cabe, más graves que en el caso actual. Todo el mal ó la parte más principa! de él, ástriba en la falta de arbolado. Como si laborásemos en nuestro propio daño, la des t) blación de los montes aumenta de día en día, y no se pone coto á la tala de árboles, dando lugar á que los fenómenos meteorológicos alteren sus leyes en perjuíeio de nuestro clima 3 de nuestro suelo. -íNo quiere esto decir tampoco qne haya en la materia regias fíjas; pero existen las corrientes constantes, las ecuatoriales ó calientes y las irías, que son á la postre las que con su continuo chocar producen, y en cierto modo regulan la lluvia. A pesar de esto, la falta de arbolado acaba per alterarlas en nuestro país, y de ahí estas iargas temporadas en que la lluvia es constante y esas otras en q u e l a sequía dura siete y ociio meses. Explícáiise los veranos secos en nuestro país, porque al atravesar las corrientes húmedas exte nsas zonas de. sprovistas de arbolado, en vez do refrescarse y condensarse en él en forma de lluvia, se calientan bajo la acción de los raj os so ares 2 produce- i ¡wsaS mangas de fuego que abrasan los semi; rados y que los l e l tratisatlántico á la estación, S. M. el Rey se levantó á las seis de la mañana y oyó misa á bordo antes de desembarcar. También la oyeron el Sr. Maura y el séquito del Monarca. A las siete y media desembarcó D. Alfonso, saltando á tierra en el puerto de la Paz, donde á causa de lo matinal de la hora la concurrencia era escasa. Allí estaban el gobernador, el alcalde con la representación del Ayuntamiento, el general Linares y comisiones del elemento militar. Al salir del buque el Rey, las baterías de Montjuich hicieron Jas salvas de Ordenanza. Los buques surtos en el puerto estaban todos empavesados. D. Alfonso, una vez en tierra, revistó la compañía de Cazadores de Alba de Tormes, que había acudido para tributarle honores, y fué saludado por las autoridades; estrechó la mano del senador Sr. Maristany, que había piloteado la canoa utilizada por el Rey y su acompañamiento para trasladarse al desembarcadero. Luego, acompañado por el presidente del Consejo, el alcalde de Barcelona y el marqués de Viana, subió al coche que se le había preparado y que les llevó al trote de los caballos á la estación, por el paseo de Colón, el Parque y el Salón de San Juan, El público que había en el trayecto, no muy numeroso, pues no era conocido el itinerario, vitoreó á D. Alfonso á su paso. También le vitoreaba un. numeroso grupo que corría detrás del coche desde la Puerta de la Paz. Escoltando el coche iban, á caballo el general Linares, á la derecha, y coroneí Prada, á la izquierda. La comitiva llegó a la estación á las siete y cincuenta minutos ü n la estación. Los alrededores de la estación estaban materialmente llenos de público, entre el que predominaban las mujeres del pueblo. Cuando apareció el carruaj. -que conducía al Rey, la multitud prorrumpió e estruendosas aclamaciones. En los andenes de la estación había tanta gente que era materialme. nte imposible dar un paso. Allí estaban las autoridades eclesiásticas, militares y civ. iles, representantes de la deí Cuerpo consular, etc. y una compañía del regimiento de Vergara, con bandera y banda de música. La ovación tributada al Monarca fué calurosísima. D. Alfonso tuvo que asomarse repetidas veces á la ventanilla del va jón solicitado por los vítores y los aplausos de la innumerable concurrencia, que vitoreó también repetidamente á la Reina doña Victoria. El alcalde se despidió del Rey deseándole feliz viaje y manifestándole que Barcelona guardará imperecedero recuerdo de su visita. Díjole también que el pueblo barcelonés desea volver á verle pronto, acompañad o de la Reina. Prometió D, Alfonso acceder á este deseo en la ürimera ocasión ícsvorablc ouc se le ofrezca. n. iijió v i Rey cj ei. iic; iíut i) i; 5 CO i juez, Una comisión de fabricantes que esperaba también en la estación entregó á D, Alfor so una exposición pidiéndole ayuda para el remedio de las calamidades que padecen. El pueblo entero, que llenaba el andén, aclamó al Monarca con entusiasmo. vSalió el tren de la estación y se detuvo al llegar al puente sobre el río Cardoner, cuyas pilastras arrastró la inundación. Los ingenie- ros han construido dos puentes provisionales, con tablones; pero como se considerara peligroso que pasara sobre ellos el tren Real, se apearon el Monarca y su acompañamiento y atravesaron á pie para tomar otro tren en la orilla opuesta. El Rey se detuvo en mitad del puente de tablas para co ntemplar los efectos de la inundación y las ruinas de la fábrica de Torras. Ya en los coches todos los viajeros siguió el tren su marcha directamente á Manresa. Don Alfonso iba á la ventanilla, abstraído viendo los tremendos destrozos que el temporal lia causado por todas partes. MANHESA, 5 0 1 J M I legada á Manresa. Los andenes de la estación llenábanlos inmenso gentío Veíase en primer término el señor obispo de Vich, el Ayuntamiento en pleno, el senador señor Farguell, el diputado á Cortes Sr. Soler y March, la Cámara de Comercio, los diputados provinciales de este distrito, los alcaldes de los pueblos de la cuenca del Cardoner, muchos fabricantes y comerciantes y comisiones deí ele ro parroquial, de los jesuítas v de otras órde nes religiosas. Una compañía del batallón de Cazadores de Reus, con bandera y música, hizo los honores á S M. Al descender dei vagón D. Alfonso, cuantos se hallaban en los andenes prorrumpieron en ruidosos aplausos, que con otra ovación fueron contestados por las persoT que se hallaban fuera de la estación El Rey revistó la compañía de Cazadores de Reus. En nombre de la población saludó al Monarca el alcalde, Sr. Armengon; que expresó en su discurso el vivo agradecimiento que todos sentían por haber accedido vS. M. á compartir con Manresa sus pesadumbres y enterarse por sí de los daños que la comarca azotada por el teniporal había experimentado. Manifestó el alcalde que la comarca entera, tiene puesta su confianza en los sentiiuieutos dei Rey y espera de su excursión un rcsn tildo satisfactorio para sus necesidades 3 aspiraciones. Terminó así el Sr, Armengon: OÍIC Dios conserve á V. M. larga vida para Ineu de IA- IX tria. En parecidos ícnuinos y con ign. al es iír! t; x concretó el diputado Sr. vSolcr MI i ilau, u: ón. D. AIfou o contestó á taies eir) re. sivas ir; ses de bieuvcmida, dando gracias por el rcciljiinicri y que SÜ le ncabuba d e hacer y aseirurau-