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NUMERO 56 A B C. MARTES 8 DE OCtüBRE Dfc OCHO EDICIÓN PAGINA 6 practique; porque ella es la más verdadera de E 1 contraste es horroroso. Pero hay algo voción, y en suma, porque ella es amor, amor que puede producir mayor tristura y hasta puro, amor santo, amor tan exento dé egoísmo, desesperación á aquel infeliz arrojado del seno de toda innoble tendencia; amor impregnado de la sociedad, y es no sólo la vista del insonde desprendimiento, de abnegación, de sacrifidable piélago, del Océano, de esta soberana cio; amor que si hace la dicha, ó por lómenos belleza que se manifiesta y campea con brío amengua el infortunio dé aquellos quienes se nunca domado y libertad siempre incoercible, consagra, aumenta y afianza la de quienes lo sino también la de montañas como Ulía, Iguelsienten; amor que arrancó á la insigne doctora, do y otras mucho más altas; porque, ¿qué mahonra y prez de nuestras letras, esta tiernísima yor antítesis se puede concebir que la que exisy vehemente exclamación: ¡Desgraciado Sa- r te entre esas cosas, Como representación del tanas, que no puedes amar... infinito, y las cuatro paredes de un calabozo? ¿Qué habrá más limitado y finito que éste... Distingüese, además, la caridad, por lo múltiple de sus aspectos; por el ilimitado campo, Sin duda que un espectáculo semejante puesiempre abierto á su ejercicio, del que nadie den presenciar en San Sebastián desde sus celestá privado. ¿Quién, en efecto, no puede visidas las hermanitas de los pobres ancianos y tar á uñ enfermo, ó á un encarcelado, ó enseotras religiosas en clausura; pero éstas tienen ñar algo provechoso, ó dar un buen cojaséjo, ó creencias de que por lo general carecen los decorregir un yerro, ó consolar al triste, ó, en fin, lincuentes; han renunciado, por impulso de su realizar alguna de las varias obras de miséri- voluntad, á los engañosos esplendores y halacordia que miran ya al espíritu, ya al cuerpo? gos del mundo, y á lo fugaz y contingente de ¿Quién, por desvalido é indigente que sea, no éstos, han preferido el ideal de una vida extratendrá alguna ocasión en que amparar ó socoterrena y sin fin; á la obscuridad y confusión rrer á un niño, ó á un anciano, ó compartir con de los tiempos, los raudales de. clara é indefi. su semejante hambriento un pedazo de pan, ó ciente luz de la eternidad. remediar sil sed, ó mitigar alguna de sus peNo hay, por tanto, comparación posible. A nalidades... aquéllos, á los presos, es aplicable otro criterio. Detestando, odiando su culpa, debemos comRecuerdo á este propósito que, siendo yo padecerles, y una de las fases, de los aspectos mozo, había eu la más hermosa de las capitade esta compasión, de esta bendita caridad, les andaluzas un pobre de solemnidad, popuuno de los modos más adecuados y mejores larísimo á causa de lo jovial de su carácter y su para demostrarla, es el de apartar cuidadosaingenua bondad. Muchos de mis paisanos, vie- mente de aquéllos todo cuanto pueda sublevar jos como yo, le recordarán. Tenía el apodó dé Su ánimo, engendrando en él aviesos sentiDon Luis Marcialidades; llamaba al estómago mientos de ira, de envidia, de mortal despepetaca alimenticia, y á los peones de albañil, lo cho; es el de procurar que á sus ojos no se que accidentalmente fue algunas veces; commuestre con tintas demasiado negras su desparsas de arquitectura, dichos menos agudos que ottos que con frecuencia usaba. Pues bien; rácia; es no acrecentar ésta con sufrimientos Después de la terrible campaña. este Don Luis Marcialidades, cuy a estirpe no ese que cabe librarles y la humanidad imperiotaba muy bien averiguada, pero que induda- -Bien, amigüito, bien; ya ha probado usted que es un valiente... Ahora samente exige se les libre; és no ser crueles blemente había recibido ó dádpsé á sí mismo: con ellos, á casita antes que los demás tengamos que ensenarle á usted Ja puerta. crueldad. en ninguna de las formas de la cierta educación, este Doti Luis Marcialidades, hombre sobrio y correcto, vivía de la limosna, (De El Diluvio. piste era el sentido; en este espíritu, revelapenosamente recogida por las calles de Sevilla, do con expresión felicísima, venían á insy concurría todas las noches á un antiguo café, la bizarría, y todo linaje de belleza, señala una denarles en cumplimiento de ineludibles debeque ya no existe, titulado del Rezo, donde to- sombría nota, y es que la cárcel se halla em- res. Mas reconozcamos asimismo que lo están pirarse los famosos preceptos y consejos que el maba un ligero alimento, reparador de sus mer- plazada en un extremo de aquel campo, así expiando bien y que sufren penas en que los príncipe de nuestros hablistas ponía; en boca madas fuerzas, y, pagado el gasto, hacía el ba- que la muchedumbre regocijada se ve oprimí- legisladores no pensaron ni los jueces les im- del ingenioso hidalgo, dirigidos á Sancho, y que llamaba documentos que habían de adorlance de lo recaudado, para inmediatamente da entre términos antagónicos: el mar por un pusieron. distribuir el total, saldo ó remanente entre lado, simbolizando la libertad, y la cárcel por Desde su encierro contemplarán esa risue- nar el alma de éste; otros pobres que ya le esperaban á la puerta el otro lado, simbolizando la esclavitud. Y ocu- ña, incomparable playa de la Concha, llena de Considera, decíale, que no es mejor la fama del establecimiento. ¡Qué hermosísima limosna! rre á veces, que cuando el alboroto de aquella gentes que se entregan á la más franca y ex- del juez riguroso que la de! compasivo. Cuida ¡Qué grande y eñcaz oración! ¡Qué modo tan muchedumbre es mayor; cuando la música en- pansiva alegría; los buques que la surcan, pre- de no tratar mal con palabras al que has de seguro de granjearse eterna recompensa! ¡Qué tona un acelerado pasodoble; cuando todos ciosos y arrogantes algunos de ellos, como el castigar con obras, pues le basta al desdichado prueba también tan irrefragable y eloeuentede ríen y beben, por una ventana de la cárcel aso- Chileno, el General Baquedano (escuela de guar- la pena del suplicio sin la añadidura de las maque tal hecho del pordiosero, que presencié ma un rostro... ¡qué rostro aquél, qué gesto de dias marinas) y el Giralda, suntuosa morada las razones. Al culpado que cayese bajo tu jumás de una vez y dejó en mi alma impresión y ira y de pena, qué amargura... de nuestros Monarcas en sus frecuentes excur- risdicción júzgale hombre miserable, sujeto á enseñanza imborrables, corrobora el aserto de Conformes de toda conformidad. Y ¿cómo siones marítima los airosos balandros y las las condiciones de la deprayada. naturaleza que ni el más désvalido está privado de ejercer no... Era la tarde del 26 de Agosto de 1906. No mil embarcaciones pequeñas, destinadas unas nuestra, y en todo cuanto fuese de tu parte, sin la caridad, porque sus horizontes no tienen fin, extraño yo, y mucho menos enemigo dé place- al regocijo de los veraneantes, y oteas á las du- hacer agravio á la contraria, muéstratele piason inmensos? res. y esparcimientos que el trato- social propor- ras, pero al fin libres faenas de la pescarlas doso y clemente, porque aunque los atributos Aun en la inadmisible hipótesis de qué así ciona; pero amigo al propio tiempo de la sole- pintorescas y algunas espléndidas villas que de Dios todos son iguales, más resplandece y no fuese; aunque rechazásemos la posibilidad dad cuyas ventajas tan luminosamente, expone siryen de brillante marco á dicha playa y en campea á nuestro ver el de la misericordia que absoluta de esa caridad, que calificaré de posi- y tanto recomienda el ilustre pensador suizo las que luce sus galas una multitud de encan- el de la justicia frases que en mármoles y con tiva, de activa, condensada en la máxima haz Juan Jorge Zimmermann, llegué, como térmi- tadoras mujeres de diversos tipos y nacionali- letras de oro esculpiría yo en todos los lugares con los demás lo que quisieras que se hiciese no dé mi habitual paseo, hasta las tapias de la dades; los numerosos hoteles, y restaurants, donde se hubiera de administrar justicia. Si hemos coincidido, pues, Sr. Salaverría, ló contigo todavía subsistiría o t r a forma de cárcel que motiva las transcritas observacio- siempre dispuestos no meramente á satisfacer aquélla, no tan atractiva y simpática, pero sí nes, donde, después. de algunos instantes de necesidades cjúe todos sentimos, sino costosos que á mucha honra tengo, podemos afirmar importantísima! y es. la consistente en no mor- meditación, escribí con lápiz en deteriorado caprichos de insaciable y refinada gula; el Ca- que hace siglos, probando su filantropía, su tificar al prójimo; en no agravar sus males; en. sindj soberbio edificio en su exterior, y asiento cristiano altruismo, nos precedió en nuestras rio ofrecerá; TSja v 3 s SpectáciilCi; dé; alegrías, en, el interior de asiático lujo y de diversiones sanas aspiraciones el. insigne entre los insig 1 de bienandanza. s. deque carece, y. que por fuer- chivar, con propóáito que hoy quebranto dé no no todas igualmente irreprochables; -el Palacio nes maestros del habla: castellana, Miguel de za le han de entristecer é irritar. El lema de otorgarle los honores de la. publicidad, que de los Reyes; las bien cercanas tribunas, en cons- Cervantes Saavedra, á quien; Si hoy viviese, la esta caridad. es: No, hagas á otro lo que no temo no merezca, trucción, fiara el Concurso hípico; los numerosos cárcel de Ondarreta habría sugerido l a s misqtüsieras se hiciese contigo. Han delinquido, es verdad. No nos meta- automóviles y tranvías y demás vehículos en mas dolorosas consideraciones que á nosotros. Una coincidencia en este, pensamiento con el mos á investigar las causas de distinta índole constante, vertiginosa circulación; las músicas, Celebremos esa identidad de ¿pensamiento, y del distinguido publicista, redactor de este pe- que á ello contribuyeron. En ese génesis, eiila los cohetes, el estrépito y algazara que apenas en nuestra modesta esfera cooperemos á l á reariódico, Sr. Salaverría, ha motivado, puede de- etiología de los hechos que perpetraron; acaso cesan en esta jubilosa ciudad entregada al lización de éste, lo cual es caridad. Y cooperecirse, el presente artículo. Refiriéndose tan ñor encontraríamos motivos de excusa ó. de ate- goce; todo esto puede ver y constituir materia mos cuantas veces esté en nuestra mano con table escritor al Concurso hípico celebrado en nuación, ó quién sabe si de agravación. Aten- de reflexiones del pobre preso, en la estrechez hechos, que siempre dan testimonio de lo que 1 San Sebastián (campo de Ondarreta) fiesta, en gámonos á que quebrantaron las leyes escri- de su cautiverio, contribuyendo á aumentar su se piensa y siente, más fiel, calificado y JEecunla que con la elegancia más exquisita y el lujo tas, y á q u e l o s tribunales encargados déla de- desgracia; á hacerle, más aflictiva la pena, no do que el de las palabras. más ostentoso, compiten la alegría, la gracia, fensa y aplicación de éstas tuvieron que con- á dulcificársela; á empeorarle, no á: corregirle. FLORENCIO ALVAREZ- OSSORIO f BIBLIOTECA. DE A B C 126 E 1- a n c i a n o repuso LA CASA DEL CRIMEN 12? Cansado de su mala suerte, abandonó su ocupación y vino á verme dibujar. Estaba dando la última mano á mi trabajo. ¡Ah, bonito, muy bonito! -exclamó. -Es un dibujo admirable. Esas montañas están muy bien hecha. s. Amigo mío, tenéis mucho talento. -Comandante, me aduláis. -Nada de eso; lo digo como lo pienso. Sois un excelente joven y un- hombre de mérito; y decidme: además del dibujo, conoceréis también el colorido... Un poco. ¿Al óleo? ¿Habéis traído los colores? ¡Ya lo creo! en una caja de viaje. ¿Por qué me hacéis esa pregunta, mi querido comandante? Abro aquí un paréntesis para hacerte notar los rápidos progresos de nuestra intimidad Ya era yo el joven amigo del marido de Margarita, y él era para mí mi. querido comandante. ¿No. corre tanto la chispa eléctrica. i Tras una breve pausa, mi interlocutor respondió: -Os, hacía esa pregunta porque... si me atreviera... ps pediría: un ía or. ¿Un. favor? i i -Es el caso que, sin saber cómo ni cuándo, le ha ocurrido un percance á uno de esos retratos, al de Juan Nicolás Roberto, conde de Ferñy, abuelo de mi tatarabuelo; un golpe sin duda dado en el lienzo ha destruido por completo la nariz del retrato. ¡Es una. lástima! ¡Muy sensible... Comprenderéis que me he visto obligado á relegar al desván á mi antecesor, de tal suerte desfigurado, que Juan Nicolás Roberto falta de la colección y ha dejado su sitio vacío en una de las paredes de mi comedor. -Queríais, mi querido comandante, qué mis pinceles devolvieran á vuesr tro antecesor Iá perdida nariz, ¿no és eso? -Precisamente, si éso no fuera abusar de una manera inconsiderada de muestra amabilidad... -De ningún modo... L, a cosa es muy fácil y de ella me encargo... ¿Cuándo queréis que lo haga? -Tan pronto como se pueda. -Ahora mismo si queréis. -Bueno; pues hoy mismo. -Hoy se hará. Vtielvo á casa, y bajaré de la guardilla á mi antecesor. A eso del mediodía iré á buscaros. -Estaré dispuesto á seguiros y á devolver á Juan Nicolás Roberto la nariz perdida. -No, olvidéis ahí esa hermosapertiga. ¿Para qué la quiero yo, que cómo en mesa redonda... Tened lá bondad r dé llevárosla, os lo ruege. -I o haré por darosgusto. Yel anciano, sin hacerse más de rogar, cargó con el pez que yo había pescado y; fuésé á sacar al abuelo de su tatarabuelo de las empolvadas soledades de la guardilla v i l -Decid... Ya sabéis que me conceptuaré muy dichoso si puedo: hacéroslo... -No, no... porque realmente sería abusar de su bondadi -Os lo ruego. -No insistáis... -Qs lo suplico, mi querido comandante. ¡Vaya, puesto que lo queréis, mi joven amigo... Ved: de lo que se trata: figuraos que tehgó en mi casa toda una colección de retratos de cuerpo entero de mis abuelos, del antiguo régimen... porque debo deciros: que mi famisia s de una casa muy antigua... -1,0 sé, comandante: una familia tan, antigua como la misma provincia; una familia ilustre y que ocupa en la historia muy brillantes páginas... -Sois muy bueno... í- -Conezco la crónica de mi país... Qúé: te pare ee? puedo aspirar sin vanidad excesiva, á. que se. me considere ¿Creés que como á: un Maquiavelo dé cierto género? I, a ca a de. Margarita se me ha abierto de par en par. ¿Y quién me la abre? ¡Elmismo marido! ¡El marido, que mé lleva á su casa para que le haga un favor! El marido, que teme ser inconsiderado abusando, de mi amabilidad, A las doce en punto el comandante vino á buscarme y nos encaminamos cogidos del brazo hacia su casa. Yo llevaba en la mano izquierda la caja de colores y mi tiento. En mi primera carta te describí largamente la casita de la calle dé la Prefectura.