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NUMERO 845 A B C. VIERNES 27 DE SEPTIEMBRE DE 1907. OCHO PAGINAS. EDICIÓN j. PAGINA 3 j, La primera visita del Rey á la isla de Cortegada. S. M D. Alfonso Xlll acompañado denlos infantes D. Carlos y D. Fernando, del ex ministro Fot. Goñi. Sr. Quiroga Ballesteros, 1 del marqués de Aranda, del gobernador de Pontevedra y del alcalde de Carril, recorriendo Sa isla. S! P N RABAT T r e s floras escasas bastaron para el desembarque, tiempo brevísimo para lo que suele acontecer aquí cuando la barra sé pica y los barcos han de largarse dos millas adentro. Muy lentamente, á impulso de los 20 remos, que cáíáii acompasados, iba moviéndose la barcaza, una enorme barcaza, panzuda y fondona, en que íbamos revueltos los europeos con los moros y los judíos, y las- personas con los fardos y las maletas: Fiaé. marcándose poco apoco la línea peligrosa, aquéHaen- que luchan con opuesta fuerza las olas que van sobre la costa y las aguas del río, que salen impetuosas. Mirábamos extasiados, olvidando molestias y. riesgos, la aparición de Rabat, que sobre las rocas de la orilla dereeha extiende para recibir al viajero sus esbeltas murallas, avanzando hasta el borde de los peñascos. A lo lejos, un. ángulo de caserío servía de fondo ál tosco y. primitivo desembarcadero, que no podíamos, utilizar, pues tuvimos qué saltar atierra de la barca ala roca. Grupos, numerosos de moros, coa. toda la variedad dé trajes y en los- trajes toda la escala de colores que puedédarseí nps contemplaban, curiosos. A la izquierda, sobre la orilla opuesta del río. á poco más de un tiro de pistóla, dejábamos Salé, la población vecina y casi. rival de esta otra, con propio gobernador y administración independiente, cuna y custodia de la más pura ortodoxia mahometana. En su recinto, no d; urjnió jamás ningún cristiano, como no fuera gimiendo en la ¡cautividad. Tampoco, hoy mora- en Salé europeo alguno. Nuestro cónsul fue anteayer para; la visita: oficial; pero, antes envió aviso y: se le preparó, para recibirle, una buena escolta. También desde Salé nos curiosean los moros. Pero nos miran serios, impasibles, sin propasarse con un solo, ademán hostil. Bor fin, en tramos enRabat. Ya estamos en sus calles, ya Saludamos cercanos. el; joyel de su mezquita grande, y la maravilla de: su, minarete, esta torre, gemela de la Giralda, qué tiene- encajes labrados en la piedra. Hemos sorprendido la población en plena vida. normal. En. las azoteas había moras qué rápidamente se cubrieron á nuestra vista; en. tiendas y- talleres trabajaba, la gente. Unos moros solemnes y bien vestidos ocuparon, en cuclillas: su sitio oficial bajo el pequeño pórtico déla Aduana, y demandaron cortésméñte ver nuestros equipajes. Ca inspección fúé tan considerada, qué no revolvieron un solo fardo. ¡I ó: mismito que en Europa! El administrador principal, mientras se arreglaba displicente el albornoz, advirtió cómo luchaba yo por desanudar un eordel y abrir por completo la maleta, y sonriendo extendió su manó indulgente: -Serra, serani, serra. Y. sin más registro, me obligó á cerrar. 15 abat tiene preferente y minuciosa descrip ción en todas las guias y en todos los libros que de Marruecos hablan. -Mi labor, para A B C EN MARRUECOS describir en éstas cuartillas, quedaría reducida acontecimiento que se avecina. Apenas si el a u n ligero repaso; ni siquiera. tendría, que re- eleniéntp oficial se ¡muevev Creo yo, por las impresiones que me comunican los conocedoferir lo que niis ojosihan. ido viendo; lo halla- ría- ordenado; y dispuesta, y, hasta coü sji ali- res del país, que: en Rabat, precisamente por ño de, citas históricas. Pero ya Marruecos está su aislamiento y por los años, transcurridos descubierto, y una- plumatanrppbre. coino. lamíasin la presencia de Emperadores, domina la inni tiene qué añadir, ni destreza suficiente, para, diferencia. Con esto confirmo un juicio que adelantó el Dr. Ovilo. Si Abd- el- Aziz viene, glosar. Me limito- á noticiar el estado actual dé la tendrá éxito, será; bien recibido; si el Hafid se le- llega á anticipar, por él Se hubieran decidiciudad, consignando ligeras impresiones. Rabat, conio. es sabido. ha sidoiSieinprela do. Y es que aquíy como en otros muchos punpoblación más culta y ¡productora, del Imperio. tos dé. Marruecos, el- Sultán es una cosa absEsta fisonomía, perpetuada á través, de. los. tracta, como un principio de dogma, pero no años y de las- guerras Intestinas, se conserva una encarnación conocida. Abd- el- Aziz se ha intacta, se: acusa claramente á la primera ojear descuidado mucho. De su existencia real no sé da del forastero. La mayoría, de iá. genteivivé tiene en muchas! partes convehchniento. Al aquí del trabajo; la minoría esta formada, por contrario, se ha. llegado á dudar pQr muchos. moros burgueses, qué tienen fincas en directa Aquí el Sultán- era como una institución indeexplotación ó administradas pórí ajena maüd; finida, cómo un ser imaginario. Era un Empe 1 y que cifran- su dicha én un vivir. reposado, rador- elegido por Alá, que un día habría de venir á habitar énetíté palacio. Pero ese día no uniforme, -pacífico, áiñ aventuras ni conmocio; nes. Sé comercia, se próduce. íl afabrieaeióñ l l e g a b a n u n c a w de loó tapices proporciona eL pan á innumerables artífices y tejedores de lambóssexbs. Otras I a influencia europea, en Rabat es, por hoy, industrias sostienen a los núcleos déla pobra- nula. Son escasísimos los cristianos que ción artesana En épo caí ordinaria, la vida aquí habitan aquí. í? rancia ¿cómo en los otros pueirdiscurre silenciosa y quieta. Ño- se ipreteñde- tps había colocado en Rabat un coníroleur que ni se ansia la comunicación directa y frecuen- interviniese: la Aduana, para los efectos del te con él interior ni. con el mar: Los interme- empréstito. Este funcionario, amenazado, de diarios que han de- lucrar con la venta de ro- muerte, se. ha tenido que. retirar. No, hay, pues, pas y tapices, antaño también con la plátala- éljmenor lazó; ni, lá menor (intervención de los; brada, vanr haciendo periódicamente laJexpor- europeos. Los cónsules mismos viven comple- tación. El resto de los Habitantes no apetece tamente retraídos con sus pequeñísimas colpsalir de estos muros seculares. Los días sé su- niasi La española, fórmáñla püatro personas: ceden sin alteraciones ni contrastes. El. moro dos taberneros, un! comerciante y un catalán, rico pasea ó yi e encerrado eli su inorada es- que; ha venido... ¿áqué dirán ustedes? pues ¡á pléndida. Los restantes se; aplican. en, lajlabor, fuiidár una casa de préstamos! Es toda; una obscura y abnegada. Traiisqitiirren en el invier- idea. Y como aquí no hay capas, ni gabanes, no, un mes, dBs; meses, más todavía, sin que un ni colchones de lana qué pignorar, el hombre vapor se arriesgue ¡visitar, la costa, Al cabo, presta álos moros! sobre vestiduras y a los as- cede el tiempo, la barra; se aplaca, y una ma- karis sobré, sus fusiles. Y como los askaris, ni. ñana se oyen desdejRabatlas, voces estriden- más ni menos que el soldado, de todos los paítes de uña sirena; es que un barco da frente á ses tiene prohibido vender ó pignorar 1 sus arlas murallas y espera á las barcazas. Rabatcó- mas, se promueve cada lío qué no es para dicho, y nuestro cónsul, qtíé ha resultactóserañ- munica entonces por mar con el comercio. tiguo amigó y. cpmpañero mío, el Sr. Ciará, peIJn mes hace próximamente, esta existencia riodista y político castellonensé, joyen de gran tan sosegada turbóse por temores y- recelos. ilustración y dé exquisito tacto, se las ye y se Habían llegado noticias de Carablanca; la con- las desea para que el buen catalán pueda seducta dé Francia producía aquí, como eiitodOjel guir haciendo sus préstamos y las autoridades Imperio, gran indignación, y cómo sé, s. uponía dé Rabat rio acaben por enviarle á paseó. el comienzo de un período anárquico, túvose por cierto qué las vecinas kábilás intentarían I To quiero terminar estas cuartillas sin concaer sobre Rabat para él saqueo, lo cual podían -signar, por mí y por la representación intentar con relativa facilidad, entrando por el ostento, barrió judío y metiéndose por grandes boque- queconcurso, mi gratitud para el Sr. Ciará. Sin sume esperaba, como á otros distintes que hacia aquella parte presenta la mura- guidos compañeros, la perspectiva de dormir lla. Entonces estos moros acomodados y pací- sal raso; pues la única fonda que existe, y una ficos, qué oyen hablar ele guerra cómo: de la casa española, están llenísimas, y gracias que peste, y los hebreos, que sólo por la Salud- ó por eaa. léf primera nos darán de comer, á peso de el temor son capaces de abrir la manó, se; enel problema, tendieron en media hora, hicieron fondos! amon- iplata. Glárá nos resolvió el edificio del poniendo á disposición Consutaron guardias y dispusieron una vigilancia lado, nuestra precioso. Se han podido alquilar que es suficiente, qué aún continúa. Y yápoñésto la colcíionés y camas, y nos ha instalado confort ciudad, qu. f nb ha sido pbjeto del menor ata: que, y ¿ut luego ha recibido frecuentemente iablémente. pague! ¡ÁM se lo la visita de algún barco francés, volvió á su F. SÁNCHEZ- OCAÑA. reposó. Habat 20 de Septiembre, No se altera éste ante la proximidad del Sobre una tierra rojiza, bajo un cielo azul turquí y respirando un ambiente cálido, puro y sutil, de Rabat ante los muros él buen pueblo marroquí, espera, ansioso, la entrada! del Sultán, Abd- el- Aziz. Quinientos ínóros cetrino eonsusmujeresdiez. mil, destacan sus albornoces y sus jaiques carmesí; sobre los blancos tapiales de latiudad, que esjardín donde florece el naranjo, el nopaly. él toronjil. í; Algunos árabes viejos murmuran aquí: y allí, arrancando recias tiras de la piel de Abd- el- Aziz que á pactar con los cristianos) viene, en lugar de á reñir, y á. cobrar fuertes tributos que empobrecen al país. Los demás moros del grupo tales quejas al oir echan espuma de rabia- por sus labios de carmín, y entre todos los notables- OPLAS DEL VÍEÜNÉ Á 1 musulmanes que hay allí corre rumor de tormenta contra el pobre Abd- el- Aziz... Pero, de pronto unanübe de. polvo dorado y gris sé eleva- en el horizonte desde la tierra al zenit. Y al yer. qué la nube avanza y, que. resuena el clarín, todos los moros á gritos exclaman: ¡Ya viene allí! Ypasa el rico cortejo, y van en él más dé: mil jinetes y cien banderas de encendido colorín, yi esclavos de piel obscura, c nio untada de barniz, y odaliscas y sultanas y! soldados y cadís. Y en medio de tanta bulla, b ¡ajó un quitasol carmín niarchá en un blanco caballo, indolente el marroquí. Marcha con esa dulzura y, esa majestad muslín, ÉJi del todo femenina, ñi del todo varonil Y el mismo pueblo que ha poco Üabló en rebelde matiz, a l contemplar tanto trapo y, al ver tanto colorín, alnte el lujoso cortejo g íta ya loco y febril: ¡Viva el bueno! ¡viva el fuerte... ¡viva el grande Abd- el- Aziz...