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NUMERO 85 4 A C DOMINGO 6 DE OCTUBRE 7 OCHO PAGINAS. EDICIÓN i. PAGINA 3 f í -7 r 1 f P- 0 M i OTE -4 S i- 7 V í f ...N El Jo. aniversario de la batalla de Plewna en la guerra turco- rusa. Inauguración del monumento dedicado al general ruso Skobeleff, con asistencia del gran duque Wladimiro Alejandrowitch y del príncipe Fernando de Bulgaria. i FOT. TRAMPUS. Por allí marchábamos los diez hombres, tan abarcas, fumando en una pipa de barro, y por Aveces las estadísticas suelen ser divertidas. Anoche, al salir de la Comedia Fran- dichosos poir haber dejado en la ciudad las mil él nos convencimos de que estábamos en el Piincómodas preocupaciones de la civilización. rineo y no en las montañas del Tibet. cesa, escuché la conversación siguiente: importunar con las exi- Y como caía el día ya, y la niebla dejaba tu- ¿Se ha fijado usted en la Sorel? -preT Allí nadie nos podíadel trabajó, de la política, midóslós cuerpos, encendimos fuego en seguiA ESTADÍSTICA I, a mayor parte de guntaba un señor condecorado á un pollo gencias del negoció, los desocupados han de las cuestiones candentes y trascendentales; da y al poco rato nos pusimos á cenar. Cuando dernier cri, hasta allí nó llegaban los! hilos de la compli- la niebla entumece el cuerpo, cuando el viento pasado el verano buscando distracciones- ¿En- la toilette del segundo acto? ¡Oh! Es- cada trama social, y caminábspios libres, des- frío de las alturas azota el rostro, ¡qué encanto en el cambio de. tarjetas postales. Esta afi; prendidos del mundo, sólós con elcielo arriba, existe en el sencillo hecho de encender una ción está visto que no muere. Ahora vuel- pléndida- -decía el po. íló. hoguera, calentarse, mirar la llama, ver el humo- -No- -le respondió el viejo deeore -7- Hncon la tierra desierta abajo. ven á París con tres ó cuatro álbums repletos lias hayas, de tan gruesas como eran, seme- que asciende al cielo! Y el miserable cuerpo, de vistas y retratos, y con tal número de re- l o s b e s o s! jaban blanquecinas columnas de un templo este cuerpo civilizado y vicioso que Sóíó desea- ¿Qué- besos? laciones adquiridas que sólo para despachar y cosas suaves, entonces y tapaban el cie- -Pero, ¿no ha visto usted? ¡Duflos estará primitivo; se unían las; ramasvaga penumbra refinamientosha castigado, entonces que que el la correspondencia necesitarían tres ó cuacansancio lo el frío lo y marchábamos en Tina: contentó! Xe da siete besos en; el primer como de santuario druídico. Pero hubo un mo- lo ha arrecido, ¡con qué humilde agradecimientro secretarios. ¿os aficionados á hacer estadísticas cal- acto, doeé en el segundo y cuatro en el ter- mento en que el bosque se aclaró, se disolvió to recibe la caricia de la sopa caliente, de una también la niebla, y apareció á nuestros ojos un ordinaria sopa de ajos... Cenamos, pues, entre culan en un montón de millones las tarjetas cero. Total, veintitrés besos. panorama extenso, magnífico, vigoroso. JEl pastores, y nunca tal vez cenaremos con tanta- Oh. fC esttigob! postales que han recorrido las Administra- -He calculado, reloj en mano- -continuó monasterio de. Aranzazu estaba en lo hondo de voracidad y alegría como en aquella ocasión, ciones de Correos de Francia, sin contar las con cucharas de estaño, el señor decoré, -la duración de cada beso, -yuna encañada suspendido de las rocas; los ba- junto á una hoguera. con platos de arcilla, extraviadas y las que andarán viajando por descendían en casi hacia los veintitrés dan un total de ocho minutos rrancos del Septentrión; líneas muy. rectasextenesos mundos, como una que acaba de recibir el lado lejos, lejos, Caía la tarde, la niebla se iba esfumando, el un pacífico vecino de Passy, qué ha tardado y medio. ¡Ocho minutós. y medio durante los díase una serie de vacías mesetas, cortadas paisaje se envolvía en una mayor gravedad. cuales no hablan Henrietta ni el conde d- Ar- bruscamente por precipicios de roca viva, y en La meseta de Urbia tendíase. solemnemente once años en recorrer una distancia que, en vantl; el horizonte se amontonaban, las montañas, em- entre los riscos que la limitaban yaislaban del ómnibus, se salva en media hora. ¿i e parece 1 á usted poco; elocuente lo penachadas por espesas y sombrías nubes. No mundo; lancha como una llanura, pelada eomo Esta postal ha estado en las cinco partes se veía nada que denotase vida blanda y ri- un desierto, sin un árbol, sin una casa ni un del mundo, y como un veterano que luce sus que se dicen? soberanamente bravio, ento- ¡No! Es que he pensado que sonocho sueña; todo eraperfectamente gigantesco; un camino. ÍE 1. crepúsculo daba al campo raso una cruces y medallas, viene acribillada de sellos minutos y medio que nos roban á los espec- nado y salvaje, para ser cantado por el Dante. rara entonación muy suave, muy fina. Bajólos y notas, acreditando los lugares recorridos. buen panorama, ipeñáscos de la montaña, hacia el ocaso, las Finalmente, llegamos alo alto del puerto, y praderas tomaban un tinte verde- claro; pero El destinatario, si se ha pasado los once tadores. -Pero ellos los aprovechan. descubrimos la meseta de Ürbia. Pero la nie- de un ve rde ideal y purísimo, como el que usaaños esperándola misiva, amante quizá, pueY yo me alejé pensando. en los veintitrés bla se espesaba cada vez, y á, medida que avan- ban los pintores prerrafaelistas. Por aquellas lade repetir los versos famosos: besos de la Sorel... y en la utilidad de las es- zábamos nos hundíamos en aquél mar ondu- deras corrían los rebaños de ovejas, que torna ¡Esperando una carta que no. llega! lante de brama; hasta que. por último, la nie- ban á sus hatos; parecían ííneas blancas y futadísticas. Esperando un amor que no vendrá! bla cayó tupidamente y nos envolvió en abso- gitivas rayando caprichosamente las extensas JOSÉ JUAN CADENAS. Los que entretienen sus ocios haciendo luto. Y los diez hombres civilizados, perdido el laderas; ó parecían también rosarios que enestadísticas, reparten esos millones de tar- París, Octubre. rumbo, divagábamos entre la niebla á 1.200 volvieran á las mpntañas, en la hora mística jetas pórtales por días, por horas y hasta metros de altura, entregados por completo á del crepúsculo. Oíase en la serena majestad de por minutos, adjudicando á cada ciudadano nuestro destino, incapaces de nada. Poco nos la tarde; el melancólico balido, de los rebaños. un número determinado de tarjetas, caprie ésde el monasterio de Aranzazu sale un ca- servía entonces la civilización; no poseíamos Y estaba yo contemplando y escuchándolo chosamente, claro está, porque habrá aldeamino que conduce á la meseta de Urbía, otros medios que nuestra cultura y la erudi- todo, y soñaba con meterme á pastor... no en Francia que ¡no sepa que existe si- situada sil pie de la sierra de Aitzgorri. Por ción de los libros; pero con la ciencia y con los Es fatp lo que á mí me ocurre, qué en viénlibros los diez hombres civilizados nos veíaquiera semejante género de correspondencia. este camino áspero, solitario y sorprendente, mos perdidos en la niebla. Xa naturaleza se dome en una catedral oyendo el órgano, me íbamos andando los 10 hombres civilizados, á entran ganas de ser clérigo, y si estoy en una Pero hay desocupades para hacer estade la montaña estaba riendo irónicamente de los diez hom- montañaj. desierta, quiero yolverme pastor. ¡Ser dísticas de todas clases. Hoy nos dice uno sumirnos en la salvaje soledad volviéndole la bres civilizados... pastor, renunciar á la vida de las ciudades, de éstos que desde el 15 de Julio pasado y á convivir con lps pastores, espalda sil mundo del progreso; Pero donde la civilización termina empieza romper enérgicamente los hilos que atan á la hasta el 30 de Septiembre, el autobús que El camino subía poir una ladera escarpada, e el pastor; y los pastores, que no saben de me- civilización y vivir para mí mismo, á solas con sirve el trayecto Place- Saint- Michel- Odeon inmediatamente se ocultó en uri bosque de ba- cánica, pero que conocen á fondo la Naturale- mi ser interior! ¿Para qué inquietarse por las ha perpetrado 21 atropellos, matando á dos yas muy espeso, y entre aquella maraña de ár- za, habían colocado á lo largo de la montaraz complicaciones de la vida? I a vida apenas es ancianos, tres niñas y dos mujeres, rom- boles nos; consideramos en plena Naturaleza y llanura unos postes de piedra blanca, de mane- un sopló, las delicias que ambicionamos son piendo 17 costillas, partiendo siete piernas como á cíen leguas de poblado. Es decir, que ra que oor ellos pudieran orientarse cuando la otro soplo, y después de ensayar cuatro piruey desvencijando cuatro fiacres. ¿Quieren us- las casas desaparecieron, los hombres también, niebla ó la nieve cubren aquellas alturas. Nos- tas y cuatro voces, nos morimos. Pues si todo y en todo lo ancho del paisaje no se veía el otros bendijimos la línea de las piedras y lle- esto acaba así, muñéndose, ¿qué importa albotedes más detalles? de civilización, ni Esto, siempre es un consuelo y sobretodo menor vestigio chimenea. Cuando un poste, ni gamos hasta el grupo de cabanas que hay en la rotar entre hombres ó alborotar entre ovejas? un riel, ni una se aclaraba Vivir una vida sencilla, anegarse en la contemsirve de enseñanza, porqué así como la el bosque, los ojos solamente contemplaban ro- alda del Aitzgorri. ¡Oh, qué bellas cabanas Viéndolas agrupay Prensa nos avisa estos días muy cortésmen- cas, árboles bravios, inmensas montañas. Aba- das bajo la mole de la sierra, en aquella pro- plación; comer un pan el un queso, dormir sobre unas pieles, beber agua de los arroyos; te diciéndonbs que después de las once de jo, un barranco muy profundo y lleno de mis- funda soledad, nos creíamos transportados al ver los valles y las colinas tendidos á mis pies, la; noche no es conveniente que vayamos terio; enfrente, un montañón pelado, erguido y mismo fondo de las edades primitivas. No po- ver salir el sol amarillo, correrlas nubes, bripor tales ó cuales calles, donde los apachesalto como un gigante que defendiera la entra- día darse nada tan primitivo ni tan inocente; llar las estrellas... ¿Para qué más? El resto de nacen de las suyas, del mismo modo pode- da del barranco, y á la otra parte la desolada de un momento á otro esperábamos ver surgir las cosas que poseemos son superfluas, y tan mos enterarnos del recorrido de los autobús ladera del monte Alona. I, as ovejas pastaban la silueta de un tártaro, con su lanza y su caba- vanas cómo los juguetes de un niño. ¡Yo quiárboles, Place- Saint- Michel- Odeon, y dar un peque- bajo losla niebla el viento movíasuavemente las llo pelado... Un cuadrilátero de pedruzcos uni- siera teíier bastante coraje para ser pastor, ramas, ondulaba en formas ño rodeo para no sacrificar ninguno de nues- sas por los riscos, y á veces descendíacapricho -dos con tierra, un techo de paja, dos palos cru- para darle un olímpico puntapié á los juguetes hasta reducían las catros más importantes miembros. ¡Todo tiene bosque y lo cubría con su velo: entonces quedí- zados en el caballete; á esto se las estepas del de la vida... banas cuyo estilo recordaba sus ventajas, y la estadística también! ba todo como anegado en misterio y en sueño... Asia. Pero salió un pastor, vestido con boina y! J. M. SALAVERR 1 A DE NUESTRO ENVIADO ESPECIAL ABCEÑPAR 1 S L ENTRE LOS PASTORES D