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NUMERO 85 a 4 A B C. VIERNES 4 DE OCTUBRE DE 1907. OCHO PAGINAS. EDICIÓN 1. PAGINA 6 Man cometer u n o s respeto siempre, la cuantos exaltados alopinión ajena, á mí gún exceso, pero la reme repugna cometer presión sería inmediatamaña falta de sinceta. y dura. ridad. El. Mokri, ministro Ha saltado el vien de Estado, cuyo pento, y á cambio del Lesamiento conozco por vante, tan propicio a! mediación de un íntiviaje ¿marítimo por la mo, suyo, es hombre costa, sopla aire de! astuto y sabe Ib que Sur, alterando la calahora significaría una ma del mar. A la salicomplicación. Y el da, en plena barra, las Bagdadi, jefe militar, aguasase agitan y las dicen que tiene la maolas se elevan y revienno fuerte y es trementan furiosas. Nuestra do en sus castigos. barcaza, sobre ir abarrotada de mercancía, I, a p r e s e n c i a del conviértese enjugúete Sultán garantiza, pues, de las olas como un tael orden. Como garanpón de corcho; nos eletiza, por ahora al mevamos sobre una cresnos, la paz. Como acta de muchos metros, cidentalmente lo gay luego, torcida la emrantiza todo. Porque barcación, que va seshay que consignar que gando, nos precipitadesde la entrada de mos en el vacío. Es una Abd- el- Aziz, y á pesar media hora angustiode que el recibimiento sa, imponente. Y cada 110 fue entusiasta, ni momento el estado del menos grandioso, todo mar empeora, como se ve en Rabat con un enfermo terciana cristal rosado. Este es rio á la puesta del sol. un fenómeno- -que no Veinte moros reman descubro yo, p o r q u e 4 con afán, empapados está bien estudiado y í en sudor, luchando durepetido en todos los ramente contra aquel libros de Marruecos, torbellino de las dos -un fenómeno, digo, corrientes. El patrón, que en un solo trazo asido al palo timonel, pinta vigorosamente les increpa furioso, ó la característica de la les anima suplicante. psicología mora. El faUn hebreo nos va tranatismo, la superstiduciendo aquellas fración son paralelos á ses de cólera y de exeste sentimiento que citación afectuosa: enciende y sostiene la proximidad de la per ¡Adelante, perros, sona sagrada del Sulboga d! ¿Teméis al mar, tán. Días antes de ve teméis á la muerte? nir, los partidarios del Sois cobardes que no Hafid, que no son potenéis fe en el Dios cos, aunque sean tiúnico y en Mahoma. bios y pasivos, habla ¡Adelante, hombres ban irrespetuosamenmalditos, bogad... te de Abd- el- Aziz. Para las víctimas de Málaga. La postulación del Centro Bético al pasar por la plaza de Santa Ana. Y luego, con inflexio Desde hace euarenta nes de expresivo afecy ocho horas no hablan del mismo modo. Ha- ha de venir! Y si fuera tan osado, ¿cómo lle- fuera efectivamente el intermediario, más efi- to, alargando el cuello, abriendo los ojos, placen salvedad completa de Abd- el- Aziz, le su- gar? Rabat es inaccesible para él. Estamos de- caz. Porque este poderoso caballero tan va- ñendo la voz: ponen engañado, desorientado; echan su odio fendidos por buenas tropas. Un doble einto de lioso en todas partes, aquí dirime y franquea ¡Adelante, hijos, hermanos! ¡Dios os premie sóbrelos ministros... y acaban. expresando su murallas, nos defiende. El fuerte alemán (un más que en parte alguna. Dios os proteja, sufridos, bravos, valientes fuerte sobre las rocas, que un ingeniero alemán deseo de que Abd- el- Aziz tenga un éxito commíos! ¡Adelante siempre, Dios nos mira, Dios pleto, puesto qué, al cabo, es el único Sultán construyera por orden del Sultán) impide en Drusco descenso en el barómetro me decide, nos empuja! Vosotros sois los. amos, yo ober absoluto que se acerque por el mar. Y por tie- con otros colegas, á no desaprovechar el dezco, yo el esclavo. Vosotros mandáis, ¡voslegítimo por voluntad de Dios. Esta evolución la observo en los moros ilus- rra sería ridículo. A pedradas (textual) le: recha- arribo casual de un buque mercante con ban- otros los hombres de los remos... dera alemana, que á poco más de una milla ha trados, y no la achaco ni á la astucia ni al te- zaríamos desde los muros. Los hombres de los remos rugen á cada es Más todavía: El Hafid- -siguen diciendo, y hechO: aítof frente á la ciudad. Nada, en reali- fuerzo. Y sobre el ruido ensordecedor del oleamor, sino á la sugestión, al efecto déla presencia del Soberano. Y es. que aquí- ¡vaya otro eH esto mienten descaradamente- -no hubiera dad, nos detiene aquí, donde todo reportaje es je, se alza rítmico un grito gutural, arrastrado, descubnm eato -no hay convicciones ni arraigo tenido aquí á nadie á su lado. El Hafid morirá absolutamente inútil, donde hay que valerse sostenido, que va marcando la boga acompa- de, ideas, lii siquiera sensaciones, duraderas para, los buenos. creyentes. Nuestro señói? (el de los más difíciles y dudosos, conductos para sada. fuera del orden religioso. Por eso no es fácil Sultán) le sabrá castigar, y si no quiere haces- saber algo, donde no pueden, darse íñfórnies, que haya partidos políticos, ni verdaderos Go- le daño, porque es un hermano suyo que se Ka amplios é interesantes, como no se eche el pePor una escala de cuerda sovuelto loco, le enviará dinero y le desterrará riodista en brazos de la eutrapelia y escriba por bre cubierta, aprovechando hemos trepadobarbiernos, ni unidad nacional. el salto de la las mañanas lo que su imaginación le hizo ver caza, que desde el fondo se eleva bruscamente El ambiente es, asimismo, variable, movible, muy lejos... drcunstancial... En un mes se ha pasado en RaNo puede ser, como se ve, más amable su per- en las horas aburridas, interminables, de la vesobre el costado del bat por las atmósferas más saturadas de pesi- suasión optimista. No solamente se da por con- lada. La política musulmana es la negación de seis ú ocho metrosla. luz postrera del sol, vapor. Rabat extiende, á mismo, forjado al calor de cualquier mentira ó cluido el incidente con las naciones europeas; todo orden constitucional. Nadie sabe nada, serío blanco; á la izquierda se recuesta su caen la de cualquier recelo. A estas fechas el ambiente se da también por abortada la guerra civil, el nadie tiene derecho, á saber nada. El Gobierno apiñado de Salé, es sereno y optimista. Se da todo por resuelto conflicto interior. ¡Todo, bendito sea Alá, de se encierra con el Sultán; discute, propone, playa el grupocerrada, que antañode la Salé intransigente y lanzaba cony arreglado. color de rosa! Desgraciadamente, hay indicios decide. Y á nadie se dice una palabra. Se pue- tra los barcos cristianos los piratas más bra ¡Qué más! Se ha vivido con la impresión del para temer que los hechos no corroboren la de, sí, componer una bonita interviú, escribir vios que cruzaron el Estrecho. espanto, bajo la pesadilla de que el Hafid vi- segunda parte del optimismo cuando menos- alguna bella página de supuestas cosas, y hasF. SANCÜEZ- OCAÑA niera. Pues también en esto la decoración ha digan lo que quieran los calendarios ingleses. ta adornarla con cita de visiones, perspectivas variado súbitamente. El Hafid no vendrá, ¡qué A no ser que el dinero, puesto en alta cifra, y objetos, tan á la mano... Respetando, como A bordo del Otdembtirg, z 5 Septiembre. fe BIBLIOTECA DE A B C 116 ¡Apostaría algo bueno á que antes de ocho días gozo de la más dulce intimidad con el héroe militar! Escucha y juzga. Te referiré los hechos sin comentarios. Merced á habilidosas investigaciones, he llegado A averiguar que el comandante és grande aficionado á tres cosas. A su mujer. A la pesca con caña. Yal ajedrez. Tres puntos sobre los cuales: puedo establecer el plano de mis operaciones Estoy enamorado de su mujer, y participo, por. tanto, de. la primera de sus aficiones. Conoces mis aptitudes como pescador de caña, y el juego de ajedrez me ha conquistado cierta reputación entre notables jugadores. Merced á nuevos y muy exactos informes, he sabido que el comandante, siempre que hacía buen tiempo, salía de su casa alas cinco y media de la. mañana, armado con los útiles de pesca, atrave s aba la ciudad diagonalmente, pasaba por el paseo, internábase por los campos é iba á sentarse bajo los sauces que están á la orilla de un riachuelo orlado de juncos, y allí, hasta las nueve y media, hora en que volvía en busca del almuerzo, entregábase con constancia digna de mejor suerte á la dulzura de una pesca por lo común infructuosa. En el instante mismo formé mi plan. Este era por todo extremo sencillo; que, por regla general, los más sencillos son los mejores. Deshice mi equipaje. Entre los numerosos álbums llenos de dibujos que resumen mis impresiones de artista viajero, elegí uno cuyas páginas aún estaban en blanco. Afilé los lápices, preparé la silla de campaña, mandé á uno de los mozos de la fonda que mé despertara al rayar el día, y me encaminé á los campos, aún húmedos por el rocío. No me costó gran trabajo reconocer el sauce favorito: del comandante, de rama pomposa y arrugado tronco. Descubrí en los alrededores un punto de vista bastante bello y que podía suministrarme uu croquis interesante; planté mi silla á veinte metros, del sauce, sentéme. y di- comienzo á- iui dibujo, cuidando de ir muy despacio y miran- 113 La galguita llegó á ser la fiel amiga, la compañera, la que aliviaba las penas de su joven señora. Esta le. puso ppr nombre GibbyPasaron los días y los meses, sin que se verificara ningún cambio notable en el; hogar de la calle de la Prefectura, hasta la tarde en que daba un. concierto la banda militar en el paseo público de Vesoul y Gibby demostró grandes simpatías al extranjero á. quien conocemos bajo el nombre de Enrique Varner, y éste se resolvía á no ocupar su asiento en la diligencia, que parecía esperar impaciente desde la, víspera, y daba órdenes para que llevasen su equipaje á la fonda de La Magdalena, resolución- que, como recordarán nuestros lectores, sugirió. áun empleado en las oficinas de las Mensajerías Laffitte y Caillard esta frase: -Este caballero notiene la cabeza sana. ¿La cabeza ó el corazón? Estoes lo que nosotros preguntamos, á cuya pregunta puede servir de contestación la lectura de la siguiente carta que Enrique Varner dirigió á uno de sus amigos: LA CASA DEL CRIMEN Grande va á ser tu sorpresa, querido amigo, primero al tener noticias mías y luego al ver desde qué punto fecho esta carta, escrita á vuelapluma en una fonda. Cuando menos creerás, antes de pasar á leer este párrafo, que debo tener una pierna rota y que te escribo desde la cama. Tanquilízate; estoy- perfectamente bueno yno. es un caso de fuerza mayor el que me detiene en la pequeña ciudad donde me encuentro en este instante, á. 90 leguas de París. ¿Te preguntas por qué permanezco en ella? Un poco de paciencia, querido amigo; precisamente para que lo sepas escribo. Sabes como yo que abandoné hace más de un año París, cuyos banquetes y orgías empezaban á aburrirme por su monotonía, para emprender un viaje de exploración artística. Mi itinerario no estaba fijado. Era mi ánimo visitar Italia, la Argelia, Constantinopla y Grecia Satisfice cumplidamente las condiciones del programa que había hecno y desembarqué á principios del mes último en Marsella, en buen estado de salud corporal y espiritual, pero algo cansado de mis excursiones por tierra j por mar. Para descansarlo encontré cada mejor que ir á pasar una temporada á las aguas de Plombieres, y contento del resultado de mis baños, tomé asiento hace cuatro días en un coche que me dejó en las calles de Vesoul, de cuya ciudad pensaba salir aquella misma noche; propósito que, realizado, me hubiera permitido estrecharte al día siguiente la mano. Conoces e, l proverbio El hombre propone y Dios dispone Vas á saber cómo plugo á Dios disponer las cosas. Llega la noche; pasan las diligencias. No hay asiento. Fuera de mí, jurando y perjurando, me quedé en la ciudad. Pasa el día siguiente.