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NUMERO 85o te llallas y tu sincero arrepentí mi en t o me inducen a pensar en absolverte de. tus pasados errores. Esta mos ya muy lejos de la primera carta en que te hablé de lo que tú ca- A a MIERCOIES 2 OCTUBRE DE OCHO. PAGINAS. EDICIÓN i PAGINA. 6 superiores á sus fuerzas para gozar con el vencimiento de la dificultad que le parecíc insuperable (y ese es el secreto móvil de suí osadías y, diabluras) ¡cuánto mayor será tu placer al dominar los lificabas de triste. vida. obstáculos que han de A la hora presente presentarse á diaric ya té imaginas hecho en la intimidad de 1? un jefe de familia; ya vida doméstica! sentaste. la cabeza, que Xa perfecta idenüfigurará en primera lídad de criterio naceré nea en los padrones cuando estéis ambos municipales; ya llevas al corriente de todo le en. tú cartera la tarje que os interesa; la mot i t a matrimonial, y deración en los deseos hasta supones que vas y la templanza al saá gozar de las delicias tisfacerlos, condensadé la paternidad. rá vuestra actividad En verdad te. digo pasional, acumulandc que al arnor que entonenergías físicas y psíces sentirá tu alma, quicas, cuya dilapidabien se le pueden aplición ó derroche es oricar los calificativos del gen de todas las perKempis, refiriéndose al turbaciones y enfer divirio cuando dice: medades. Gran cosa es el amor, No creas. que abomigran bien sobre todo; no de la pasión, sobre él sólo hace ligero todo, de aquella que todo lo pesado, y lleva no quita conocimiencon igualdad todo lo to. Existen pasiones desigual, pues lleva la nobles, los llamados carga sin carga y hace genios sqn seres emidulce y sabroso, lo nentemente pasionaa m a r g o El amor les, como lo fueron los siempre vela, y dursantos y los héroes: miendo, no se adorme- pero no hay que olvice; fatigado, no se candar cuán (fácil es resa; angustiado, no, se k basar los límites del angustia; espantado, buen, equilibrio y enno. se espanta... El que loquecer dando rieríds ama, vuela, correa alésuelta á los apetitos grase, es libre, no. es vehementes, muchas detenido... El amor no veces a b e r r a n t e s v siente carga ni hace descarriados. caso de los trabajos; La definitiva formaantes desea más de lo ción del carácter ad que: puede... No hay quiere su plena maducosa más dulce, ni más rez cumpliendo recta faerte, ni más alta, ni mente los deberes pa más ancha, ni más te rnológicos. Por des alegre, ni más cumpligracia sólo sabemo da, porque el amor nainvocar derechos. ció de: Dios... Así es En o t r o s escritos el amor paterno. Lá- -Grah. ja. S- M. cl- Rey -en- el Tirode Pichón, durante Jas. tiradas, de. aMeayer, en Jas cuales tomó parte. que tú conoces, ya hí Pero aun palpitanhablado de las cartera. do por, todo tu ser tan que se desempeñan er nobles sentimientos, no dejaste: de afligirte. y cipios debieran aprenderse prácticamente cuati- orden necesario, la comodidad, el, aseo y, sobre; el hogar, tratando en una ocasión de la Politice apesadumbrarte al reflexionar que no sabías do los hoftiBrecitos y las mádrecitas empiezaniá todo, la tranquilidad moral? dom. é. stica y la Higiene, y en otra, ambas? muj 1 ¿Acaso creéis qué aun contando con, buenos memorables para mí, de la Higiene moral. muchas cosas pequeñas, pero esenciales para- ponerse serios y juegan con gran formalidad, dirigir tu familia. Te consolaba advertir que, imitando á, los mayores y. pretendiendo meterse administradores, dependientes y criados, cuyos Por cierto que desde haca años he pensadt por su parte, á tu mujer le pasaba lo mismo, y en- dibigos- Ya hemos visto que. la mayoría deservicios se remuneren con. largueza, estaréis siempre en lo útil que. sería para nosotros reambos estabais como ministros noveles, de esos los pápás les, quitan de las manos lápices y pa- libres de toda cavilación? unir consejos prácticos para, el buen desempeque heñios padecido y padecemos. en España, pel, pretextando que lo van á. estropear tódó, En vuestros. frecuentes Consejos de minis- ño de la repetida presidencia... completamente nulos para desempeñar las reSr; y lanzándolos á. la calle, como las- pobres gen- trosdebéis tratar con; suma atención de todo, Ño he podido comprender por que, eawsa no pectivas carteras- Ycomo en. el caso presentetes á. sus hijos. Y en él arroyo rio Éay. cátedras de vuestros proyectos, de los. pqsibles. fracasos, pstitae; ttdidiaI dé átefTiqtogtó ai: dé mátei bíbi a íáíD 5) o (io de las arnistades núeyasv dé los amigos fiele tirsé éñ cocinero, avicultor, ganadero automo. además dé varios departamentos tíenes quejen cargarte de la presidencia. del Consejo, tu: apu- ¡las hay en las escuelas ni en parte alguná; dje del alimento, -del vestido, de la salud; discutí- vilista, cochero... hasta modisto (muchos Señorosera mayor. suerte, qué cuando no tenéis más remedio qu ¡e: réiscori calma cuantos asuntos y problemas se res graves discurren sobre modas corno los sasLa paternología parece ciencia complicada ocuparos de tan esenciales quehacer es, os des- os presenten, desáé la colocación de un cuadro, tres de damas) y vuelvan lá espalda en cuanto y es sencillísima. Tiene mucho de artística, y esperáis, y acudís á gentes asalariadas, bien hasta el despido de un proveedor Procederéis Se hallen ante un problema de pedagogía ó buena prueba dé ello es que los buenos padres, poco expertas é ignorantes como vosotros. con lealtad y paciencia, cultivaréis la verdad puericultura. lo mismo que las buenas madres, á semejanza Dos elementos esenciales desperfecto dibujo como una planta preciosa que os preservará de Diríase que, por atávicas costumbres, el pa. de los grandes maestros de la pintura, se ha- de que te hablaba son: el arreglo interior ó re; -mil penalidades, pues os inspirará una fran- dre niñero es despreciable. Son muchos los que cen su personal paleta y dan cierto especialísi- glamentacióíi de la vida y la disciplina generáf. queza cordial y. una confianza ilimitada, sin tratan á sus hijos con cierto eáriñbso desdén y uio colorido al hogar. Traen aparejadas la economía y el ahorro, no contar con que sólo puedé. s. er verdaderamente contemplan con sonrisa irónica impasibles virtuoso elveraz. El amor á Ja verdad eleva nues- (claro es que por ignorantes) las verdaderas Lo que todos deben saber bien es. el dibujo, sólo del dinero, sino 1 de las energías: ¿De qué os servirá cuidar del bien pareceiy tro espíritu y desarrolla los sentimientos. esté- atrocidades que se perpetran con los; infelices buscar atentos la correcta perfección en los: trazos, la debida proporción en laé figuras, la cultivar amistades ventajosas, trabajar coií ticos, vigorizando ¡nuestra voluntad. Y así niños: De ello tengo que hablarte en seguida. buena perspectiva en los términos. Esos prin- ahinco fuera del hogar, si en éste no reiría el como el niñosano. apetece emprender trabajos Y; ¡contraste singular! que resulta 1 cómico La confusión en que í I BIBLIOTECA D E A B C 106 El señor de Ferny no adivinó el motivo de aquellas lágrimas. -Margarita, hija mía- -dijo con voz conmovida, pero segura: -si habéis reflexionado sobre el gran acto que va á realizarse; si el pensamiento dé nuestro enláceos espanta, aún es tiempo de evitarle. ¿Debo devolveros vuestra palabra? Margarita se dirigió hacia eleomandante y, procurando sonreír, contestó: -No, amigo mío, no me arrepiento. He consentido libremente en ser esposa vuestra, y no he modificádo. mi opinión. Mi tristeza tiene otro origen. Si mi madre pudiera acompañarnos, no lloraría y sería feliz. María Mónica apoyó sus vacilantes manos en la cabeza de su hija arrodillada. -Hija mía, hija querida, sólo queda aquí mi cuerpo. Mi pensamiento, mis oraciones e s t a r á n contigo. He sido feliz por ti desde tu nacimiento: lo seré hasta mi muerte. ¡Yo te bendigo, hija mía! Después, dirigiéndose al señor de Ferny, á quien Ja respuesta de Margarita había aliviado de un gran peso, añadió: -Conducidla pronto, amigo mío. s, Fue un triste matrimonio que recuerdan todos los habitantes de Vesoul. Todos conocían al comandante. Todos sabían que Margarita Chesnel tenía apenas diecisiete años y que era la muchacha más bonita de la ciudad y sus alrededores. La unión de esta niña encantadora con aquel viejo septuagenario había llevado á la iglesia muchos curiosos. La- palidez de la novia, su rostro hermosísimo, sobre el cual habían dejado huella lágrimas no enjugadas todavía, fueron objetó de innumerables comentarios poco caritativos. Decían que Margarita, al sufrir; aí altar, lo hacía contrariada. Aseguraban que semejante matrimonio, que hacía evidentemente la desgracia de una joven, no podía ser feliz en adelante y produciría bien pronto amargos frutos. para el comandante. Nadase olvidó: todos desataron sus lenguas contra la Sra. Chesnél, y la opinión generalera que vendía su hijaal. comasdante. pero no será feliz- -decía una señora que sé- distinguía entre todas por sú odio contra el comandante y contra María Mónica. -No, no será feliz, porque, si lo fuera, Dios no sería justo. En tanto que tales cosas sé decían, terminaba la ceremonia; Margarita Chesnel era ante Dios y ante los hombres la- condesa Margarita dé Ferny. SEG ti ÑiDÁ -PARTE EL DRAMA 1 E MAISON- LAFFITTE el momento en que ios nuevos esposos regresaron de la iglesiahasta el de la muerte. de María Mónica, nada cambió en la existencia de Mar garita. En vez de llamarse Srta. Ghesnel, se IiamaDasefiora deíFerriy. En sus diálogos con Margarita, la prépctipacién del comandante, era preparar poco ápocoá la pobre niña para el terrible, golpe. que la amenazaba, haciéndole perder, hábilmente y con suma, delicadeza, las ilusiones que se obstinaba en conservar á; pesar dé la; evidencia. Por fin pudo conyericer á Margarita de, que para salvar á. María Mónica era preciso un milagro. En su ferviente amor á su madrer imploró del cielo el. -milagro, y exclamó con desespéráciSn: ¡Dios mío! ¡Dios- oránipotente y bueno, ¡No dejéis morir á mi madre, y en cambio de su vida tomad la mía! Si la llamáis á vos, llamadme con ella. Inútiles ruegos y lágrimas estériles. Dios no oyó ó no quiso oir. su raego. Llegó el día. terrible. El último que concedía aquel implacable mal. María Mónica estaba tan débil, que apenas se la oía cuando hablaba. Como dé costumbre, había expresado su deseo de que se la trasladara en an sillón al lado de la chimenea de la primer habitación. Hacia el mediodía pidió que llamasen á un cura, y habló largo; rato con él. ¿Qué podía decirle? 3 Éñ toda la vida de, agüella mujer apenas había una falta. ¡Alma verdaderamente grande y pura, volad en paz! -Estas fueron las últimas palabras del sacerdote. Cuando éste se hubo retirado, da moribunda hizo una seña á Margarita y al comandante. -Aquí, á mi lador -murmuró, -no os. separéis de mí. El cielo estaba triste y sombrío, llovía; faltaba luz en la estancia. -Se acerca la, noche- -dijo María Mónica- Después calló.