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NUMERO 854 DOMINGO. ó; D OCTUBRE OE- OCHO PAGtlNAS. EDICIÓN PAGINA 6 queja por escrito. Me temo que el Sr. Bargiela haya de inhibirse por incompetente. Fuera mejor que esta reclamación se uniera á la del barbero en la forma que me h e permitido acón sejar... r v i a l o g a n con extremada urbanidad, pero con dejos de ironía, un francés y u n español. El primero, suavemente, desliza la afirmación de cómo nosotros hacemos en nuestra zona u n servicio de limpieza deficiente, en tanto que ellos... Replica el español que también los franceses gastan más, y el francés, ahuecando ls voz, dice que Francia paga, que ¿a Francia no regatea. Pero y a al español se le h a subido la mosca á la nariz, y exclama: -Eso n o es cierto; ustedes gastan d e los 10.000 duros que h a n obtenido en la subasta de los productos del saqueo, en la subasta de telas y bienes muebles que tienen dueño... Este incidente ha sido, después de todo, muy suave. Otros se suceden más agrios todo el día, y á veces los protagonistas visten traje de color. I, a cortesía suaviza sólo aparentemente; pero la cuerda está y a m u y tirante, y es fenómeno físico y fatal el de chocar y repelerse las fuerzas encontradas... ABCEN MARRUECOS 1 MPRES 1O NES aucLIAa Puesto q u e acaso n o es ir U B I T A Q oportuno n i prudente ir recogiendo referencias y juicios que matemáticamente convergen en u n mismo punto de agria y decidida censura á los franceses por su conducta total en Gasablanca, yo me limito á ir apuntando impresiones ligeras y varias, que brindo al lector modestamente, como un manojo de pequeneces, para que el lector tenga elementos complementarios de información y con s u buen juicio adivine, deduzca y formule. De. manera q u e ni ahondo, ni defino, ni califico siquiera. Algo h e de escribir por l a obligación de comunicar con el lector, y como ni quiero mentir, adulterando hechos, n i pasar de miope á ciego, no viendo algunos de bulto, lo mejor es contraerme á las socorridas notas sueltas. J p n u n a casa que hace rinconada con u n a ca lleja y una plazuela, ambas bautizadas con rótulos franceses, forman larga cola moros desV para motdefin, sin tono irónico, sino con harrapados. Desfilan u n o á uno por el portad- tono de pesar y de indignación, un par de en cuyo dintel un, oficial, francés, de teresiana españolerías roja, acompañado de unos cuantos legionarios 1,0 del agua del campamento español, toda que empuñan sendos vergajos, requiere granvía sin arreglar. Su Majestad el Expediente se des piezas de lienzo, las desenvuelve prestaha cruzado en el camino. J 51 Estado no puede, de mente, mide con u n palo, rasga á tirones, y v a plano, autorizar u n crédito para que se acarree entregando trozos. el agua de u n kilómetro y se tenga al día... Es- -He aquí- -exclamo en alta voz, ante los amigos que me acompañan- -un acto muy plau- San Sebastián. Eí transbordador funicular, del Monte lilla, inaugurado preciso que continúe el espectáculo vergonzoso del transporte de las barricas desde Málaga. sible. Estos moros sé hallan desnudos, y el so: Días y días se invierten en el desembarque 5 e l d í a i del corriente. ¿OT. ÍMGO YE corro es oportuno. Podrán, al menos, cubrir hay que emplear i u n a porción de soldados en sus carnes y no pasearán casi en cueros por la población. ¡Santa caridad! Quizá alguna Aso- Oajo el atrio angosto de la Aduans ¿dos légio- calle no es amplia, y los pobres, llenos de zo- cada bocoy, de 63 arrobas, para subirlos por la narios se pasean vergajo en mano. Pasan zobra, tienen; ansia de verse cuanto: antes én cuesta de entrada á brazo porque no hay paciación francesa. lancas. -Perdone usted- -me interrumpe u n testi- dos mozos españoles llevando u n a s maletas. sus hórridos cuartuchos, se agolpan, se impaY otro detallito sin arreglar: IyOS pobres I,o s legionarios lanzan mn grito gutural, y an- cientan, rompen l a cola. Mas este desorden n o go. -Aquí no h a y caridad qué valga, ni ese retes que los dos españoles se hayan dado, cuen- dura n i u n segundo. Allí están los legionarios, guardias de Orden público; Quiero creer que parto es de limosnas. X ó que se entrega es jorel Sr. I a Cierva lo ignora. L, os cuatro guardias nal. Esos moros h a n trabajado todo el día. Se ta, saltan sobre ellos, forcejeando, cerrando el vergajo en mano... que fueron embarcados para acá casi por sorpaso, y uno alza él vergajo para c r u z a r l a esles paga en lienzo. palda del pobre que va cargado. I,o gró detener p a s e a n por el centro tres oficiales españoles. presa, no tienen todavía sobresueldo asignado. -Pero esas telas... Algunos franceses saludan, y. los centine- Con la carestía que aquí reina, ¿cóm. 0 pueden -Proceden del saqueo. aquel brazo iracundo. Interviene u n joven, vivir y mantener á sus familias en España, di- ¡Tendrán entonces; dueño, poseedor, legí- agradable y simpático, dando u n a orden ¡rápi- las ponen armas al hombro. Pero se repite la- vidiendo su sueldo de tres pesetas? Estos infetimo que podrá probar su propiedad, su pre- da en francés. Los legionarios se retiran. Pero mentablemente la casualidad de que grupos lices, mal trajeados y con los bolsillos vacíos, de soldados franceses están vueltos de espaldas ya hemos visto bastante. existencia... en aquel momento y, generalmente, de ruidosa han estado pasando hambre y soportando la- -Claro que tienen dueño. ¡SI dueño que h a befa y él escarnió y el regocijo de los burlones TSesde las almenas que cierran el Melak, en- chacota. visto usted! franceses. E l S r Bargiela h a puesto fin á este caramados én un vetusto cañón inservii J n barbero andaluz vivé aquí quince años. espectáculo, anticipándoles dinero para que ruedas de n sargento francés, caballero e n mansa ble, montado sobrehormigueromadera podrida, E l hombre ahorraba moneda sobre mo- coman. humano. Unos m u í a recorre al paso las calles, y ante los contemplamos u n neda. Buen humorista, como de aquella tierra, ¡Cómo h a n de mirarnosy h a n de considerarchiribitiles de los judíos, que venden variados; militares franceses con miras y cordeles, h a n hablaba de acumular un capital, para conver- nos, si por doquier vamos no parece sino que artículos, y ante los revendedores que, senta- marcado u n: extenso rectángulo, y- sobré la tir su pueblo de la serranía, en puerto de mar. tenemos el empeño de ponernos nosotros misproceden dos ó de pie en el arroyo, ofrecen bollos, boto- marcha en otro á afirmar elápiso. Eri aquel U n día este barbero se ve con 2.000 pesetas en mos en ridículo. edificar nes y otras bagatelas, el jinete hace alto, alar- trozo ymuro ó áposterior van les dé laó á le- la mano, -yypor emplearlo honradamente, hace F. SANCHEZ- OCANA hacer lo que gatia, ga la mano y abre la boca de u n a bolsa- carte- vantar que todo este terreno, y aquél, y el otro, un fondac Xfondac h a sido ocupado por la tro- Casablanca, 28 de Septiembre. ra qué cruza áda bandolera su pecho. No veo puesto pa francesa. H a ido á reclamar verbalmerite y; y el que utilice talonario ni entregue billetes nu- Una otro, sin más confín que el; mar, es suyo. le h a n recomendado que Ib hiciera por escrito prescripción activa les entregará; todo el merados. El sargento éste- -me dicen- -se de- dominio útil de las cercanías de Casablanea. H a reclamado por escrito y se le h a n reído en HOMENAJE dica todo el día á cobrar u n impuesto que no En arreglar el piso trabajan sin descanso 60 ó las narices. No es el único que se h a quedado sabemos cuándo ni cómo se h a creado. Un im- 70 moros, acarreando pedriscos, supliendo á por tan bonito procedimiento sin fondac ó sin A UN TELÉGRAFO GOBERNADOR POR puesto de guerra que exige á judíos y á espa- las caballerías; Í Y unos. cuantos legionarios casa. E l hombre, pasa el. día preguntando á 1 CACEREB, 5 2 T ñoles. Algunos franceses pagan. Pero otros, vigiláis. vergajo en mano. quiénjXeclamará. Me he permitido recordarle el ciertamente, no han pagado u n solo día. clásico consejo español. Eín casos así, está indi- I p n la sesión que ayer celebró l a Diputación íf. provincial acordó por unanimidad poner cado reclamar á monseñor... orno la paz es u n hecho, todas l a s mañanas en conocimiento del presidente del C o n s e j o y Trios soldados franceses forcejean por sacar! acuden nuevas familias moras. ás muje- i f na mujer se h a presentado llorando á nues- del ministro dé la Gobernación la ¡complacen de sus goznes una puerta de madera, que res h a n aprendido la misma cantinela: Nada tro; cónsul. Dice q u é llevaba diez años cia de toda la provincia por la beneficiosa camcierra el hueco de u n a casa particular. -Un sar- nos dejaron, señor... Realmente, vienen sin despachando en u n a tiendecita, su medio único paña administrativa y moralizadora del gobergento de Policía española se acerca y trata de ropas, sin nada, en estado lastimosísimo. Al- de vida, y ahora, ni se le permite vender cier- nador civil D. Felipe Crespi d e Lará. impedirlo. I,o s soldados, altaneros, vocean gunos grupos van á parar, al Consulado espa- tos artículos, ni puede abrir hasta hora deterI a sesión fue suspendida para ir la Diputaunas cuantas cosas que el sargento espáñolno ñol; y desde allí á nuestra Policía militar, que minada. Y añade qué otras dos tiendas aná- ción en pleno á darle cuenta del acuerdo y felogra comprender. Pero u n oficioso traduce formaliza la entrada sin demora. Pero los más logas, de subditos franceses, abren y venden licitarle. seguidamente, y nuestro sargento, perplejo, no hacen s u presentación á la autoridad francesa; como les viene en gana. Demos uñ. ¡viva! á la El Sr. Crespi de I ara dio las gracias y masabe qué hacer. Aquellos soldados arrancan creen, en su temor, que si Francia rio autoriza libertad de contratación. E l Sr. Bargíela, que que no qué cumplir con su aquella puerta porque están autorizados para su reingreso no les dejarán en paz. Afluyen, tiene que morderse los labios muchas veces al nifestó pero quehacía más adoptado le estimiideber, el acuerdo ¡ello Ni u n a palabra más. pues, hacia el Consulado francés, y. cómo la día, recomienda á la reclamante que formule su lará para seguir cumpliéndolo. fe BIBLIOTECA DE A B C 120 L. A CASA DEL CRIMEN 117 -Precisamente... tfo soy quien tuvo el gusto de devolveros la recalcitrante galguita qué m e demostraba tanta simpatía. ¡Está muy bien, está m u y bien! ¡Ya decía yo que os había visto antes de ahora... Y no m e equivocaba. Pues bien, caballero, Gibby está perfectamente bien. -I celebro mucho. E s n a precioso animal que debe hacer las delicias de vuestra señora hija. E 1 comandante se puso hueco como u n pavo, y dijo: La persona que m e acompañaba la otra noche, y á quien habéis tomado por mi hija, es mi esposa, caballero... Pero la equivocación es natural, porque Margarita es mucho más joven que yo... Y como á esto nada podía responderle, di la callada por respuesta. e l comandante continuó: También mi mujer dibujaba antes de casarse, y e n verdad q u e hacía cosas muy bonitas, por más que no tanto como vos... Pero ahora, no sé por qué, h a renunciado á las Bellas Artes. i Sólo piensa en sus flores... E s tal la afición que siente por ellas, que cuanto se diga es- poco. ¿Te parece si he estado inspirado al pedirte que me enviaras u n paquete de semillas raras? Si mis cálculos son exactos, y si, como no dudo, h a s desempeñado mi encargo sin pérdida de tiempo, debo recibir esta tarde ó mañac na el precioso paquete. ¿Y quién sabe si esas semillas no m e producirán muchas flores... de esas mismas flores con que Venus, en aquellos tiempos, tejía sus guirnaldas en Citéreá? v -Caballero- -me preguntó el comandante, ¿pasaréis algún tiempo en nuestra ciudad? Pregunta es esa á l a que me veo casi imposibilitado de contestar, Tengo pensado visitar detenidamente los alrededores, y permaneceré por aquí en tanto que halle puntos de. vista pintorescos que copiar. -Entonces, caballero, tenéis para rato, porque h a y una verdadera riqueza de puntos de vista de todas clases. -Mejor que mejor; la ciudad rne gusta, y no tengo prisa por volver á París. -Eso es admirable tratándose de un joven. -No adivino la izón. s- -Figuraos que aquí carecéis en absoluto de distracciones. -Cuando me canse de trabajar, me quedará el recurso de pescar con caña. E 1 comandante se estremeció. Mis últimas palabras, que, a l a verdad, no dije é h u m o de paja, -habían ke. rido su fibra sensible. 2- ¿Sois aficionado á pescar con caña? -exclamó. do con írecúencia en dirección á l a ciudad para ver si venía el comandante A las seis en punto vi qué salía del paseo, con una puntualidad verdade- ramente militar. A partir de este momento, y aparentando que no me cuidaba de él, no le perdí de vista. No dejó de contarme trabajo conservar mi seriedad a l ver los evidentes síntomas de contrariedad y de disgusto que se pintaron en su rostro y ademanes al ver desde lejos que un extraño había ele gido donjiciljo á orillas del río y próximo á s u sitio favorito. Sin duda rio se enteró bien de cuál era m i ocupación, y creyó que era u n rival que iba á hacerle competencia en s u tarea habitual, disputándole el triunfo de la constancia, y a que no del éxito. A medida que se acercaba y cerciorábase de que mi mano, armada de lápiz, no empuñaba otra arma dé destrucción, su fisonomía se serenaba. Iylegó, por fin, al pie del sauce, y mientras armaba la caña empezó tina serenata de toses bastante divertida. sVolví la cabeza, corno si hasta entonces rio me hubiera dado cuenta d e la presencia del recién llegado, y le saludé. Por la manera que tuvo el comandante de contestar á mi saludo, era evidente que no me reconocía. En efecto, sólo me había visto uri momento, y de noche, en la semiobscuridad del crepúsculo, que el espeso follaje de los árboles del paseo hacía más obscuro. Sacó del bolsillo una cajita de estaño que encerraba el cebo, que puso con cuidado meticuloso en tres anzuelos; luego los echó al agua; sacó del bolsillo un pañuelo, que extendió sobre la hierba para preservarse de la humedad matinal, sentóse, y por espacio de algunos minutos permaneció en la inmovilidad más absoluta. Peró era indudable que su atención estaba repartida entre mi persona y el flotante corcho. Momeritos después, hostigado por la curiosidad innata en todos los provincianos, pues este hidalgo es u n provinciano, levantóse, vino despacito en busca mía y entabló l a conversación que voy á relatar fielmente: Estáis copiando un punto de vista? -dijo. Naturalmente respondí: -Sí, s e ñ o r N