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NUMERO 855 mos al hermanito goiñón y á la hermanifa golon dnna (como las llamaba San Francisco) al formar el nido humano y asemejen nuestros hogares muchas veces á cubiles de animales cainiceros, por ejemplo, á los del he mano lobo Kiplmg ha escrito cosas muy interesantes respecto á este particular en sus famosos libros Pero no hay para qué emprender tan intrincado camino de zoología comparada. En esta carta debemos reconocer como clásicos á los saladísimos hermanos Quintero, que al escribir la comedia de título idéntico al que encabeza estas líneas, han bosquejado una sátira delicada de nuestras costumbres. Aquel arreglo de casa aprovechando los inúülesTEgalos con que obsequian á los novios sus respectivas familias y sus numerosos amigos, deseosos de buscar en almacenes y tiendas la chuchería barata y aparatosa, ó el bibelot cosloso é inútil, la alocada precipitación de los últimos días, precursores de la augusta ceremonia y del inevitable viaje de novios; el vivo íesplandecimiento del orgullo, seguido de pequeñas envidias é inevitables miserias, no hacen pensar en nada definitivo, sino en algo tiansitono y fugaz La de los individuos, empezando por los contrayentes, diríase que se han vaelto locos ó que están haciendo oposiciones á una cátedra de tontería trascendental. En esos días, deudos y conocidos se dedican á la dulce tarea de aquilatar los méritos, nquezasy ventajas de los contiayentes y se dividen las opiniones ojendose diagnósticos y pronósticos encoüüados como los que se formulan ante la cabecera de los moribundos. La niusa jovial y picaresca hace de las su 3 as, 3 gracias á que los pobres novios sólo escuchan parabienes, enhorabuenas y frases mil v eces repetidas, como los cromos j estampas gue adornan algunas, de las habitaciones del nido. Yo he visto muchísimos durante mi vida, y acabaditos de formar Aún apestaban á barniz, cera virgen y tela nueva los cuartos de la casa. Se había derrochado el dinero en el salón y gabinetes, el cuarto de la novia constituía un alarde de indumentaria, yero la comodidad del cuarto de tiabajo, del comedor, de los que pc liíamoí) llamar rmconcitos, allí donde se cobi ja la mujercilla laboriosa, donde se asean y ba ñan los pajarillos, no parecía por ninguna paite Claro es que contiibuía á ello la pésima disposición arquitectónica de las viviendas, donde la buena higiene de la cocina, la despensa y otros departamentos se sacrifica á los dolados de puertas y balcones, á los artesonados de las habitaciones, al lujo inútil. En la actualidad se construyen casas muy bien acondicionadas, pero aún en ellas, el pórtico, la fachada y el ascensor no conesponden á una inteligente distribución de habitaciones No temas que entre á describir cómo deben estar alhajados los cuaitos del nido, ni la forana de los muebles, ni otras minucias por el estilo. Esto sería tan ridículo como enumerar las prendas de los respectivos equipos, y por fin trazaros un plan de vida agradable é higiér meo. Lo que sí he de manifestarte es que nos vestimos con arreglo á uuestias tareas ú ocupaciones preferentes; que debemos hacernos los trajes y los muebles á la medida, es decir, que tu mesa de trabajo, por ejemplo, para serte grata y útil, deberá afectar la disposición que creas preferible, y que sería lidículo que en la intimidad te vistieses de frac ó tu mujercita se cubriese de encajes, eomolas que no tienen otra ocupación que exhibirse. El nido ha de verse libre de toda clase de polilla. Muchas veces, la sutil polilla de los muebles, apolilla los cerebros, más claro, las elegantes inutilidades de la moda, aceptadas A B C LUNES 7 PE OCTUBRE DE 07. OCHO PAGINAS. EDICIÓN -PÁGINA simo error es el amontonar en ellainil cosas inútiles, que estorbarán y molestarán. ¡Cuántas veces al visitar los grandes palacios experimentamos la sensación de cansancio y hastío, al contemplartantos objetos artísticos, gala y orgullo de sus dueños; instintivamente recorremos los salones deseando acabar pronto, como cuando pasamos las interminables hojas dé un álbum de vistas. Al salir no sentimos el deseo de quedarnos y menos de volver. Cuando nosinvitan. de nuevo á la visita, exclamamos (Ya lo he visto! Pero cuando penetramos ei? un despacho de hombre de negocios, en un es, tudio de verdadero artista, eñ un interior don- de el aliento de la vida sana y honrada, orea el ambiente, nos sentimos atraídos, sin saber ppi qué, desearíamos leer recostados en. las butacas cómodas que tienen el imperceptible modélade del cuerpo, aproximarnos á la mesa eubierté de libros, oir los acordes del piano, y lámparas tapices y muebles parecen decirnos: ¡Qué date! v f r I i- p I, t Toledo- El centenario á. e Rojas. Descubrimiento de la lápida conmemorativa, -colocada ea. Ja Iglesia de an p- aivador, donde fue bautizado el insigne dramaturgo. con júbilo, solamente por ser bonitas y por vestil bien, llegan en ocasiones á llevarnos por caminos de positiva perdición. Y respecto á joyas, trajes, coches, automóviles y otras zarandajas, el peligro es aún mayor. Acuérdate del famoso cuento de las zapatillas bordadas Un collar de perlas, regalo fastuoso de unos millonarios á una recién casada moi desta constituyó la ruina de aquellos buenos muchachos, dignos de mejor suerte. Quedamos Pepe amigo, en que el nuevo hogar es como el nido de los pajarillos, y así como éstos emprenden vuelos sin fin, piando gozosos, para volver á él, -nosotros los seres humanos debemos procurar sentir el deseo de recuperarlo y gozarlo, cuando nos aparta de él nuestro trabajo ó nuestras diversiones. Quien no se sienta más alegre y más feliz al entrar en su casita, tarde ó temprano la abandonará, es cosa probada. Por esta causa, crasí- Quédate, sí, en el nuevo nido, sobré todo, erí los primeros días dé vuestra felicidad. 1 El fa. moso viaje de novios, que reviste casi siempre las apariencias de un rapto legal, es. incomodó, malsano, peligroso. Lo ha demostrado en famosa novela una insigne escritora, que conoce todas las sutilezas de lá psicología femenina. La comedia del noviazgo se agranda, y en ei tal viaje adquiere los caracteres dé úh. debut dí artista principiante. Es deshojar, frescas hojas de rosa en medio del arroyo. ¡Cuánto mejoi respirarás su embriagador perfume en el recatado nido! A mí me pareció siempre un símbolo de le que será la vida conyugal. ¡Desgraciados aquellos que emprenden un viaje sin haber conocido á fondo al respectivo compañero! ¿No te ha ocurrido muchas veces, en. tus numerosas excursiones, creer que ibas á disfrutai mucho con ia compañía dé un amigo á quien conocías de años, pero á quien no tratasteántimámente, y por lo tanto, ni podías, respetarle ni estimarle, y antes, mucho antes de llegar al final del viaje, le despreciabas, y hasta le abo: rrécías, sin poder manifestárselo? Le cieíste inteligente y educado y era grosero é ignorante. Te le imaginaste generoso y servicial y resultó egoísta y- cicatero; ensarna, te viste estafado, por ti mismo, y en este, bajo mundo, no disculpamos ni perdonamos estos 1 engaños exclusivamente nuestros. ¡Aysi le hubiese conocido antes! exclamaste, y tu odio, después de concentrarse en él, se repartió entre los amigos que te le presentaron; su familia, sus correligionarios, todos. El universo entero creíste que se. había confabulado para engañarte, envilecerte y explotarte. Pues ahora, imagínate lo qué pasará por el magín de una señorita ó de un caballero, que en medio de un andén, en las soledades de la fonda, al salir de un teatro, en plena sociedad, ve caer estrepitosamente sus ilusiones y lo que es más horrible, sus legítimas esperanzas de ventura. No ahondo en este punto, no quiero poner ejemplos que habrán acudido á tu memoria. (Pobres pajarillos, desparejados! ¡Infelices avecillas cantoras, que creyeron unirse á un jilguero y se hallaron con un buho... Ahora comprenderás las ventajas de que conazcamos bien, pero muy bien, nuestros compañeros de viaje; que no emprendamos ninguno sin estudiar nuestras respectivas, aficiones y disposiciones. El viaje dé la vida es corto; pero bien puede parecer interminable y horrendo. El hombre, como el pájaro, no halla, mejor reposo que en el nido. Mira bien cómo te lo preparas. EL DR. FAUSTO. BIBLIOTECA DE A B 124 LA CASA DEL CRIMEN 121 VI Cuando los álbums volvieron á su cartera y se agotó el arsenal de los le cuerdos, eran ya más de las cuatro. -Muy tarde es para que vayamos á tomar el ponche- -diio el cotifudante, -si os parece, lo dejaremos para esta noche. i- -Estoy á vuestras órdenes. ¿Presumo que comeréis en la mesa redondas -Sí, señor. ¿A las siete ya habréis acabado? A las siete y media venare a buscaros. El café de los Oficiales está á dos pasos de aquí ¿Os parece bien? -Perfectamente. -Pues lo dicho, dicho. Y se fue. A las ocho estábamos sentados uno enfrente de otro, contemplando las azuladas llamas de una ponchera que ante nosotros ardía E 1 comandante fumaba uno de mis cigarros con suma deleitación. Después bebimos unos cuantos vasos de ponche. De repente, el anciano se dio un golpe en la frente, cual si se le hubiera ocurrido una idea. -Caballero- -me dijo, ¿podíamos jugar una partida de ajedrez? ¿Jugáis al ajedrez? -exclamé con fingido asombro. -Sí sí... alguna que otra vez. ¿No os lo dije esta mañana? -No recuerdo. -Lo olvidaríais Pero, en fin, ¿os agrada mi proposición? ¡Ya lo creo que me agrada! Nada como eso podía proporcionarme tanto placer. E 1 anciano, radiante de alegría, llamó al camarero con voz fuerte ¿Qué deseáis, mi comandante? -le preguntó. -Un tablero de ajedrez, á eseape. -En seguida, señor conde. E 1 tablero reemplazó á la ponchera y dimos comienzo a. la. partida. Tú eres profano en este juego, amigo mío, apenas i distingues un peón de un alfil y una torre de un caballo; hágote, pues, gracia de los términos técm y de los detalles, de las peripecias de nuestra primera partida, bravam e disputada por ambos y en definitiva perdida por mí, aunque soy, 6 precisamente porque soy más fuerte que mi adversario. E 1 comandante sonreía satisfecho y frotábase las manos de gusto a revancha! -dijo, -os ofrezco la revancha. -Iba á pedírosla, comandante La segunda partidajuguela con mucha más habilidad que la primer Tuve el talento de hacer que fuera reñida hasta el momento decisivo, en ei que merced á na Tigada atrevida, la victoria coronó mis planes. examen El rato. de mis croquis y las narraciones de mi visitante duraron largo -Apasionado. ¿Sois diestro? -Así, así; he pescado en media docena de mares, en un número, infinito de lagos, de ríos y riachuelos, sin contar los estanques... Debo añadir que he recibido lecciones de los pescadores más célebres de nuestro tiempo. T- ¡Oh, joven, joven! -dijo el comandante muy expansivo; -pescaremos iuntos. -Con sumo gusto. -La pesca con caña, en mi opinión, puede reemplazar á todos los demás goces de este mundo- -continuó mi interlocutor. -Excepción hecha de uno sólo, caballero. ¿Cuál? -El de jugar al ajedrez. E 1 anciano me miró con un asombro y tal ternura, que rayaban en la estupefacción. ¿Jugáis al ajedrez? -me pregunto con una voz. que la emoción. hacís trémula. -Siempre que pueaó; es mi pasión dominante, mejor dicho, mi única pa sión. Cuando estoy en París no salgo del café de la Regencia... Durante mi! viaje, la falta de contrincante capaz en este noble juego es para mí privación de las más enojosas, de la que á duras penas consigo consolarme dedi candóme en, cuerpo y alma á pescar con caña, Estaba viendo que el comandante ardía en deseos de darme un abrazo, y conforme me había dicho: ¡pescaremos juntos! exclamaría: ¡jugaremos juntos! Pero. se contuvo. Sin duda se dijo que para jugai al ajedrez corrongo tenía que invitarme a ir á su casa, y esta consideración le detuvo. No me conocía lo bastante pars franquearme su casa. ¿Acúdió á su mente la idea de que mi visita pondría en relación á un joven con su joven esposa? La indiferencia absoluta con que había yo dicho su señora hija debíí, alejar de su espíritu toda idea de celos Por otra parte, no es posible desconfiar de un hombre cuyasaficiones soru No lo creoi