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NUMERO 848 A B C LUNES 3o DE SEPTIEMBRE DE 007. OCHO PAGINAS. EDICIÓN 1. PAGINA 6 i) r fi 7 y- í? T i -r? í t i f J i- ifL- i -S La inundación de Málaga. Salvamento de los habitantes de una casaren el Pasillo de Santo Domingo, por el Cuerpo de bomberos y marineros dei FOT. R. TÜItRES- YC- cañonero Pinzón (x) Altura qué alcanzáronlas aguas. a la recepción del emperador de Rusia, Nicolás II, y más tarde montaron en ella, además del Rey de España, los reyes de Italia y de Noruega. Ha sido vendida en el Hotel de Ventas de lá calle de Drouot por 863 francos con 55 céntimos á un muebysta, y había costado 25 000 francos En medio de otros vehículos que no tienen OS MÉDICOS PAGA- El tribunal de Cohistoria, se encuentra ahora la pobre berlina mercio de Berlín DOS POR HORAS acaba de dictar en un almacén sombrío del barrio de la Villette. IyOS ricos adornos que la engalanan están una sentencia original, que da lugar á toda cubiertos hoy por el polvo, y todavía se pue- clase de comentarios. den ver la R y la F, que no hace mucho indi- i Un médico fue llamado por el Tribunal para caban su alta misión. examinar á una joven que estaba empleada en fSic transit glotia uaacasa de comarcio y que fue despedida por el patrono á causa de su salud. El doctor, dea pues de cumplir su misión, reclamó 17,75 francos, como honorarios) El Tribunal juzgó que esos honorarios eran excesivos y redujo la cuenta á 7,50, manifestando que el médico no había trabajado más de tres horas, y que un salario de 2,50 por hora era más que suficiente. BIBLIOTECA DE A B C 102 -Si así es, tenéis razón, no hay que perder un momento; y, sin embargo, na -una cosa que deseo. ¿Cuál? -Que asistáis á la iglesia á presenciar la ceremonia. Creeré, si no vais al emplo, que no estoy verdaderamente casada. i- -Buscaremos un medio para complacerte. -Eso es... büsquémosle... ¿Qué ha dicho el médico? ¿L, o recuerdas? ¡Cómo olvidarlo! Ha dicho que dentro de quince días habrá terminado vuestra enfermedad. -Y por lo tanto, dará principio mi convalecencia. Pero no contaba, al pronosticar, eon la alegría y la tranquilidad, de ánimo que le debo, dos soberanos remedios merced á los cuales adelantará algunos día 1 mi curación. De aquí á do ce días estaré en disposición de acompañarte á la alcaldía y á la iglesia. ¿Estáis segura, madre? -Así lo espero. -Pues bien, puesto que de mí depende el adelanto en vuestra curación, contad, madre mía, con que no dudaré. ¿Deseáis que mi matrimonio se verifique dentro de doce días. Hágase vuestra voluntad, que es también la mía. ¡Ahí- -exclamó María Mónica, profundamente conmovida: ¡eres un ángel, hija mía, y no puedes menos de ser feliz! Mejor que mejor -replicó alegremente Margarita, dando un abrazo á su madre, -porque también lo seréis vos, una vez que no hemos de separarnos nunca. En este momento llamaron suavemente 11 wuerta que daba al jardín. -Sin duda es él... -dijo María Mónica. ¿El comandante? -Sí. ¿Puede entrar? ¿Por que no? -respondió Margarita. Y añadió sonriendo, dirigiéndose hacia la puerta- -Una mujer no debe nunca hacer esperar á su marido... aunque sea futuro. Ya veis, madre, si sé umplir con mí deber. Y abrió la puerta. Apareció el comandante. Estaba pálido de inquietud y tan turbado, que al entrar en la habitación vacilaba y estuvo á punto de caer. ¿Qué hay? -preguntó á María Mónica con voz muy agitada. ¿Qué hay? -He hablado á Margarita- -dijo la Sra. Chesnel. ¿Y qué ha dicho? -Preguntádselo, amigo mío; ella os contestará. 1 S v El viejo soldado se dirigió hacia la joven, que son 1 cía, y, demasiado conmovido para hablarle, la inte- ogó con ana mirada que revelaba todas sus ansíele des, iodos s temoies, todas sus esperanzas. LA CASA DEL CRIMEN 103- -Sí, contestaré, y no se hará esperar mi respuesta- -dijo Margarita. -Repito lo que he dicho á mi madre: que consiento gustosa en nuestro matrimonio. Debo añadir que tengo la seguridad de que seréis un excelente marido, y que yo haré cuanto sea posible para ser buena esposa. El señor de Ferny, poseído de inmensa alegría, intentó arrodillarse ante Margarita. Por fortuna, se acordó de su edad y de sus canas. Estos recuerdos le contuvieron á tiempo para no caer en el espantoso ridículo en que se hubiera puesto ante la ioven representando torpemente el papel de un G- esonte enamorado. Cogió la mano que le ofrecía Margarita y la llevó á sus labios, murmurando con sencillez: ¡Dios es testigo de que quisiera ser joven sólo por el placer de haceros dichosa! No entra en nuestro ánimo presentar á nuestros lectores á Margarita como una heroína por su valor y abnegación filial y sacrificándose sin derramar una lágrima para dar á su adorada madre una alegría y una tranquilidad su premas. En su diálogo con María Mónica había pronunciado estas palabras que reflejaban su último pensamiento: -Puesto que es absolutamente necesario un marido, prefiero el comandante á todos los que se hubieran podido presentar en solicitud de mi mano. Y había añadido: -T- e conozco por lo menos: es un hombre excelente, á quien he amado ya como á un padre. De esto á amarle como á un marido, sólo hay un paso. Al hablar así; Margarita había dicho la verdad, ó cuando menos, lo que en su inexperiencia tomaba por verdad. Esto se explica. Rara y hermosa excepción en una época en que la infancia, iluminada por resplandores precoces y funestos, adivina con una claridad pasmosa los misterios de la adolescencia, Margarita, con un corazón puro, guardaba todos los tesoros de su candor. Sin duda, el Ángel de la Guarda de la encantadora joven, vigilante defensor de tan preciosa inocencia, había cobijado con sus alas aquella alma inmaculada para preservarla de toda mancha. Y había conseguido su divina misión. Margarita, en el momento que la presentamos, ignoraba lo que era amor, y creía que el matrimonio era solamente la unión denlas almas. No encontraba ni podía encontrar diferencia alguna entre la ternura de una hija hacia su padre y la de una mujer por su mando; así es que le importaba poco que este marido fuese viejo, puesto que le inspiraba tanto cariño como respeto. Había dado su consentimiento sin repugnancia, y no sentía horror ante la idea del amor de un anciano. En su matrimonio con el comandante no veía mas que un nuevo lazo que la unía más estrechamente aun afectuoso amigo, la tranquilidad de su madre y flores en abundancia en un jardín más grande que el suyo. He aquí todo.