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N U M E R O 851 ABC. J U E V E S 3 D E O C T U B R E D E igoy. O C H O P A G I N A S E D I C I Ó N i. PAGINA 6 CARTAS A PEPE PROBLEMA El gran Goethe, en sus Memorias, sscribe un párrafo muy elocuente, dedicado á los que cultivamos el arte de curar. I os estudiantes de Medicina, dice, son los únicos que se ocupan con entusiasmo de su ciencia, de su oficio, aun fuera de las horas de estudio. Depende esto de la naturaleza del iSunto. I,o s fines de sus estudios son, á la par, los más sensibles y los más elevados, los más sencillos y los más complejos. I, a Medicina preocupa al hombre por entero, porque se ocupa del hombre entero. Todo iO que el joven aprende le hace pensar, ante todo, en una práctica importantísima, peligrosa ciertamente, pero fructuosa en más de un sentido. Se aplica, pues, con ardor al examen de lo que necesita conocer y practicar, no sólo porqu e la cosa le interesa por sí misma, sino por que ve ante él la grata perspectiva de la independencia y de la fortuna. No he transcrito las líneas que anteceden por vanagloria profesional. I o que el gran poeta dice de estos estudiantes podría aplicarse á cuantos cultivan las distintas ramas del saber humano. Además, existen estudiantes de Medicina y hasta médicos que no sienten noble pasión por sus estudios. Quiero solamente que reflexiones sobre el sentido de estas palabras. Si el matrimonio es una especie de carrera, y así se lo decimos en todas formas a l a s mujeres, me parece que nosotros tenemos bastante por qué preocuparnos y ocuparnos en la tal carrera, nuestra también. Indicado ya el protlema en mi carta anterior, no hay más remedio que plantearle. Tú que has resuelto tantos en la pizarra y empiezas ahora á llevarlos á la práctica, sabes mejor que yo cuántos esttidios fundamentales y precisos son indispensables para no incurrir en un error de cálculo que provocará inevitable catástrofe. Aun después de estudiados á conciencia, suelen presentarse accidentes imprevistos que provocan tremendos fracasos. Cuanto mejor analicemos los términos del que hemos llamado gran problema de la vida, mayores garantías tendremos de acierto. En primer lugar, es el que más nos interesa, en segundo término, es el más interesante para la colectividad en que vivimos. Si consideramos que el hombre, como el vegetal, tiene por fin último y primordial la reproducción de la especie y sil perfeccionamiento, ¿hemos de volver al estado semisalvaje? ¿Es esa la suprema idealidad de la sociedad futura? Trabajo me cuesta creerlo al ver lo que hacen muchos de los propagandistas del amor libre y de la suelta pasional, semejante á la desbandada de palomas que ni siquiera son mensajeras. Muchos de esos señores y señoras, por no decir todos, no reconocen leyes, ni patria, ni familia, lyos hijos son accidentes orgánicos, deplorables si molestan. Y en su virtud, dicen que los débiles deben perecer y perecen por la ciega selección de las epidemias. De suerte que uo debemos, uerder el tiempo en reformar cuerpos ni educar almas. I,o malo es que suelen morir los fuertes con idéntica frecuencia que los débiles, y cuando á los caballeritos en libertad, sin vínculos de ninguna especie que les obliguen á obedecer, se ven desobedecidos, suelen invocar un código personal muy severo, aplicando juicio sumarísimo, en ocasiones sangriento. Yo he conocido personas muy inteligentes, pero perturbadas, que á sus mujeres é hijos los sometían á unas disciplinas odiosas, cuando ellos abominaban en público de toda disciplina. Habían secado en el jardín de su vida todo iL GRAN 1 F I S Jf 1 i H t- v Ai. m i: VI r -y- i fM á- W 9 m í JB ti J MM SífiÉÉk V JIHMI K ís L k A QMéi wl -33 í í 9 fE i K p. A B 1 1 Kf i i 1 1. HolS H 1 f í: ií W yT S 1 1 m B Jy que recorren balnearios y salones en busca de buenas dotes. Ahora se pretende que el Estado sea el señor de horca y cuchillo de antaño ¿Qué te parece? Yo no quiero eao, mi joven amigo. Yo desee que seamos nuestros personales jueces y sin t mor á castigos, procedamos como Dios mand. ivas leyes naturales son inflexibles, justas severas. Podemos eludirlas, engañando á lo. s demás y engañándonos á nosotros mismos; pero las faltas, si no caen sobre nosotros como masa de plomo aplastándonos, en lo general i- ircularán como venenos sutilísimos por lo; cuerpos de nuestros hijos, hasta que la generación se extinga por esterilización natural. No son otras las causas degenerativas de familias y pueblos que fueron fuertes y poderosos. Perdieron el vigor, desapareció la fe, fueron villanos, rapaces y traidores en sus tratos y contratos con los demás. Imita, pues, á los escolares citados por Goethe; medita á diario acerca del problema de que 1 os ocupamos, como estudiaste en la escuela to 1 dos los elementos de conocimiento necesarios ara ser lo que serás: un gran ingeniero. Mira bien si tus condiciones personales emparejan con la mujer que has elegido z 2 mente; sé leal para que lo sean contigo; ama para ser amado; haz un balance completo de afectos é intereses (sin preocuparte demasiado de la riqueza pecuniaria) antes de firmar el contrato delante de los hombres, antes de jurar fidelidad delante de Dios. Piensa, por último, que la quiebra en el matrimonio es el divorcio, que no remedia liada, y que á la prosperidad conyugal se le ha dado el bello nombre de bodas de oro. EL DR. F A U S T O W- El Sr. Maura en Fortuna. El presidente del Consejo (K) al salir de la capilla del balneario. TOV. GAJIC A AGUií. lo que no fuera útil; arrancando brutalmente las flores pretendían obtener frutos. Y cuando en los otros jardines veían desarrollarse plantas hermosas, aseguraban afligidos que se las habían robado. No, Pepe, no pienses de este modo, bi te casas, como tantos otros, por egoísmo, por cansancio, por seguir la costumbre, rutinariamente, sin amor, sin ternuras, sin salud y sin alegría, ¿á qué goces físicos y morales podrás aspirar? Olvida la trase imbécil de que el matnraonio es una lotería; recuerda que los bienes que proceden del juego son fácilmente disipados y jamás aprovechan. ¿Acaso tus obras de ingeniería son hijas del capricho? ¿Qué pensaríamos del médico que emprendiese una operación sin conocer el cuerpo humano? Por esta causa, á todas horas tenemos que estudiar y analizar los distintos problemas de nuestras profesiones, que son todos distintos, por muy semejantes que parezcan. I,o s mismos negocios y empresas sociales no pueden emprenderse sin poseer una noción exacta del capital necesario y de los elementos inteligentes, qu l0 han de desenvolver; fiarlo todo á la suerte es una positiva locürárTrae casi siempre aparejada en individuos y pueblos la derrota y la muerte. El gran problema de que estamos ocupándonos tiene los siguientes términos: Primero, el vigor físico, la salud. Segundo, el vigor mental, la energía. Tercero, la fuerza que podríamos llamar social, el dinero. De los dos primeros puntos nadie ó m u y pocos hacen cuenta. El tercero es para todos el esencial, el i -lortante. ¡Qué error tan grande! Por eso re 1 tan- muchos enlaces reprobados y reprobables, por la religión y por la ciencia. que tienen que ser íorzoíamente malos y con- tituyen un peligro para la raza; uniones qu. carecen de vitalidad anímica y conducen á in evitables separaciones, fundamentadas en su puestas incompatibilidades de carácter; contra tos ruinosos, aun siendo muy ricos los contratantes, por notoria mala fe en unos ú otros. Modo de evitar todo esto: El espanto que produce observar los males perpetuados por herencia, hace pensar en la solución, propia de todos los egoístas, en proclamar leyes prohibitivas, consignadas en modernísimos Códigos, como si esas leyes no estuvieran ya establecidas de antiguo y no se hubieran tratado de arrancar de la sociedad, pretextando la soberanía de la ley igualatoria del amor. ¿A qué obedecieron sino á eso las fundamentadas oposiciones de los seres más selec clonados, á que sus hijos realizasen bodas desiguales? Se ha hablado con irónico desprecio de las distintas clases de sangre, y ahora la ciencia empieza á distinguir de colores (ó de mi crobios) y dice lisa y llanamente que ciertos y determinados enfermos no se deben casar. Suponte padre de una joven sana, honesta, pura y que vives en cierto aislamiento higiénico, físico y moral, y tus hijos son vigorosos y buenos, como lo son los caballos y los ganados que posees. Si ves á un impulsivo, á un epiléptico, hijo de alcohólico, que pretende arrebatarte tu hija y logra enloquecerla; si penetran en tus yeguadas animales con muermo, ¿no los arrojarás á la fuerza? Pues esto es ni más ni menos lo ciue hacían aquellos castellanos crueles, tan vilipendiados por los poetas. Con todo el perdón debido, los trovadores de antaño tienen gran parecido con los llamados caballeros de industria (rastacueros, que dicen los que viven en Francia y piensan en francés) vagabundos NOTAS MUNICIPALES l a prestación personal. Ayer volvió a conferenciar el gobernador civil con el alcalde en el Ayuntamiento acere: de la prestación personal. Para resolver el asunto piensa el alcalde bus oas un tajo á los que trabajan en el paseo d (Ronda para que lo hagan por su cuenta, es de cvY, que el Ayuntamiento les pagará un j o m a y ellos tendrán que costearse la manutención. Con objeto de que tengan cerca la vivienda, trata de buscar algún edificio grande en el cual dispongan de camas p r l alcaide rectifica El Sr. Sánchez de Toca rectificó ayer i nota de inforinación política que publicamos relativa á que el alcalde de Madrid tuviera el propósito de establecer un nuevo impuesto sobre las casas en que hubiese agua potable. Añadió el alcalde que sin duda ese rumoi tuvo base en el propósito que abriga de establecer contadores para el agua en todas las fincas. M édicos de lapróximo, á las cuatro de la tar El lunes Beneficencia. I WM de, comenzará el segundo ejercicio de oposiciór á plazas de médicos de la Beneficencia muai. cipal en el Colegio da. Médicos, calle Mayor. núm. I. DE SOCIEDAD Ha llegado á Madrid nuestro querido amigc el copropietario de Blanco y Negro y A B C, D. Nicolás Luca de Tena, acompañado de su distinguida esposa. En Biarritz á dado á luz un niño la señora de Sterling. BIBLIOTECA DE A B C UO LA CASA DEL CRIMEN 111 Tenía la labor sobre la falda, pero la aguja se le había escapado de la mano, sin cuidarse de recogerla. Apoyaba la cabeza en el respaldo de la silla y sus miradas se fijaban con extraña inmovilidad en las llamas del hogar, quG seguramente no veía. Surgió de sus hermosos ojos una furtiva lágrima, que quedó suspendida en sus largas pestañas como una gota de rocío, y cayó por fin en su mejilla, donde se secó. ¿Qué amargos pensamientos absorbían asi á Margarita, haciendo que se olvidara de todo? Si hubiéramos de satisfacer esta pregunta, no bastarían para ello todas las páginas de este libro. Al día siguiente de la muerte de la Sra. Chesnei, el comandante condujo á su joven esposa á su casa. I, a huérfana había pasado toda la noche arrodillada al lado del lecho mortuorio. Durante algunos días, y con objeto de calmar su dolor, el Sr. de Ferny hizo cnanto pudo para tratar á su mujer con una ternura verdaderamente paternal. Había sido el amigo sincero de la Sra, Chesnel; lloraba con Margarita, la cual, conmovida al verse tan bien comprendida en su pena, sentía aumentar su cariño filial hacia el comandante. Pero pronto este último, con el egoísmo de la pasiqn, juzgó que Margarita había llorado bastante, ó al menos que su dolor empezaba á ser demasiado absoluto. Todo lo Olvidó para acordarse de su amor y sus derechos. Cuando una ternura mutua no los hace sagrados, los derechos del matrimooio son aborrecibles, sobre todo si se trata de la deplorable unión de un vieio y de una niña. Margarita no lo comprendió en un principio, pero pronto pudo ver la triste realidad. ¡Cuánto más dulce le hubiera sido morir entonces! ¡Cuánto hubiera bendecido á Dios si le hubiera devuelto la libertad perdida, con la condición de que había de mendigar para vivir y que había de comer el pan de la limosna! l, a pobre niña abarcó con una mirada toda la extensión de la desgracia que había aceptado. Se sometió... se resignó sin quejarse, sin murmurar. ¿legó, por fin, á experimentar un sentimiento extraño y complejo hacia el comandante. Parte del cariño que protesaoa en otro tiempo al amigo ae la intancia, SUDsistía aún. Ee amaba como á un padre, hacia justicia á sus buenas cualidades, pero le inspiraba horror eomo marido. El comandante, cuya naturaleza era un compuesto de nooleza y oe trivialidad, no comprendía del todo lo que pasaba en el alma y en el corazón de su esposa. cia, SI, que atectuosa y tierna para ei, pero con ternura puramente filial, r, e transformaba en sus brazos en una estatua viva, y esta rialdad le incomodaba. La reflexión le devolvía la calma. Fensaoa en su edad y cu la de Margarita, y entonces hacía esfuerzos sobrehumanos para amarla como si sólo fuese hija suya. Pero pronto olvidaba su edad y se consideraba joven porque aún conservaba las pasiones de la juventud. Entonces decía: ¡Después de todo, es mi mujer! Y continuaba el martirio de Margarita. Casi todos los días se representaba en el salón del comandante la escena muda que hemos descrito al principio del capítulo. Ea joven interrumpía su trabajo para entregarse por completo á largas y dolorosas reflexiones. El señor de Ferny, inquieto y colérico ante aquella tristeza, observaba las penosas impresiones que se reflejaban en el rostro de Margarita, y veía con rabia las lágrimas que derramaban sus ojos. ¡No quiero más que su dichai- -pensaba. ¿Por qué es desgraciada? Diferentes veces se había hecho esta pregunta, que, como era natural, no había tenido contestación. -Margarita- -dijo por fin. La joven se estremeció, como aquel á quien se despierta. ¿Qué queréis? -preguntó inclinándose hacia el viejo y procurando sonreír. ¿Qué tienes? ¿Yo... -dijo con sorpresa Margarita. -Sí... tú. -Nada. ¿Que he de tener? -Entonces ¿por qué lloras? ¿Pues qué, lloro... -Mira... aún brilla en tu rostro una lágnma. -Lloro sin querer, os lo aseguro. ¿Estás mala? -No; nunca me ae encontrado mejor. ¿En qué pensabas hace un momento? -En mi madre. ¿En tu madre? -repitió el comandante. ¿Crees que sería feliz la pobre si te viese en este estado? ¿Qué estado? ¡Siempre triste... s i e m p r e llorando! -Pensad en que na pasado muy